Mami Villana - Capítulo 42
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
42: Feos recuerdos del pasado 42: Feos recuerdos del pasado «Vaya.
No me he puesto la lencería que Leni y Lani eligieron para mí».
Tilly solo se acordó de la lencería sexi que había traído cuando buscaba un atuendo que ponerse.
Se suponía que debía usar la lencería en su primera noche juntos.
Pero Kiho ni siquiera le dio la oportunidad de cambiarse después de su boda.
«Cielo santo, ni siquiera nos duchamos».
Bueno, sí se ducharon por separado después de la primera vez.
Pero como estaba demasiado cansada para buscar su lencería, se fue a la cama y se puso una camisa de Kiho en su lugar.
«Me pondré la lencería en nuestra última noche aquí, en la isla».
Después de esconder la lencería en el armario, eligió como atuendo un vestido largo floreado con mangas casquillo y un par de sandalias.
Se maquilló ligeramente y se recogió el pelo en un moño desordenado.
Cuando terminó de arreglarse, salió de la habitación.
Sonrió al ver a Kiho caminando hacia ella.
«Cielo santo, qué sexi es mi marido».
El capitán llevaba una camisa de lino sin cuello de color azul pálido, pantalones negros y un par de botas.
Su espada estaba sujeta a su cinturón.
—Cariño, ¿por qué has cogido tu arma?
—preguntó ella con el ceño fruncido—.
Solo vamos a dar un paseo, ¿verdad?
—Ya es muy tarde —dijo Kiho mientras le ponía las manos en la cintura.
Luego, le besó la frente antes de continuar—.
Somos los únicos en el castillo ahora mismo.
Nunca se sabe, pero podrían tendernos una emboscada.
Tengo que asegurarme de que estés a salvo conmigo.
—Ajá —dijo ella, un poco distraída porque estaba ocupada comiéndoselo con los ojos.
El precioso cuerpo de Kiho se veía realzado por su ajustada camisa de lino.
Solo había que ver esos hombros anchos…, esa amplia extensión de pecho…, su cintura tensa…
y, por supuesto, su abdomen de tableta de chocolate…
«No podemos olvidarnos de los abdominales, ¿verdad?».
Pero lo más importante era la joya oculta dentro de sus pantalones…
«Quiero jugar con ella…».
—Mis ojos están en mi cara, dama —la bromeó Kiho.
Luego, le ahuecó el rostro y le movió suavemente la cabeza para que lo mirara a la cara en lugar de a la entrepierna—.
¿Quién fue la que dijo que quería pasear por la playa?
«Yo, yo soy la tonta que dijo eso».
—Bien.
Como dama noble, debo mantener mi palabra —dijo Tilly—.
No tendré pensamientos lascivos por ahora.
Tampoco te tocaré indecentemente.
Kiho enarcó una ceja, un brillo divertido en sus ojos amarillos hacía parecer que se reía suavemente de su «promesa».
—Veamos cuánto tiempo puedes mantener las manos quietas.
Ella le dio un suave golpe en el brazo, lo que pareció divertirlo aún más.
«#QEPD, mi inocente Kiho».
***
—KIHO, hay algo que no hicimos durante nuestra boda y que me gustaría que hubiéramos hecho —dijo Tilly mientras caminaba con Kiho por la playa.
Por supuesto, iban de la mano—.
He oído que se hace en otras culturas.
La superficie del mar brillaba como si estuviera salpicada de millones de cristales.
La luna estaba llena, por lo que el cielo nocturno era un poco más brillante de lo habitual.
El sonido de las olas era agradable y la brisa, fresca.
La arena también se sentía suave bajo sus pies.
En resumen, el ambiente era de lo más romántico.
«Perfecto para un paseo nocturno».
—¿Qué es?
—preguntó Kiho con curiosidad—.
Si podemos hacerlo ahora mismo, hagámoslo.
—Quiero bailar —dijo ella con una sonrisa—.
En otras culturas, las parejas bailan delante de los invitados durante la recepción.
«Bueno, al menos, es la tradición del mundo moderno en el que vivía».
Dejó de caminar cuando Kiho lo hizo.
Al levantar la vista hacia él, se dio cuenta de que su cara estaba roja de vergüenza.
Eso la preocupó.
—¿Qué pasa, cariño?
—Tilly, no he bailado en mi vida —dijo Kiho como si ese hecho lo avergonzara—.
Los plebeyos no suelen aprender a bailar porque es un lujo que no podemos permitirnos.
Mientras que para los nobles como ella, las clases de baile eran un privilegio del que disfrutaban desde la infancia.
«Tuve suerte de nacer rica incluso en mi segunda vida».
—Su Majestad intentó que tomara las clases de etiqueta que los nobles reciben desde la infancia —continuó—.
Pero me las salté todas para practicar mi esgrima.
El emperador tomó a Kiho bajo su tutela cuando el capitán era todavía un niño.
«Eso me recuerda…
El Emperador Aku y la Princesa Nia son mucho mayores que nosotros».
Si no recordaba mal, los gemelos de la realeza pronto cumplirían treinta años.
«Pero parecen tan jóvenes como nosotros».
Los Moonchesters no estaban bendecidos con la eterna juventud.
Pero envejecían muy, muy despacio.
Así que, aunque ahora tuvieran poco más de treinta años, seguían pareciendo tener poco más de veinte.
Y seguirían así durante mucho, mucho tiempo.
«Eso sí que es tener suerte».
—Ahora me arrepiento un poco —dijo Kiho con voz triste—.
Sé que he dicho muchas veces que no me importa la opinión de los demás.
Pero, aun así, no quiero avergonzarte.
En su vida pasada, Kiho heredó el título de su padre cuando nació Winter.
Pero a pesar de que se convirtió en duque, su falta de «etiqueta apropiada» seguía siendo un problema para otros nobles de mayor rango.
Y así, dejó de asistir a reuniones sociales con ella.
Antes, se sentía aliviada de ir sola porque sabía que el capitán solo la avergonzaría.
Ni siquiera tuvo en cuenta sus sentimientos entonces.
Cielo santo, quería darle una buena bofetada a su antiguo yo.
—Kiho, solo quiero bailar contigo —dijo Tilly con dulzura.
Luego, le puso una mano en la mejilla—.
Puedo enseñarte.
Y no me importa si te equivocas delante de otras personas.
Solo quiero divertirme contigo.
Pero si no te sientes cómodo, no te obligaré.
—No es que no esté cómodo —negó Kiho—.
Es solo que no quiero hacer el ridículo delante de ti.
Eres la única persona a la que más quiero impresionar.
Por eso aspiro a ser siempre perfecto para ti.
Ella soltó una risita ante eso.
—Cariño, nadie es perfecto.
—Tú sí lo eres, cariño.
Ella rio con ganas.
Por supuesto, estaba muy emocionada.
Pero tenía que hablar seriamente con él.
—Kiho, no soy perfecta.
Así que no tienes que forzarte a ser perfecto para mí.
Tengo muchas capas feas.
¿Estás diciendo que no puedes aceptarlas?
Él negó con la cabeza con vehemencia.
—No.
Te acepto por completo, Tilly.
—Y yo también —le dijo ella con una sonrisa.
Luego, le pellizcó ligeramente la mejilla—.
Te acepto por completo, Kiho…
lo bueno y lo malo.
No dijo nada, pero sus ojos brillaron hermosamente.
Tilly soltó la mano del capitán y le hizo una reverencia.
—¿Capitán Kiho, me concede este baile?
—Por supuesto —dijo Kiho, y le ofreció la mano—.
Es un honor bailar con usted, Lady Prescott.
Y pasaron la noche bailando un vals al ritmo de sus corazones.
***
TILLY se despertó acalorada.
«Literalmente, ¿vale?».
Cuando se despertó del todo, se dio cuenta de que sentía calor porque Kiho la estaba abrazando por la espalda en posición de cuchara.
Tenía los brazos y las piernas envueltos alrededor de su cuerpo como si temiera que ella se le escapara.
«Qué pegajoso».
No es que se quejara.
Le encantaba…
…
sobre todo porque podía sentir su «erección matutina» deliciosamente apretada contra su cadera.
«Buenos días para mí».
—¿Cariño?
—susurró Kiho con voz ronca.
Obviamente, al igual que ella, acababa de despertar—.
¿Estás despierta?
—Ajá —respondió Tilly, restregando sus caderas contra él para sentir aún más su erección.
«Cielo santo, ¿por qué estoy tan cachonda?».
El capitán gimió en su oído.
—¿Podemos hacerlo?
Como respuesta, ella simplemente giró las caderas hasta que su erección quedó bien apretada entre sus nalgas.
Eso los hizo gemir simultáneamente.
El simple roce de su cálido aliento contra su cuello ya la había humedecido.
Parecía que no era la única que se sentía realmente ansiosa esa madrugada.
Kiho, sin «calentar» su cuerpo primero, enganchó los dedos en la cinturilla de sus bragas y tiró de ella hacia abajo de inmediato.
Unos instantes después, sintió la punta de su pene en la entrada de su húmedo centro.
Luego, se deslizó dentro con facilidad.
Tilly, una vez más, agradeció ser los únicos en el castillo que podían oír sus gemidos lascivos.
***
«ESTO es refrescante».
Tilly se sintió feliz mientras veía a Kiho preparar tortitas para el desayuno.
Su cuerpo todavía estaba dolorido por el sexo mañanero y ni siquiera podía caminar bien.
El capitán tuvo que llevarla en brazos a la cocina como a una princesa.
«El sexo fue así de bueno, de verdad».
En fin, Kiho no la dejó ayudarle a preparar la comida, así que se quedó sentadita mientras admiraba lo sexi que era.
—Luego lavaré los platos —se ofreció Tilly.
Antes de que él pudiera negarse, volvió a hablar—.
Es justo que lo haga yo, porque has estado haciendo todas las tareas desde que llegamos.
Y eso era porque, desde su primera noche en el castillo, había estado haciendo el amor con Kiho muchas veces al día.
Se quedaba dormida al instante después de su «vigorosa actividad».
Cada vez que se despertaba, la comida ya estaba preparada para ella.
«Me ha estado cuidando muy bien todo este tiempo».
—Está bien —aceptó Kiho cuando probablemente se dio cuenta de que ella no cambiaría de opinión—.
Pero, por ahora, déjame cuidarte a ti.
Cuando terminó de hacer las tortitas, puso la mesa él mismo.
Unos instantes después, estaban sentados uno al lado del otro, tomando su sencillo pero delicioso desayuno: tortitas, salchichas y un poco de sirope de arce.
En lugar de té, ambos eligieron tomar café.
—No quiero que esto se acabe —dijo Tilly—.
¿Podemos volver a irnos de vacaciones después de tu misión?
—Eso será difícil, cariño —admitió Kiho con tristeza—.
Dentro de tres semanas, comenzará la Cacería de Limpieza.
La «Cacería de Limpieza» era un proyecto del Emperador Aku.
Antes de que acabe el otoño, unos monstruos carnívoros llamados Crades salían de sus escondites y cazaban humanos.
Estos monstruos hibernaban cada invierno, por lo que necesitaban a los humanos como reserva de alimento.
Así que, anualmente, nobles y caballeros de diferentes partes del imperio se unían a la cacería para eliminar a los Crades y mantener a salvo a los civiles.
Era un trabajo peligroso, así que para animar a más gente a unirse, el Emperador Aku ideó un juego.
Cada año, el emperador liberaba un clon de una bestia ancestral en el lugar donde se celebrara la Cacería.
Quien atrapara al clon ganaría el juego.
«Pero solo a los hombres se les permite unirse a la Cacería».
Entonces, el ganador elegiría a la dama que obtendría el título de «Sacerdotisa de la Bestia» del año.
La dama elegida tendría el honor de servir al Sumo Sacerdote durante tres días…
«Espera…».
Tilly jadeó y dejó caer accidentalmente el cuchillo del pan cuando recordó lo que ocurrió durante la Cacería del año en que se casó con Kiho en su vida pasada.
El Capitán Sherwood ganó la Cacería y ese idiota le dedicó su victoria a la Princesa Nia.
Por supuesto, el Emperador Aku se volvió completamente loco de celos.
La mitad del bosque desapareció del mapa y, como resultado, muchas personas inocentes resultaron gravemente heridas.
«Incluido Kiho…».
¡¿Cómo pudo olvidar que Kiho perdió su ojo izquierdo y su brazo izquierdo por culpa de ese incidente?!
Como compensación, el Emperador Aku ordenó al Gran Mago de la Torre Blanca que hiciera un ojo y un brazo protésicos para Kiho.
Pero, a pesar de ello, el capitán nunca recuperó del todo su confianza.
Y esa fue sobre todo la razón por la que nunca la acompañó a los actos sociales.
«No…
¡No dejaré que mi Kiho sufra ese destino en esta vida!».
—¡Tilly!
Tilly se sorprendió al oír la fuerte voz de Kiho.
Parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de que él le estaba sacudiendo los hombros.
—¿Q-qué ha pasado?
—De repente te quedaste paralizada en tu asiento como si hubieras entrado en shock —dijo Kiho con voz preocupada—.
No respondías cuando te llamaba.
¿Qué ha pasado, cariño?
—Solo…
he recordado algo malo.
Frunció el ceño, confuso.
Luego, usó el dorso de la mano para secarle las gotas de sudor de la frente.
—¿Quieres hablar de ello?
Ella negó suavemente con la cabeza.
—Kiho, has participado en la Cacería anual desde que te convertiste en caballero, ¿no es así?
Él asintió, con la preocupación todavía visible en sus ojos.
—Sí.
Sobre todo ahora que soy capitán.
Después de todo, los capitanes de las Cuatro Órdenes están obligados a participar en la Cacería.
«Entonces no puedo pedirle que se retire».
Solo se le ocurría otra forma de cambiar su destino.
—Kiho, nunca has ganado la Cacería, ¿verdad?
Parecía ligeramente ofendido por su pregunta.
—Solo porque no tenía ninguna razón para ganar.
—Entonces, ¿puedes ganar por mí?
—¿Quieres que lo haga?
—Sí, por favor —suplicó Tilly con seriedad—.
Pase lo que pase, prométeme que ganarás la Cacería.
Sabía que estaba siendo egoísta, pero creía en Kiho.
El Capitán Sherwood era increíblemente fuerte, pero también lo era su marido.
—Ganaré la Cacería —le prometió el capitán—.
Así que, por favor, cálmate, cariño.
Se sintió aliviada al oírlo.
Pero también se sintió culpable.
—¿No vas a preguntarme por qué te hago esta petición tan egoísta?
—No quiero obligarte a decir algo que aún no estás preparada para compartir conmigo, Tilly —dijo Kiho—.
Haré lo que quieras y esperaré pacientemente a que te abras a mí.
—Gracias, cariño —dijo Tilly, conmovida.
Luego, lo abrazó y hundió la cara en su cuello—.
Gracias por consentirme.
***
—Así que tu plan para que Lady Prescott descubriera tu secreto ha fallado, ¿eh?
Nia puso los ojos en blanco ante lo que el Sumo Sacerdote Howard le dijo.
Pelo blanco, ojos verdes, piel pálida…
El Sumo Sacerdote parecía un joven de veintitantos años, aunque ya había vivido más de un siglo.
—Por alguna razón, mi control mental ya no parece funcionar en ella.
Ahora mismo, estaba en la sala de oración con el Sumo Sacerdote.
Hoy era el día de su encuentro semanal.
Como prometida del emperador, se le exigía reunirse con el Sumo Sacerdote cada semana para recibir su «bendición» desde que tuvo su primera menstruación.
Se suponía que la «bendición» del Sumo Sacerdote debía preparar su cuerpo físicamente para el parto.
Después de todo, no era fácil para unos hermanos con un Mana tan poderoso concebir un hijo juntos.
«Esa es exactamente la razón por la que las parejas Moonchester tienen compromisos largos».
Justo como les había pasado a ella y a Aku.
Nació siendo su prometida, pero su compromiso no se había hecho oficial hasta hacía poco.
Tuvo que someterse a una rigurosa cantidad de «preparación» antes de que los Ancianos la aceptaran.
«Pero, por supuesto, no sabían que estoy tomando medicamentos para volverme infértil».
Aparte de sus leales sirvientes, solo el Sumo Sacerdote conocía su secreto.
—Es una pena —dijo Howard mientras le servía un poco de té—.
Tu plan de controlar a Lady Prescott para que expusiera tu secreto y conseguir que te exiliaran ha fallado.
Era tu única oportunidad de detener tu boda.
¿Por qué no te delatas tú misma?
—Si hago eso, me ejecutarán de inmediato —dijo ella—.
He estado usando el control mental en Lady Prescott para que llegara a un acuerdo con Aku después de que me delatara.
Quería que le pidiera a mi hermano que convirtiera a su hijo en el heredero al trono para que, a cambio, ella convenciera a la Facción Real y a la Facción Noble de que simplemente me exiliaran.
—Suspiró y negó con la cabeza—.
Pero Lady Prescott ha cambiado.
No creo que sea capaz de influir en ninguno de los dos bandos para que me ayuden si alguna vez me descubren.
—¿Qué harás ahora, Nia?
—le preguntó el Sumo Sacerdote—.
Ya he recibido el oráculo que Su Majestad ha estado esperando.
Se quedó helada en su asiento.
—La fecha de vuestra boda ha sido decidida —dijo con una sonrisa—.
Se supone que os casaréis dentro de once meses.
Sabes que no puedo ocultarle esto al emperador por mucho tiempo, ¿verdad?
La última vez que Su Majestad estuvo aquí, casi hizo estallar el templo cuando no le di la información que quería.
—Lo sé muy bien —dijo ella—.
Aku puede parecer despreocupado por fuera.
Pero la verdad es que se le da bien ocultar su locura.
—Su Majestad no es un lunático —dijo con una suave risa—.
Solo está obsesionado contigo.
Tan obsesionado que, por muchas veces que intentaras suicidarte en el pasado, él simplemente te revivió una y otra vez.
Ella siseó de rabia.
Pero, por supuesto, el Sumo Sacerdote no se inmutó.
—¿Crees que Su Majestad te dejaría en paz si te exiliaran?
Claro que no.
Te seguiría hasta el infierno, Nia.
No puedes escapar de él.
—Sus ojos verdes brillaron peligrosamente en la oscuridad—.
Puedo ver el vínculo irrompible que tienes con él, mi pobrecita princesa.
No importa cuántas veces renazcas en el mundo que sea, Aku te encontrará una y otra vez.
—Puedo cambiar eso —dijo ella con firmeza—.
Solo necesito el corazón.
Si lo tengo, puedo invocar a la bestia celestial que podría quemar cualquier cosa en el mundo…
incluso el vínculo irrompible del que hablas.
—Solo tienes un año para conseguir el corazón, Nia —le recordó Howard con esa molesta sonrisa suya—.
Si te casas con Aku, el vínculo entre vosotros solo se hará más fuerte.
Una vez que ocurra, ni siquiera la bestia celestial podría quemarlo.
—Lo sé —dijo Nia mientras apretaba las manos con fuerza—.
En cuanto Lady Prescott dé a luz a su hijo, le arrancaré el corazón.
Y si no tiene lo que necesito…
—Vio su reflejo en el espejo detrás del Sumo Sacerdote justo en el momento en que sus ojos rojos brillaron en la oscuridad—.
Bien podría arrancarle el corazón a su bebé también.
***
[NOTA: Por favor, AÑADE mi historia a tu BIBLIOTECA para que se te notifique cuando publique una actualización.
¡Gracias!
:>]
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com