Marca del destino - Capítulo 288
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 288: James y Zeng – final
SALTO
GOLPE
ESTRUENDO
—¿QUIÉN? ¿QUIÉN ANDA AHÍ? —El hombre corrió a agarrar el rifle que tenía colgado en la pared y apuntó a los dos intrusos que habían entrado en la casa de un salto por la ventana y habían aterrizado de lleno sobre un cactus en una maceta.
Ay…
ayyy…
Mi trasero…
—Quítate de encima, cabrón, me estás aplastando —gritó Zeng, con el rostro contraído en una mueca de dolor.
James sonrió con superioridad. —Te lo mereces. Me pregunto cómo vas a hacer el trabajo de la mañana ahora. —El karma de verdad existía. Zeng lo había avergonzado con la misma pregunta cuando James se había despellejado la palma de la mano con unas cuerdas.
—Cállate, idiota. Piensa en el cazador que tenemos delante, listo para hacernos agujeros… a saber en qué partes.
La cabeza de James se giró bruscamente hacia el hombre, que aparentaba unos cincuenta y tantos años y llevaba perilla. —Señor, señor, por favor, no nos dispare. No estamos aquí con ninguna intención maliciosa, sino que buscamos a la señora Claire Fraise. Somos de Cheyna y hemos venido a preguntar por la hija de la familia Ricci, Romana, y su hijo. —Con cuidado, alzó la fotografía de Evan hacia el hombre—. Este…, este…, este niño y la mujer.
El hombre no parpadeó; su cuerpo estaba perfectamente quieto y su ceño fruncido era más una señal de irritación que de concentración. Alzó más el rifle. —Largo de aquí antes de que os mate. No hay nadie que se llame Claire.
Zeng intentó ponerse de pie, pero tenía el cactus clavado en el trasero. Gruñó de dolor, mirando a su alrededor en busca de algo a lo que agarrarse para levantarse. Justo en ese momento, su mirada se posó en un portarretratos sobre la mesa. —¿Usted… usted es el marido de la señora Claire? —aseguró Zeng.
—Cariño, ¿quién anda ahí? —se oyó la voz de una anciana desde las escaleras. Al poco, bajó apresuradamente para comprobarlo y se encontró a su marido apuntando con un rifle a los dos jóvenes.
—Cariño, ¿por qué has bajado? Estos dos granujas son de la familia Ricci. Yo me encargaré de ellos y me desharé de sus cuerpos en nuestra granja. A ver qué tal fertilizan la tierra…
—¿James? —llamó la mujer, tomando a todos por sorpresa.
James levantó una mano. —Soy yo. Soy James. Por favor, yo sería una opción pésima para fertilizar sus tierras. Pero este hombre a mi lado es perfecto para eso. Pueden usarlo, les ayudaré a hacerlo pedazos.
Zeng: …
—¡James! —volvió a llamar la mujer—. ¿Tú eres James, el novio de mi Lucy? ¡Oh, Dios mío, eres muy guapo en persona!
James: …
Zeng: —¿Cuántos novios tienes? ¿Tienes alguna ETS? Será mejor que vaya a hacerme un chequeo.
James le lanzó una mirada a Zeng, que seguía atascado en el cactus. —Hablas como si me hubiera acostado contigo. Imbécil.
—Como sea.
—Señora Fraise —James dio unos pasos lentos hacia la mujer, sin dejar de vigilar a su marido—. Me ha confundido con otra persona. Soy James, pero mi novio se llama Evan, y estamos aquí para hacerle unas cuantas preguntas sobre el incendio en los Apartamentos Valentino y la señora Romana Ricci. —Le enseñó la fotografía—. Esta mujer y su hijo.
Claire Fraise sonrió. Señaló al mismo niño de la foto, es decir, a Evan. —Este es mi Lucy. Quiero decir…, Lucian. El hijo de Romana. Tu Evan.
…
…
James narró toda la historia sobre Evan y cómo lo encontraron, un beta que trabajaba para una organización secreta.
…
…
En el incendio de los Apartamentos Valentino, veintiséis años atrás, el padre y los abuelos de Evan murieron calcinados. Pero Romana escapó con el pequeño Evan.
—Pero, según el informe policial, encontraron cinco cuerpos, incluido el de un niño de la misma edad que Evan…, o sea, Lucian —dijo James.
Claire negó con la cabeza. —Lucy y Romana no estaban entre los muertos. Eran el cuerpo de la amiga de Romana y el de su hijo. Estaban en su casa ese día celebrando el Año Nuevo y no pudieron escapar del fuego. —La mujer se remangó para mostrar la piel quemada—. Yo estaba en la casa y lo vi todo. —A Claire se le llenaron los ojos de lágrimas y se le quebró la voz. El trauma aún era visible en su mirada.
James le apretó la mano con suavidad.
La mirada de Claire recorrió el rostro de James. —Lucy me había hablado de ti. Al principio me impactó, dos hombres enamorados… No entiendo esas cosas. Pero prometió que te traería para que te conociera y me enseñara por qué te había elegido. —Una sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de James. Tenía razón: Evan lo amaba. Tenía que haber una razón para las duras palabras de Evan.
—Cuénteme más. Cuéntemelo todo. ¿Dónde está Romana? ¿Cuándo y cómo la conoció Evan? Todo. Esto es muy importante para mí.
—Poco después de que Romana abandonara el país con Lucy para mantener a su hijo a salvo. Ella sabía que no estaba en posición de volver con la poderosa familia Ricci y que lo mejor era aprovechar la única oportunidad que tenía a mano: abandonar el país bajo la identidad de su amiga fallecida.
—AUUU… —aulló Zeng—. Tío, por favor, con más cuidado.
Claire apartó la mirada de los rasgos perfectos de James y fue a buscar un medicamento a un cajón. Se lo dio a su marido, que estaba curándole el trasero a Zeng.
—Yo ayudé a Romana a escapar. Cuando la policía me interrogó, mentí y dije que todos habían muerto en el incendio. Más tarde, también acepté el soborno de la familia Ricci y di una declaración falsa diciendo que el fuego se inició por un cortocircuito. Tuve que hacerlo para seguir con vida, de lo contrario, habrían hecho que me mataran.
—¿Cómo fue que Evan…, Lucy, la encontró a usted?
—A través de los archivos policiales. Evan está investigando su pasado. —Claire se volvió de repente hacia James y le apretó el hombro—. Dime, ¿cómo me encontraste? Lucy escogió este lugar especialmente para mí y nadie sabe que vivo aquí. —Sus ojos se salieron de sus órbitas, horrorizada—. Lucy corre algún tipo de peligro. No sé cuál, pero vi el miedo en sus ojos cuando vino a buscarme. Alguien no quiere que él conozca su pasado.
—Oh, oh —dijo Zeng desde el sofá—. El detective privado que contraté…
James se acercó rápidamente y descorrió un poco las cortinas. Vio, horrorizado, que alguien vigilaba la casa. —Tía, tenemos que irnos. Alguien está vigilando la casa.
El hombre se puso de pie y agarró su rifle. —No se preocupen por nosotros. Sé lo que tengo que hacer. Salgan los dos por la puerta trasera. Sigan recto y giren a la izquierda en el callejón azul hacia el camino de la iglesia. Luego a la derecha, y de nuevo a la derecha. Tras unos dos minutos de caminata, oirán el sonido de los botes y las gaviotas. —Le lanzó una llave a James—. Bote blanco, franjas amarillas. Iniciales CF. Es mío. ¡VÁYANSE!
Claire: —Jamie, Romana se fue a El Sandrios. Si quieres más información, es allí a donde debes ir. Ten cuidado, niño. —Sacó un diario del cajón y se lo lanzó a James—. Aquí hay información sobre la amiga fallecida de Romana, la identidad que usó para escapar.
James se guardó el diario en la cintura y le pasó un brazo por los hombros a Zeng para ayudarlo a salir. Tras salir, James se giró para mirar la casa, esperando que la pareja estuviera a salvo. Para su alivio, varias personas del pueblo se dirigían a toda prisa hacia la casa de los ancianos. Todos llevaban palos de hockey, cuchillos y rifles en la mano.
Desde luego, la gente de los pueblos se apoya mutuamente cuando hay problemas.
James: —¡CORRE!
Zeng: —¡CORRE!
**********
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com