Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 No rompas tu matrimonio por contrato
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1: No rompas tu matrimonio por contrato.
1: No rompas tu matrimonio por contrato.
Bruno era consciente de que estaba pasando por una mala racha.
Hace unos días estaba a punto de casarse y ahora lo estaban embargando de su propia casa, además su ex prometida lo había bloqueado de todas las redes sociales posibles.
¿Es posible ser bloqueado por correo postal?
Bueno… tal vez si el equivalente es un SMS.
¿Cómo pasó todo esto?
Todo empezó aquella mañana de sábado.
La adinerada familia de Jocelyn, su prometida, había organizado un desayuno para convivir con el que sería el esposo de su hija.
—Toc, toc —se escuchó en la puerta—.
Bruno, recuerda que hoy tenemos el desayuno con nuestros padres.
—… —Al menos haz el intento de fingir preocupación.
¡O que te importe!
Las cejas del chico adormilado se fruncieron.
Miró la hora en su celular: apenas eran las siete de la mañana.
«Pero si el desayuno es a las nueve… ¡Qué exageración!» Se levantó de la cama y fue directo al baño para cepillarse los dientes.
Al verse en el espejo, no pudo evitar sentirse decepcionado.
¿Cómo había terminado siendo la marioneta de su padre?
Desde que tenía memoria, se dedicaba a seguir órdenes, aunque eso significara deshacerse de sus propios intereses.
Con el tiempo, adoptó un comportamiento desinteresado, casi estoico por naturaleza… aunque en realidad solo significaba que se había perdido a sí mismo.
Vestía un traje recién comprado la mañana anterior en el sastre.
Su futura esposa llevaba un vestido color salmón, sofisticado y simple.
—¿En serio… te pondrás traje para un desayuno?
—Después de esto tengo que ir a trabajar.
—Acordamos que sería un día libre… Incluso tu papá va a ir.
—Nuestros padres nos ven como un negocio, así que considerémoslo un trabajo.
—Tal vez para ti sea un negocio, pero yo… —Jocelyn, no puedes decirme que me quieres cuando te ves con diferentes chicos en cada salida con tus amigas —Bruno se ajustaba la corbata frente al espejo, bostezando y mirando las ojeras azules en su piel pálida.
—¿Estás insinuando que soy igual de sádica que tú?
¡Al menos los hombres con los que estoy me miran con deseo y amor!
¡Tú ni en once años me has volteado a ver!
—¿Entonces por qué aceptaste este contrato?
—Porque quiero ayudar a mi padre… y te quiero a ti —confesó, mirándolo fijamente—.
Dejaré cualquier mal hábito si estás dispuesto a quererme.
A la hora del desayuno, como era usual, Bruno evitaba la conversación.
La noche anterior solo había dormido cuatro horas debido al exceso de trabajo como gerente administrativo en la empresa de su padre.
No sabía si su mente estaba en otra parte por esa razón o porque estaba entrando en uno de sus periodos en los que necesitaba aislarse para poder seguir adelante.
—Bruno, ¿dónde piensas que sea la luna de miel?
—No lo sé, señor.
Lo decidirá Jocelyn —respondió mientras leía las noticias en su celular.
El padre de Jocelyn frunció el ceño.
—No te noto interesado en el asunto, Bruno.
Las señoras, que hasta ese momento hablaban sobre la decoración de la boda, guardaron silencio y prestaron atención.
—Querido —intervino la madre de Jocelyn con una sonrisa falsa—, creo que él está muy ocupado con el trabajo, a diferencia de nuestra Jocelyn, que todo el tiempo está saliendo de compras.
—Bruno —llamó su padre—, creo que el señor Anderson tiene razón.
Deberías poner más atención.
Por el momento, la empresa está bien.
—No te preocupes —interrumpió Anderson con un ademán—.
¿Por qué no mejor vamos a jugar golf después de esto?
—Lo siento, no tengo tiempo —Bruno se levantó de la mesa y se puso las gafas de sol—.
Nos vemos luego.
Para este punto, el padre estaba empezando a preocuparse por su orgullo.
Ofendido por la actitud desinteresada de su hijo frente a otros, golpeó la mesa con fuerza.
—¡¿A dónde vas?!
—¿A dónde más voy desde que tengo catorce años, aparte de la casa?
—Bruno respondía más de lo usual debido a su sensibilidad reciente—.
A trabajar.
—¡No me vuelvas a responder!
Tu madre no te ha educado lo suficiente.
—¡A ti qué te importa!
—Por un momento, una parte casi invisible en su personalidad tranquila salió a la luz.
A los presentes se les erizó la piel—.
¿Por qué te afecta si voy a trabajar o no?
—¡Eres un idiota maleducado!
—el hombre se levantó de golpe, señalándolo con desdén—.
¡No me vas a alzar la voz!
Una pelea entre dos hombres que parecían la misma persona, pero en diferentes edades, acababa de empezar.
—¿Qué derecho tienes de callarme?
¿No siempre he sido obediente?
—Bruno parecía ignorar que su padre era capaz de cualquier cosa en ese estado—.
¡Tú iniciaste este estúpido matrimonio!
Para ti todo es dinero.
El hombre de cincuenta años, aun con fuerza, caminó hacia su hijo y le dio un fuerte puñetazo.
—¡Mientras yo esté vivo, tú haces lo que yo diga!
La esposa se tapó la boca fingiendo sorpresa, como si esto no hubiera pasado incontables veces.
Bruno giró el rostro, lo miró con frialdad y respondió: —Ya que veo difícil que te mueras pronto, tendrás que tener otro hijo que pueda obedecer al pie de la letra las órdenes de un viejo prepotente, asqueroso y delincuente como tú.
Este compromiso se terminó.
Después de ese día, su padre lo despidió de la empresa, lo corrió de la casa y le quitó todas las propiedades que técnicamente “le pertenecían”, incluyendo su departamento.
Afortunadamente, contaba con suficientes ahorros para sobrevivir.
Y ahora estaba afuera, con dos maletas y una mochila bajo la lluvia que lo empapaba de pies a cabeza.
Su hermoso Bugatti —regalo de su madre— también había sido confiscado al sentirse avergonzada frente a sus socios.
Resignado ante la situación, trató de enderezar la espalda mientras la lluvia caía sobre él.
«Ese maldito…» Los recuerdos y el rencor aparecieron, haciéndolo apretar los puños.
—¡Maldito departamento estúpido!
—gritó, lanzando piedras contra los ventanales del departamento que su padre le había regalado.
Finalmente, encontró un hotel cómodo, aunque nada lujoso.
Como buen administrador, analizó su situación económica para crear una estrategia que le permitiera volverse autosuficiente y conseguir una casa propia.
Aunque tenía ahorros —y sabía que gran parte de ellos, los quería invertir—, sus pensamientos no lo dejaban enfocarse.
Imaginaba que, si tan solo no fuera él… si fuera otra persona, alguien con gente que lo quisiera, alguien que se hubiera construido a sí mismo sin tener que soportar esas voces contradictorias… tal vez entonces alguien podría amarlo de verdad.
Ya en pijama, se recostó, suspiró y se encogió sobre sí mismo hasta quedar en posición fetal, mientras su mente le mostraba el recuerdo del día en el que decidió romper esas cadenas que lo asfixiaban, aunque eso significara quedarse solo.
Pero, ¿cuál era la diferencia?, ¿no siempre había sido así?
Unos minutos después, sus hombros empezaron a temblar.
Y las lágrimas cubrieron la noche.
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