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MARSHMELLO - Capítulo 51

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Capítulo 51: Capitulo 47

Melbourne, Australia — 12 de febrero de 2012, 11:30 a. m.

El silencio dentro de la habitación apenas era interrumpido por el leve zumbido del aire acondicionado y por la luz tenue que se filtraba entre las cortinas, dibujando líneas suaves sobre la cama donde Neytan dormía profundamente, completamente agotado después de semanas intensas de presentaciones, vuelos largos, festivales gigantes y noches interminables frente a miles de personas; su respiración era lenta, pesada, como si su cuerpo por fin estuviera reclamando el descanso que había estado posponiendo durante tanto tiempo, mientras a un lado, sobre la mesa de noche, su celular vibraba una y otra vez, encendiéndose en destellos breves que iluminaban la oscuridad con cada nueva notificación, cada vibración representando a alguien en algún lugar del mundo hablando de él, recordando su set, subiendo un video, etiquetándolo en una foto, escribiendo un mensaje, agradeciendo por la música o simplemente compartiendo la emoción de haber estado presente en una de esas noches donde todo parecía moverse al mismo ritmo, y aunque él todavía no lo sabía, ese pequeño dispositivo estaba cargado con miles de historias, con miles de momentos conectados por una misma noche, por un mismo sonido que todavía seguía vivo en la memoria de todos los que habían estado allí.

Pasaron unos minutos antes de que Neytan se moviera ligeramente entre las sábanas, su rostro reflejando el cansancio acumulado pero también una calma profunda, como si su mente todavía estuviera flotando entre luces, escenarios y drops que seguían resonando en su memoria; lentamente, casi por inercia, extendió la mano hacia la mesa de noche, tanteando sin abrir completamente los ojos hasta encontrar el celular, lo tomó con cierta pesadez y lo acercó a su rostro, y en cuanto la pantalla se encendió, la luz lo obligó a entrecerrar los ojos mientras trataba de enfocarse, viendo primero la hora 11:30 a. m. como si necesitara unos segundos para volver completamente a la realidad, quedándose inmóvil observando ese número, procesando el paso del tiempo, sintiendo todavía el eco de la noche anterior en su cuerpo como una presión suave en los músculos, como si cada salto del público todavía estuviera resonando dentro de él.

Con un suspiro leve dejó el celular sobre la almohada por un instante, girándose hacia el otro lado de la cama, intentando recuperar unos minutos más de descanso, pero las vibraciones continuaban, insistentes, constantes, imposibles de ignorar, y finalmente volvió a tomar el teléfono, esta vez desbloqueándolo con más decisión, encontrándose de golpe con una avalancha de notificaciones que llenaban la pantalla: menciones, etiquetas, comentarios, mensajes directos, reacciones que no dejaban de multiplicarse, todo girando alrededor de lo mismo, su música, su set, su nombre, como si el mundo entero estuviera hablando al mismo tiempo de lo que había pasado la noche anterior, y por un momento simplemente se quedó mirando la pantalla sin moverse, sin deslizar nada, como si todavía no terminara de creer la magnitud de todo aquello.

Deslizó el dedo lentamente y, entre todo ese ruido digital, decidió abrir algo específico, algo que sabía que significaba más que cualquier número: el video de agradecimiento que había subido días antes, ese que había grabado sin guion, sin nada preparado, solo él frente a la cámara, diciendo lo que sentía, recordando perfectamente ese momento en el que no pensaba en cifras ni en logros, sino en todas las personas que habían estado desde el principio escuchando su música cuando todavía nadie sabía quién era; el video comenzó a reproducirse y en la pantalla apareció su propia imagen hablando con una voz sincera que ahora llenaba la habitación silenciosa, y mientras lo veía, Neytan no sonreía ni reaccionaba demasiado, simplemente observaba, como si estuviera recordando exactamente lo que había sentido en ese momento, como si volviera a estar ahí otra vez.

Luego bajó la mirada hacia los números y por un instante dejó de respirar con normalidad, no porque fueran imposibles de creer, sino porque cada cifra parecía demasiado grande para ser solo un número, y mientras deslizó hacia abajo vio miles de comentarios en distintos idiomas, mensajes largos escritos con emoción, palabras simples llenas de significado, gente contando cómo su música había estado presente en momentos importantes de sus vidas, otros recordando su primer festival, otros simplemente diciendo gracias, y mientras leía, su expresión cambiaba ligeramente, no con una sonrisa evidente, sino con una especie de tranquilidad interior, como si entendiera por completo lo que realmente estaba pasando más allá de cualquier éxito o cualquier escenario.

Apoyó la cabeza nuevamente en la almohada sosteniendo el celular sobre el pecho mientras seguía deslizando la pantalla con calma, sin prisa, como si quisiera quedarse un poco más dentro de ese momento antes de volver a la realidad, hasta que decidió cambiar de sección y abrió la galería, encontrándose con algo completamente distinto: videos grabados desde el público, desde el centro del festival, desde los laterales del escenario, desde lugares donde él nunca podía ver realmente lo que pasaba, y apenas reprodujo el primero, el silencio de la habitación desapareció completamente dentro de su mente y fue reemplazado por un rugido enorme que parecía salir directamente de la pantalla.

Luces cruzando el cielo.

Fuego elevándose desde el escenario.

Miles de personas saltando al mismo tiempo.

El sonido de su nombre repitiéndose una y otra vez como un eco interminable.

¡MARSHMELLO!

¡MARSHMELLO!

¡MARSHMELLO!

Podía verlo todo con total claridad, como si estuviera otra vez sobre el escenario, pero esta vez desde los ojos del público, viendo cómo las manos se levantaban al mismo tiempo, cómo los teléfonos grababan cada segundo, cómo la energía se movía como una sola cosa enorme conectándolo con todos ellos, y se quedó mirando el video unos segundos más, luego lo repitió, después abrió otro, luego otro más, observando detalles que desde la cabina nunca se perciben igual, la forma en que la gente reaccionaba exactamente en el momento en que el drop caía, cómo la música parecía viajar de una persona a otra, cómo miles de voces se convertían en una sola cuando reconocían una canción.

Siguió deslizando.

Más videos.

Más ángulos.

Más momentos.

Hasta que una notificación distinta apareció en la pantalla y rompió esa especie de burbuja en la que estaba: un recordatorio de fechas, de eventos, de lugares, y al abrirlo se encontró con algo que lo hizo quedarse quieto durante unos segundos más, mirando las palabras como si no necesitaran explicación porque su mente ya sabía exactamente lo que significaban.

Future Music Festival.

Sydney — 10 de marzo de 2012 — 20:30 a 22:00.

Melbourne — 11 de marzo de 2012 — 20:30 a 22:00.

Se quedó mirando esas líneas sin moverse, recordando cada uno de esos momentos con una claridad absoluta, el ruido del público antes de salir al escenario, la presión que se siente justo antes de presionar play, el instante en el que todo comienza y ya no hay vuelta atrás, la energía que crece, que explota, que conecta a miles de personas en un mismo ritmo, y por un momento sintió nuevamente ese silencio exacto que existe justo antes de que empiece la música, ese segundo en el que todo está en calma pero al mismo tiempo a punto de estallar.

Apagó la pantalla.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Miró hacia el techo.

Respiró profundo.

Su cuerpo seguía cansado, pesado, como si todavía cargara el impacto de la noche anterior, pero su mente ya no estaba en reposo, ya estaba moviéndose otra vez, pensando, reconstruyendo, imaginando nuevas ideas, nuevos sonidos, nuevas formas de llevar esa experiencia aún más lejos, y después de unos segundos volvió a encender el celular, pero esta vez no para ver números ni notificaciones, sino para abrir directamente su biblioteca musical, deslizando el dedo lentamente entre archivos, proyectos sin terminar, loops, melodías incompletas, ideas grabadas en momentos aleatorios, fragmentos que habían nacido en aeropuertos, en hoteles, en vuelos nocturnos, en camerinos antes de salir al escenario, pequeñas cosas que todavía no tenían forma completa pero que podían convertirse en algo enorme si encontraba el momento adecuado.

Scroll.

Más sonidos.

Más fragmentos.

Más posibilidades.

Hasta que su dedo se detuvo.

Seleccionó uno.

Lo abrió.

Un sonido suave comenzó a llenar la habitación, rompiendo el silencio de una manera completamente distinta, no como un recuerdo del pasado, sino como algo nuevo, algo que todavía no tenía forma completa, pero que ya empezaba a existir, una base simple, una melodía que apenas comenzaba a tomar forma pero que tenía algo, una sensación difícil de explicar, algo que podía crecer, algo que podía transformarse en otra noche como la anterior, en otro momento donde miles de personas saltaran al mismo tiempo sin saber exactamente por qué, solo sintiendo la música.

Neytan cerró ligeramente los ojos mientras escuchaba.

Dejó que el sonido creciera poco a poco en su mente.

Sin luces.

Sin público.

Sin escenario.

Solo música.

El celular de Neytan vibró suavemente sobre la cama, rompiendo el ritmo tranquilo de la habitación mientras la luz de la pantalla iluminaba por un instante el espacio tenue del Crown Towers Melbourne, donde se hospedaba después de los últimos días intensos del festival; el mensaje apareció en la pantalla con el nombre de Andrés, su tío, destacando entre las demás notificaciones, y al abrirlo leyó con calma: “Ya baja al restaurante del hotel para que desayunes, Víctor y Clara ya están aquí”, y por un momento Neytan se quedó mirando esas palabras sin responder de inmediato, todavía recostado, sintiendo el peso del cuerpo después de todo lo vivido, pero también esa ligera claridad mental que aparece cuando el descanso empieza a hacer efecto; deslizó el dedo para responder, escribiendo con movimientos tranquilos “ya voy, solo me baño y bajo”, enviando el mensaje sin darle demasiadas vueltas, dejando el celular a un lado mientras se quedaba unos segundos más mirando el techo, como si quisiera prolongar ese pequeño espacio entre el descanso y la acción, ese momento donde todo está en pausa antes de volver al ritmo normal.

Se incorporó lentamente, apoyando los pies en el suelo frío de la habitación, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba poco a poco después del cansancio acumulado, estirando los brazos hacia arriba mientras soltaba un suspiro profundo, y al levantarse caminó hacia la ventana, corriendo ligeramente la cortina para dejar entrar más luz natural, encontrándose con la vista de la ciudad de Melbourne extendiéndose frente a él, edificios modernos reflejando el sol de la mañana, tráfico moviéndose con normalidad, personas caminando sin saber nada de lo que había pasado la noche anterior, como si fueran dos mundos completamente distintos coexistiendo al mismo tiempo, y por un instante se quedó ahí mirando, apoyando una mano en el vidrio, recordando flashes del escenario, luces, gritos, drops, todo mezclándose con la calma de la mañana.

Luego se giró y caminó hacia el baño, dejando atrás la habitación aún en silencio, abriendo la puerta y encontrándose con un espacio amplio, iluminado por luces blancas suaves que reflejaban en los espejos y en las superficies de mármol, dejando el celular sobre el lavabo antes de abrir la ducha; el sonido del agua comenzó a llenar el ambiente, primero suave y luego constante, creando una especie de aislamiento que lo desconectaba momentáneamente de todo lo demás, y al entrar bajo el agua caliente cerró los ojos, dejando que el calor relajara los músculos tensos, sintiendo cómo el cansancio comenzaba a disolverse poco a poco, como si cada gota se llevara una parte de la noche anterior, aunque los recuerdos seguían ahí, claros, presentes, vivos.

Pasaron varios minutos mientras permanecía bajo el agua, sin prisa, simplemente dejando que el tiempo avanzara, hasta que finalmente cerró la llave y salió, tomando una toalla y secándose con movimientos lentos, volviendo a la habitación con el cabello aún húmedo mientras buscaba ropa en la maleta abierta sobre la silla, eligiendo algo cómodo, sencillo, acorde a la mañana tranquila que estaba comenzando, vistiéndose sin apuro, como si quisiera mantener ese ritmo pausado antes de volver al movimiento del día.

Tomó nuevamente el celular, revisando de reojo si había nuevos mensajes, viendo algunas notificaciones más acumulándose, pero sin detenerse en ellas, guardándolo en el bolsillo mientras tomaba la tarjeta de la habitación y se dirigía hacia la puerta, deteniéndose un segundo antes de salir, mirando el espacio en el que había descansado, como si registrara ese momento en su memoria, y luego abrió la puerta saliendo al pasillo del hotel, donde el ambiente era completamente distinto, silencioso pero activo, con pasos lejanos, el sonido suave de puertas abriéndose y cerrándose, y el murmullo distante de conversaciones.

Caminó hacia el ascensor con paso tranquilo, pasando junto a otras habitaciones, algunas puertas entreabiertas, personal del hotel moviéndose discretamente, hasta que llegó frente a las puertas metálicas que reflejaban ligeramente su imagen; presionó el botón y esperó unos segundos hasta que el ascensor llegó con un sonido suave, entrando sin prisa y presionando el piso del restaurante, apoyándose ligeramente en la pared mientras las puertas se cerraban y el movimiento descendente comenzaba.

Durante esos segundos en el ascensor, su mente no estaba completamente en blanco; pequeños fragmentos de la noche anterior seguían apareciendo, imágenes rápidas del público, de las luces, del momento en que presionó play, del sonido retumbando en el escenario, pero ahora todo eso se sentía más lejano, más tranquilo, como un recuerdo que ya había cumplido su momento y que ahora simplemente quedaba guardado.

Las puertas del ascensor se abrieron finalmente hacia el área del restaurante, donde el ambiente era completamente distinto al de la habitación: luz natural entrando por grandes ventanales, el sonido de platos, cubiertos, conversaciones suaves, el aroma del café recién hecho y de la comida caliente llenando el espacio, creando una sensación completamente diferente, más cotidiana, más cercana, y al caminar dentro del restaurante buscó con la mirada entre las mesas hasta reconocer a Víctor y Clara sentados en una de las mesas cerca de la ventana, junto con Andrés, que conversaban tranquilamente mientras esperaban.

En cuanto lo vieron acercarse, levantaron la mirada.

Ahí está dijo Andrés con una ligera sonrisa.

Neytan respondió con un gesto de cabeza mientras se acercaba, aún con esa mezcla de calma y cansancio en su expresión, tomando asiento con naturalidad, como si ese momento fuera completamente distinto al de la noche anterior, pero al mismo tiempo conectado de una forma que no necesitaba explicarse, porque aunque ahora todo fuera más tranquilo, el eco de lo vivido seguía presente, no en el ruido ni en las luces, sino en la sensación interna de haber estado ahí, de haber conectado con miles de personas, y ahora simplemente estar sentado en una mesa, en silencio relativo, listo para comenzar un nuevo día.

Neytan caminó con calma entre las mesas del restaurante del Crown Towers Melbourne, dejando atrás el murmullo general de huéspedes que desayunaban sin prisa, el sonido suave de los cubiertos chocando contra los platos y el aroma constante del café recién hecho que llenaba el ambiente, y al acercarse a la mesa junto al ventanal donde la luz de la mañana entraba con claridad, reconoció de inmediato a Víctor, su director de sonido, a Andrés, su tío, y a Clara, la pareja de su tío, quienes ya estaban sentados conversando en un tono relajado, completamente distinto al caos controlado de la noche anterior; Neytan levantó ligeramente la mano en señal de saludo mientras se acercaba y, al llegar, apoyó una mano sobre el respaldo de la silla antes de sentarse con tranquilidad, saludando primero a Víctor con un leve choque de manos y una mirada que no necesitaba demasiadas palabras porque ambos sabían exactamente lo que había pasado en el escenario, luego inclinó la cabeza hacia Andrés en un gesto cercano y finalmente sonrió suavemente a Clara, quien respondió con una expresión cálida, como si ese momento fuera una pausa necesaria después de todo lo vivido.

¿Dormiste algo? preguntó Andrés en voz baja, apoyando ligeramente los brazos sobre la mesa mientras lo observaba con atención.

Neytan dejó escapar una pequeña exhalación, apoyándose en la silla mientras tomaba la carta del restaurante que estaba frente a él, abriéndola sin prisa.

Lo suficiente respondió con calma… el cuerpo sigue medio pesado.

Víctor soltó una leve risa, inclinándose un poco hacia adelante.

Se notaba que lo diste todo ayer… el sistema estaba al límite en varios momentos.

Neytan levantó la mirada un segundo hacia él, asintiendo apenas.

Se sentía… sobre todo en el segundo drop de Tsunami.

Clara los observaba en silencio, escuchando, mientras tomaba un sorbo de su café.

Desde acá se escuchaba impresionante dijo finalmente, pero también se notaba la presión… como si todo estuviera a punto de explotar en cualquier momento.

Neytan volvió a bajar la mirada hacia la carta, pasando las páginas lentamente, leyendo sin realmente concentrarse en los nombres de los platos, más bien dejándose llevar por la conversación, por el momento, por la calma.

Es justo eso murmuró… ese punto donde todo está a punto de romperse… ahí es donde funciona.

El sonido del restaurante seguía fluyendo alrededor de ellos, pero en la mesa el tono era distinto, más bajo, más contenido, como si ese espacio fuera una pequeña burbuja donde podían hablar sin necesidad de levantar la voz, sin necesidad de explicar demasiado.

Andrés se recostó ligeramente en la silla.

¿Y cómo te sientes ahora? preguntó con un tono más serio, pero tranquilo.

Neytan se quedó en silencio unos segundos antes de responder, pasando una página más de la carta aunque ya no la estaba leyendo realmente.

Cansado… dijo finalmente pero no es solo físico… es como si todo todavía siguiera ahí.

Víctor asintió lentamente, entendiendo perfectamente.

La inercia del set comentó, no se va de un momento a otro.

Neytan levantó la mirada hacia la ventana por un instante, observando la ciudad de Melbourne moviéndose con normalidad, completamente ajena a lo que había pasado la noche anterior.

Es raro, continuó… Hace unas horas todo era ruido, luces, miles de personas… y ahora…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Clara apoyó suavemente la mano sobre la mesa.

Ahora es silencio completó con una voz suave.

Neytan asintió levemente.

Pero no del todo… añadió, todavía lo siento… como si el cuerpo siguiera ahí arriba.

Víctor cruzó los brazos sobre la mesa, inclinándose un poco más hacia él.

Eso es bueno dijo, significa que conectaste… no solo tú con el público… sino el público contigo.

Neytan dejó la carta sobre la mesa por un momento, entrelazando las manos.

Sí… respondió en voz baja… se sintió diferente.

Andrés levantó una ceja con interés.

¿Diferente cómo?

Neytan dudó un segundo, buscando las palabras exactas.

Más… directo dijo, como si no hubiera distancia… como si todo fuera una sola cosa.

El sonido de una taza siendo colocada en otra mesa cercana se mezcló brevemente con el silencio de su mesa.

Clara sonrió ligeramente.

Eso es lo que la gente siente cuando habla de tus sets, pero ahora tú lo estás describiendo desde el otro lado.

Neytan dejó escapar una pequeña sonrisa, casi imperceptible.

Supongo.

Un mesero se acercó en ese momento, interrumpiendo suavemente la conversación para tomar la orden. Neytan volvió a tomar la carta, esta vez enfocándose un poco más mientras elegía algo sencillo, pidiendo sin complicaciones, al igual que los demás, y cuando el mesero se retiró, el silencio volvió por unos segundos, pero no era incómodo, era un silencio natural, de esos que no necesitan llenarse con palabras.

Víctor fue el primero en romperlo.

El sistema respondió perfecto dijo, sobre todo con los graves… cuando abriste el low EQ en el drop final… se sintió en todo el campo.

Neytan asintió, recordando ese momento.

Sí… lo sentí también… como si el suelo se moviera.

Andrés sonrió ligeramente.

Desde atrás también se notaba… la gente reaccionó al instante.

Neytan apoyó los codos sobre la mesa, mirando hacia abajo por un momento.

Eso es lo que más se queda dijo… no el sonido en sí… sino la reacción.

Clara lo observó con atención.

¿Y eso te llena… o te deja vacío?

La pregunta quedó suspendida en el aire por unos segundos.

Neytan no respondió de inmediato.

Se tomó su tiempo.

Miró la mesa.

Luego la ventana.

Luego volvió a mirar a Clara.

Ambas cosas dijo finalmente… en el momento lo llena todo… pero después…

Se detuvo.

Víctor completó la idea en voz baja. Después queda el silencio.

Neytan asintió. Sí… pero no es un silencio malo… es más como…

Buscó la palabra. Espacio.

Andrés apoyó la espalda en la silla, cruzando los brazos. Espacio para lo siguiente.

Neytan levantó la mirada hacia él. Exacto.

El desayuno llegó poco después, los platos colocándose con cuidado sobre la mesa mientras el aroma de la comida reemplazaba poco a poco el del café, y comenzaron a comer sin prisa, manteniendo la conversación en ese mismo tono bajo, hablando de pequeños detalles del show, de ajustes técnicos, de sensaciones, de momentos específicos que cada uno había percibido desde su lugar, sin necesidad de exagerar nada, sin necesidad de repetir lo obvio, simplemente compartiendo lo que cada uno había vivido.

Neytan había estado comiendo con calma, sin prisa, dejando que el ritmo del desayuno se mantuviera tan tranquilo como el ambiente que los rodeaba dentro del restaurante del Crown Towers Melbourne; el sonido de los cubiertos, las conversaciones lejanas y la luz de la mañana filtrándose por los ventanales creaban una atmósfera completamente distinta a la del escenario, y aun así, en su mente todavía persistían pequeños ecos de la noche anterior, fragmentos de luces, de sonido, de movimiento, que aparecían de forma intermitente mientras intentaba concentrarse en algo tan simple como terminar su desayuno, hasta que en un momento determinado dejó el tenedor sobre el plato, apoyándolo con suavidad, y levantó la mirada hacia Clara, como si una idea le hubiera cruzado por la mente y no quisiera dejarla pasar.

Se recostó ligeramente en la silla, observándola con una expresión relajada, pero con un leve matiz de curiosidad.

Clara… dijo en un tono tranquilo, casi casual ¿y a ti qué te parecieron los sets… mi set?

La forma en que lo dijo no era arrogante ni buscaba validación de forma directa, pero sí había una intención clara detrás: quería escuchar una opinión sincera, especialmente porque ella no era parte técnica del equipo como Víctor, ni alguien que estuviera involucrado en la logística como Andrés, sino alguien que lo había vivido desde el otro lado, desde el lugar del público, pero con el conocimiento personal de quién era él realmente detrás del escenario, detrás del casco, detrás del nombre de Marshmello.

Clara, que en ese momento estaba sosteniendo su taza de café, levantó la mirada hacia él y sonrió de inmediato, una sonrisa natural, ligeramente divertida, como si la pregunta le resultara más cercana de lo que parecía.

Apoyó la taza con suavidad sobre el plato antes de responder, cruzando ligeramente las manos sobre la mesa.

A ver… comenzó, con un tono ligero tengo que decir algo primero.

Andrés giró un poco la cabeza hacia ella, como anticipando lo que iba a decir, mientras Víctor simplemente observaba en silencio, interesado.

Clara inclinó ligeramente la cabeza, mirando directamente a Neytan.

Eres sobrino de Andrés… dijo con una pequeña sonrisa y estoy saliendo con tu tío… así que… claramente voy a decir que me gustaron más tus sets.

La mesa reaccionó con una leve risa contenida, incluyendo a Neytan, que bajó la mirada un segundo con una sonrisa breve, negando ligeramente con la cabeza como si ya esperara una respuesta así, pero sin perder el interés.

Clara continuó, esta vez con un tono un poco más sincero, más directo.

Pero… dejando eso de lado añadió, en serio estuvieron increíbles.

Hizo una pequeña pausa, como buscando las palabras exactas.

No solo por la música… continuó sino por cómo se sentía todo… la energía… la forma en que la gente reaccionaba… era imposible no meterse en eso.

Neytan la observaba sin interrumpir, atento.

Y tengo que decir otra cosa —agregó Clara, ahora con un brillo distinto en la mirada, casi emocionado.

Tomó su celular, que estaba sobre la mesa, y lo levantó ligeramente.

Los videos que grabé… dijo los envié a varios amigos del trabajo.

Víctor sonrió levemente al escuchar eso, mientras Andrés soltaba una pequeña risa.

Clara continuó:

No tienes idea… dijo se mueren de envidia.

Neytan dejó escapar una pequeña risa por la nariz, bajando la mirada un momento antes de volver a levantarla.

¿En serio? preguntó con un tono relajado.

Clara asintió inmediatamente.

Totalmente respondió, algunos no podían creer que estuviera ahí… otros me pedían más videos… y varios me dijeron que cómo no les avisé antes.

Andrés intervino con una sonrisa.Ahora todos quieren ser tus amigos, ¿no?

Clara lo miró de reojo, divertida.

Un poco admitió, pero más que eso… creo que no entendían lo que era hasta verlo.

Neytan inclinó ligeramente la cabeza. ¿A qué te refieres?

Clara se tomó un segundo antes de responder, apoyando los codos suavemente sobre la mesa.

A que una cosa es ver un video cualquiera… dijo y otra es estar ahí… sentirlo… y aunque el video no lo capture completamente… algo transmite.

Víctor asintió en silencio, de acuerdo con esa idea.

Y en los videos continuó Clara se nota cómo controlas todo… no solo la música… sino el momento.

Esa frase hizo que Neytan permaneciera en silencio un segundo más de lo habitual.

Eso es lo difícil de explicar añadió ella… porque no es solo poner canciones… es cómo manejas la energía.

Neytan apoyó nuevamente la espalda en la silla, cruzando ligeramente los brazos.

Sí… respondió en voz baja, eso es lo que más trabajo lleva.

Andrés intervino, con un tono tranquilo.

Y lo que menos se ve desde fuera.

Neytan asintió. Exacto.

Clara volvió a tomar su taza de café, pero antes de beber, añadió algo más Hubo un momento… dijo en el que todo el público estaba saltando al mismo tiempo… y tú levantaste los brazos justo antes del drop…

Hizo una pequeña pausa. Ese momento… continuó se sintió como si todos estuvieran conectados.

Neytan la miró fijamente por un segundo.Lo estaban respondió con calma.

Víctor sonrió ligeramente. Eso es lo que buscamos siempre.

Clara tomó un sorbo de café. Pues se logró.

El silencio volvió por un instante a la mesa, pero no era incómodo, era más bien una pausa natural, como si todos estuvieran procesando lo que se estaba diciendo, recordando, conectando sus propias experiencias de la noche anterior con las palabras que acababan de escuchar.

Neytan miró su plato, tomando nuevamente el tenedor, pero sin empezar a comer de inmediato.

Es curioso dijo después de unos segundos… porque desde arriba… no se ve igual.

Clara inclinó ligeramente la cabeza. ¿No?

Neytan negó suavemente. Se siente… pero no se ve como ustedes lo ven.

Víctor intervino Desde arriba estás dentro del sistema… no fuera de él.

Neytan asintió. Exacto.

Clara sonrió ligeramente. Entonces necesitas gente como yo que te lo cuente.

Neytan levantó la mirada hacia ella, con una leve sonrisa. Sí… admitió, supongo que sí.

Andrés se recostó en la silla, cruzando los brazos. Por eso estas conversaciones importan más de lo que parece.

Neytan volvió a mirar su plato, esta vez retomando la comida con movimientos tranquilos, pero ahora con una sensación distinta, más ligera, como si algo se hubiera acomodado en su interior después de escuchar esas palabras, no como una validación superficial, sino como una confirmación de algo más profundo, algo que no siempre se puede percibir desde el escenario.

El ritmo del desayuno se había asentado por completo en la mesa, dejando atrás cualquier rastro de prisa o tensión; los platos estaban a medio terminar, las tazas de café ya no humeaban tanto como al inicio y la luz de la mañana seguía entrando con fuerza por los ventanales del restaurante del Crown Towers Melbourne, iluminando el rostro de cada uno con una claridad suave que contrastaba con la intensidad artificial de la noche anterior, y Neytan, que hasta ese momento había permanecido más en silencio, escuchando y respondiendo lo justo, dejó finalmente los cubiertos sobre el plato con un movimiento tranquilo, apoyándose ligeramente en el respaldo de la silla mientras miraba a los tres con una expresión relajada, como si algo en su mente hubiera cambiado de modo, pasando del recuerdo al presente.

Se tomó un segundo antes de hablar, observando primero a Víctor, luego a Andrés y finalmente a Clara, como si quisiera incluirlos a todos en la misma pregunta.

¿Y ahora… a dónde quieren ir? dijo con un tono calmado, pero claro. Estamos en Melbourne… ¿qué quieren hacer después de desayunar?

La pregunta quedó flotando en la mesa, simple en apariencia, pero cargada de posibilidades, porque por primera vez desde que habían llegado, no había un horario estrictamente definido, no había pruebas de sonido, ni reuniones urgentes, ni sets que preparar; había tiempo, y ese tiempo abría un espacio distinto, uno que no siempre tenían.

Víctor fue el primero en reaccionar, apoyando el codo sobre la mesa mientras pensaba un momento.

Depende respondió… ¿queremos algo tranquilo o movernos un poco?

Andrés soltó una leve risa.

Esa es la pregunta clave.

Clara, por su parte, giró ligeramente la cabeza hacia el ventanal, observando la ciudad por unos segundos antes de volver a mirarlos.

Yo no conozco mucho de aquí dijo con honestidad, pero me gustaría ver algo que no sea solo el hotel o el festival.

Neytan asintió lentamente, como si ya hubiera considerado esa idea.

Tiene sentido respondió… llevamos días sin salir realmente.

Víctor se inclinó un poco hacia adelante.

Podríamos ir al río… propuso caminar un rato, despejarnos.

Andrés levantó una ceja.

¿El Yarra?

Sí respondió Víctor, es cerca.

Clara sonrió ligeramente. Eso suena bien.

Neytan apoyó los brazos sobre la mesa, entrelazando las manos mientras pensaba. Caminar no suena mal… dijo, pero también podríamos pasar por algún lugar más… movido después.

Andrés lo miró con una leve sonrisa. ¿Ya quieres volver al ruido?

Neytan negó suavemente. No ruido… aclaró, pero tampoco quedarnos solo en pausa todo el día.

Clara intervino ¿Hay algún lugar bonito cerca del río?

Víctor asintió. Sí… hay zonas con vistas bastante buenas, cafés, gente tocando música en la calle…

Eso me gusta dijo Clara.

Andrés apoyó ambas manos sobre la mesa. Podríamos hacer eso primero… caminar, tomar algo… y luego ver si queremos ir a otro sitio.

Neytan asintió lentamente. Sí… dejar que fluya.

Hubo un pequeño silencio después de eso, no incómodo, sino más bien reflexivo, como si todos estuvieran visualizando el plan, imaginando el cambio de escenario: del restaurante del hotel a la ciudad abierta, del interior al exterior, del control al movimiento libre.

Clara volvió a hablar, con un tono un poco más animado. También me gustaría ver algo icónico… algo que diga “esto es Melbourne”.

Víctor pensó un segundo. Podríamos pasar por Federation Square —comentó—, siempre hay algo ahí.

Andrés asintió. Y no está lejos.

Neytan levantó ligeramente la mirada, interesado.

¿Mucha gente?

Depende de la hora respondió Víctor, pero sí… suele haber movimiento.

Neytan sonrió levemente. Perfecto entonces.

Clara los miró a todos. Me gusta el plan.

Andrés soltó una pequeña risa.

Entonces ya está decidido.

Pero Neytan no respondió de inmediato, se quedó unos segundos en silencio, observando la mesa, como si procesara algo más allá de la simple decisión del lugar.

Es raro dijo finalmente.

Los tres lo miraron.

¿Qué cosa? preguntó Clara.

Neytan levantó la vista. Ayer… todo estaba planeado al segundo… cada transición, cada luz, cada momento…

Hizo una pequeña pausa. Y ahora estamos aquí… decidiendo simplemente a dónde ir a caminar.

Víctor sonrió. Eso también es parte del equilibrio.

Andrés asintió. Si no existiera esto… lo otro no funcionaría igual.

Clara apoyó suavemente la mano sobre la mesa. Además… estos momentos también se recuerdan.

Neytan la miró por un instante.

Sí… respondió en voz baja… creo que sí.

El mesero pasó cerca de la mesa, recogiendo algunos platos vacíos, y el sonido del restaurante volvió a hacerse más presente por unos segundos, como recordándoles que el mundo seguía en movimiento más allá de su conversación.

Neytan tomó su vaso de agua, bebiendo un poco antes de dejarlo nuevamente sobre la mesa.

Entonces… dijo finalmente terminamos aquí… subimos un momento… y bajamos para salir.

Víctor asintió. Perfecto.

Andrés también. Me parece bien.

Clara sonrió. Yo voy lista.

Neytan dejó escapar una pequeña sonrisa, casi imperceptible, mientras asentía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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