Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs) - Capítulo 67

  1. Inicio
  2. Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs)
  3. Capítulo 67 - Capítulo 67: Capítulo 65– Ecos Bajo Tres Lunas
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 67: Capítulo 65– Ecos Bajo Tres Lunas

El motor del auto rompía el silencio de la carretera mientras avanzaban entre curvas largas y estrechas, rodeadas por densos bosques que parecían interminables.

Nadie hablaba.

El ambiente dentro del vehículo era pesado… casi sofocante.

Dark permanecía inconsciente, recostado, con la respiración irregular. Alya lo sostenía con firmeza, sin apartar la mirada de él ni un solo segundo. Su expresión era fría… demasiado fría.

Kim evitaba mirarla.

Los demás… simplemente guardaban silencio.

Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y violetas. El atardecer caía lentamente sobre los bosques de Amberlath, bañando todo con una luz tenue y melancólica.

—Esto… es demasiado tranquilo… —murmuró Sasha, en voz baja.

Nadie respondió.

Mientras el auto avanzaba, los árboles se volvían más altos, más oscuros… más cerrados. Sus sombras se alargaban sobre la carretera como si intentaran alcanzarlos.

Y entonces…

Minho frunció ligeramente el ceño.

—¿Vieron eso…?

—¿Qué cosa? —preguntó Leo, mirando por la ventana.

Hubo un breve silencio.

Minho dudó unos segundos antes de responder.

—Nada… olvídenlo.

Pero no fue el único.

Won ho también lo había visto.

Entre los árboles… algo se movía.

No era un animal.

No tenía forma clara.

Eran sombras… que no coincidían con nada.

Se deslizaban entre los troncos, demasiado rápidas… demasiado erráticas… como si observaran.

Como si esperaran.

Xia entrecerró los ojos, pero no dijo nada.

“…No son ilusiones.”

Por un instante, pensó en decirlo… pero simplemente desvió la mirada.

No era el momento.

No con Alya así.

El cielo terminó de oscurecerse lentamente… y entonces ocurrió.

Una…

dos…

tres…

Las tres lunas de Balerin ascendieron en el firmamento.

Su luz plateada bañó el bosque con un resplandor sobrenatural, transformando el paisaje en algo casi onírico… irreal.

Incluso con la tensión… era imposible no mirarlas.

—…Son hermosas —susurró Airi.

Esta vez, nadie la contradijo.

Durante unos segundos… todo pareció en calma.

Como si el mundo hubiera decidido darles un respiro.

Pero solo era eso.

Un respiro.

El viaje continuó en silencio.

Las sombras dejaron de moverse… o tal vez simplemente ya no podían verlas.

Y poco a poco, entre la oscuridad, comenzaron a aparecer luces a lo lejos.

Amberlath.

La ciudad emergía entre la noche como un refugio… o quizás como algo más.

Algo que ocultaba tanto como protegía.

—Ya casi llegamos —murmuró Kim.

Alya no respondió.

Solo ajustó ligeramente su agarre sobre Dark.

El auto se adentró en las calles de la ciudad.

Faroles antiguos iluminaban los caminos con una luz cálida, contrastando con la frialdad de las lunas en el cielo.

Las casas eran elegantes… silenciosas… casi demasiado perfectas.

Pero el ambiente seguía siendo extraño.

Como si la ciudad misma estuviera observando.

Pasó una hora… quizás más.

Hasta que finalmente, el vehículo se detuvo frente a la casa de Dark.

Una casa grande.

Demasiado grande para alguien como Dark.

Las ventanas estaban oscuras.

Silenciosa.

Vacía.

—…¿Aquí vive Dark? —preguntó Leo, sorprendido.

Nadie respondió de inmediato.

Kim fue la primera en hablar, aunque su voz tenía un leve tono incómodo.

—Sí… aquí vive.

Sasha frunció el ceño.

—Pero… pensé que dijiste que a veces ni siquiera tenía para comer.

El silencio volvió.

Más pesado que antes.

Alya finalmente habló, sin apartar la vista de Dark.

—Durante los últimos dos años… yo le ayudé a pagar muchas cosas.

Hizo una pausa.

—Pero… no todo.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.

Xia observó la casa con detenimiento.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

“Esto… no encaja.”

No dijo nada.

Pero en su mente, las piezas comenzaron a moverse.

El motor se apagó.

Y con ello… el silencio se volvió absoluto.

Alya abrió la puerta.

—Bajen.

Su tono no admitía discusión.

Salió del auto con Dark en brazos, como si no pesara nada.

Los demás la siguieron, intercambiando miradas incómodas.

Frente a ellos…

La casa de Dark.

Oscura.

Callada.

Y, por alguna razón…

Inquietante.

La noche en Amberlath apenas comenzaba.

La puerta se abrió con un leve crujido.

El interior de la casa estaba en penumbra.

Alya entró primero, cargando a Dark con cuidado, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera romperlo. Caminó directamente hacia la sala y lo recostó lentamente en el sofá, acomodando su cabeza sobre su regazo.

—Nadie haga ruido —murmuró, con un tono bajo pero firme.

Los demás entraron detrás, observando el lugar con curiosidad.

La casa era… extraña.

No por su estructura, ni por su tamaño… sino por el contraste.

Todo estaba relativamente limpio… excepto por pequeños detalles.

Libros.

Había libros por todas partes.

En estantes, en mesas, en el suelo, apilados en esquinas… algunos abiertos, otros marcados, todos cuidadosamente conservados.

Era lo único perfectamente ordenado.

—…Vaya —susurró Leo—. Este tipo vive en una biblioteca.

—Eso explica muchas cosas —añadió Xia, cruzándose de brazos.

Airi caminó lentamente por la sala, pasando la mano por uno de los estantes.

—Están muy bien cuidados…

—Es lo único que cuida —respondió Kim sin dudar.

Antes de que alguien más pudiera decir algo…

Un pequeño sonido llamó su atención.

—¿Mmm?

Desde el pasillo, una pequeña figura apareció.

Una gatita.

Pequeña, de pelaje suave, ojos brillantes… y una expresión curiosa.

—¡Moka! —dijo Kim.

La gatita se quedó quieta unos segundos… observando.

Evaluando.

Y luego—

Corrió hacia ellos.

—¡Aaaaw! —Airi se agachó de inmediato— ¡Qué linda!

Moka se dejó acariciar sin problema por Airi, ronroneando suavemente.

Minho también se acercó, con una leve sonrisa.

—Es tranquila…

Won ho se agachó junto a ellos.

—Es adorable.

Leo no tardó en unirse.

—Creo que me quiere más a mí.

—Ni de broma —respondió Minho.

La escena, por un momento… parecía normal.

Casi tranquila.

Pero entonces…

Moka levantó la cabeza.

Sus ojos se clavaron en dos personas.

Xia…

y Sasha.

El ambiente cambió sutilmente.

La gatita entrecerró los ojos.

Y soltó un pequeño…

—Grrrrr…

No fuerte.

Pero sí… claro.

—¿…Qué le pasa? —preguntó Sasha, levantando una ceja.

Xia no reaccionó.

Solo la observó.

Analizando.

“Interesante…”

Moka no se acercó.

No lo intentó.

Al contrario…

Retrocedió un paso.

Sin dejar de mirarlas.

Como si entendiera algo que los demás no.

—Oye… ¿por qué a ellas no? —dijo Leo.

—Los animales son sensibles —respondió Kim—. Detectan cosas.

Sasha cruzó los brazos.

—¿Insinúas algo?

—No, tú solita te delatas.

—Oye—

Antes de que la discusión escalara…

Moka simplemente decidió ignorarlas.

Giró la cabeza.

Y miró hacia el sofá.

Hacia Dark.

Sus ojos cambiaron.

Se suavizaron.

Sin dudarlo…

Saltó.

De un solo movimiento ágil, aterrizó sobre el pecho de Dark, acomodándose con cuidado, como si supiera exactamente dónde no lastimarlo.

Se hizo bolita.

Y cerró los ojos.

—…Eso fue rápido —murmuró Won ho.

Alya no dijo nada.

Solo bajó la mirada hacia Dark.

Y, con una delicadeza inusual…

Acarició su cabello.

Entonces—

—Grrrr…

Moka volvió a gruñir.

Esta vez… hacia Alya.

Todos se quedaron en silencio.

Kim soltó una pequeña risa nerviosa.

—…Creo que alguien es celosa.

Alya entrecerró ligeramente los ojos.

Pero no apartó la mano.

Volvió a acariciar a Dark.

Más suavemente.

Moka la observó unos segundos…

Y luego, como si aceptara a regañadientes…

Se acomodó mejor.

Sin dejar de vigilar.

El tiempo pasó lentamente.

Nadie hablaba demasiado.

La tensión no desaparecía… solo se había transformado en algo más denso… más contenido.

Afuera, las tres lunas seguían iluminando la ciudad.

Dentro de la casa…

Esperaban.

Al profesor.

A Miriam.

Y a lo que fuera que vendría después.

El silencio… ya no era descanso.

Era advertencia.

El aire dentro de la casa era denso.

Irrespirable.

Dark seguía inconsciente sobre el sofá, su respiración irregular, casi rota… mientras Moka permanecía hecha un pequeño círculo sobre su pecho, vigilante, como si supiera que algo invisible intentaba llevárselo.

Entonces—

La puerta se abrió.

No hubo golpe.

No hubo ruido innecesario.

Solo presencia.

El profesor.

Y Miriam.

Entraron… y el ambiente cambió.

Como si algo superior hubiera descendido.

Los ojos del profesor recorrieron cada detalle.

Sangre.

Rastros de heridas.

Tensión.

Miedo.

Y finalmente—

Dark.

—¿Qué pasó?

La pregunta fue baja.

Pero pesada.

Alya no dudó.

—Se enfrentaron a los titiriteros.

Silencio.

Los ojos del profesor se endurecieron.

—Explícate.

Alya respiró hondo.

—Hubo contacto con los titiriteros. Escaló. Dark usó su niebla negra… dos veces.

Ese fue el punto de quiebre.

El profesor giró lentamente hacia los demás.

—¿Por qué?

Nadie respondió.

—¿Por qué fueron a pelear con los titiriteros… sin autorización?

Xia levantó la mirada.

Directa.

Firme.

—Porque no íbamos a quedarnos esperando.

El ambiente se tensó.

—No necesitábamos permiso —continuó—. Sabíamos lo que hacíamos.

Un error.

Miriam dio un paso al frente.

—No.

Su voz fue suave.

Pero cortante.

—No sabían absolutamente nada.

Las miradas chocaron.

Xia no retrocedió.

—¿Y tú sí?

Una sonrisa leve apareció en el rostro de Miriam.

Peligrosa.

—Más de lo que puedes soportar.

El aire vibró.

Sin aviso—

Una púa de energía verde salió disparada desde la mano de Miriam.

Rápida.

Precisa.

Letal.

Xia reaccionó al instante.

Un torbellino de viento surgió frente a ella, desviando el ataque que impactó contra la pared, dejando una marca oscura que no desaparecía.

Los demás retrocedieron.

Airi contuvo el aliento.

Won-ho se quedó rígido.

Minho dio un paso atrás.

Leo y Sasha… completamente paralizados.

—¿Quieres probar? —dijo Xia.

—Cuando quieras —respondió Miriam.

La presión aumentó.

El aire temblaba.

La casa crujía.

Y entonces—

—Suficiente.

El profesor no alzó la voz.

Pero todo se detuvo.

Como si el mundo obedeciera.

Las energías desaparecieron.

El silencio volvió.

Pero ahora era peor.

—No pelearán entre ustedes.

Su mirada se clavó en ambas.

Autoridad absoluta.

Incuestionable.

Xia chasqueó la lengua y desvió la mirada.

Miriam simplemente sonrió… y retrocedió.

Y entonces—

Kim empezó a reír.

Todos la miraron.

—¿Qué es tan gracioso?

Kim se limpió una lágrima.

—Nada… recordé una escena de una película.

Silencio incómodo.

—¿En serio? —murmuró Minho.

—Sí… justo en la parte donde todo se va al carajo.

Nadie se rió.

Pero la tensión… cambió.

Se volvió más humana.

Más frágil.

El profesor suspiró.

Y entonces notó algo.

Sus ojos se movieron lentamente…

Hasta Sasha y Leo.

Ambos se tensaron al instante.

—Ellos.

Silencio.

—¿Por qué saben?

Sasha tragó saliva.

Leo temblaba.

—N-nosotros…

—Los seguimos… —dijo Leo finalmente—. Vimos todo.

El profesor cerró los ojos un segundo.

Molesto.

—Esto es exactamente lo que no debía pasar.

Miriam cruzó los brazos.

—Si esto se filtra…

El profesor terminó la frase:

—Las Las Polillas y la Iglesia no lo van a perdonar.

Silencio.

Pesado.

—Los iluminados deben permanecer ocultos.

Sasha bajó la mirada.

Leo apretó los puños.

Y entonces—

Golpe.

Algo impactó la ventana.

Todos giraron.

Una figura estaba afuera.

Oscura.

Inmóvil.

Un titiritero.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

La figura levantó la mano…

Y dejó algo pegado al vidrio.

Una nota.

Luego—

Desapareció.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Xia fue la primera en moverse.

Tomó la nota.

La abrió.

Sus ojos recorrieron el contenido.

Y por primera vez…

Se tensaron.

—¿Qué dice?

Xia habló.

Pero su voz era distinta.

—“El primer acto está cerca.”

Silencio.

—“Prepárense.”

El profesor frunció el ceño.

—“No debieron interferir.”

Miriam dejó de sonreír.

—“Ahora… enfrentarán lo que despertaron.”

El aire se volvió helado.

Nadie habló.

Porque todos entendieron.

Esto…

Apenas comenzaba.

Y entonces—

TOC. TOC.

La puerta.

Todos voltearon lentamente.

El contraste fue brutal.

Después de todo eso…

Un simple toque.

Humano.

Cotidiano.

Pero en ese momento…

Parecía más inquietante que cualquier monstruo.

Alya miró hacia la entrada.

—…Yo abro.

El silencio tras el segundo golpe en la puerta fue… distinto.

No era como el de antes.

No era miedo.

Era duda.

Alya se quedó inmóvil unos segundos, como si evaluara si abrir o no… pero finalmente avanzó.

Cada paso suyo era firme.

Controlado.

Abrió la puerta.

Y el mundo… cambió.

Afuera no había oscuridad.

No había amenaza.

Solo una anciana.

Pequeña.

Con una expresión cálida.

Y un par de recipientes entre las manos.

—Buenas noches, querida.

Su voz era suave.

Tranquila.

Real.

Alya parpadeó.

Por primera vez desde hacía horas… su expresión se rompió ligeramente.

—…Buenas noches.

La mujer miró por encima de su hombro, notando el interior lleno de gente.

—Vaya… parece que Dark tiene visita.

Sonrió con dulzura.

—Y a estas horas… ese chico no tendría nada que ofrecerles.

Levantó ligeramente los recipientes.

—Así que traje algo de comida.

Silencio.

Nadie se movió.

Era… demasiado normal.

Demasiado humano.

Para encajar con todo lo que acababan de vivir.

Alya dudó un segundo… pero se hizo a un lado.

—Pase.

La anciana entró con pequeños pasos.

Observando todo con curiosidad tranquila.

Sus ojos se detuvieron en cada uno.

En sus heridas.

En sus rostros tensos.

En el ambiente pesado.

Pero no preguntó nada.

Solo caminó hasta la mesa… y dejó la comida.

El aroma llenó el lugar.

Caliente.

Casero.

Real.

—Coman antes de que se enfríe.

Fue entonces cuando sus ojos se detuvieron en los chicos.

Minho.

Airi.

Won-ho.

Xia.sf

Su expresión cambió.

Algo más profundo.

Más… personal.

—Ustedes no son de aquí, ¿verdad?

Minho dudó.

—No… somos de fuera.

La anciana asintió lentamente.

—Se nota.

Silencio.

Luego sonrió.

—Pero tienen buenos modales.

Kim soltó una pequeña risa.

—Eso depende del día.

La mujer rió suavemente.

Y entonces—

Sus ojos se posaron en Won-ho.

Se quedó mirándolo.

Más tiempo del necesario.

Won-ho lo notó.

—¿Pasa algo?

La anciana dio un pequeño paso hacia él.

Su mirada… tembló.

—Es que…

Se detuvo.

Respiró.

—Me recuerdas a alguien.

Silencio.

El ambiente cambió de nuevo.

Pero no como antes.

Esto era…

Más íntimo.

—Yo tenía un hijo —continuó—. Más o menos de tu edad.

Nadie habló.

—Era amable… un poco torpe… pero siempre sonreía.

Won-ho bajó ligeramente la mirada.

—Un día…

La voz de la anciana no se quebró.

Pero algo en ella… sí.

—Un día no volvió.

Silencio absoluto.

—Dicen que fue un accidente.

Una pausa.

—Pero las madres… sabemos cuando el mundo nos arrebata algo.

Nadie se atrevió a interrumpir.

Ni siquiera Kim.

La anciana volvió a mirar a Won-ho.

Esta vez…

Con una sonrisa suave.

Dolorosa.

Pero sincera.

—Supongo que por eso… me alegra verlos aquí.

Won-ho sintió algo extraño en el pecho.

Algo cálido.

Algo… que no entendía del todo.

—Yo…

Dudó.

No sabía qué decir.

No era bueno con eso.

Nunca lo había sido.

Pero aún así—

—Si quiere… puedo venir a visitarla a veces.

Silencio.

Los demás lo miraron.

Sorprendidos.

La anciana…

Sonrió de verdad.

—Me gustaría mucho.

Y en ese instante—

Algo invisible cambió.

No magia.

No poder.

Algo más simple.

Más raro.

Más valioso.

Conexión.

La anciana se giró hacia todos.

—El mundo quita cosas.

Su voz era tranquila.

Segura.

—Pero también da otras.

Miró a cada uno.

—A veces no son las mismas.

—A veces no son suficientes.

—Pero si sabes verlas…

Sonrió.

—Siguen siendo un regalo.

Silencio.

Nadie respondió.

Pero todos… escucharon.

Incluso Xia.

Aunque no lo admitiera.

La anciana caminó hacia la puerta.

—No se desvelen mucho.

Se detuvo un momento.

Sin girarse.

—Y cuiden bien de ese chico.

Miró ligeramente hacia Dark.

—Se nota que carga más de lo que debería.

Alya apretó ligeramente los labios.

—…Lo haré.

La anciana asintió.

Y salió.

La puerta se cerró suavemente.

Silencio.

Pero esta vez…

No era pesado.

Era distinto.

Más ligero.

Más humano.

Kim fue la primera en romperlo.

—Bueno… tengo hambre.

Minho soltó una pequeña risa.

Airi suspiró.

Xia desvió la mirada.

Pero no dijo nada.

Y Won-ho…

Se quedó mirando la puerta.

En silencio.

Con algo nuevo creciendo dentro de él.

Algo que no venía de la batalla.

Ni del miedo.

Ni del poder.

Sino de algo mucho más simple.

—…Abuela.

Lo dijo en voz baja.

Casi sin darse cuenta.

Mientras tanto…

Desde lo alto.

Entre sombras que no pertenecían a la noche—

Eclipse observaba.

En silencio.

Una sonrisa leve.

Pero no cruel esta vez.

Interesada.

—Qué curioso…

Susurró.

—Incluso ahora… sigues atrayendo luz.

Sus ojos bajaron hacia Dark.

—Eso hará que romper este mundo…

Sea aún más hermoso.

El viento se levantó.

Y con él—

Desapareció. Entre rosas negras y cuervos.

La noche había caído por completo sobre Amberlath.

Dentro de la casa…

Todo parecía en calma.

Respiraciones suaves.

Cuerpos agotados.

El silencio frágil de quienes sobrevivieron… pero no sanaron.

Y en medio de esa quietud—

Dark dormía.

O al menos…

Eso parecía.

No había transición.

No hubo sueño.

No hubo caída.

Solo—

Conciencia.

El suelo estaba húmedo.

No.

No húmedo.

Empapado.

Un sonido espeso acompañaba cada movimiento.

Un sonido… viscoso.

Lento.

Vivo.

Dark bajó la mirada.

Y lo entendió.

No estaba de pie sobre tierra.

Ni sobre piedra.

Ni sobre nada que perteneciera al mundo.

Estaba—

Sobre un río.

Un río… rojo.

Un río de sangre.

No fluía.

Respiraba.

Cada ondulación parecía un latido.

Cada burbuja… un susurro.

El aire era denso.

Pesado.

Irrespirable.

Y entonces—

Un grito.

No uno.

Miles.

Miles de voces desgarradas atravesaron el espacio.

Dolor.

Súplica.

Locura.

Era como si cada gota de ese río contuviera una muerte.

Dark levantó la cabeza.

Y lo vio.

El mundo estaba… roto.

No había cielo.

No había luna.

Solo una bóveda carmesí, pulsante, como carne abierta.

Y en todas direcciones—

Cosas.

No criaturas.

No seres.

Errores.

Formas imposibles.

Cuerpos torcidos que no respetaban ninguna lógica.

Mandíbulas abiertas donde no debía haber bocas.

Extremidades que crecían, se rompían y volvían a crecer.

Ojos.

Demasiados ojos.

Observándolo.

Siempre observándolo.

Y sin embargo…

No eran lo peor.

Dark intentó moverse.

Y entonces lo sintió.

Sus brazos.

No respondían.

Bajó la mirada lentamente.

Y su mente…

Se quebró un poco más.

Sus brazos estaban—

Destruidos.

No heridos.

No rotos.

Deshechos.

Carne abierta.

Hueso expuesto.

Fragmentos colgando como si algo hubiera intentado arrancarlos… y se hubiera detenido a la mitad.

Pero no había sangre cayendo.

Porque toda la sangre…

Ya estaba en el río.

Respiró.

O lo intentó.

El aire quemaba.

Cada inhalación era como tragar agujas.

—…ah…

Un sonido salió de su garganta.

Débil.

Ajeno.

No sonaba como él.

Entonces—

La voz.

—Dark…

Suave.

Lejana.

Familiar.

Demasiado familiar.

—Dark…

No venía de un lugar.

Venía de todos.

Del río.

Del aire.

De dentro de su propia cabeza.

—Ven…

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—…¿Quién…?

Su voz se perdió entre los gritos.

No hubo respuesta.

Solo—

Movimiento.

Algo cayó frente a él.

Un golpe húmedo.

Pesado.

El río se agitó.

Salpicó.

Manchándolo aún más.

Dark bajó la mirada.

Y el tiempo…

Se detuvo.

Una cabeza.

De mujer.

El cabello, empapado, se pegaba al rostro.

La piel… pálida.

Demasiado.

Antinatural.

Los labios entreabiertos.

Como si intentara decir algo.

Como si aún…

Estuviera muriendo.

Dark tembló.

—No…

Se arrodilló.

Sus manos destruidas tocaron el rostro.

Y algo dentro de él…

Se negó a reconocerlo.

—No… no… no…

Quería verla.

Necesitaba verla.

Pero el rostro…

No se dejaba ver.

Era borroso.

Inestable.

Como si la realidad misma se negara a revelarlo.

O peor—

Como si él no pudiera soportarlo.

—Dark…

La voz volvió.

Más cerca.

Más suave.

Más… íntima.

—Mírame…

El aire se volvió más frío.

Más pesado.

—Mírame.

El río se agitó violentamente.

Las criaturas comenzaron a acercarse.

Arrastrándose.

Retorciéndose.

Observando.

Esperando.

La cabeza…

Se movió.

Lentamente.

Contra toda lógica.

Contra toda vida.

Giró hacia él.

Y por un instante—

El rostro…

Comenzó a revelarse.

Un ojo.

Solo uno.

Abierto.

Mirándolo.

Dorado.

El mundo explotó en un grito.

Dark despertó.

—¡¡AHHH!!

Su cuerpo se arqueó violentamente sobre el sofá.

El aire no entraba.

No salía.

Se estaba ahogando.

Su corazón golpeaba como si quisiera escapar de su pecho.

—…no… no… no…

Se llevó la mano al rostro.

Y entonces—

El dolor.

Su ojo izquierdo.

Ardía.

No.

No ardía.

Palpitaba.

Como si tuviera vida propia.

Como si algo dentro de él…

Estuviera intentando salir.

—¡AHHHH…!

Apretó el ojo con fuerza.

Pero eso solo lo empeoró.

Algo cálido comenzó a deslizarse por su mejilla.

No era sudor.

No era solo sangre.

Era—

Sangre negra.

Espesa.

Mezclada con un líquido oscuro.

Viscoso.

Antinatural.

Cayendo lentamente.

Como si no perteneciera a este mundo.

Su ojo brilló.

Dorado.

Intenso.

Inhumano.

Su respiración se volvió errática.

Fragmentada.

—…no… era… un sueño…

Pero sabía que no lo era.

Lo sabía.

Porque aún podía sentirlo.

El río.

Las voces.

La mirada.

Y peor aún—

La sensación de que…

Eso también lo estaba viendo ahora.

El dolor alcanzó su punto máximo.

Su cuerpo colapsó.

Su mente se apagó por segundos.

Y cuando regresó—

Solo quedó el cansancio.

Pesado.

Absoluto.

Devastador.

Su ojo dejó de brillar.

La sangre se detuvo.

Su respiración se estabilizó poco a poco.

Y entonces—

Como si nada hubiera pasado—

Volvió a dormir.

Pero esta vez…

No soñó.

Porque algo más—

Ahora soñaba con él.

La luz llegó lentamente.

No como un golpe.

No como una salvación.

Sino como algo… indiferente.

El amanecer se filtró por las ventanas de la casa, tiñendo las paredes de un tono tenue, casi gris. El mundo seguía avanzando… como si nada hubiera pasado.

Como si la noche no hubiera existido.

Dark abrió los ojos.

No de golpe.

No con miedo.

Solo…

Los abrió.

Y se quedó mirando el techo.

En silencio.

No se movió.

No habló.

No pensó.

Al menos… no al inicio.

Porque su cuerpo estaba pesado.

Cansado.

Pero no como después de una batalla.

No.

Era otro tipo de cansancio.

Uno que no venía de los músculos…

Sino de algo más profundo.

Parpadeó lentamente.

El recuerdo no llegó completo.

No como una imagen clara.

Sino como fragmentos.

Sensaciones.

El sonido…

El rojo…

La voz…

Su mano se movió ligeramente hacia su rostro.

Su ojo izquierdo.

No dolía.

Pero…

Se sentía extraño.

Como si aún latiera algo ahí dentro.

Cerró los ojos un segundo.

Y suspiró.

—…Otra vez.

Su voz era baja.

Vacía.

Se incorporó lentamente.

El sofá crujió suavemente.

Miró alrededor.

Todos seguían ahí.

Dormidos.

Desordenados.

Vulnerables.

Kim en una esquina, medio cubierta con una manta.

Minho recargado en la pared.

Airi y Won-ho cerca uno del otro.

Sasha y Leo más apartados.

Xia… despierta, pero con los ojos cerrados, fingiendo descanso.

Y Alya…

Aún sentada.

Con la espalda apoyada.

Y la cabeza ligeramente inclinada hacia Dark.

Dormida.

Dark la observó unos segundos.

En silencio.

Había algo… extraño en esa escena.

Algo que no encajaba con lo que había visto.

Con lo que había sentido.

—…Qué raro.

Susurró.

Se levantó con cuidado.

Sin hacer ruido.

Como si temiera romper algo.

No en el ambiente.

Sino en sí mismo.

Caminó hacia la puerta.

La abrió.

Y salió.

El aire frío de la mañana lo recibió.

Limpio.

Fresco.

Real.

El exterior estaba en calma.

El cielo, despejado.

Los árboles apenas se movían.

El mundo… seguía siendo el mundo.

Y eso—

Por alguna razón—

Le molestó un poco.

Se sentó en el pequeño escalón frente a la casa.

Apoyó los codos en las rodillas.

Y dejó caer la mirada.

Silencio.

Un pequeño sonido rompió la quietud.

Pasos suaves.

Ligeros.

Conocidos.

Moka apareció.

La pequeña gata caminó lentamente hasta él.

Se detuvo.

Lo observó.

Como si evaluara algo.

Como si entendiera más de lo que debería.

Dark la miró de reojo.

—…Buenos días.

Moka no respondió.

Solo se acercó más.

Y, sin dudar—

Saltó a su regazo.

Se acomodó.

Se hizo bolita.

Dark dejó escapar un leve suspiro.

Y, casi por inercia—

Comenzó a acariciarla.

Lento.

Ausente.

—Ojalá fuera tan simple.

Murmuró.

Sus dedos se detuvieron un momento.

—Comer… dormir… existir.

Una pausa.

—Sin pensar en nada más.

Moka levantó ligeramente la cabeza.

Lo miró.

Dark soltó una pequeña risa.

Sin humor.

—Sí, ya sé… suena estúpido.

Volvió a acariciarla.

Miró al frente.

A la calle.

Vacía.

Tranquila.

—Ayer casi muero.

Lo dijo como si fuera cualquier cosa.

—Otra vez.

Silencio.

—Y lo peor…

Sus dedos se tensaron ligeramente sobre el pelaje de Moka.

—…es que ya ni siquiera me sorprende.

El viento sopló suavemente.

Moviendo su cabello.

Secando algo invisible.

—¿Sabes qué es lo raro?

Continuó.

—No tengo miedo de morir.

Una pausa.

—Creo que eso debería preocuparme más que todo lo demás. Y peor aún tengo la certeza de que podría pasar como en el santuario de Matusalen si muero alguien me hará volver.

Moka cerró los ojos.

Tranquila.

Como si nada importara.

Dark la observó.

—Pero sí tengo miedo de algo.

Su voz bajó aún más.

—De no entender por qué sigo aquí.

Silencio.

—De que todo esto…

Levantó la mirada.

Hacia el cielo.

—No tenga sentido.

Su ojo izquierdo tembló levemente.

Un reflejo casi imperceptible.

—Dicen que todos tienen un propósito.

Sonrió ligeramente.

—Suena bonito.

Una pausa.

—Pero también suena… inventado.

Acarició a Moka con más suavidad.

—Si realmente hay algo que decide todo esto…

Su mirada se endureció un poco.

—Entonces tiene un sentido del humor horrible.

El silencio volvió.

Pero no era vacío.

Era… denso.

—Aun así…

Respiró profundo.

—Supongo que seguiré.

Bajó la mirada.

Más tranquilo.

Más… firme.

—No porque crea en algo.

Negó ligeramente con la cabeza.

—Sino porque…

Miró hacia la puerta de la casa.

Donde todos seguían dentro.

—Ellos están ahí.

Silencio.

—Y eso…

Cerró los ojos un segundo.

—Es suficiente.

Moka ronroneó suavemente.

Por primera vez desde que despertó—

Dark…

Se sintió en paz.

Pero no era una paz real.

Era el tipo de paz…

Que existe justo antes de que todo empeore.

*

Entré.

Sin hacer ruido.

O al menos eso intenté.

La puerta crujió un poco.

Genial.

Di un paso dentro de la casa y me quedé quieto.

Observando.

Procesando.

Había…

Demasiada gente.

—…¿Qué…?

Parpadeé.

Una vez.

Dos veces.

Nada cambió.

Seguían ahí.

Todos.

En mi casa.

Kim estaba despierta, sentada en el suelo revisando su teléfono como si nada.

Minho parecía medio muerto apoyado contra la pared.

Airi hablaba en voz baja con Won-ho.

Leo estaba incómodo, como si no supiera dónde poner las manos.

Sasha…

Bueno.

Sasha me vio.

Y sonrió.

Otra vez.

Suspiré.

—Claro… esto está pasando.

Avancé unos pasos.

Y entonces la vi.

Alya estaba en la cocina.

De espaldas.

Moviéndose con total naturalidad.

Como si esa fuera su casa.

Como si siempre hubiera sido así.

—Buenos días.

Dije, sin mucha energía.

Ella se giró lentamente.

Me miró.

Sonrió.

Y en menos de un segundo—

Su expresión cambió.

—Dark.

Silencio.

—¿Dónde estabas?

…Ah.

Me rasqué la cabeza.

—Afuera.

Error.

—¿Afuera?

Repitió.

Caminó hacia mí.

Paso firme.

—¿Después de todo lo que pasó anoche?

Retrocedí medio paso.

Instinto.

—Solo salí a tomar aire…

—¿Y si te pasaba algo?

—No me pasó nada.

—¡Pero pudo pasarte!

Bien.

Ya empezamos.

—Estoy bien.

Levanté un poco las manos.

—Mira, sigo vivo.

Silencio.

—Ese es exactamente el problema.

…Ok, eso fue inesperado.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

Alya suspiró.

Se llevó una mano a la frente.

—Que siempre “sigues vivo” por poco.

No respondí.

Porque tenía razón.

Y eso era molesto.

—En fin.

Dijo girándose de nuevo hacia la cocina.

—Estoy preparando algo de desayunar.

Me recargué en la pared.

—¿Con qué?

Silencio.

Silencio incómodo.

Alya giró lentamente la cabeza.

Muy lentamente.

Demasiado lentamente.

—¿Cómo que con qué?

Tragué saliva.

—Pues… eso…

—Dark.

Su voz bajó.

—¿Qué hay en tu despensa?

Miré al techo.

Pensando.

Analizando.

Buscando una respuesta que no me metiera en problemas.

—…Aire.

Silencio absoluto.

Kim empezó a reír.

Fuerte.

Sin control.

—¡JAJAJAJAJA! ¡Sabía que dirías eso!

Alya no se rió.

Ni un poco.

—Dark.

—Sí.

—¿Dónde está el dinero que te di para comprar comida?

Miré hacia otro lado.

—Invertido.

—…¿En qué?

Silencio.

—Dark.

—En libros.

…

Silencio.

Sentí la mirada de todos sobre mí.

—¿Otra vez?

—Mira—

Levanté un dedo.

—Si ya sabes cómo soy, ¿para qué me das dinero?

Error crítico.

—¿PERDÓN?

Di un paso atrás.

—¡Era para que comieras!

—¡Los libros también alimentan!

—¡NO DE ESA FORMA!

Kim estaba llorando de risa en el suelo.

—¡Es increíble! ¡De verdad no aprende!

—¡TÚ CÁLLATE!

Gritamos Alya y yo al mismo tiempo.

Kim levantó las manos.

—Ok, ok… continúen.

Suspiré.

—No me voy a morir por no desayunar.

Alya me miró.

Seria.

Muy seria.

—Ayer casi mueres.

…Otra vez.

Bajé la mirada.

—…Ya sé.

“si supieran” —pense.

Silencio.

—Y aun así—

Continuó.

—No te cuidas.

No respondí.

Porque no tenía una respuesta que no sonara estúpida.

Alya suspiró.

Más tranquila.

Pero no menos molesta.

—Voy a cocinar con lo que encuentre.

Miró alrededor.

—Aunque no haya nada.

Me encogí de hombros.

—Suerte con eso.

Kim volvió a reír.

—Esto es mejor que cualquier serie.

Me dejé caer en una silla.

Cansado.

—Oye.

Dijo Sasha acercándose un poco.

—Si quieres… yo puedo ayudarte a conseguir comida.

La miré.

—Estoy bien.

Sonrió.

—No parece.

…Touché.

—Estoy acostumbrado.

Ella frunció ligeramente el ceño.

Pero no dijo nada más.

Miré a todos.

A la casa.

Al caos.

—De verdad…

Suspiré.

—¿Por qué hay tanta gente aquí?

—Porque casi mueres.

Dijo Minho sin abrir los ojos.

—Otra vez.

Añadió Kim.

—Y porque somos tus amigos.

Dijo Airi con suavidad.

—Y porque ahora somos parte de esto.

Agregó Leo, algo nervioso.

—Y porque quiero estar contigo.

Dijo Sasha.

Silencio.

Parpadeé.

—…Ok.

Miré al techo.

—Eso no lo hace menos raro.

Escuché a Alya moverse en la cocina.

El sonido de cosas siendo… improvisadas.

Cerré los ojos un segundo.

—Supongo…

Murmuré.

—Que esto es mejor que estar solo.

Nadie respondió.

Pero no hacía falta.

Porque por primera vez en mucho tiempo—

Mi casa…

Se sentía viva.

Y eso…

Era aterrador.

Pero también…

Un poco reconfortante.

No sé cómo lo hizo.

De verdad.

No lo entiendo.

Pero había comida.

Miré la mesa.

Luego miré a Alya.

Luego volví a mirar la mesa.

—…¿De dónde salió todo esto?

Alya no levantó la mirada.

Seguía acomodando platos como si nada.

—Magia.

Kim soltó una risa.

—Traducción: encontró cosas escondidas que ni tú sabías que existían.

Fruncí el ceño.

—Eso es imposible.

Alya dejó un plato frente a mí.

—Tenías arroz.

—No recuerdo haber comprado arroz.

—Porque no lo compraste.

Silencio.

—…Eso no responde nada.

—También encontré huevos.

—Ok, eso es más raro.

—Y pan.

—Definitivamente eso no es mío.

Kim apoyó el codo en la mesa.

—Conclusión: tu casa genera comida espontáneamente porque le da lástima su dueño.

—Cállate.

Me senté.

Miré el plato.

Se veía… bien.

—No está envenenado, ¿verdad?

Alya me miró.

Sonrió.

—¿Quieres averiguarlo?

—…Voy a confiar en ti.

Tomé el tenedor.

Probé un poco.

…

—…Está bueno.

Silencio.

Kim me miró.

—¿Eso es un halago?

—Es lo más cercano que vas a escuchar.

Alya rodó los ojos.

Pero sonrió levemente.

Todos comenzaron a comer.

Y por un momento—

Solo hubo eso.

El sonido de los cubiertos.

Respiraciones más tranquilas.

El caos… en pausa.

—Oigan.

Dijo Leo, algo tenso.

—Sobre lo de ayer…

Todos levantaron ligeramente la mirada.

—Nosotros…

Continuó, mirando a Sasha.

—No vamos a decir nada.

Sasha asintió rápidamente.

—Lo prometemos.

Silencio.

Kim dejó el tenedor.

—Más les vale.

El tono cambió.

Ligero.

Pero firme.

—No es un juego.

Agregó.

—Si alguien más se entera… no solo nosotros estamos en problemas.

—Lo sabemos.

Dijo Leo.

—De verdad.

Airi intervino con suavidad.

—No es solo por nosotros.

—Es por ustedes también.

Sasha bajó un poco la mirada.

Pero no retrocedió.

—No somos idiotas.

Dijo.

—Sabemos lo que vimos.

La miré.

Un segundo.

—Eso espero.

Ella sostuvo mi mirada.

Y sonrió apenas.

—Entonces estamos bien.

…No sabía si eso me tranquilizaba o me preocupaba más.

—Hay otra cosa.

Dijo Minho.

—En la escuela.

—Compórtense normal.

Añadió Kim.

—Nada de hablar de esto.

Nada de preguntas raras.

Nada de seguirnos sin avisar.

—Eso fue una vez.

Murmuró Sasha.

—Y casi mueren.

Respondí.

Silencio.

—Tienen razón.

Dijo Leo finalmente.

—Seremos discretos.

Asentí.

—Bien.

Volví a comer.

—Por cierto.

Dijo Kim de repente.

—¿Vamos a ir a la escuela como si nada?

—Sí.

Respondí.

—Porque para todos los demás…

Levanté ligeramente la mirada.

—Nada pasó.

Silencio.

—Eso es… raro.

Dijo Airi.

—Bienvenida a mi vida.

Kim suspiró.

—Después de todo esto… tenemos examen.

—Prioridades.

Murmuré.

—¡Oye!

Una risa ligera recorrió la mesa.

Alya se cruzó de brazos.

—Después de clases vienes directo a casa.

—¿A cuál?

—A la tuya.

—Sigue siendo raro que hables como si vivieras aquí.

—Porque prácticamente lo hago.

…No podía discutir eso.

—Y no gastes dinero.

—No tengo.

—MEJOR.

Kim volvió a reír.

—Esto es oro.

Terminé de comer.

Me recargué en la silla.

—Bueno.

Suspiré.

—Supongo que es hora de volver a la “vida normal”.

—Si es que eso existe.

Murmuró Minho.

Me levanté.

—Vamos.

Todos comenzaron a moverse.

Preparándose.

Mochilas.

Ropa.

Conversaciones pequeñas.

Caos organizado.

Me detuve un segundo antes de salir.

Miré la casa.

Seguía siendo la misma.

Pero no se sentía igual.

—…Tch.

Abrí la puerta.

El día nos esperaba.

Y por alguna razón—

Eso me preocupaba más que la noche.

La escuela se veía igual.

Exactamente igual.

Los mismos pasillos.

Las mismas voces.

Las mismas risas.

Como si nada hubiera pasado.

Caminé en silencio.

Con las manos en los bolsillos.

Observando.

Era extraño.

Muy extraño.

Ayer casi morimos.

Otra vez.

Y hoy…

—¡Dark!

Cerré los ojos un segundo.

—…Aquí vamos otra vez.

Sasha apareció a mi lado.

Sonriendo.

Demasiado cerca.

—Buenos días.

—Buenos.

Respondí sin mirarla.

—¿Dormiste bien?

—Lo suficiente.

—¿Sigues vivo?

La miré.

—Lamentablemente.

Sonrió.

—Qué bueno.

…No sabía si eso era sarcasmo o no.

Seguimos caminando.

Sentía miradas.

De otros estudiantes.

De gente que no sabía nada.

Y eso…

Por alguna razón…

Me molestaba.

—Relájate.

Dijo Kim detrás de mí.

—Se te nota en la cara.

—¿Qué cosa?

—Que quieres golpear a alguien.

—No es cierto.

—Sí es cierto.

—Solo estoy pensando.

—Peor.

Suspiré.

Entramos al salón.

Todo normal.

Demasiado normal.

Me senté en mi lugar.

Apoyé la cabeza en la mano.

El profesor aún no llegaba.

Ruido.

Conversaciones.

Sillas moviéndose.

Vida.

—Oye.

Levanté un poco la mirada.

Sasha.

Otra vez.

—¿Qué?

Se inclinó un poco hacia mí.

—Ayer…

Bajó la voz.

—Lo que vi…

—No hables de eso aquí.

Silencio.

Ella me miró.

Seria esta vez.

—No tengo miedo.

La observé unos segundos.

—Eso es lo preocupante.

Frunció ligeramente el ceño.

—No soy débil.

—No dije que lo fueras.

—Entonces deja de tratarme como si no pudiera con esto.

Silencio.

—No se trata de poder.

Dije finalmente.

—Se trata de sobrevivir.

Sus ojos no se apartaron de los míos.

—Entonces enséñame.

…

—No.

Parpadeó.

—¿Por qué?

—Porque no es algo que quieras aprender.

Silencio.

Antes de que pudiera responder—

—Buenos días.

El profesor entró.

Clase.

Rutina.

Explicaciones que no escuché.

Números.

Palabras.

Nada importante.

Mi mente no estaba ahí.

Se iba.

Venía.

Se rompía en fragmentos.

Rojo.

Parpadeé.

—Dark.

—¿Qué?

Kim me miraba.

—Te quedaste viendo al vacío otra vez.

—Estoy bien.

Mentira.

—Claro.

Volví a mirar al frente.

El pizarrón.

Pero por un segundo—

No fue un pizarrón.

Fue…

Un reflejo.

Rojo.

Sangre.

Cerré los ojos.

—…Tch.

—¿Te pasa algo?

Susurró Airi.

—No.

—No parece.

—Estoy bien.

Silencio.

No insistió.

Agradecí eso.

El resto de las clases pasaron igual.

Lentas.

Pesadas.

Irreales.

En el receso—

Me alejé.

Del ruido.

De todos.

Subí a la azotea.

Vacía.

Como siempre.

Me recargué en la reja.

Miré la ciudad.

—…Esto no es normal.

Mi voz fue apenas un susurro.

—Y lo sabes.

Silencio.

Pero no estaba solo.

—Nunca lo ha sido.

Giré ligeramente la cabeza.

Xia.

Apoyada contra la pared.

—Pensé que te habías ido.

—Pensé que querías estar solo.

—Sí.

—Entonces me quedaré.

…Lógica cuestionable.

—¿Qué quieres?

—Ver cómo te rompes.

La miré.

—Honesta.

—Siempre.

Silencio.

—Ayer…

Dijo.

—No era solo poder.

—Lo sé.

—Te está consumiendo.

No respondí.

Porque lo sabía.

—Y aun así no te detienes.

—No puedo.

—Sí puedes.

Negué ligeramente.

—No.

La miré.

—No cuando ellos están en medio.

Xia siguió mi mirada.

Hacia abajo.

Hacia la escuela.

Hacia todos.

—Eres un idiota.

—Lo sé.

Silencio.

—Pero es tu decisión.

—Siempre lo ha sido.

Se separó de la pared.

—Solo no esperes salir intacto.

—Nunca lo he hecho.

Xia sonrió levemente.

—Bien.

Se dio la vuelta.

—Entonces deja de fingir que esto es normal.

Se fue.

Me quedé solo.

Mirando la ciudad.

Respirando.

Pensando.

—…Normal.

Solté una pequeña risa.

—Ojalá.

El viento sopló.

Y por un segundo—

Sentí algo.

Lejano.

Oscuro.

Como un eco.

—…

Fruncí el ceño.

—Esta ciudad…

Cerré los ojos.

—…no está en silencio.

El día de Balerin siempre era distinto.

No por lo que se veía.

Sino por lo que se sentía.

Al caer la noche, la ciudad se volvió más silenciosa.

Más… contenida.

Las luces seguían ahí.

Las personas también.

Pero algo cambiaba.

Como si el mundo recordara que no todo pertenece a la luz.

Caminé sin prisa.

Sin pensar demasiado en a dónde iba.

Solo… avanzaba.

El aire era frío.

Pero no incómodo.

Era… tranquilo.

Cuando levanté la mirada, ya estaba ahí.

La iglesia de Balerin.

Frente a ella, al otro lado de la plaza, la iglesia de Aurora. Y en los otros puntos carriles la diosa Deris y la diosa Sof como hace unos cuantos días.

Todas opuestas.

Todas necesarias.

Y en el centro…

La fuente.

El agua fluía en silencio.

Reflejando la luz de las tres lunas.

Me detuve un momento.

—…Tch.

Ni siquiera sabía por qué había venido.

No era devoto.

No creía en nada.

Y aun así…

Entré.

El ambiente era distinto.

Más denso.

Pero no pesado.

Velas.

Sombras.

Susurros apagados.

Y entonces…

El canto.

No era fuerte.

No era imponente.

Era… profundo.

Como si no viniera de las voces…

Sino de algo más antiguo.

Oh Balerin, guardiana del velo eterno…

madre de la noche sin final…

Me detuve.

Algo en esa melodía…

…dolía.

Tu manto cubre el mundo tembloroso…

y en tu sombra el alma halla su hogar…

Cerre los ojos.

Y entonces—

No vi nada.

Pero sentí.

Un aroma.

Jazmín.

Suave.

Lejano.

Una voz.

Femenina.

Cantando…

La misma melodía.

La letra era diferente.

Pero…

Era esa melodía.

Tan única.

Tan celestial.

Pero…

Más cálida.

Más cercana.

Más… real.

Mi pecho se tensó.

No entendía por qué.

No recordaba nada.

Pero…

Dolía.

En tu silencio habita la verdad…

en tu oscuridad no existe el error…

Mi respiración se volvió irregular.

Algo en mí…

Quería recordar.

Algo en mí…

No debía hacerlo.

Apreté los puños.

—…¿Qué es esto…?

Las voces seguían.

Recíbenos, oh diosa de la luna…

en tu abrazo frío y maternal…

Frío.

Pero…

No era frío.

Era…

Paz.

Abrí los ojos lentamente.

Todo estaba igual.

Pero ya no se sentía igual.

El ruido en mi cabeza…

Había desaparecido.

El dolor…

También.

—…

Exhalé.

—…Qué extraño.

Me di la vuelta.

Y salí.

El aire de la noche me recibió de nuevo.

Las tres lunas brillaban en el cielo.

La ciudad seguía ahí.

Pero algo…

Había cambiado.

—Esta ciudad…

Murmuré.

—…guarda ecos de cosas que deberían estar muertas.

—Lo sé.

Me detuve.

Alya.

No preguntó nada.

No hizo falta.

Solo…

Se acercó.

Y me abrazó.

Su calor contrastaba con la noche.

Real.

Presente.

—Estás temblando.

—No.

—Mentira.

No insistió.

Solo me sostuvo un poco más.

Y por primera vez en mucho tiempo…

No pensé en nada.

En ningún momento.

En ningún miedo.

En ningún futuro.

Solo…

Existía.

A unos metros de nosotros—

En lo alto del campanario.

Una figura observaba.

Silenciosa.

Inmóvil.

—…

Eclipse

Sus ojos no se apartaban de él.

Ni un segundo.

Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

Plateada.

Brillante bajo la luz de las lunas.

—…Aún la recuerdas.

Su voz fue apenas un susurro.

—Aunque no sepas por qué.

Cerró los ojos un instante.

El canto…

Aún resonaba.

Pero diferente.

Siempre diferente.

—Yo soy la única que conoce la verdadera letra.

Su expresión cambió.

Ya no había duda.

Solo determinación.

Fría.

Absoluta.

—Y esta vez…

Abrió los ojos.

—No cometeré el mismo error.

El viento sopló.

Y su figura se desvaneció entre sombras. De cuervos y rosas negras.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Abajo—

Yo seguía de pie.

Sin saber…

Que ese canto…

No era un himno.

Era un recuerdo.

Y tampoco sabía…

Que alguien ya había decidido…

Qué haría conmigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo