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Marca del destino - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Trasero de bombón
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7: Trasero de bombón 7: Trasero de bombón Wang Shi se dio la vuelta para regresar al ascensor cuando oyó el murmullo del personal, demasiado excitado, que intentaba ocultar sus sonrisas pícaras desde sus respectivos puestos de trabajo.

La leve sonrisa que se dibujaba en sus labios se borró al instante; le divertía que aquella gente solo pensara en cosas raras todo el día.

«¿Qué demonios estarán suponiendo ahora?

¡Menudos chismosos!».

—¡Gente ruidosa!

—bufó—.

Vuelvan al trabajo antes de que dé la orden de deducirles una parte del sueldo a todos.

Dejó ese recado antes de deslizarse con fluidez en el ascensor.

Sus palabras funcionaron como por arte de magia y todos volvieron a su trabajo, pero no se olvidaron de guiñarse un ojo.

Aunque Wang Shi era el dueño del Hospital People’s, optó por no ser nunca duro ni frío con su personal, pero sí estricto para mantener la disciplina y el decoro del hospital.

Era importante en un lugar como un hospital, donde el ambiente solía ser sombrío la mayor parte del tiempo.

¡Wang Shi simplemente aplicaba un pequeño concepto de psicología!

Si eligiera ser frío o despiadado, añadiría un estrés innecesario, lo que aumentaría la rotación de personal y las probabilidades de cometer errores.

En cambio, si se mostraba neutral y accesible, aumentaría la productividad y crearía un ambiente jovial, beneficioso para todos.

*****
En cuanto Zhao Suyin se alejó de la entrada del hospital, se dejó caer sobre sus pesadas maletas, intentando tomarse un muy necesario respiro y recuperar la energía.

Nunca se había sentido tan agotada en sus veintiocho años de vida.

—¿¡Susu!?

Apenas se había recompuesto cuando su mejor amigo, James, llegó corriendo.

Se llevó el susto de su vida cuando ella le mandó un mensaje pidiéndole que la recogiera en el hospital.

Molesto por su propio descuido, infringió todas las normas de tráfico para llegar allí cuanto antes.

—Susu, ¿estás bien?

¿Por qué tienes la ropa tan sucia?

—Auch…

Retiró la mano instintivamente cuando tocó el vendaje.

—¿Cómo te ha pasado?

—¡Sujétame!

—¿Eh?

Suyin se le quedó mirando en silencio un momento.

—Me tiemblan las piernas, siento la tensión baja, el pulso se me debilita, estoy mareada…

antes de que me caiga y me lleves de vuelta a la guarida del «bombón cretino» ese, solo sujétame y sácame de este puto lugar —dijo con el ceño fruncido y un tono irritado.

James se quedó sin palabras.

*******
—JAJAJA…

JAJA…

JAJA…

¡AY, MI ESTÓMAGO!

¡AUCH!…

JAJAJA…

—James rodaba por el sofá sujetándose el estómago, con las piernas pataleando en el aire mientras intentaba reprimir una risa que le parecía imposible de contener—.

¡No me lo puedo creer!

¿Debería llamarlo buena suerte o es que Dios estaba poniendo a prueba tus límites?

Justo al aterrizar, vas y te topas con «él»…

¡JAJAJA!

¡Maldición!

¡Me perdí tu reacción!

Con un cuenco de ramen picante en la mano, hundió la cuchara en él mientras observaba el espectáculo de risa gratuito que le ofrecía su mejor amigo.

—¿Vas a callarte de una vez?

Todo esto pasó por tu culpa, te pedí que me recogieras en el aeropuerto.

—¡Oye, espera!

Gracias a mí has podido ver a tu amor platónico de hace diez años bien de cerca —dijo James con orgullo mientras iba a por su cuenco de ramen—.

Cuéntamelo todo.

No te dejes ningún detalle, o si no, te aplico la ley del hielo.

Durante los últimos diez años, solo ha habido un hombre en el corazón de Zhao Suyin: ¡el Dr.

Wang Shi!

La primera vez que lo vio fue en la facultad de medicina, cuando lo invitaron como ponente.

Era un programa de cuatro días para el que se seleccionaba, por méritos, solo a veinticinco estudiantes de todo el país para que tuvieran el privilegio de trabajar con Wang Shi.

Por suerte, ella fue una de las elegidas y tuvo la oportunidad de aprender del genio más joven del mundo de la medicina.

Aunque al principio fue solo una atracción momentánea, esta se hizo más profunda cuando se dio cuenta de que no solo sus logros y talentos eran extraordinarios, sino que también tenía un gran afán por enseñar, por dar a conocer a los demás sus investigaciones y métodos para salvar vidas.

Era de esos médicos que son como un libro abierto en lo que respecta a su profesión.

Podías preguntarle cualquier cosa y te respondía al instante, manteniendo siempre su actitud tranquila y amable.

Pero el incidente que le dejó una huella imborrable fue cuando Wang Shi salvó la vida de un anciano víctima de un atropello con fuga, realizando él solo una cirugía de veintiocho horas mientras los demás médicos estaban en huelga contra la política gubernamental de reducir el presupuesto del sistema sanitario y los hospitales, y, por consiguiente, sus sueldos.

Aquellos médicos llegaron a olvidar su juramento y su responsabilidad para con tan noble profesión, y optaron por dejar que un hombre inocente muriera desangrado.

Wang Shi no solo realizó la cirugía en contra de la voluntad de todos y se enfrentó a las repercusiones, sino que tampoco cobró un solo céntimo cuando se enteró de la situación económica del paciente.

Aquel día, Wang Shi se adentró sin saberlo en el corazón de una joven estudiante de medicina.

Solo cambiaban los años en el calendario, pero aquel doctor seguía ocupando el corazón de esa mujer.

Zhao Suyin lo observó girar la silla ciento ochenta grados para sentarse a horcajadas sobre ella.

¡Qué forma tan rara de comer!

¡Nunca aprenderá, ay!

—¡Poca cosa!

Al principio intenté mantener la calma, pero cuando me vio cosiéndome la herida…

se rompió el primer hilo de mi autocontrol y le pedí que lo hiciera él.

¡Como es lógico, no podía dejar pasar esa oportunidad de oro!

—¿Y entonces?

—El corazón se me aceleró cuando se acercó y casi se detuvo cuando sus delicadas manos me hacían los puntos.

¡Ojalá el tiempo se hubiera detenido en ese instante!

—Hizo una pausa para pasar un bocado de ramen con café—.

Pero…

lo arruiné todo al sonrojarme y salir pitando cuando me pidió que me tumbara de lado para la inyección TD.

A James se le escapó algo de ramen por la boca.

—¿¡QUE TE PIDIÓ QUÉ!?

—preguntó, limpiándose los labios.

—¡Come como es debido!

—dijo ella, arrugando la nariz—.

Y es completamente normal, es médico.

Después, volví a sonrojarme cuando me cogió de la mano.

¡Qué estúpida debí de parecer!

Y luego me comporté de forma rara cuando compartimos el ascensor.

Intentó iniciar una conversación, pero mi yo nerviosa estaba preocupada por si…

—…

preocupada por si era capaz de hacerte llegar al orgasmo solo con su mera presencia.

¿A que sí?

—dijo James moviendo las cejas y mostrando una hilera de dientes blancos en tono burlón.

—¡CÁLLATE!

—gruñó—.

Me preocupaba abalanzarme sobre él en cualquier momento y revelar mis sentimientos de hace una década.

¡Qué vergüenza!

—¿Y qué?

Sería un privilegio para él gustarle a alguien como tú.

—James cogió su cuenco vacío y se dirigió a la cocina.

Ella lo siguió, y él continuó—: ¡Eres toda una belleza!

Una mujer segura de sí misma, independiente, sexi y hermosa que puede encantar a cualquier hombre con una sola mirada.

Si fuera un hombre de verdad, te habría pedido el número.

—Lo hizo.

—Apartó a James a un lado para hacerse cargo de los platos y notó las miradas que le echaba.

James se quedó sin palabras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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