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Magic Demon - Capítulo 84

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Capítulo 84: Capitulo 84: la electricidad

📢 Aviso: Los primeros 20 capítulos ya están reescritos en formato narrativo (más fluido, mejor experiencia). Del capítulo 21 al 83 iré republicándolos gradualmente con el mismo estilo. Mientras tanto, nuevos capítulos como este seguirán saliendo. Gracias por su paciencia y apoyo. 🙏

Karen enfrentó al demonio con una determinación que parecía helar el aire de la cueva.

—Te mataré, demonio —dijo, su voz firme, sin un rastro de duda.

Zorking sonrió, mostrando sus dientes afilados. Sus nueve colas se movían lentamente a su espalda como serpientes expectantes.

—¿En serio crees eso, bella dama? —respondió, el tono burlón evidente en sus palabras.

Sin esperar más, el demonio atacó. Una de sus colas se extendió como un látigo, y de su punta surgieron varias bolas amarillas de energía demoníaca. Los proyectiles volaron hacia Karen con violencia, iluminando la cueva con destellos mortales.

Pero Karen ya no estaba donde él creía.

Con su magia de electricidad, se movió como un relámpago. Las chispas amarillas bailaban a su alrededor mientras esquivaba cada ataque con una agilidad que parecía desafiar la gravedad. Giró, saltó, se deslizó entre los proyectiles como si el espacio entre ellos fuera suficiente para ella. Ninguna bola la tocó.

Y entonces contraatacó.

Karen extendió sus manos, y de sus palmas surgieron múltiples descargas eléctricas. Los rayos amarillos cruzaron el aire silbando, impactando directamente en el cuerpo de Zorking. El demonio gruñó, retrocediendo mientras la electricidad recorría su piel, dejando marcas humeantes en su pelaje.

Korid, desde el suelo, observaba la escena con los ojos abiertos.

—Vaya… es increíble —murmuró, sin poder apartar la mirada.

La mujer que decía llamarse Karen Akuman se movía con una fluidez que él nunca había visto. No solo era rápida. Era precisa. Cada movimiento tenía un propósito. Cada ataque, una intención. Y Zorking, el demonio que momentos antes lo había tenido al borde de la muerte, ahora retrocedía.

Korid apretó los puños, una mezcla de asombro y frustración invadiéndolo. ¿Quién era ella? ¿Y por qué era tan fuerte?

Zorking rugió, sus nueve colas erizándose detrás de él. La electricidad de Karen aún recorría su cuerpo, pero el demonio no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.

Se lanzó contra ella.

Sus garras brillaron en la penumbra mientras atacaba con una ferocidad renovada. Un golpe directo al rostro. Karen inclinó la cabeza apenas lo necesario, y el puño pasó silbando junto a su mejilla. Otra embestida, esta vez con la mano abierta buscando su cuello. La chica se agachó, el aire moviéndole los cabellos, y el ataque se perdió sobre su cabeza.

Zorking no se detuvo. Golpe tras golpe, patada tras patada, un torbellino de furia que debería haberla alcanzado.

Pero Karen no estaba donde él golpeaba.

Sus pies apenas parecían tocar el suelo. Cada movimiento del demonio era respondido con un desplazamiento mínimo, un giro, un salto corto que la colocaba fuera de peligro. La electricidad amarilla crepitaba a su alrededor, no solo en sus manos, sino en todo su cuerpo, impulsándola, haciéndola más ligera, más rápida.

Zorking lanzó un golpe con su puño derecho. Karen se inclinó hacia atrás, el impacto cortando el aire sobre su rostro. Al recuperar el equilibrio, el demonio ya tenía lista su otra mano, pero ella ya no estaba. Se había movido a su costado, fuera de su ángulo de ataque.

—¡Deja de esquivar, maldita! —gruñó Zorking, la frustración evidente en su voz.

Karen no respondió. Solo sonrió, esa pequeña curva en sus labios que parecía decir más que mil palabras.

Korid, desde donde yacía, observaba cada movimiento. La velocidad de Karen era impresionante, pero no era solo eso. Era su lectura. Sabía dónde iba a golpear Zorking antes de que él mismo lo supiera.

—Es como si pudiera ver el futuro —murmuró Korid para sí mismo, aunque sabía que no era eso. Era experiencia. Era instinto. Era algo que él aún no había desarrollado.

Mientras la batalla entre Karen y Zorking se intensificaba en un extremo de la cueva, en la oscuridad del pasadizo, tres figuras corrían sin mirar atrás.

Danna, Mader y Frank avanzaban entre las sombras, sus respiraciones agitadas resonando en las paredes de piedra. Los pasos de Mader eran pesados, su cuerpo aún resentido por los golpes que había recibido. Frank iba a su lado, el brazo derecho colgando inútil, la sangre aún seca en su rostro. Danna los seguía de cerca, sus manos vendadas, su mirada fija en el camino que se abría ante ellos.

—¿Crees que Korid…? —preguntó Frank, sin terminar la frase.

—Korid es fuerte —respondió Danna, cortando la duda antes de que naciera—. Va a estar bien.

Nadie añadió nada más. No había tiempo para dudas. Solo para correr.

—

Detrás de ellos, la pelea seguía su curso.

Zorking atacaba una y otra vez, pero Karen se movía como una tormenta amarilla. Cada golpe del demonio encontraba vacío. Cada embestida, esquivada. La frustración de Zorking crecía visible, sus colas azotando el aire sin dirección, buscando un blanco que siempre se movía antes de ser alcanzado.

Y entonces, Karen contraatacó.

No con un golpe, ni con una patada. Extendió sus manos, y la electricidad que bailaba a su alrededor se concentró en sus palmas.

—Magia de electricidad: ráfagas eléctricas.

Varias ráfagas de energía amarilla salieron disparadas de sus manos, cruzando el aire como serpientes veloces. Los proyectiles eléctricos no eran grandes, pero eran muchos. Demasiados.

Zorking intentó esquivar. Giró, saltó, desvió algunas con sus colas. Pero no pudo con todas.

Las ráfagas impactaron en su cuerpo. El demonio sintió cómo la electricidad recorría sus venas, quemando, paralizando. Sangre brotó de los puntos de impacto, y por un momento, su cuerpo entero se sacudió en una convulsión involuntaria. El cortocircuito fue rápido, apenas un segundo, pero suficiente para dejarlo tambaleándose.

Zorking cayó de rodillas, sus colas rozando el suelo, su respiración entrecortada.

Karen no celebró. Solo lo observó, sus manos aún brillando con electricidad residual, esperando el siguiente movimiento del demonio.

Sabía que no había terminado. Pero también sabía que, por ahora, llevaba ventaja.

Zorking se incorporó lentamente, sus rodillas aún temblorosas por la descarga eléctrica que había recibido. Pero en sus ojos rojos no había derrota. Había furia. Y algo más. Un brillo que Karen reconoció de inmediato: un demonio acorralado es un demonio peligroso.

—¿Piensas lograr vencerme? —preguntó, su voz ronca, cargada de odio.

Karen no respondió. Solo observó, sus manos aún brillando con electricidad amarilla, preparada para lo que viniera.

Vemos que Zorking se levanta. Sus nueve colas se extendieron a su espalda, no como látigos, sino como cañones. Las puntas se abrieron, cada una apuntando directamente hacia Karen. La energía demoníaca comenzó a concentrarse en ellas, brillando con un amarillo más oscuro, más denso.

—Poder demoníaco: bombas del zorro —anunció, y en sus labios se dibujó una sonrisa cruel.

Disparó.

No una bola. No dos. Fueron nueve. Nueve bombas de energía salieron de sus colas, volando hacia Karen como meteoros. La cueva se iluminó con un resplandor cegador.

Karen se movió. Corrió hacia la izquierda, saltó sobre una roca, giró en el aire. Pero las bombas eran demasiado rápidas, demasiadas. Esquivó las dos primeras. La tercera le rozó el hombro, quemándole la ropa. La cuarta impactó cerca de sus pies, lanzándola contra una pared. Antes de que pudiera recuperarse, las otras cinco estallaron a su alrededor.

Boom. Boom. Boom.

Miles de explosiones, una tras otra. El humo lo cubrió todo. Las rocas volaron. El suelo tembló.

Cuando la niebla comenzó a disiparse, Karen estaba de rodillas. Sangrando de su brazo derecho, la manga del uniforme hecha jirones, la piel quemada. Teniendo heridas en varias partes del cuerpo, cortes en sus piernas, moretones en su costado, sangre goteando de su frente.

Pero sus ojos seguían abiertos. Seguía mirando a Zorking.

No había caído del todo.

Zorking resopló, recuperando el aliento, sus colas aún humeando.

—Aún no caes, ¿eh? —dijo, algo de respeto en su voz—. Interesante.

Karen no respondió. Solo se levantó, tambaleándose, sus manos aún brillando. Tenía que seguir. No podía detenerse. No todavía.

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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