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Marca del destino - Capítulo 287

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Capítulo 287: James y Zeng

Pellian, Francia.

Encaramado en un acantilado a unos 18 km al norte de Niza, en la Riviera Francesa, existe un pueblo exclusivamente peatonal que carece de los puestos de souvenirs, restaurantes elegantes, antiguas panaderías y tiendas propias de las principales ciudades de Francia. Hasta hoy, James y Zeng ni siquiera sabían que existía un lugar así en Francia, a pesar de haber estado en el país cientos de veces.

Escaleras empinadas, pasadizos bajos, calles adoquinadas y edificios con entramado de madera; el lugar poseía un encanto medieval. La belleza y las vistas eran simplemente espectaculares y valía la pena detenerse a admirarlas a cada paso. Pero los dos hombres habían hecho la vista gorda a aquella belleza intacta y recorrían las calles en busca de alguien.

Algo que James había cogido de la mesa del ordenador de Evan resultó ser una prueba importante que ahora les ayudaba a encontrar las piezas que faltaban del rompecabezas.

Era una fotografía antigua. Si Evan la había guardado bajo el teclado, debía de ser importante para él y, a juzgar por los bordes desgastados y el tinte amarillento, debía de haberla tocado mucho.

En la fotografía en blanco y negro, Evan apenas tenía tres o cuatro años, abrazado con ternura por una mujer junto a la Torre Eiffel. Antiguamente, cuando las cámaras digitales no eran algo común, las fotografías se hacían con cámaras de película que tenían carretes.

Y uno podía encontrar a muchos fotógrafos sacando fotos cerca de la Torre Eiffel. James sabía que estaba dando un palo de ciego, pero para probar suerte utilizó sus recursos en Francia para comprobar si la fotografía había sido tomada por uno de esos fotógrafos, ya que conseguir una cámara personal era caro en aquella época. Usó la dirección que figuraba en el reverso de la fotografía.

Y voilà. La fotografía realmente procedía de uno de esos hombres. Como revelar las fotografías de los carretes no era un proceso instantáneo, normalmente se enviaban por correo a la dirección indicada. Para suerte de James, consiguió la dirección a la que se envió la fotografía.

Sin embargo, al llegar descubrió que era un antiguo apartamento en París, ahora ocupado por otra persona. Y para su sorpresa, Evan había estado allí antes, preguntando por lo mismo. ¿Pero por qué? ¿Por qué Evan intentaba averiguar sobre sí mismo? ¿Acaso él tampoco sabía algo sobre sí mismo?

Justo cuando James pensaba que no conseguiría nada allí, Zeng llegó al rescate. Zeng había utilizado sus contactos en el mundo de las carreras para preguntar por la familia Ricci y la mujer de la fotografía.

Como Evan había asesinado brutalmente a toda la familia Ricci, debía de haber alguna conexión entre ambos. Resultó que la mujer de la foto era la madre de Evan, la hija menor de la familia Ricci.

La madre de Evan se había enamorado de un hombre de un estatus muy inferior al de la familia Ricci cuando apenas tenía diecisiete años. Como la familia se opuso a la unión, se fugó con su amante. El patriarca de la familia repudió a su hija por deshonrar a la familia.

Sin embargo, la cosa no terminó ahí. Legalmente seguía siendo una Ricci, con derecho a recibir una parte igual de la propiedad que sus dos hermanos mayores. Darle una parte a quien había deshonrado a la familia no era aceptable para los otros hermanos, y estos hicieron quemar la casa de su hermana con su familia encerrada dentro.

—¿Cómo supiste todo esto? —le preguntó James a Zeng. Su mente era un caos al oír la historia; ya tenía preguntas y ahora surgían muchas más. Miró el hermoso paisaje y suspiró.

Zeng le pasó a James una carpeta con recortes de periódico. —Salió en las noticias en su momento. Los cinco miembros murieron carbonizados, vivos. Todo el mundo sabía quién lo había hecho, pero la familia Ricci compró las pruebas y silenció el caso. Un mes después, el caso se cerró atribuyendo el incendio a un cortocircuito.

—Pero eso no responde a mi pregunta…

—Antes de venir aquí contraté a un detective privado. Además, ¿por qué crees que no fui al hotel en dos días? —Zeng miró su teléfono; el Google Maps señalaba a la izquierda. Le hizo el mismo gesto a James.

—Pensé que te habías ido a buscar un rollo…

—Cállate, mente sucia. ¿Por quién me tomas? —Zeng frunció el ceño—. Mis amigos y yo fuimos a unas carreras ilegales con los supuestos niñatos ricos de la ciudad. Después aproveché la oportunidad y pregunté por los Ricci mientras tomábamos algo. Los hombres, te digo yo… —se giró hacia James—, son más cotillas que las mujeres.

—Ja, nadie nos gana a Susu y a mí cotilleando. Podemos cotillear hasta de los perros. —James dio una palmada al aire—. En fin, ¿estás seguro de que podemos sacarle algo de información a esta? Porque está claro que Evan sobrevivió a ese incendio. ¿Pero cómo? ¿Hubo algún otro superviviente?

—Vamos a preguntarle. Espero que responda a nuestras preguntas. Al menos a algunas. Era sirvienta de la familia de Evan cuando murieron en el incendio. Como la familia Ricci ya no existe, no tiene a nadie a quien temer… Baja por ahí.

Se detuvieron ante la puerta de una casa antigua. Esa era la dirección que Zeng había obtenido del detective privado. James llamó dos veces y esperó.

Un hombre abrió una pequeña ventanilla en la puerta y preguntó.

Antes de que Zeng pudiera decir nada, James le pisó un pie para hacerlo callar. —Hola, somos turistas y nos hemos perdido. ¿Podría indicarnos dónde está la parada de autobús más cercana o un lugar para pasar la noche? Le agradecería un vaso de agua.

—Pregunten en la casa de al lado —respondió el hombre con brusquedad.

—Te lo dije —interrumpió Zeng, pillando a James por sorpresa—. Te dije que los franceses son unos maleducados y que nunca ayudan a nadie. ¿Lo ves? No debería haberte hecho caso. Ahora estamos atrapados en este maldito lugar. ¡Joder!, haría lo que fuera por salir de aquí. Mañana tengo una carrera y hay millones de dólares en juego. —Zeng levantó la muñeca, mostrando un reloj caro y una pulsera de oro.

El hombre les cerró la puerta en las narices.

…

…

James soltó una carcajada. —¿Crees que puedes tentar a estos aldeanos con dinero? Ja, ja, ja… Qué tonto.

—¿Acaso tienes una idea mejor?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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