Magic Demon - Capítulo 81
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Capítulo 81: Capitulo 81: La decisión de Korid
Vemos más adelante en la cueva a Brahun.
El demonio de piel gris observa la máquina antigua con frustración. Sus brazos musculosos están cruzados, su cola golpea el suelo cada pocos segundos.
Brahun: Vaya, qué mierda.
Mientras ve la máquina y la toca con su mano derecha, los dedos recorren los grabados, los símbolos que deberían brillar. Pero no hay luz. No hay respuesta.
Brahun: Vaya, dije que mínimo como dos horas.
Sigue viendo la máquina, sus ojos rojos fijos en los engranajes de piedra que no se mueven. El Rey Fah sigue inconsciente a sus pies, el pecho subiendo y bajando lentamente.
Brahun: Pero ha pasado un día… y nada que funciona.
Silencio. Solo el eco lejano de la cueva.
Brahun: ¿Acaso tendré que ir?
Se queda pensando, su mandíbula apretada. Algo no está bien. Algo que no puede ver. Y el tiempo se acaba.
En otro lado de la cueva, exactamente donde van Danna y Korid, ven a Mader y Frank.
Los dos jóvenes están sentados contra la pared, sus cuerpos magullados y cubiertos de sangre. La espada de madera de Mader yace rota a un lado. Frank tiene los brazos apoyados sobre las rodillas, la mirada perdida.
Korid llega agitado, y Danna también.
La respiración de Danna es pesada después de tanto correr. Su mano aún vendada por las heridas de su propia batalla. Korid se detiene frente a sus compañeros, el pecho subiendo y bajando.
Korid respira profundo y pregunta:
Korid: ¿qué pasó, Mader? ¿Frank?
Frank explica resumido lo que pasó. Su voz es ronca, apagada. Habla del demonio lagarto, de la pelea, de los golpes que recibieron. Del momento en que Tévez los dejó para enfrentarlo solo. Luego hace una pausa, traga saliva, y continúa.
Frank: cuando llegamos, Tévez ya estaba en el suelo. Había perdido el brazo, Korid. No vimos la pelea, pero vimos eso. Su brazo derecho… no estaba. Solo el muñón sangrando.
Danna abre los ojos con horror.
Frank: el demonio todavía estaba allí, esperando. Nosotros hicimos lo que pudimos. Y al final… logramos matarlo.
Hasta el detalle de la muerte de Tévez. Cómo cayó. Cómo lo encontraron. Cómo murió antes de que ellos pudieran hacer algo más.
Hasta donde ellos dos mataron a Ganh.
Frank señala el lugar donde el demonio cayó. Solo queda un rastro oscuro en el suelo, los últimos restos de su cuerpo desvaneciéndose.
Danna, con su mano en la boca, no cree lo que escuchó.
Danna: ¿Tévez… murió?
Dice mientras parece aguantar una lágrima. Sus ojos se humedecen, pero no deja caer ninguna. Aprieta los labios, respira hondo, intenta mantenerse firme. Pero su mano tiembla sobre su boca.
Vemos que Korid no dice nada. Solo observa su alrededor. El cuerpo de Tévez no está. Tal vez ya lo desvanecieron, tal vez lo movieron. Pero su ausencia pesa más que cualquier presencia. Korid aprieta los puños, pero no habla. No encuentra las palabras.
Korid apretó los puños, la rabia acumulándose en su pecho.
Korid: mierda.
Una risa se escuchó al final del pasadizo. Un sonido agudo, burlón, que heló la sangre de todos.
Korid dio un paso al frente, interponiéndose entre sus compañeros y la oscuridad.
Korid: me quedaré.
Frank lo miró con los ojos abiertos.
Frank: ¿qué dices?
Korid: no he peleado aún. Creo que es un demonio.
Y vemos que llega un demonio. Su silueta se recorta en la penumbra, elegante y mortal. Zorking, el demonio de nueve colas, sus apéndices amarillos con puntas blancas ondeando a su espalda como un abanico de fuego.
Zorking: ¡hola, estúpidos!
Danna dio un paso atrás, su instinto pidiéndole huir.
Danna: debemos hacer caso. Hay que dejarlo. Korid… no te mueras.
Korid negó con la cabeza, una sonrisa tensa en su rostro.
Korid: no lo haré, Danna.
Zorking: ¿acaso dejaré que escapen?
Vemos que Zorking intenta atacar a Mader, Frank y Danna. Sus colas se extienden como lanzas, buscando atravesarlos.
Pero Korid grita, lanzándose al frente con los brazos abiertos.
Korid: ¡magia de agua, gran dragón de agua!
Un gran dragón de agua surgió de sus manos. La bestia líquida rugió, avanzando velozmente hacia Zorking. El dragón lo lastimó, golpeándolo en el pecho, lanzándolo contra la pared de la cueva.
Y eso fue suficiente para que Mader, Frank y Danna escaparan. Corrieron por el pasadizo, alejándose mientras Korid se quedaba solo frente al demonio de nueve colas.
Zorking se incorporó lentamente, sacudiéndose el agua del dragón de su pelaje amarillo. Sus nueve colas ondeaban a su espalda, algunas aún tensas, otras relajándose.
Zorking: ¿quién eres tú?
Korid se mantuvo firme, sus pies plantados en el suelo de la cueva. El agua aún goteaba de sus manos.
Korid: un soldado mágico. Y claro, no cualquiera.
Zorking inclinó la cabeza, sus ojos rojos brillando con curiosidad.
Zorking: ¿cualquiera?
Korid: soy alguien que sabe que no perderá.
Zorking ríe. Una carcajada aguda, burlona, que rebotó en las paredes de la cueva. Porque piensa que es un chiste de Korid. Un niño. Un soldado mágico novato. ¿Que no perderá? Qué absurdo.
Zorking camina un poco. Sus pasos son lentos, casi perezosos. Sus colas se arrastran detrás de él, levantando pequeñas nubes de polvo. Mientras camina y lo ve, dice:
Zorking: eres un poco gracioso, chico.
Korid no respondió. Solo observó, midiendo la distancia, el ritmo, las colas. El agua comenzó a formarse de nuevo en sus manos. Sabía que no podía ganar. Pero no necesitaba ganar. Solo necesitaba tiempo.
Mientras, en otra parte de la cueva…
El pasadizo se oscurece a medida que avanzan. Sunzuki camina al frente, su espada lista. Didsy va a su lado, las dos espadas en sus manos. Yamito cierra la marcha, sus ojos fijos en la penumbra, buscando, sintiendo.
El lugar donde debería estar Zorking solo vemos a Jung.
El demonio de piel blanca está apoyado contra la pared, sus brazos cruzados, su rostro tenso. Algo no está bien.
Jung: mierda. Fue rápido donde estaba Ganh. Solo por no sentir su Glos demoníaco… espero que no muera.
No lo sabe aún. No puede saberlo. Pero en el fondo de su ser, algo le dice que ya es demasiado tarde.
Mientras, vemos cómo Sunzuki y los demás están cerca de donde está Jung.
Las sombras se mueven. Los pasos son cada vez más cerca. Sunzuki levanta una mano, deteniendo al grupo. Escucha. Algo respira delante de ellos. Alguien.
Sunzuki en voz baja: allí.
Didsy asiente. Yamito aprieta los dientes. Están a unos metros. El demonio que secuestró al Rey está justo al final del pasadizo. Y detrás de él, en alguna cámara más profunda, el Rey Fah los espera.
Continuará!
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