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Marca del destino - Capítulo 30

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30: Camino estrecho 30: Camino estrecho —¡Buen trabajo!

Estoy orgulloso de ti —exultante, James abrazó a Suyin por el costado y le dio un rápido beso en el pelo.

¡Un gesto normal entre amigos, sobre todo porque él a menudo se comportaba como un hermano mayor!

Sin embargo….

—Ay, Jammie.

—Disimuladamente, Suyin miró a Evan, cuyo apuesto rostro estaba ensombrecido por una nube negra mientras miraba con el ceño fruncido a las dos personas sentadas frente a él.

Suyin no podía adivinar si su mirada se clavaba en ella o en James.

¡Ojalá fuera en este último!

Ella no era la culpable; era cierto alguien que no había sabido controlar sus emociones.

Apartó a James de un empujón y colocó el bolso entre los dos mientras se corría hacia la izquierda.

¡Una distancia segura!

James miró a Evan con ojos que titilaban como estrellas.

—¿A que mi mejor amiga es genial?

Como yo.

¡La adoro!

Suyin: …
«Q.E.P.D., Jammie.

Fuiste un buen tipo».

¡CHIRRIDO!

Evan echó la silla hacia atrás.

—Con permiso, vuelvo en un momento.

Al pasar a su lado, Suyin captó la afilada mirada que Evan le lanzó a James, creyendo que ella no estaba prestando atención.

Estaba llena de celos, de advertencia y de algo indescifrable, pero al pobre James lo dejó hecho un flan, pues se sintió atraído al instante por su estilo dominante y agresivo, que era tan varonil como sexual.

Su mirada siguió a Evan mientras se marchaba, hasta que desapareció.

—Ejem… —Suyin le dio una palmada en el hombro a James para llamar su atención—.

Me llevo tu coche, pídele a Evan que te lleve a casa más tarde.

—Extendió la mano—.

¿¡Las llaves…!?

James frunció el ceño, confundido.

—Espera a que vuelva y nos vamos juntos.

Suyin metió la mano en el bolsillo del abrigo de James para coger las llaves.

—No te molestes en volver pronto a casa, tómate tu tiempo.

James: …
—Susu… Yo… yo….

—Por cierto, los baños de aquí son muy lujosos… Cabinas espaciosas, iluminación perfecta y… de cortesía… —Le guiñó un ojo y articuló lentamente con los labios: «…condones».

….

Recompensó al aturdido James con un beso volado mientras se dirigía a la salida, contoneándose sobre sus tacones, con su coleta siguiendo el ritmo.

«Estás muy jodido, Jammie.

Prepárate para cojear los próximos tres días».

Se tapó la boca con la mano para ocultar la risa.

James dejó que su mirada se posara en la espalda de Suyin un instante más antes de salir disparado hacia el baño… detrás de Evan.

(Ejem… Sigan imaginando lo que va a pasar en el baño.

Esta autora no va a describir esa cosilla para mayores de dieciocho años :p).

Cuando llegó al ascensor, sacó el móvil para ver el mensaje que había recibido de Long Tao…: «Todo listo», terminaba con un emoticono de pulgares arriba.

Sonrió con aire de suficiencia y respondió: «Bien».

Un «ding» le alertó de que el ascensor se había detenido en su planta y dio un paso adelante para colocarse frente a él.

Cuando las puertas se abrieron, se disponía a entrar, pero su mirada chocó con la de alguien y sus labios se contrajeron en una fina línea.

—¡Mierda!

Qué pequeño es el mundo —murmuró Suyin.

«¿Por qué, Dios?

Ha sido un día tan bonito, ¿por qué tienes que arruinarlo poniendo a “ella” delante de mí?

Uf… Suyin, prepárate para otra ronda de sarcasmo».

Hui Chouming era la única ocupante.

Sosteniendo una bolsa de papel con el nombre del restaurante, enarcó sus cejas perfectamente dibujadas hacia Suyin.

Cuando la puerta comenzó a cerrarse, Hui Chouming pulsó un botón del panel para mantener abierto el ascensor.

—No me digas que te has asustado, Suyin.

¡Ja!

¡Ni hablar!

Ignorándola, Suyin entró en el ascensor.

Echó un vistazo al panel para pulsar el número de su planta, pero la luz ya estaba encendida en ese número.

¡Genial!

Suyin podía sentir la mirada de Chouming recorriéndola como un escáner, but she kept her attention on the shiny aluminum doors, waiting for this suffocating ride to get over.

Chouming se apoyó contra la pared del ascensor y se sujetó la cara con la mano para dejar a la vista el costoso reloj y la pulsera de diamantes de su esbelta muñeca.

—¿Secretaria General, eh?

¿De verdad tus ingresos son tan altos que puedes permitirte un lugar tan caro o es que… sigues usando tu cuerpo para ganar dinero?

Con una sonrisa encantadora dibujada en los labios, Suyin se giró para encararla.

—Yo no necesito depender de mi cuerpo para ganar dinero, a diferencia de otras.

Mi arma más poderosa está escondida aquí —se dio tres golpecitos en la sien—.

Pero no lo entenderías, porque a ti te falta.

El semblante de Hui Chouming cambió.

Sabía a qué se refería Suyin.

Habían ido al mismo instituto… Por un lado, Suyin, cuatro años menor que ella, no solo logró aprobar el examen de acceso a medicina más difícil al primer intento, sino que obtuvo la nota más alta del país y consiguió una plaza en la mejor facultad de medicina.

En cambio, Chouming suspendió sus tres primeros intentos, desperdiciando tres preciosos años de su vida.

Como los estudiantes solo disponen de un máximo de cuatro intentos en toda su vida, en su cuarta tentativa, fue al despacho del examinador jefe y lo sedujo para que un profesional hiciera el examen por ella.

Sin embargo, no se sabe cómo, Suyin apareció allí con un miembro de alto rango del consejo médico y los pilló con las manos en la masa en una posición comprometedora.

¡Perdió su cuarta y última oportunidad!

Suyin arruinó su prometedora carrera incluso antes de que empezara.

Si no hubiera sido por Hui Guozhi, que pagó un cuantioso soborno e hizo que el examinador médico muriera en un «accidente», el asunto no se habría ocultado con tanta facilidad.

Pero Chouming contraatacó no solo destruyendo la carrera de medicina de Suyin y culpándola de hacer trampas en los exámenes más adelante, sino que también le arrebató a su marido.

—Ja, ja, ja… Huelo a celos.

No fue culpa mía que Wren me eligiera a mí en lugar de a ti.

¿Sabes?

Hace poco ha entrado en el puesto 23 de la lista de las 100 personas más ricas.

Si por eso has armado todo este revuelo para llamar su atención…, déjame decirte que no tiene ningún interés en un zapato usado y roto.

Hui Chouming se mofó para sus adentros.

La Zhao Suyin que tenía ante ella estaba muy cambiada.

A diferencia de su anterior aspecto desaliñado, con ropa holgada, la cara descuidada, gafas de empollona y una figura extremadamente delgada…, hoy parecía otra persona.

La alta mujer se veía hermosa y elegante con su vestido naranja ceñido al cuerpo.

¡Un color poco común que no cualquiera puede lucir con tanta elegancia, pero ella sí podía!

Tenía un rostro delicado y pómulos definidos, que le daban una apariencia fuerte.

Su piel era impoluta y estaba perfectamente tonificada.

Su pelo tenía mechas de tonos jengibre y chocolate que añadían glamour, y lo que más le irritaba era la seguridad en sí misma que proyectaba.

Incluso después de destruir su carrera, se las había arreglado para convertirse en Secretaria General, la cuarta al mando en el ministerio…

¿Cómo?

Suyin negó con la cabeza.

«Parece que voy a tener que activar mi modo salvaje».

Miró directamente a la cara de Chouming.

—Señorita Bótox, Implantes de Pecho, Aumento de Labios y Lifting… Ojalá pudiera recuperar las sobras que dejé en la mesa.

Al fin y al cabo, tú estás viviendo de mis sobras, marido incluido.

Así que… quédate tranquila, que hace tiempo que tiré esa basura al contenedor.

—Tú…
—Esta bolsa lleva cerdo glaseado con miel, ¿verdad?

¡La especialidad del restaurante!

¿No será para Hui Guozhi?

Al fin y al cabo, es su plato favorito.

—Suyin notó que los ojos de Chouming titubeaban y dio una palmada—.

¡En el clavo!

Bueno… hazle saber que, por mucho que intente quedarse en el hospital para evitarlo todo, LO VOY A DESPEDAZAR EN LA CONFERENCIA DE PRENSA.

¡Tanto si viene como si no!

Avisa a los médicos que se preparen… Quién sabe si después de eso se muere de un infarto.

¡DING!

Cuando el ascensor llegó al aparcamiento del sótano, Suyin se despidió con la mano y salió, sin molestarse en dedicarle una segunda mirada.

—¡Zhao Suyin, detente ahí mismo!

—gritó Hui Chouming, corriendo tras ella con furia—.

¿Cómo te atreves?

¿Crees que por ir a por mi padre vas a recuperarlo todo?

¡No te dejaré…!

Suyin dejó que Chouming ladrara e hizo oídos sordos.

Pulsó el botón de la llave y, con un doble pitido, se desbloqueó el coche y se desplegaron los retrovisores.

Hui Chouming dejó de ladrar cuando vio a Suyin abrir la puerta de un Ferrari negro, uno de los coches más caros, y alejarse rápidamente, dejándola roja de ira y vergüenza.

******

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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