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MARSHMELLO - Capítulo 44

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Capítulo 44: Capitulo 43

21 de febrero de 2012 — 10:00 AM

Restaurante mexicano La Casa Enrique

La mañana en Long Island City era fría, cortante, típica de finales de invierno en Nueva York. El aire grisáceo arrastraba consigo un perfume de humedad y asfalto mojado que parecía quedarse atrapado entre los edificios hasta casi el mediodía. La ciudad despertaba lentamente; el sonido distante de los autos mezclado con las sirenas ocasionales y el murmullo de los peatones creaban una sinfonía caótica que solo se apreciaba desde el refugio cálido de un lugar cerrado.

Dentro del restaurante La Casa Enrique, el mundo parecía otro. El aroma de tortillas recién hechas flotaba por el aire, mezclándose con el olor del café fuerte que desprendía vapor casi tangible. Huevos rancheros, frijoles refritos y salsa picante creaban un contraste reconfortante con el frío exterior, y los rayos de sol que se colaban por las ventanas de cristal iluminaban las mesas de madera clara, reflejando destellos cálidos sobre los rostros de los comensales. Era un santuario de colores y sabores, donde el invierno parecía no tener poder.

En una de las mesas cerca de la ventana estaban sentados Michael y Andrés, conversando de manera tranquila, sus voces apenas levantándose por encima del murmullo del restaurante. Michael sostenía entre sus manos una taza de café humeante, inclinando la cabeza ligeramente hacia el líquido, como si absorbiera su calor y aroma. Andrés, frente a él, tenía un plato de chilaquiles verdes humeantes y un vaso de jugo de naranja recién exprimido; de vez en cuando levantaba un poco la mirada hacia Michael para añadir un comentario o compartir una risa.

Pero el tercer miembro de la mesa estaba en un mundo completamente distinto.

Neytan, con apenas trece años, estaba sentado entre ellos, pero su atención estaba absorbida por la pantalla de su MacBook Pro. Grandes auriculares cubrían sus orejas, aislándolo del ruido externo, de las conversaciones y del aroma del café. Su postura estaba ligeramente inclinada hacia adelante, con la mirada fija y penetrante sobre el software de producción musical que se desplegaba ante él. Cada detalle en la pantalla parecía hipnotizarlo; la línea de tiempo del proyecto se llenaba de pistas de audio que se entrelazaban con precisión matemática: batería, bajo, sintetizador principal, pads ambientales y una pista vocal que flotaba suavemente sobre el entramado electrónico.

El nombre del proyecto brillaba en la esquina superior de la pantalla:

Vertigo – Final Mix

Una colaboración con Laura Brehm

Llevaba casi media hora escuchando la misma canción una y otra vez, no como un oyente común, sino como un observador minucioso. Cada segundo, cada transición, cada eco y cada matiz eran escrutados con precisión quirúrgica. Sus dedos descansaban cerca del trackpad, listos para mover un microsegundo de audio si algo no coincidía con su visión. La voz de Laura Brehm flotaba clara y etérea sobre la instrumental electrónica que Neytan había construido, y él absorbía cada respiración, cada inflexión, como si pudiera sentirlas físicamente.

Cuando la canción llegó al minuto 1:24, Neytan pausó el audio. Retrocedió unos segundos y lo reprodujo de nuevo. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, no por frustración, sino en un gesto casi instintivo de concentración. Analizaba: la entrada de la voz, la reverberación de los sintetizadores, la armonía con el bajo. Todo debía ser perfecto. Cada elemento tenía que encontrarse exactamente en su lugar.

Michael lo observó de reojo, con una mezcla de orgullo y fascinación. “¿Aún trabajando?” preguntó, con una sonrisa leve.

Neytan no respondió. No porque ignorara a su padre, sino porque estaba sumergido en su mundo. Andrés soltó una pequeña risa, suavemente. “Déjalo. Cuando se pone así, no escucha nada”, dijo.

Michael asintió con un gesto resignado y afectuoso. “Lo sé”, murmuró, mientras desviaba la mirada hacia la ventana, observando la luz del sol que comenzaba a teñir de oro los edificios cercanos.

Neytan dejó correr la canción hasta el final. El último acorde se desvaneció lentamente, dejando un silencio absoluto que parecía más intenso que cualquier sonido. Se quitó los auriculares y miró la pantalla, evaluando cada pista. Todo sonaba exactamente como lo había imaginado cuando comenzó a producir la canción semanas atrás. Cada decisión, cada efecto, cada silencio calculado ahora brillaba en armonía perfecta.

Abrió otra ventana en su MacBook, un panel de estadísticas que mostraba las reproducciones del video de Goodbye, la canción que había lanzado solo una semana antes con la voz de Xillions. Los números aparecieron ante él: 18,604,321 reproducciones en solo siete días.

Neytan parpadeó una vez, sin emoción visible. No era que no le importara el éxito; simplemente en ese momento, los números no tenían peso. Para él, la música era la esencia, no las cifras. Cerró la ventana y volvió a su proyecto de Vertigo, reproduciendo la canción nuevamente, esta vez cerrando los ojos. Los sonidos electrónicos llenaron sus auriculares: el ritmo firme, el bajo profundo vibrando suavemente, los pads que flotaban como nubes sonoras, y la voz de Laura, delicada y aérea, elevándose sobre todo.

Cuando la canción terminó otra vez, suspiró levemente y murmuró: “Está bien”.

Abrió su correo electrónico y comenzó a redactar un mensaje para Victor, su director de sonido:

Asunto: Vertigo – mezcla final

“Victor, acabo de revisar nuevamente la mezcla completa. No encuentro problemas con la voz ni con la estructura. Creo que está lista.”

Estaba a punto de enviarlo cuando una notificación apareció en la esquina de la pantalla: Nuevo correo. El remitente era Adrian, algo poco común tan temprano en la mañana, lo que ya captó la atención de Neytan. Hizo clic en el mensaje y leyó cuidadosamente:

“El equipo de Rihanna escuchó los demos que enviaste hace unas semanas.

Uno de los ritmos les gustó mucho.

De hecho, le gustó directamente a Rihanna.

Le encantó el demo que enviaste. Está trabajando actualmente en la letra de la canción basada en ese ritmo.”

Neytan dejó de mover el trackpad y miró la pantalla en silencio. No sonrió, no mostró emoción desbordante. Solo procesó la información, con la calma concentrada de alguien que ya había aprendido a manejar expectativas y sorpresas.

Andrés notó el cambio sutil en su expresión. “¿Algo interesante?” preguntó.

Neytan siguió leyendo, encontrando la última línea de Adrian:

“Si todo va bien, podría convertirse en una colaboración oficial para su nuevo álbum de este año.”

Un instante de quietud llenó la mesa. El mundo exterior parecía haberse detenido. La luz del sol iluminaba suavemente la habitación, reflejándose en los bordes de la computadora y en los vasos de jugo. La música, la comida, el aire frío de la calle afuera; todo parecía fundirse en un momento único, donde las posibilidades futuras se sentían casi tangibles.

Neytan respiró hondo y dejó que el silencio se asentara antes de responder. Para él, cada proyecto era un paso más en su viaje creativo, un capítulo más en su exploración del sonido. Sabía que el éxito podía esperar; primero estaba la música, la perfección, la emoción contenida en cada nota, en cada beat.

Michael y Andrés intercambiaron miradas, comprendiendo que aquel joven, a pesar de su edad, vivía y respiraba en un nivel que pocos podían alcanzar. Cada decisión, cada pausa, cada revisión; todo formaba parte de un proceso obsesivo, meticuloso, casi ritual, donde la música no era solo arte, sino vida misma.

Neytan, nuevamente con los auriculares puestos, volvió a reproducir Vertigo. Esta vez, se permitió escuchar cada detalle sin intervenir, dejando que el flujo musical lo atravesara por completo. Los sintetizadores, el bajo, la batería, los pads y la voz se mezclaban en un universo propio, y él estaba allí, flotando dentro de él, observando, sintiendo, viviendo.

El aroma del café recién servido se mezclaba con la fragancia de tortillas calientes y salsa verde recién preparada. Michael dejó su taza sobre la mesa con un pequeño golpe que apenas hizo vibrar la superficie de madera. El vapor ascendía en espirales finas, perdiéndose en la luz dorada que entraba por la ventana.

“Eso suena importante”, dijo con voz suave, como midiendo cada palabra.

Neytan, sentado frente a ellos, finalmente habló. Su voz era tranquila, casi desapercibida, como si cada palabra necesitara un momento para formarse.

“Sí… supongo”, murmuró.

Abrió la opción de responder en su MacBook. Sus dedos se movieron sobre el teclado con precisión calculada, como si cada letra tuviera un peso propio. El mensaje fue corto, directo, sin adornos:

Respuesta de Neytan:

“¿Cuál de todos los demos le gustó?”

Presionó enviar y luego cerró la bandeja de entrada. Se reclinó ligeramente en la silla, los hombros relajados solo un instante antes de volver a la concentración intensa que lo caracterizaba. Andrés, curioso, no pudo evitar preguntar:

“¿Rihanna, verdad?”

Neytan asintió con un leve movimiento de cabeza, sin dejar de mirar la pantalla.

Michael levantó las cejas, sorprendido. “¿Algunos?”

“Seis”, respondió Neytan con naturalidad.

Andrés soltó una risa contenida. “¿Enviaste seis ritmos distintos?”

“Sí”, contestó Neytan, sin emoción aparente.

Michael frunció el ceño, intrigado. “¿Y no sabes cuál eligieron?”

Neytan negó con la cabeza. No lo dijo, no podía. Era parte del proceso. El mundo de la música profesional estaba lleno de secretos y momentos que se compartían solo cuando era necesario.

Justo en ese instante, un camarero pasó junto a ellos con otra taza de café humeante. El aroma llenó el aire, mezclándose con la percusión lejana de la ciudad afuera. Neytan volvió a ponerse los auriculares y abrió nuevamente Vertigo. La canción lo envolvió de inmediato, los sintetizadores flotando en el espacio entre sus pensamientos, la percusión marcando un ritmo que parecía sincronizarse con su propia respiración.

Michael y Andrés continuaron conversando en voz baja, sus palabras apenas audibles entre los acordes y beats que Neytan absorbía como una esponja.

“Aún no me acostumbro”, dijo Andrés. “Hace un mes estaba trabajando en su habitación y ahora…”

Michael terminó la frase con una sonrisa. “Ahora está hablando con Rihanna.”

Andrés sonrió ampliamente. “Y con Kesha también, ¿no?”

Michael asintió. “Y con Demi Lovato.”

El silencio volvió a la mesa mientras ambos contemplaban a Neytan, que seguía completamente absorbido en la música. No parecía un artista famoso. No parecía alguien que acababa de ganar premios ni acumular reproducciones millonarias. Parecía simplemente un joven obsesionado con cada matiz, cada transición, cada vibración de sonido.

Después de unos minutos, apareció otra notificación en la esquina de la pantalla. Nuevo correo. Remitente: Adrian.

Neytan pausó la canción, abrió el mensaje y leyó con calma.

“El demo que eligieron es el número 4.”

“El que tenía el synth descendente en el drop.”

“Rihanna dijo que el ritmo tiene una sensación ‘hipnótica’.”

“Dice que quiere mantener la base casi igual.”

“Está escribiendo la letra ahora mismo.”

Neytan recordó al instante el demo seleccionado: un ritmo oscuro, con un synth profundo y un drop limpio, preciso, hipnótico.

“Entendido”, escribió de inmediato. “Ese demo aún no está terminado. Solo era una versión preliminar. Puedo terminar la producción en unos días.”

Adjuntó el mensaje y cerró el correo. Andrés, curiosamente, volvió a hablar:

“Entonces… ¿qué significa eso?”

Neytan se quitó los auriculares, pensó unos segundos y respondió:

“Significa que quizá hagamos una canción.”

Michael sonrió. “Eso es más que ‘quizá’.”

Neytan negó con la cabeza, serio. “No. Hasta que la canción esté grabada… nada es seguro.”

Andrés soltó una risa. “Eres demasiado serio para tu edad.”

Neytan volvió a colocarse los auriculares y reprodujo Vertigo otra vez. Los beats, la voz de Laura Brehm, el synth y el bajo profundo llenaban su mente. Cada nota, cada silencio, cada efecto se analizaba con una precisión obsesiva.

Pero la música no era solo sonido; era un lenguaje, un espacio donde Neytan podía anticipar cómo reaccionaría Rihanna, cómo fluiría la letra, cómo cada microsegundo podía alterar la percepción de la canción. Su mundo se reducía a cada pista, cada efecto, cada transición perfecta.

Mientras trabajaba, su MacBook llenaba la mesa de pequeñas notificaciones, correos y estadísticas. Cada interacción, cada confirmación de Adrian, era un fragmento de un rompecabezas que debía resolver con exactitud. Añadió capas de sintetizador ambiental, ajustes minuciosos en el build-up antes del drop, pequeñas reverberaciones que transformaban el ritmo en algo más profundo, más envolvente, sin perder la esencia del demo original.

Michael y Andrés lo observaban fascinados. Sus manos se movían con velocidad sobre el teclado, sus ojos fijos en la pantalla, analizando cada onda de sonido, cada forma de onda. Era como ver a un científico trabajando en un experimento delicado, donde cada detalle podía cambiar el resultado final.

Finalmente, tras diecisiete minutos intensos de concentración, Neytan dejó que la canción corriera completa por última vez. El drop llegó potente, hipnótico, tal como lo había imaginado. Se quitó los auriculares, miró la pantalla y murmuró: “Listo”.

Michael levantó la ceja, sorprendido. “¿Ya terminaste?”

“Sí”, respondió Neytan. “Solo ajusté algunos detalles menores.”

Andrés se inclinó hacia adelante, curioso. “¿Cuánto tiempo te tomó?”

Neytan miró el reloj en la esquina de la pantalla. “Diecisiete minutos.”

Michael rió, incrédulo. “Diecisiete minutos…”

Neytan abrió su correo, redactó un mensaje para Adrian:

“Seguí el ritmo exactamente como en el demo número 4. Solo añadí algunos arreglos mínimos para mejorar la mezcla. La pista está lista. Te envío el archivo ahora. Puedes pasárselo al equipo de Rihanna.”

Adjuntó el archivo, cuyo nombre ahora era Demo_04_Final_Rihanna, reprodujo la canción una última vez para confirmar que todo estaba perfecto, y finalmente presionó Enviar.

El correo salió. Neytan cerró su MacBook Pro lentamente, casi con reverencia, como si al cerrar la pantalla estuviera sellando un capítulo importante de su trabajo. Se quitó los auriculares, dejando que el mundo exterior volviera a colarse a través de sus sentidos. La ciudad seguía su rutina: el tráfico fluía constante, los taxis amarillos zigzagueaban entre los autos, la gente caminaba rápido por las aceras, algunos con auriculares, otros conversando, todos absorbidos en sus propias vidas. Todo parecía completamente normal, pero dentro de ese restaurante, en una mesa cerca de la ventana, un momento extraordinario acababa de ocurrir: en algún lugar del mundo, el equipo de Rihanna pronto recibiría una pista producida por un chico de trece años.

Andrés rompió el silencio, con un gesto de curiosidad que combinaba asombro y respeto:

Entonces… ¿ya la enviaste?

Neytan asintió, tranquilo.

Sí.

Michael tomó un sorbo de su café, dejando que el aroma se mezclara con el vapor que ascendía lentamente hacia el techo.

¿Y ahora qué? preguntó, consciente de que cualquier respuesta sería breve y medida.

Ahora esperamos dijo Neytan con calma, como si el concepto de espera fuera simplemente otro elemento más en su rutina de trabajo, algo que podía dominar con la misma disciplina que sus mezclas musicales.

Andrés sonrió, divertido por la simplicidad de la frase.

Esperar a que Rihanna escuche tu pista. Eso sí que es emocionante.

Neytan se encogió de hombros ligeramente, su gesto casi imperceptible entre los destellos de luz que entraban por la ventana.

Si la letra encaja con la música… entonces probablemente grabarán la canción.

Michael lo observó unos segundos, analizando cada palabra, el tono y la seguridad en la voz de su hijo.

¿Y si pasa eso?

Entonces tendremos una colaboración —respondió Neytan con naturalidad, como quien describe un hecho inevitable en lugar de un sueño improbable.

Andrés negó con la cabeza, sonriendo, incapaz de ocultar su fascinación.

Aún me cuesta creer que todo esto esté pasando.

Neytan volvió a abrir su computadora, pero no para revisar el correo. Lo hizo para volver a escuchar Vertigo, su colaboración con Laura Brehm, que seguía reproduciéndose una y otra vez en su mente y ahora también en sus auriculares. Cada compás, cada efecto, cada mezcla de sintetizadores y voces, era un mundo que él podía controlar con la precisión de un científico y la sensibilidad de un artista.

Presionó play y los acordes iniciales flotaron a través de sus auriculares. El sonido llenó la habitación, aislándolo del murmullo del restaurante y el tintinear de los cubiertos sobre los platos de cerámica. A su alrededor, Michael y Andrés compartían miradas de complicidad silenciosa, conscientes de que estaban presenciando a un joven prodigio en plena concentración.

Andrés, tomando un sorbo de café, rompió el silencio con otra pregunta, esta vez mezclando curiosidad y un toque de responsabilidad familiar Y… ya se acercan tus fechas de festivales de marzo, ¿no es así, Neytan?

Neytan levantó la mirada por un instante, evaluando cómo responder mientras los sonidos de Vertigo seguían danzando en su mente. Sus dedos descansaban sobre el teclado, listos para volver a la mezcla en cualquier momento, pero por un instante permitió que su mente se despejara de la música y se enfocara en la conversación.

Sí dijo finalmente. Ya se acerca todo y tengo que estar listo. De hecho, ya tengo programadas mis presentaciones en Australia y Miami. Estaré en Australia del 3 al 11 de marzo y en Miami el 23 de marzo, así que no estaré en casa por varios días.

Andrés asintió, comprendiendo la magnitud de los compromisos. El ritmo de la música en los auriculares de Neytan no disminuía su concentración, pero sus palabras mostraban que estaba plenamente consciente de la responsabilidad que conllevaban sus giras.

Y dime continuó Andrés con un gesto serio, ¿qué dice tu pareja, tío Andrés? ¿Clara ya sabe que me acompañarás o irás tu papá a acompañarme en los festivales?

Andrés sonrió, recordando la conversación que habían tenido días antes sobre la identidad secreta de Neytan como Marshmello.

Bueno dijo, Clara ya sabe que eres Marshmello. Le contamos hace unos días. Ella estaba sorprendida, pero también encantada. Sabe que iré a acompañarte en algunos de los eventos de los festivales, pero no puedo estar todo el tiempo; tendré que regresar a mi trabajo.

Neytan asintió lentamente, procesando la información mientras su mente comenzaba a visualizar los viajes, los horarios, los ensayos y la logística de transporte de su equipo. Cada festival no era solo una presentación: era un entramado de producción, ensayos, coordinación de personal y ajustes técnicos que exigían precisión y previsión.

Michael, con una sonrisa suave, intervino Yo te acompañaré a todos tus festivales este año.

Neytan levantó una ceja, entre sorprendido y aliviado. Saber que su padre estaría allí significaba más de lo que podía expresar. No solo era un respaldo moral, sino un apoyo estratégico en un mundo donde cada error podía costar millones de reproducciones y oportunidades.

Gracias, papá dijo finalmente. Tenerlos a ustedes cerca hace todo mucho más fácil. Saber que puedo concentrarme en la música sin preocuparme por la logística o los imprevistos me da tranquilidad.

Andrés asintió, tomando un sorbo de café mientras observaba a su sobrino. Aunque Clara no estaba presente, su influencia se sentía implícita en la conversación, una presencia virtual que marcaba la importancia de la planificación y la comunicación constante.

Neytan volvió a su computadora. Vertigo continuaba reproduciéndose. Cada nota de Laura Brehm flotaba en el aire, cada beat parecía acompañar sus pensamientos sobre Australia y Miami, sincronizando su planificación con el ritmo y la armonía de la canción.

Entonces dijo Andrés, rompiendo la concentración por un instante, ¿quieres que alguien del equipo te acompañe además de mí? No quiero que estés solo con todo el peso de la producción encima.

Neytan reflexionó, tocando suavemente el trackpad mientras escuchaba el beat inicial de Vertigo.

Sí respondió. Pero no demasiado personal. Solo lo suficiente para asegurarnos de que todo funcione. Un par de asistentes y tu presencia serán suficientes. Además, mamá y papá estarán pendientes, así que puedo estar tranquilo.

Michael asintió con orgullo, viendo cómo su hijo combinaba concentración y organización a una edad tan temprana.

Bueno dijo Andrés, sonriendo, entonces parece que ya tenemos todo organizado. Clara estará al tanto, yo te acompañaré a Australia y algunos días de Miami, y Michael te apoyará en todos los festivales. Todo está bajo control.

Neytan asintió, relajando sus hombros por primera vez en minutos. La música seguía llenando sus auriculares, pero su mente estaba más tranquila, enfocada en lo que realmente importaba: crear arte y ejecutar sus planes con precisión.

El restaurante seguía vivo: conversaciones cruzadas, risas lejanas, el aroma del café y las tortillas recién hechas flotando en el aire. Para cualquiera más, sería un ambiente común. Para Neytan, era un espacio de concentración y planificación, un microcosmos donde cada sonido y olor se entrelazaba con sus pensamientos musicales y estratégicos.

Michael tomó un sorbo de café, inclinándose ligeramente, preocupado y curioso Hijo, recuerda también descansar un poco. Todo esto es importante, pero necesitas estar en tu mejor forma. La música y los festivales son exigentes, y aunque tu talento es increíble, no puedes descuidarte.

Neytan sonrió levemente, apreciando la preocupación de su padre Lo sé, papá. Todo está planeado. Solo tengo que concentrarme en lo que realmente importa ahora: que Vertigo y las demás canciones estén perfectas antes de los lanzamientos y festivales.

Andrés asintió, satisfecho de ver a Neytan equilibrando concentración y responsabilidad. La conversación continuó entre cafés y planificación, mezclando detalles logísticos sobre los festivales, los viajes y cómo coordinar al equipo de producción.

Mientras el sol entraba por las ventanas, iluminando la mesa donde Neytan trabajaba, su concentración permanecía intacta. Cada festival, cada colaboración, cada ensayo y cada presentación eran pasos meditados, y saber que contaba con el apoyo de su familia y su equipo le daba confianza.

Michael, apoyado en la mesa, preguntó finalmente Y sabes qué otras fechas tienes?

Neytan levantó la vista, quitándose un auricular Sí. Te las mandaré después. Así puedo organizarme mejor con tu ayuda, papá.

Andrés intervino con una sonrisa tranquila Yo solo te acompañaré este mes de marzo. El resto, tu papá te acompañará. Es más fácil así. No puedo estar fuera todo el año, y es importante que él también participe.

Neytan asintió, con un toque de nostalgia mezclado con comprensión Será extraño dijo, ya me había acostumbrado a que me acompañaras en todos los festivales el año pasado.

Michael lo observó atentamente. Sabía que Neytan hablaba desde la emoción y la conexión que había sentido con su tío en los viajes y presentaciones anteriores. Habían compartido largas horas de preparación, ensayos y hasta pequeños momentos de descanso en los hoteles entre eventos. Cada viaje tenía su propio ritmo: las horas de ensayos que parecían interminables, los trayectos en limusina entre estudios y escenarios, los desayunos apresurados y las conversaciones improvisadas en los pasillos de los hoteles. La idea de repetirlo con otro acompañante le parecía natural, pero entendía que para Neytan era un cambio significativo, un cambio que requeriría adaptarse emocional y logísticamente.

—Sí —dijo Michael finalmente, con una voz suave que buscaba transmitir seguridad—. Entiendo cómo te sientes. Pero vas a estar bien. Andrés te acompañará este mes, y yo estaré con todo el resto del año. Además, tienes a tu equipo, tu música, tus productores y toda la organización de SilverLine Records y Sony Music. No estarás solo ni un momento.

Neytan respiró hondo y volvió a colocarse los auriculares. La música lo envolvió nuevamente, aunque su mente no estaba completamente aislada. Sus pensamientos danzaban entre la melodía de Vertigo, los ajustes finos de la mezcla y la logística de su gira. Se imaginó viajando de Australia a Miami, coordinando vuelos, transporte de equipo, hoteles y tiempos de ensayo, mientras recordaba los consejos de su tío Andrés sobre cómo manejar su energía y concentración durante los festivales. Visualizó cada minuto del trayecto, cada transición de aeropuerto a hotel, cada ensayo previo al show, y la sincronización con su equipo técnico. Cada detalle contaba, y él lo tenía todo mentalmente organizado.

Lo sé dijo finalmente. Lo entiendo, papá. Es solo que me acostumbré a Andrés. Este año será diferente, pero estoy seguro de que todo saldrá bien. Lo importante es que pueda concentrarme en la música y dar lo mejor en cada show.

Andrés asintió, con una mirada que mezclaba orgullo y cariño. Sabía que Neytan estaba madurando rápidamente, no solo como artista, sino también como persona que debía manejar responsabilidades enormes a una edad tan temprana. La combinación de talento, disciplina y madurez le parecía casi sobrehumana, y sin embargo, lo veía sentado allí, concentrado y sereno, como si todo fuera natural para él.

Sí dijo Andrés. Todo saldrá bien. Solo recuerda que no importa quién te acompañe, tu enfoque debe ser la música. Eso nunca cambia. Y confío en que tu papá y yo haremos que todo sea más fácil para ti.

Mientras Neytan volvía a sumergirse en los sonidos de Vertigo, el bullicio del restaurante parecía desvanecerse. El aroma de las tortillas recién hechas, del café fuerte y de los chilaquiles se mezclaba con la atmósfera urbana que llegaba desde la calle, creando un contraste perfecto con el mundo interno de Neytan. La música, la creatividad y la planificación se fusionaban en su mente como una sinfonía perfectamente orquestada, mientras cada nota le recordaba la magnitud de sus próximos desafíos. Michael y Andrés lo observaban, fascinados, reconociendo que, a pesar de su juventud, su enfoque y disciplina superaban a muchos artistas profesionales.

Neytan cerró suavemente la ventana de Vertigo en su MacBook Pro, respiró hondo y dejó que los auriculares cayeran sobre sus hombros. El café que había comenzado a tomar hacía unos minutos ya estaba tibio, pero él no lo notó. Su atención estaba completamente concentrada en su siguiente objetivo: coordinar las colaboraciones pendientes. Con un leve movimiento del trackpad, abrió un nuevo archivo en su correo titulado Colaboraciones – Feedback de Kesha y Demi Lovato y comenzó a redactar un mensaje breve pero preciso a Adrian.

Su mente repasaba cada detalle de las canciones que había enviado: los demos cuidadosamente ajustados, los beats, los leads, los efectos, las harmonías y cada adición que había incorporado para que encajaran perfectamente con el estilo vocal de Kesha y Demi Lovato. Cada sonido, cada efecto, cada pausa estaba pensada para maximizar la potencia emocional de las voces de las artistas.

Escribió:

“Adrian, ¿ya te respondieron Kesha y Demi Lovato sobre los demos que les envié la semana pasada, o aún no? Necesito saber para poder planificar los ajustes y seguir trabajando en Vertigo mientras tanto. Gracias.”

Antes de enviar el mensaje, repasó mentalmente cada correo anterior. Recordó cómo, en el caso de Kesha, había enviado el demo número 2 con un ritmo ligeramente más pop electrónico, diseñado para que encajara con su estilo vocal y energía en el escenario. Para Demi Lovato, había preparado un demo más emocional, con espacios estratégicos para su voz poderosa y ciertos matices melódicos que resaltaran su rango vocal. Cada uno de esos demos estaba guardado en WAV de 24-bit, alineado en BPM y tono, para facilitar que los equipos de producción trabajaran sin problemas.

Neytan respiró hondo, consciente de que Kesha y Demi Lovato eran artistas con agendas extremadamente ocupadas. Grabaciones, ensayos, entrevistas y compromisos públicos podían retrasar la respuesta, pero él necesitaba organizar su día y planificar los próximos pasos. Mientras esperaba, revisaba nuevamente los detalles de Vertigo, ajustando los niveles de pads atmosféricos, controlando que los leads supersaw no saturaran la mezcla y asegurándose de que cada efecto de reverberación estuviera perfectamente colocado.

Minutos después, su MacBook emitió el característico sonido de un correo entrante. Un leve temblor recorrió sus manos mientras abría el mensaje de Adrian:

“Neytan, sí, Kesha ya respondió. Le gustó mucho el demo número 2 que le enviaste. Quiere que hagas algunos pequeños ajustes, principalmente en el pre-chorus y el build-up, para que encaje mejor con la armonía que planea para su vocal. Demi Lovato también respondió. Su equipo dice que los tres demos que le enviaste están dentro de su estilo, pero quieren que hagas un par de modificaciones en los efectos y la duración de los breaks para que puedan experimentar con la interpretación vocal. En general, ambas artistas están emocionadas y quieren avanzar con la colaboración.”

Una sonrisa se dibujó en su rostro. Cada hora invertida en producir, mezclar y ajustar demos estaba dando frutos. La confirmación no solo era un impulso de motivación; era una validación de su talento y su capacidad para liderar colaboraciones con artistas de renombre mundial.

Sin perder tiempo, Neytan comenzó a planificar mentalmente los próximos pasos. Primero se enfocaría en Kesha, ajustando los detalles del pre-chorus y build-up. Visualizó cómo su voz se fusionaría con los sintetizadores y el ritmo que había diseñado, cómo cada frase podría resonar con los fans en los festivales y cómo cada drop tendría un impacto emocional y físico en la pista de baile. Luego, pasaría a Demi Lovato, revisando los breaks y efectos para que su interpretación vocal tuviera espacio para brillar, asegurando que cada transición mantuviera la energía y coherencia de su estilo musical.

Mientras organizaba los ajustes, Neytan también pensaba en la logística: coordinar con los equipos de ambas artistas, enviar los archivos finales en WAV de 24-bit, asegurarse de que los BPM y la tonalidad fueran consistentes y dejar espacio para cualquier modificación de última hora. Cada paso requería precisión y planificación, y él estaba decidido a no dejar nada al azar.

Su mente no se detenía allí. Recordaba las fechas de los festivales de marzo: Australia y Miami. Cada ciudad implicaba vuelos, traslados, ensayos, pruebas de sonido y la coordinación de personal técnico. Cada detalle, desde el transporte de sintetizadores y equipo de sonido hasta la organización del merchandising, debía estar planeado con semanas de antelación. Neytan había aprendido a anticiparse a problemas antes de que ocurrieran, a pensar en múltiples escenarios y a mantener la calma frente a la presión.

Finalmente, tomó un sorbo de su café tibio, se recostó un momento en la silla del restaurante y decidió su próximo movimiento: abrir los archivos de Kesha primero, realizar los ajustes sugeridos y luego preparar un correo detallado para Adrian, explicando que los cambios estaban listos para revisión. Después abordaría los ajustes para Demi Lovato con la misma disciplina, asegurándose de que cada detalle fuera perfecto antes de enviar cualquier versión final.

Mientras escribía mentalmente los ajustes, Neytan sentía una mezcla de emoción, concentración y responsabilidad. Cada colaboración representaba un desafío creativo, una oportunidad de aprendizaje y un paso más en su consolidación como artista global. Sabía que no solo trabajaba para sí mismo, sino también para los equipos, para SilverLine Records, Sony Music y, sobre todo, para los fans que esperarían con entusiasmo cada lanzamiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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