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Marca del destino - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Suyin borracha
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10: Suyin borracha 10: Suyin borracha Al oír el nombre familiar, Zhao Suyin se tensó.

¡Sabía muy bien qué clase de bicho era Hui Guozhi!

Con qué astucia había conseguido casar a su hija con Qi Wren al mes de su divorcio.

Industrias Qi se encuentra entre las veinte empresas más importantes del país, su poder era ciertamente innegable.

Además, Qi Wren no duda en usar medios ilegales para conseguir lo que quiere.

El ex Secretario General Bojing Chao tenía una gran experiencia, con más de tres décadas de servicio, y se había enfrentado a muchas situaciones difíciles, y aun así fueron capaces de presionarlo hasta el punto de forzarlo a jubilarse.

¡Eso demuestra lo despiadados que deben de ser sus métodos!

Como Hui Guozhi hacía todo al amparo de Industrias Qi, a esta última le resultaba más fácil rechazar las acusaciones por falta de pruebas, mientras Guozhi seguía amargándoles la vida a esas ancianas.

Zhao Suyin cerró los ojos un instante y se obligó a controlarse antes de mirar a Long Tao.

—¿Nos han pedido ayuda?

—Sí….

—¿La cobertura mediática?

—¡Inútil!

Industrias Qi ya ha aclarado que no están interesados en ese terreno, haciendo que el caso parezca que esas mujeres están haciendo acusaciones falsas para sacar dinero…
—¡Basta!

—lo interrumpió a media frase, con una mirada gélida—.

Consigue a los abogados, redacta una declaración de cada mujer y envía una notificación a Industrias Qi y a Hui Guozhi ASAP.

Los ojos de Long Tao brillaron.

Si ella podía resolverlo, le haría tres reverencias.

La vio salir del despacho.

—Señora, ¿va a alguna parte?

—NOS VAMOS DE COMPRAS.

*****
Al día siguiente…
Por la noche, tres hombres entraron en una obra en construcción, pisando con cuidado los escombros esparcidos por todas partes.

Todos vestían ropas raídas y el polvo que los cubría densamente les daba un deprimente color gris sucio.

Uno de ellos tenía una corta perilla en la que se había acumulado el polvo, lo que le hacía rascársela continuamente, mientras que el otro hombre tenía los dientes torcidos y un mechón de pelo azul que asomaba por debajo de la capucha oscura, y un saco de yute colgado del hombro.

Los dos eran más altos que el tercer hombre, que tenía rasgos delicados, el pelo revuelto como un nido de pájaros y la piel y los labios oscuros y agrietados.

Caminando, se toparon con un grupo de cinco hombres que charlaban y se sentaron a cierta distancia de ellos.

El hombre más bajo, el de la piel y los labios agrietados, saludó con la mano y una sonrisa pícara.

—No se molesten, colegas, nos hemos dejado el lomo cargando sacos de cemento.

—Sí, solo un descansito y unas copas, no los molestaremos —añadió el otro hombre, rascándose la perilla.

El tercero y más joven abrió su saco de yute para sacar unas cuantas botellas de alcohol barato y unos vasos.

Aquello atrajo al instante al otro grupo.

—No hay problema, pueden quedarse hasta la mañana.

Pero ¿les importaría compartir las bebidas con nosotros?

Hoy no tenemos —pidió sin pizca de vergüenza.

Al principio, querían echarlos, ¡pero el alcohol los volvió codiciosos!

—Vengan, vengan, somos hermanos —dijo el hombre de la sonrisa torcida mientras servía alcohol en los vasos y abría también un paquete de cacahuetes.

—Sí, después de todo, pertenecemos a la misma calaña.

¡Jornaleros en una obra!

—El hombre de la piel y los labios agrietados tomó un sorbo, burlándose de su propia supuesta profesión.

—Este cabrón está de puta madre, dame más.

—Un hombre del otro grupo se tambaleó por el placer del alcohol gratis y levantó su vaso—.

¡Ah!

¿Qué has dicho…?

¡Ah!

¿Jornaleros?

¡JA, JA, JA!

¿Acaso parecemos jornaleros?

¡No!

Estamos aquí con un propósito especial.

¡Hip!

—Ja, ja… sí… Un propósito especial para molestar a esas mujeres que viven en aquel complejo residencial —añadió otro hombre, señalando en una dirección con su vaso—.

Amigo, sirve más, no seas tacaño.

Al hombre de la sonrisa torcida no le importó y siguió sirviendo las bebidas…
—Nuestro jefe quiere esa casa.

Pero estas viudas testarudas son muy molestas, malditas putas.

—Pff… Ya están con un pie en la tumba y, aun así, se aferran a la propiedad como si se la fueran a llevar con ellas después de muertas.

Que se jodan.

Los dos hombres altos intercambiaron una mirada secreta.

El hombre de la piel agrietada sonrió con aire de superioridad, medio borracho.

—¿Por qué molestarse por ese pedacito de tierra?

Su jefe ya tiene todo esto.

—Ella dio una palmada en el suelo polvoriento.

—¡Qué va!

No trabajamos para Industrias Qi, sino para H-Hui… ¡Ahhh!

—Antes de que pudiera decir el nombre completo, un hombre a su lado lo golpeó con fuerza, llevándose un dedo a los labios—.

Shhhhh… S-secreto…
¡Hip!

El grupo de tres se marchó después de asegurarse de que los otros cinco estaban profundamente dormidos.

—Buen trabajo a todos.

—Zhao Suyin se quitó la peluca y se soltó el moño mientras soltaba un suspiro de alivio.

—Pero no conseguimos el nombre.

Fueron demasiado listos —dijo Long Tao, sin dejar de rascarse la perilla.

—Sí, señora, y no podíamos presionar mucho para no exponernos —dijo el becario que ella había seleccionado para la misión.

Todavía estaba eufórico, pensando que había hecho algo tan genial como eso.

¡Guau!

¡Una aventura en vivo!

—¿Y qué?

Tengo medio nombre, «Hui», y solo nosotros sabemos que es la mitad.

¡La manipulación es fácil, chicos!

—Suyin guiñó un ojo.

Desvió la mirada en cierta dirección, buscando a alguien—.

¿Por qué no ha llegado todavía?

Y, Long Tao, deja de rascarte, me estás irritando.

Long Tao: …
«¿No es culpa tuya por ponerme tanto maquillaje en la perilla?», pensó.

—Ahí está —señaló el becario mientras otro becario llegaba corriendo como un niño que ha ganado el primer premio en una carrera.

Zhao Suyin: —¿Está hecho el trabajo?

—¡Todo listo!

*****
En mitad de la noche, Zhao Suyin caminaba por la calle, un poco achispada.

Su tolerancia al alcohol era nula; un rato antes había compartido unos sorbos del alcohol fuerte para que su actuación pareciera auténtica.

Los dos becarios vivían cerca, en un apartamento de alquiler, así que dejaron a Long Tao y a Suyin cuando terminaron la tarea y cubrieron la distancia a pie.

Por otro lado, Long Tao se ofreció a llevar a Suyin, pero por el camino empezó a rascarse como un mono infestado de pulgas.

Temiendo que pudiera provocar un accidente, Suyin lo obligó a que la llevara primero a casa de él, y desde allí ella cogería un taxi, ya que la distancia no sería mucha.

Pero llevaba ya una hora deambulando por la calle en busca de un taxi…
Su cuerpo, agotado; sus ojos, cayéndose de sueño…
¡PIIII!

¡PIII!

¡PIIIII!

Suyin miró hacia atrás y vio un coche amarillo detenido a solo un metro de ella.

—¡Ah!

¡Un taxi!

¡Lléveme a casa!

Aferrada a su teléfono ya sin batería, voló hacia él con una sonrisa tonta pegada en la cara.

Molesto porque la mujer desaliñada se atrevía a acercarse al coche en lugar de apartarse de en medio de la carretera, el propietario abrió la puerta para echarle una bronca.

¡Loca!

Ya se conocía esos trucos baratos para sacar dinero y no iba a caer.

—Disculpe, ¿tan desesperada está…?

Antes de que pudiera decir una palabra más, se quedó boquiabierto ante la mujer que tenía delante.

Zhao Suyin sintió los labios secos, se los humedeció una vez, y luego otra y otra…
¡Sus ojos parpadeaban sin cesar!

El hombre que tenía delante le ponía la piel de gallina, y cuando habló con su voz grave y suave, con una pizca de carraspera e ira, hizo que mil mariposas revolotearan en su estómago.

Su mirada la atraía hacia él como si la tuviera atada por la cintura, y él tirara de ella lenta y seductoramente.

Se llevó ambas manos a las mejillas y salió de su aturdimiento con un parpadeo, mostrando una amplia sonrisa.

—¡Vaya bombón!

Wang Shi: …

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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