Marca del destino - Capítulo 184
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184: Los médicos recetan pastillas más grandes que eso 184: Los médicos recetan pastillas más grandes que eso El coche de Suyin pasó volando junto al coche amarillo de Wang Shi, ignorándolo.
Eso lo dejó atónito.
¿Es posible que ignore su coche amarillo, sobre todo cuando a ella le disgusta el color que él ha elegido?
¡Qué va!
Es obvio que lo hizo a propósito para hacerle saber que ella lo sabe.
¡Qué pajarito enfadado más mono!
El conductor, de nombre Lee, miró por el retrovisor mientras el coche blanco desaparecía en cuestión de segundos y no pudo evitar admirar la pericia de la conductora.
Entonces se percató de una sutil sonrisa en el rostro de su jefe.
Sorprendente.
—Síguela.
Lee formaba parte del equipo de guardaespaldas expertos de Wang Shi, y no tardó mucho en comprender que Suyin ya sabía de su existencia.
Al menos no tendría que esforzarse en ocultarse de ella, lo que habría sido difícil teniendo en cuenta su forma de conducir demencial.
Después de cuarenta minutos, se detuvo a las puertas de una discoteca y esperó.
…
esperó…
…esperó…
…y también lo hizo el hombre que mantenía la mirada fija en el coche de cristales tintados que le impedían la visión.
Pronto, la mirada de Wang Shi se ensombreció, y algo inesperado sucedió.
Bueno, algo inesperado salió del coche.
Tacones…
tacones de aguja seguidos de unas largas y brillantes piernas.
Una mujer despampanante con pantalones cortos vaqueros y una camiseta blanca ancha anudada al frente bajó del coche.
Se echó el pelo hacia atrás una vez y dirigió una breve mirada hacia el coche de Wang Shi, provocándole un infarto durante ese microsegundo.
Parece salvaje y sexi.
Se quedó boquiabierto…
Los hombres que pasaban por allí se detuvieron en seco para mirar a la despampanante mujer.
Algunos incluso se atrevieron a silbar y a hacerle una foto a escondidas.
¡Mátalos!
—Haz que borren esas fotos.
AHORA —bramó Wang Shi—.
Llama a Daiyu.
Quiero ver todo lo que pasa dentro.
—Era obvio que Suyin no estaba aquí para divertirse, pero ¿tenía que ponerse esa ropa?
No es que le importara, pero era algo exclusivo para él.
¿Y esa mujer se había atrevido a cambiarse de ropa en el coche?
¡Alguien necesita una reprimenda!
Lee miró a cualquier parte menos a la mujer de su jefe y cogió el teléfono.
*******
Era el lugar que el hijo de Zhao Feiyan, Song Kun, visitaba con frecuencia para ir de fiesta con su grupo de amigos.
Suyin ya había indagado, y esa noche él estaba en la discoteca.
No hay mejor manera de provocar a Zhao Feiyan que atacar a Song Kun.
Ignorando las miradas que la seguían, Suyin se sentó en la barra, asegurándose de que Song Kun no le viera la cara, pero que al mismo tiempo alguien de su grupo se fijara en ella.
Él estaba sentado en un rincón con su grupo de amigos, bebiendo para pasar la noche mientras una hermosa rubia se esforzaba por llamar su atención.
—Vaya, ¿qué belleza es esa?
—Nunca la había visto.
Parece que es nueva por aquí.
—Entonces, ¿a qué esperamos?
—Dos de ellos se levantaron.
—Esperad —dijo Song Kun apartando de un empujón a la irritante rubia.
Su mirada se alternaba entre las largas piernas de Suyin y su cuello descubierto mientras ella se echaba el pelo hacia atrás dos veces.
Le hizo un gesto al camarero que les servía—.
Esta noche es mía.
Justo en ese momento, el camarero le ofreció una copa a Suyin, mostrando una sonrisa.
Ante las cejas arqueadas de Suyin, el camarero señaló la mesa.
—De parte del señor Song Kun.
La mirada de Suyin se posó en la copa de la bandeja, y sus pensamientos se arremolinaron hasta aquel momento, un cúmulo y un recuerdo de cuando Song Kun la llevó a la discoteca con la excusa de tomarse un descanso de los libros y el matrimonio para pasar tiempo con él.
Fue en la época en que ya estaba casada con Qi Wren.
La ingenua de ella…
de verdad pensó que Song Kun se estaba esforzando por arreglar su tensa relación.
Pero entonces alguien le puso algo en la bebida y, en lugar de ayudar a su hermana personalmente, les pidió a sus amigos que la ayudaran a llegar al coche mientras él pagaba la cuenta.
En ese momento alguien les hizo fotos y las presentó como si fueran otra cosa.
Zhao Suyin siendo llevada en hombros por dos hombres en estado de embriaguez.
Esas fueron las fotografías que Qi Wren le arrojó más tarde a la cara y la llamó zorra de mierda.
Le suplicó a Song Kun que dijera la verdad, pero este se hizo el despistado, como si no entendiera de qué estaba hablando.
Suyin cogió la copa mientras le dedicaba una hermosa sonrisa al camarero…
Lee, que estaba viendo el video junto con Wang Shi, tuvo un terrible presentimiento sobre la copa.
—Señor, deberíamos impedir que la señora se la beba.
Creo que le han puesto algo.
—Solo mira.
—En lugar de sentirse ansioso o preocupado, Wang Shi confiaba en que no se la bebería.
—Bébetela.
—La sonrisa en el rostro de Suyin desapareció.
Sus ojos, hipnóticos a la par que peligrosos, hicieron que el camarero se estremeciera por dentro.
—Señora, es para usted.
—¿Le han puesto algo?
—N-No, señora…
No es…
—¿Por qué estás sudando?
Demuéstralo.
Si no, llamaré a la policía para que lo analicen.
El camarero tragó saliva y echó un vistazo a la mesa de Song Kun.
La mujer era impaciente y peligrosa; tenía un miedo atroz a que hiciera algo que pudiera causar problemas en la discoteca y, al ser un simple camarero, le obligarían a cargar con la culpa.
Ese es el talento de Suyin.
Es directa y audaz, y ha aprendido todo de la experiencia.
Experiencias que aprendió por las malas.
—Vaya, vaya, hermosa.
Eres peleona, ¿eh?
—Al oír aquel sonido familiar, en los ojos de Suyin brilló una sonrisa traviesa que no pasó desapercibida para Wang Shi.
Va a causar problemas.
Cada vez más hombres han empezado a acercarse a su mesa.
Ella puso los ojos en blanco.
—Argh, iba a lanzarte una mirada de asco, pero ya eres asqueroso de por sí.
—Envía a algunos hombres para que la protejan en secreto.
Ninguna de estas escorias debe poder ponerle un dedo encima.
—Lee se quedó mirando sin comprender.
¿Significaba eso que ella podía hacer cualquier cosa?
«Jefe, no la malcríe.
Mire, los está provocando».
—Lengua afilada, ¿eh?
—se burló un hombre.
—Vamos, nena.
Solo era una copa de bienvenida.
¿Tienes que ser una aguafiestas?
—murmuró Song Kun, rozándole la mejilla con el dorso de los dedos—: Qué suave.
—Aunque solo le vio el perfil, se dio cuenta de que era una belleza.
—Lárgate, imbécil.
Apesta por todas partes.
—Le apartó la mano de un tirón, usando deliberadamente esa palabra para provocarlo, y se marchó en dirección al baño.
Song Kun apretó los dientes.
—Se hace la difícil.
Esto será divertido.
—Como si el gerente de la discoteca hubiera entendido algo, hizo que cerraran las puertas desde dentro.
Eran casi las doce de la noche, la mayoría de la gente bebía y bailaba, meciéndose al ritmo de la música alta.
Nadie se preocupó por el alboroto en la barra y se hicieron los ciegos.
Suyin se miró al espejo, preparada para que Song Kun y sus amigos la atacaran y así poder reunir pruebas legales contra él y tener a Zhao Feiyan en sus manos.
Cuando salió, la alta figura de un Song Kun borracho se cernió sobre ella mientras sus tres amigos estaban detrás.
—Después de verte desnuda debajo de mí, moriré feliz.
Suyin por fin levantó la vista, mostrando su hermoso rostro, lo que le dio a Song Kun el mayor susto de su vida, pues inspiró hondo y se apartó de ella de un salto.
—Tú…
—Sí, yo.
Y si tú te desnudas delante de mí, probablemente me muera de la risa.
Porque los médicos recetan pastillas más grandes que eso.
Sus amigos estallaron en una carcajada que cabreó a Song Kun.
—Maldita zorra.
La última vez no pude hacerte nada, pero hoy ya verás.
Mis amigos se turnarán para disfrutar de ti y, después de ellos, te pasaré a los porteros y luego a cada persona presente aquí como un regalo de cortesía.
Un puñetazo…
Seguido de otro…
Y otro…
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