Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs) - Capítulo 66

  1. Inicio
  2. Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs)
  3. Capítulo 66 - Capítulo 66: Capítulo 64 – El tercer hilo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 66: Capítulo 64 – El tercer hilo

La lluvia caía sin descanso.

No era una lluvia suave ni reconfortante… era pesada, fría, como si el cielo escupiera todo su desprecio sobre la tierra.

El barro se mezclaba con el agua formando una masa espesa que se pegaba a la piel, que arrastraba todo hacia abajo… como si quisiera tragarse al mundo entero.

En medio de ese paisaje, una niña yacía inmóvil.

Pequeña. Frágil.

Su cuerpo temblaba ligeramente, cubierto de lodo. Su cabello negro, corto hasta los hombros, estaba completamente empapado, pegado a su rostro. Sus ojos marrón claro apenas lograban mantenerse abiertos.

Respiraba con dificultad.

Cada inhalación era un esfuerzo.

Cada exhalación… una derrota.

Intentó moverse.

No pudo.

Sus dedos se hundieron en el barro, sin fuerza, sin dirección.

La lluvia golpeaba su rostro una y otra vez, obligándola a cerrar los ojos… pero no podía permitirse hacerlo.

No otra vez.

No quedarse dormida.

No ahí.

Un trueno desgarró el cielo.

Y por un instante, la luz iluminó su mirada.

Vacía… pero no rota.

Aún no.

El sonido de la lluvia cambió.

Se volvió más tenue.

Más lejano.

Más… irreal.

Valery abrió los ojos de golpe.

Un jadeo seco escapó de sus labios mientras se incorporaba con brusquedad, llevándose una mano al costado.

—Tch… maldita sea…

Su respiración era irregular. Dolía. Todo dolía.

Se llevó la mano al rostro… y lentamente se quitó la máscara.

Su expresión estaba tensa, sus dientes apretados.

—Esa maldita niebla…

Escupió un poco de sangre al suelo.

—…me dejó peor de lo que pensé.

—¿“Peor de lo que pensaste”? Nah, te dejaron hecha mierda.

La voz llegó desde atrás, relajada… burlona.

Valery ni siquiera se giró.

—Llegas tarde.

—Llegué cuando valía la pena venir —respondió él, riendo por lo bajo.

Gael salió de entre las sombras con las manos en los bolsillos, observándola de arriba abajo con una sonrisa ladeada.

—Mira nada más… la gran Valery… derrotada por una “iluminada de bajo rango”.

Valery chasqueó la lengua.

—Cállate.

—¿Te dolió? —insistió él, acercándose—. Porque se nota.

Ella no respondió.

Gael suspiró, agachándose frente a ella.

—A ver…

Tomó un paño y comenzó a limpiar la sangre de su rostro con sorprendente cuidado.

—Siempre haces lo mismo… te emocionas y luego terminas hecha pedazos.

—No me emocioné.

—Ah, ¿no?

Él alzó una ceja, claramente divertido.

—Entonces explícame por qué tienes esa cara.

Valery guardó silencio unos segundos.

Demasiados.

Gael lo notó de inmediato.

—…Ah, cabrón.

Se inclinó un poco más, observándola con atención.

—Esa no es tu cara de enojo.

Sonrió, burlón.

—Esa es tu cara de “algo me llamó la atención”.

Valery frunció levemente el ceño.

—No digas estupideces.

—No, no, no… —negó con el dedo, divertido—. Te conozco demasiado bien.

Se cruzó de brazos.

—¿Quién fue?

Ella desvió la mirada.

—El objetivo.

Gael parpadeó.

—¿El objetivo?

—Sí.

El tono de Valery cambió.

Más bajo.

Más… extraño.

—Hay algo en él.

El silencio se hizo pesado.

—No es normal.

Gael dejó de sonreír.

—…Explícate.

Valery apretó ligeramente los puños.

—No es solo poder… ni presencia…

Su voz se volvió más lenta.

—Es como si… todo a su alrededor estuviera… mal colocado.

—¿Mal colocado?

—Como si no perteneciera a este mundo… —murmuró—. Como si algo más… lo estuviera observando desde dentro.

Gael la miró fijamente.

Ya no había burla en su rostro.

—…

Se llevó una mano al mentón, pensativo.

—En mi país… —dijo finalmente—, las culturas antiguas tenían una forma de describir cosas así.

Valery lo miró de reojo.

—¿Ah sí?

—Sí.

Gael levantó la mirada hacia el cielo, como si recordara algo lejano.

—Cuando algo no era humano… pero tampoco completamente divino…

Hizo una pausa.

—Lo llamaban… dios.

El aire pareció volverse más frío.

—Pero no un dios cualquiera —continuó—. No de esos que protegen o guían.

Sus ojos volvieron a Valery.

—Sino de los otros.

Valery entrecerró los ojos.

—¿Los otros?

Gael sonrió… pero esta vez no era una sonrisa alegre.

Era algo más oscuro.

—Los que existen para romper el orden.

El silencio cayó entre ambos.

Pesado.

Incómodo.

—Y no solo él… —añadió finalmente—.

Valery no dijo nada.

Pero su mirada lo decía todo.

Gael soltó un suspiro.

—El titiritero también entra en esa categoría.

El viento sopló entre los edificios rotos.

La lluvia había cesado.

Pero algo peor… comenzaba a sentirse.

—Je… —murmuró Gael—.

Miró a Valery con una chispa de emoción en los ojos.

—Creo que nos metimos en algo mucho más grande de lo que pensábamos.

Valery, aún herida… sonrió levemente.

No de dolor.

No de burla.

Sino de anticipación.

—Eso lo hace interesante.

*

El aire aún olía a metal y polvo.

Apenas habíamos salido del almacén y el mundo parecía… demasiado normal.

Demasiado tranquilo.

Como si nada de lo que acababa de pasar hubiera ocurrido.

Caminábamos por calles medio vacías, buscando una avenida donde pudiéramos tomar un taxi de regreso a la ciudad. Al frente, Kim iba riendo a carcajadas mientras discutía con Minho y Won ho sobre quién había hecho el movimiento más “épico” durante la pelea. Airi los seguía, grabando todo como si fuera un documental.

Sasha y Leo caminaban con ellos… aún nerviosos, pero intentando encajar.

Yo iba un poco más atrás.

Y no era el único.

—…

Xia caminaba a mi lado.

O al menos… lo intentaba.

Su paso era más lento.

Más pesado.

Lo disimulaba bien… demasiado bien para alguien que no la conociera.

Pero yo sí.

—Oye.

Ella no respondió.

—Xia.

—¿Qué pasa?

Su tono fue firme, casi molesto.

Ni siquiera me miró.

Suspiré.

—Deja de fingir.

Se detuvo en seco por un instante… pero volvió a caminar como si nada.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

Me coloqué frente a ella, obligándola a detenerse.

Sus ojos se clavaron en los míos, desafiantes.

—Estoy bien.

—No lo estás.

Silencio.

El viento movió ligeramente su cabello.

—…

Chasqueó la lengua.

—Solo estoy un poco cansada.

—Casi te desmayas hace unos minutos.

—Pero no lo hice.

—Xia…

Ella desvió la mirada.

—No necesito ayuda.

La observé unos segundos.

Luego, sin pedir permiso… tomé su brazo y lo pasé por mis hombros.

—Pues la tienes de todos modos.

—¡Oye—!

Intentó zafarse… pero apenas dio un paso, su cuerpo cedió ligeramente.

Se quedó en silencio.

—…

—Solo… no te caigas —murmuré.

Esta vez… no protestó.

Seguimos caminando así.

Más despacio.

Más cerca.

El sonido de las risas al frente se mezclaba con el eco lejano de la ciudad.

—…

—Oye, Dark.

—¿Mmm?

—¿Tú crees en el destino?

La pregunta me tomó por sorpresa.

Miré al frente.

Luego al cielo.

—No lo sé.

—¿No lo sabes?

Negué suavemente.

—Si existe… es una mierda.

Xia soltó una leve risa.

—Vaya forma de decirlo.

—Es en serio.

Apreté un poco el paso, ajustando su peso.

—Si todo está escrito… entonces todo esto…

Miré mis manos.

—No importa lo que haga.

—Claro que importa.

Su voz fue inmediata.

Firme.

Giré ligeramente hacia ella.

Sus ojos… brillaban.

—El destino no es una cadena, Dark.

—Entonces, ¿qué es?

—Es… un punto de partida.

Fruncí el ceño.

—Suena bonito… pero no responde nada.

—Lo hace.

Se acomodó un poco más cerca de mí.

—Puedes tener un destino… pero cómo llegas a él… eso es lo que realmente importa.

Guardé silencio.

—…

—Y si tu destino es algo horrible… —continuó—, entonces lo cambiarás.

—¿Y si no puedo?

—Entonces lo romperás.

La miré.

—¿Y si tampoco puedo?

Xia sonrió.

No era una sonrisa alegre.

Era… decidida.

—Entonces lo haré yo.

Sentí cómo su peso se apoyaba un poco más en mí.

—No importa lo que pase, Dark…

Su voz bajó ligeramente.

—Voy a estar a tu lado.

El viento sopló entre nosotros.

—Aunque tenga que ir contra todo.

—Aunque tenga que romperlo todo.

—Aunque tenga que destruirme en el proceso.

Apreté los dientes.

—Xia…

—No me importa.

Alzó la mirada hacia mí.

—Eres importante.

—Más de lo que crees.

Desvié la vista.

Al frente… el grupo seguía riendo.

Kim empujó a Won ho.

Airi giró la cámara.

Minho fingía indignarse.

Sasha y Leo… sonreían.

Sonreían de verdad.

—…

Xia siguió mi mirada.

—¿Ves eso?

Asentí.

—Sí.

—Dime algo.

Se acomodó aún más cerca… apoyando ligeramente su cabeza en mi hombro.

—¿Vas a proteger esas sonrisas?

No lo dudé.

—Sí.

Mi voz fue firme.

—Con mi vida.

—¿Solo con tu vida?

Cerré los ojos un segundo.

—No.

Respiré hondo.

—No es suficiente.

Los abrí de nuevo.

—Si es necesario… moriría una y otra vez por ellos.

Xia no respondió.

Pero sentí… cómo se aferraba un poco más a mí.

—…

Y lo haría…

Mi mirada se volvió más fría por un instante.

Tal como en el santuario de Matusalén…

Si tengo que hacerlo otra vez… lo haré.

—…

—Eres un idiota.

Parpadeé.

—¿Eh?

Xia sonrió levemente, aún recostada en mi hombro.

—Pero… es lo que esperaba que dijeras.

—No sé si eso es algo bueno.

—Lo es.

Caminamos en silencio unos momentos.

Su cercanía… era extraña.

Cálida.

Tranquila.

Pero también… confusa.

—Oye, Xia.

—¿Mmm?

—¿Por qué estás tan… cerca?

Silencio.

—…

—¿Te molesta?

—No es eso, solo…

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

Ella soltó una pequeña risa.

—No tienes que entenderlo.

—Eso no ayuda.

—Lo sé.

Cerró los ojos ligeramente.

—Solo… déjalo así.

—…

Suspiré.

—Eres rara.

—Y tú lento.

—Oye—

Ella sonrió.

Y por un momento…

Todo se sintió en calma.

Pero en el fondo…

Muy en el fondo…

Algo seguía moviéndose.

Algo invisible.

Algo que… apenas comenzaba a tejerse.

El tercer hilo.

No sé en qué momento el ambiente cambió.

Pero lo hizo.

Primero… fue el viento.

Más frío.

Más pesado.

Luego… el cielo.

Las nubes comenzaron a cerrarse sobre nosotros como si alguien estuviera apagando la luz del mundo.

—Oigan… —murmuró Airi desde adelante— ¿no estaba despejado hace un momento?

Levanté la mirada.

Tenía razón.

—…

Una gota cayó sobre mi mejilla.

Fría.

Normal.

—Va a llover —dijo Minho—, será mejor—

Otra gota.

Y otra.

Y otra.

En cuestión de segundos, la lluvia comenzó a caer con fuerza.

—Genial… —bufó Kim— justo lo que—

—…

Un sonido.

Un chisporroteo.

—¿Escucharon eso? —preguntó Leo.

Entonces lo vi.

El suelo.

Donde caían las gotas… el concreto comenzaba a burbujear.

—…

—…espera.

Mi voz salió más baja de lo normal.

—No…

Xia se tensó de inmediato a mi lado.

—Aléjense del agua.

—¿Eh? —Sasha frunció el ceño— ¿por qué—

Una gota cayó sobre una lámina metálica cercana.

SSSSSSSSS

El metal se corroyó al instante.

El aire se llenó de un olor químico, agresivo.

—…

—Corran.

Mi voz fue seca.

—¡CORRAN!

—¡¿QUÉ MIERDA ES ESO?! —gritó Won ho.

—¡Ácido! —respondió Xia— ¡Es lluvia ácida!

Pero no era normal.

No podía serlo.

La intensidad.

La velocidad con la que destruía todo…

Esto no era natural.

—¡POR AQUÍ! —gritó Minho señalando a lo lejos— ¡HAY ESTRUCTURAS!

Xia apretó mi brazo.

—Muévete.

Antes de que pudiera reaccionar… dio un paso al frente y se colocó frente a mí.

—¿Qué haces?

—Cállate y sígueme.

El viento comenzó a girar a su alrededor.

Un aura tenue… azul y plateada.

Sus ojos.

Habían cambiado.

—No estás en condiciones—

—No me importa.

Extendió su mano… y una corriente de viento se elevó sobre nosotros, desviando parte de la lluvia.

Pero no toda.

Algunas gotas atravesaban.

Y cada una que tocaba el suelo… lo destruía.

—…

—¡Dense prisa! —gritó Kim, cubriéndose con llamas azules que evaporaban las gotas antes de tocarla.

Airi disparaba ráfagas de energía para dispersar la lluvia cercana.

Minho levantaba fragmentos de roca como escudos improvisados.

Won ho… simplemente avanzaba, cubriendo a Leo y Sasha con su cuerpo.

—¡A la izquierda! —gritó Xia.

Corrimos.

El mundo se volvió ruido.

Ácido cayendo.

Metal derritiéndose.

Pasos apresurados.

Respiraciones agitadas.

—…

A lo lejos… estructuras.

Ruinas.

Una fábrica abandonada.

—¡AHÍ! —grité.

Xia apretó los dientes.

—No te detengas.

Su respiración era irregular.

Su cuerpo… temblaba ligeramente.

—Xia, basta—

—¡DIJE QUE SIGAS!

El viento se intensificó por un instante, abriendo paso entre la lluvia.

Entramos.

Uno por uno.

Atravesando lo que quedaba de una entrada oxidada.

Y entonces…

Silencio.

La lluvia seguía cayendo afuera.

Pero dentro…

No.

—…

—¿Todos están bien? —preguntó Minho, jadeando.

—Sí… —respondió Airi, revisando su cámara por reflejo.

—Carajo… —Won ho escupió al suelo— eso no fue normal.

—No… —murmuré.

No lo fue.

No lo era.

Xia soltó mi brazo.

Dio un paso… y casi cae.

La sostuve antes de que tocara el suelo.

—Te dije que—

—Estoy bien…

Pero no lo estaba.

Su respiración era pesada.

Su energía… inestable.

—…

Un sonido.

Lento.

Seco.

Clap… clap… clap…

Aplaudiendo.

Todos nos giramos al mismo tiempo.

Desde el fondo de la fábrica…

Entre sombras y estructuras oxidadas…

Alguien avanzaba.

—…

Un hombre.

Alto.

Delgado.

Vestía un traje de los tiriteros impecable, negro con bordados cafés que brillaban tenuemente con la poca luz.

Pero había algo más.

La marca. En su máscara.

En el lado izquierdo… una mancha azul marino, irregular, como si la realidad misma se hubiera derramado sobre su cuerpo.

Y en el lado derecho…

Un número.

3

Sus ojos.

Azules.

Fríos.

Vacíos.

—…

Sonrió.

—Vaya…

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

—Sobrevivieron.

Nadie respondió.

El aire… se volvió pesado.

—Supongo que eso los hace… interesantes.

Dio otro paso.

El sonido de sus zapatos resonó en todo el lugar.

—…

—¿Quién eres? —preguntó Minho, colocándose al frente.

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Qué grosero de mi parte.

Llevó una mano a su pecho, haciendo una leve reverencia.

—Johan Brown.

Levantó la mirada.

Y su sonrisa se ensanchó apenas.

—El tercer hilo.

—…

Sentí algo.

Un tirón.

Invisible.

Como si algo… nos estuviera conectando.

A todos.

A él.

Al mundo.

—Sendero de la realidad nivel 3

Johan alzó la mano.

Y por un instante…

La realidad…

Se quebró.

El espacio frente a él se distorsionó como un espejo roto.

—¿Saben? —murmuró— siempre me ha fascinado esto.

Giró ligeramente la muñeca.

El aire se dobló.

El suelo crujió.

—Tomar algo tan… estable.

Y apretó los dedos.

—Y romperlo.

CRACK

El espacio vibró.

—…

—Prepárense —susurró Xia, aún sostenida por mí.

—Este no es como los otros…

Johan sonrió.

Como si hubiera escuchado.

—Oh…

Sus ojos brillaron.

—Me halaga.

Y entonces…

La fábrica entera tembló.

—Veamos cuánto duran…

—…antes de romperse también.

El aire… se volvió inestable.

Como si respirar fuera más difícil.

Como si el mundo… ya no fuera completamente real.

—…

Xia dio un paso al frente.

Aún apoyándose ligeramente en mí.

Pero sus ojos…

Eran fríos.

Calculando.

—Escuchen bien.

Su voz fue firme.

Autoritaria.

Diferente.

—No lo enfrenten como a los otros.

Johan sonrió.

—Oh… ¿ya entendiste?

Xia lo ignoró.

—Airi. Kim. Ataque a distancia.

Ambas asintieron de inmediato.

—Minho. Won ho. Ataque frontal en cuanto haya apertura.

—Entendido —respondieron al mismo tiempo.

—Dark…

La miré.

—No te muevas de ahí.

Su mirada fue directa.

—Protégelos.

Miré a Sasha y Leo detrás de mí.

Temblando.

—…lo haré.

Xia dio un paso más al frente.

—Y nadie… improvisa.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—¡AHORA!

—¡TE DEJARE COMO LA COMISA DE ALYA! —gritó Kim.

Una explosión de llamas iluminó la fábrica.

Al mismo tiempo—

—¡DISPERSIÓN! —Airi alzó ambas manos.

Dos rayos rojos, intensos, atravesaron el aire.

Todo fue rápido.

Preciso.

Perfecto.

—…

Johan no se movió.

Solo…

Sonrió.

—Qué bonito.

Alzó la mano.

Y la realidad…

Se dobló.

Las llamas de Kim…

Se retorcieron en el aire.

Como si fueran tela.

Los rayos de Airi…

Se fragmentaron.

—¿Qué…? —susurró Airi.

—Devuélvanlo.

Johan cerró los dedos.

Y todo cambió de dirección.

—¡CUIDADO! —grité.

—¡MALDICIÓN! —Kim giró su cuerpo, liberando otra explosión para desviar sus propias llamas.

Airi apenas logró moverse.

Los rayos rozaron a Minho—

—¡Tch!

—¡AHORA! —ordenó Xia.

Minho y Won ho ya estaban en movimiento.

—¡VOY! —gritó Won ho.

Su puño descendió con fuerza brutal—

—¡ NO TE OLVIDES DE MI! —Minho levantó una tubo de metal.

Impacto.

O eso parecía.

—…

El espacio frente a Johan…

Se rompió.

Literalmente.

Como un cristal.

El golpe de Won ho desapareció en una grieta.

Y salió—

Detrás.

—¡¿QUÉ—?!

El impacto lo lanzó contra una pared.

—¡WON HO! —gritó Airi.

Minho giró—

Pero el suelo bajo él…

Se convirtió en líquido.

—¡¿Qué demonios?!

Se hundió hasta la rodilla.

Johan caminó lentamente.

—Esto es lo divertido.

Se inclinó ligeramente.

—Ustedes siguen pensando… en reglas.

Chasqueó los dedos.

El suelo volvió a ser sólido.

Atrapando la pierna de Minho.

—Y yo…

Sonrió.

—No tengo ninguna.

—…

—Interesante —murmuró Xia.

Johan la miró.

—Oh… tú sí estás pensando.

Xia no respondió.

Sus ojos se movían.

Rápido.

Midiendo.

Analizando.

—Kim. Airi.

—¿Qué? —respondieron al mismo tiempo.

—No apunten a él.

Silencio.

—¿Qué?

—Apunten… al entorno.

Johan levantó una ceja.

—Oh…

—Ataquen la estructura.

Un segundo después—

—¡ENTENDIDO! —gritó Kim.

—¡A LA ORDEN! —Airi.

Las llamas azules se expandieron por las paredes.

Los rayos rojos impactaron vigas, techos, soportes.

—…

La fábrica comenzó a colapsar.

—Interesante —repitió Johan, sonriendo más.

Alzó ambas manos.

Y el mundo…

Se fragmentó.

Las vigas cayendo…

Se detuvieron en el aire.

Las llamas…

Se congelaron.

Los escombros…

Flotaban.

—…

—¿Ven?

Su voz resonó en todo el lugar.

—Todo… depende de quién escriba la escena.

Apretó el puño.

Y todo cayó.

—¡AL SUELO! —grité.

Me lancé sobre Sasha y Leo.

El impacto sacudió todo.

Polvo.

Metal.

Ruido ensordecedor.

—…

Xia seguía de pie.

Respirando con dificultad.

Pero sonriendo.

—Ya entendí.

Johan la miró.

—¿Ah, sí?

—No controlas la realidad…

Ella levantó la mano.

El viento comenzó a girar.

—La reescribes.

Silencio.

Por primera vez…

Johan no sonrió de inmediato.

—Y eso significa…

Xia dio un paso.

—Que necesitas pensar cada cambio.

El viento se intensificó.

—Y si te obligo a procesar demasiado…

Sus ojos brillaron.

—Te rompes.

—…

Johan soltó una risa baja.

—Me agradas.

El aire explotó.

Literalmente.

Como si la presión hubiera sido comprimida y liberada al mismo tiempo.

—Pero no es suficiente.

Desapareció.

—¡ATRÁS! —gritó Xia.

Demasiado tarde.

Apareció frente a Airi.

—¡NO!

Pero—

Una cuchilla de viento atravesó el aire.

—¡XIA!

La cuchilla pasó a centímetros de Leo y Sasha.

Tan cerca…

Que sentí el corte del aire en mi rostro.

El impacto obligó a Johan a retroceder.

—…

Xia jadeaba.

—Nadie…

—Los toca.

El viento a su alrededor… era salvaje ahora.

Inestable.

Peligroso.

Johan observó la escena.

Luego sonrió.

—Perfecto.

Abrió los brazos.

La realidad volvió a temblar.

—Entonces…

Sus ojos brillaron con locura contenida.

—Rómpanse por mí.

—…

Sentí algo en mi pecho.

Un pulso.

Oscuro.

Familiar.

—…

Algo…

No estaba bien.

El aire ya no se sentía natural.

Era como si cada respiración… tuviera filo.

—Otra vez… —murmuró Xia.

Su voz estaba más tensa.

Más pesada.

—No encaja…

Johan caminaba entre los escombros como si nada.

Las llamas.

El polvo.

El metal retorcido.

Nada lo tocaba.

—Vamos, estratega… —sonrió—. Sorpréndeme.

Xia apretó los dientes.

—Kim, cambia patrón. Ataques intermitentes.

—¡Entendido!

—Airi, no dispares en línea recta. Rebota la trayectoria.

—¡Voy!

—Minho, libera tu pierna.

—¡Ya casi!

—Won ho, prepárate para impacto en cuanto haya apertura.

—¡Listo!

—…

Xia levantó la mano.

El viento comenzó a girar.

Más preciso esta vez.

Más fino.

—Ahora.

—¡RETRIBUCIÓN! —Kim lanzó ráfagas cortas de fuego azul.

—¡DISPERSIÓN! —Airi fragmentó sus rayos en múltiples trayectorias.

Los ataques no iban directo.

Rebotaban.

Se cruzaban.

Cambiaban de dirección.

—…

Johan inclinó la cabeza.

—Mejor.

Alzó dos dedos.

Y la realidad…

Se volvió inestable otra vez.

Los rayos de Airi se transformaron en… vidrio.

Las llamas de Kim en… humo negro.

—¿Qué—? —Airi retrocedió.

—No es suficiente.

Xia no dejó de moverse.

Sus ojos… analizaban todo.

—Otra vez…

Susurró.

—No reacciona igual a todos los cambios…

Johan desapareció.

—¡ATRÁS! —gritó Xia.

Apareció sobre Minho.

—¡MUERE!

—¡NO! —Won ho saltó.

Pero el golpe nunca llegó.

Minho… cayó hacia arriba.

Como si la gravedad hubiera cambiado.

—¡¿QUÉ DEMONIOS?!

Se estrelló contra el techo.

—¡MINHO! —Airi gritó.

—Concéntrense —ordenó Xia, pero su voz tembló apenas—. No pierdan el ritmo.

—…

Yo no me movía.

Sasha estaba temblando detrás de mí.

—Dark… esto no es normal…

—Lo sé…

Pero algo dentro de mí…

No estaba enfocado en el miedo.

Estaba…

Observando.

—…

Xia levantó la mano de nuevo.

—Voy a forzarlo.

—¿Qué? —Kim la miró.

—Si cambia la realidad…

El viento comenzó a comprimirse en su palma.

—Entonces lo obligaré a hacerlo demasiadas veces.

—…

Johan apareció frente a ella.

—Ah…

Sonrió.

—Ahí estás.

Xia lanzó una cuchilla de viento.

No era como las anteriores.

Era más densa.

Más afilada.

Más… letal.

El aire chilló al cortarse.

—…

Johan no se movió.

Solo…

Se dejó caer.

Su cuerpo se hundió en el suelo.

Como si fuera agua.

—¡¿Qué—?!

La cuchilla no se detuvo.

Siguió.

Recta.

Directa.

—…

Hacia nosotros.

—¡SASHA! —grité.

No pensé.

No dudé.

Solo…

Me moví.

Me puse frente a ella.

Y entonces—

—…

El mundo se volvió blanco.

Un segundo.

Un silencio absoluto.

Y luego—

Dolor.

Un dolor brutal.

Agudo.

Frío.

—…ghh…

Sentí algo abrirse en mi rostro.

Como si me hubieran arrancado la piel.

La sangre cayó al suelo.

—¡DARK! —Sasha gritó.

—¡NO! —Xia.

—¡MALDICIÓN! —Kim.

Caí de rodillas.

El mundo giraba.

Pero no era solo dolor…

Había algo más.

Algo…

Despertando.

—…

Johan salió del suelo.

Pero…

No sonreía.

—…

Frunció el ceño.

—Eso…

Sus ojos se clavaron en mí.

—No debía pasar.

Xia apareció frente a mí.

—¡Dark!

Sus manos temblaban.

—Mírame… mírame…

—Estoy… bien…

Mentí.

Claramente.

No lo estaba.

—¡Idiota! —su voz se quebró—. ¿Por qué hiciste eso?

—Porque…

Miré a Sasha.

—…no iba a dejar que muriera.

Silencio.

—…

Algo cambió en la mirada de Xia.

Pero no tuvo tiempo.

—¡CUIDADO! —Airi gritó.

Una viga cayó desde arriba.

Directo hacia ella.

—¡AIRI!

—¡NO!

Todo fue demasiado rápido.

Airi no se movía.

Estaba paralizada.

—¡MUEVETE!

—…no… puedo…

—…

Una explosión azul la apartó.

—¡KIM!

Kim jadeaba.

Su brazo temblaba.

—No… te mueras…

La viga se estrelló donde Airi estaba hace un segundo.

El impacto sacudió todo.

—…

Silencio.

Pesado.

Roto solo por respiraciones agitadas.

—…

Xia se levantó lentamente.

Su expresión…

Había cambiado.

Ya no era solo estrategia.

Era algo más.

—…

Miró a Johan.

Luego…

Me miró a mí.

Mi sangre seguía cayendo.

—…

Y entonces lo entendió.

—…

—No…

Johan la observó.

—Ya casi.

Xia dio un paso.

El viento a su alrededor se volvió más denso.

Más pesado.

—No está jugando con nosotros…

Su voz era baja.

Fría.

—Nos está… usando.

—…

Johan sonrió de nuevo.

—Bien.

Xia levantó la mirada.

—Tú no quieres matarnos.

Silencio.

—…

—Quieres—

Sus ojos brillaron.

—Provocar algo.

El viento rugió.

—En él.

Todos me miraron.

—…

Sentí ese pulso otra vez.

Más fuerte.

Más oscuro.

—…

Johan susurró.

—Exacto.

El silencio después de esa revelación… fue peor que el caos.

Nadie se movía.

Nadie respiraba con normalidad.

—Así que… —murmuró Xia—. Todo esto… es por él.

Sentí todas las miradas sobre mí.

No dije nada.

No podía.

Johan dio un paso al frente.

—Correcto.

Se quitó el polvo del hombro con calma.

—Pero no se preocupen…

Alzó la mirada hacia Minho y Won ho.

—Aún puedo divertirme un poco.

—…

Minho escupió sangre a un lado.

—Ya me hartaste.

Se levantó.

Su postura cambió al instante.

Más firme.

Más pesada.

—Won ho.

—Sí.

Los dos se miraron.

No hacía falta decir más.

—Vamos a romperle la cara.

—…

Johan sonrió.

—Por fin.

No hubo cuenta atrás.

No hubo aviso.

Minho fue el primero en moverse.

—¡YA!

Desapareció en un paso.

Su pie impactó el suelo con fuerza, impulsándose hacia Johan con una patada directa al rostro.

Johan bloqueó.

Pero no con un portal.

Con su brazo.

El impacto sonó seco.

—Buen ángulo —dijo Johan.

Minho giró el cuerpo, enlazando un segundo golpe al torso.

Johan retrocedió medio paso.

—Pero predecible.

—¡CÁLLATE! —Minho lanzó un puñetazo directo.

Johan inclinó la cabeza.

El golpe pasó rozando.

Y respondió.

Un golpe recto al estómago.

—¡GH—!

Minho salió despedido varios metros.

—¡MINHO! —Airi gritó.

—Sigo aquí… —gruñó él, levantándose.

Pero ya no estaba solo.

—Mi turno.

Won ho cayó desde arriba como un meteorito.

—¡AAAAAH!

Su puño impactó el suelo.

La explosión levantó escombros.

Pero—

—Fallaste.

Johan estaba detrás de él.

—¡¿QUÉ?!

Patada lateral.

Directa a las costillas.

—¡GH—!

Won ho rodó por el suelo, dejando una marca en el concreto.

—…

Johan giró el cuello.

—Más.

Minho volvió.

Más rápido.

Más agresivo.

—¡NO TE DETENGAS WON HO!

—¡YA VOY!

Ahora los dos atacaban juntos.

Izquierda.

Derecha.

Arriba.

Abajo.

Una sincronización casi perfecta.

Golpes de Minho precisos.

Los de Won ho… brutales.

—…

Johan comenzó a moverse entre ellos.

No teleportaba.

No distorsionaba tanto la realidad.

Solo…

Esquivaba.

Bloqueaba.

Contraatacaba.

—Esto…

¡PAM!

Bloqueó el codo de Minho.

—…es más interesante.

¡BOOM!

Recibió el golpe de Won ho con el antebrazo.

El suelo se agrietó bajo sus pies.

—Pero aún les falta.

Johan giró sobre sí mismo.

Golpeó a Minho en la mandíbula.

Rodillazo a Won ho.

Los separó.

—¡TCH! —Minho limpió la sangre de su boca—. Este tipo…

—No es normal… —gruñó Won ho.

—…

Desde atrás, Xia observaba.

Sus ojos no paraban.

—No usa tanto la realidad…

Murmuró.

—Está reduciendo el consumo.

—¿Qué significa eso? —preguntó Kim.

—Que ahora…

Xia entrecerró los ojos.

—Está peleando en serio.

—…

Volví a mirar mis manos.

La sangre ya no caía tanto.

Pero…

Ese pulso…

Seguía ahí.

—…

Johan volvió a lanzarse.

Esta vez fue él.

Desapareció—

Y apareció frente a Minho.

—¡MUERE!

Minho bloqueó por reflejo.

Pero Johan cambió el ángulo en el último segundo.

—…?!

Golpe al cuello.

Minho perdió el equilibrio.

—¡MINHO!

Won ho intentó intervenir.

Johan lo interceptó.

Puñetazo.

Otro.

Otro.

Cada golpe sonaba como una explosión contenida.

—¡RESISTE! —gritó Airi.

—¡NO TE CAIGAS! —Kim apretó los puños.

—…

Minho volvió.

Tambaleándose.

—No… he terminado…

—Claro que no —sonrió Johan.

Se abalanzaron otra vez.

Esta vez más salvajes.

Más desesperados.

Menos perfectos.

Pero más humanos.

—¡AAAAAH!

Los tres chocaron en medio del campo.

Golpes.

Impactos.

Sangre.

El sonido de carne contra carne.

De huesos resistiendo.

—…

Yo no podía apartar la mirada.

—…

Y entonces lo vi.

Por un segundo.

Muy breve.

Johan…

Falló.

—…

Xia también lo vio.

—Ahí…

Susurró.

—…

Una apertura.

Pequeña.

Casi invisible.

Pero real.

Xia sonrió apenas.

—Ya te encontré…

—…

Johan levantó la mirada.

Directo hacia ella.

Y sonrió.

—Inténtalo.

Minho y Won ho fueron expulsados del campo de batalla como si no fueran más que muñecos rotos. Sus cuerpos, ya destrozados, rodaron entre restos de metal y polvo.

El silencio que siguió fue breve… y pesado.

Xia inhaló lentamente.

Sus ojos cambiaron otra vez.

El marrón cálido desapareció, devorado por esas vetas rojas que ardían como brasas vivas en su mirada. Cuando alzó la cabeza, no dijo nada… pero no hacía falta.

No nos permitiría intervenir.

Otra vez.

Johan, al otro lado, se quitó la máscara.

Su rostro pálido quedó expuesto, relajado… incluso divertido. Soltó un suspiro, como si todo aquello no fuera más que un juego.

—Vaya… —murmuró con una sonrisa torcida—. Al final sí eres interesante.

Hizo un pequeño gesto con la mano.

Y entonces—

BOOM.

Xia desapareció.

El estallido levantó polvo, chispas y fragmentos de metal en todas direcciones. Cuando logramos enfocar la vista…

Ya estaban chocando.

Una daga.

Un tubo metálico.

El sonido del acero improvisado chocando fue brutal, seco, constante.

CLANG. CLANG. CLANG.

Se movían demasiado rápido.

Entre vigas, contenedores, maquinaria oxidada… suelo, paredes, techo—Xia no se desplazaba, cazaba. Cada paso era preciso, cada giro mortal. A diferencia de Johan… ella no jugaba.

Xia luchaba para matar.

Sin duda. Sin duda alguna.

Sin miedo.

Era una bestia.

Un destello—

La daga rozó la mejilla de Johan.

Sangre.

Xia retrocedió apenas lo suficiente para lanzar un corte en forma de X con el viento.

Johan alzó la mano.

El ataque… se volvió burbujas.

Inofensivas.

Pero en ese instante—

Xia ya estaba detrás de él.

La daga se hundió en su costado.

Directo al riñón.

El sonido fue húmedo.

Real.

Johan sonrió.

—Heh…

Xia no mostró emoción.

Sacó la daga.

Corte en la pierna.

Puñalada en el pecho.

Otro corte, rozando el cuello—

Sangre.

Más sangre.

Cuando la hoja descendía directo a la garganta—

CRACK.

El tubo impactó contra su cabeza.

Luego contra su rostro.

La sangre de Xia salió disparada.

Pero no retrocedió.

No dudó.

No se detuvo.

El viento estalló a su alrededor en cuchillas invisibles que rasgaron el aire hacia Johan, quien apenas logró desviar parte del ataque.

Xia entró de nuevo.

Un puñetazo.

Más rápido.

Más preciso.

Más brutal que los de Minho.

CRACK.

La muñeca de Johan se dobló en un ángulo imposible.

CRUNCH.

Su nariz se rompió al siguiente impacto.

Xia exhaló.

Y entonces desató el infierno.

Cortes de viento por todo su cuerpo.

Demasiados.

Demasiado rápido.

Johan no podía seguir el ritmo.

Por primera vez—

Estaba siendo superado.

Así que cambió las reglas.

El aire se distorsionó.

El mundo… se torció.

El movimiento de Xia se volvió pesado, como si caminara dentro de agua espesa. Barras de roca emergieron del suelo, estructuras deformes bloquearon su avance.

Johan respiró hondo… y contraatacó.

El tubo salió disparado.

En el aire—

Se transformó.

Una lanza.

SHHK!

Impactó en el hombro de Xia, atravesándolo.

Un segundo después—

Una roca voló hacia ella.

Se volvió un proyectil.

Atravesó su mano.

La daga cayó.

Xia ni siquiera gritó.

Johan sonrió y sacó armas reales.

Disparos.

Uno tras otro.

Pero Xia…

Aún reaccionaba.

Torbellinos de viento desviaban las balas, alterando trayectorias, rompiendo impactos… mientras sus ojos analizaban.

Calculaban.

Buscaban.

Ambos estaban al límite.

Parejos.

Pero entonces—

El cuerpo de Xia falló.

Un pequeño temblor.

Luego otro.

Su respiración se volvió irregular.

El precio de forzar su sendero.

Aun así…

No retrocedió.

Lo miró.

Fría.

Vacía.

Johan le devolvió la sonrisa.

Y corrieron el uno hacia el otro.

El choque fue brutal.

Xia liberó una lluvia de cortes de viento.

Johan respondió convirtiendo fragmentos del entorno en proyectiles letales.

Cada impacto—

Carne.

Sangre.

Hueso.

El sonido era insoportable.

El aire se llenó de rojo.

Pedazos de carne salían despedidos.

El suelo se volvió un campo de matanza.

Un espectáculo grotesco.

Leo cayó de rodillas.

—¡Joder…!

Vomitando.

Sasha no resistió.

Se giró y vomitó también, temblando.

Airi se cubrió los ojos, incapaz de mirar.

Nosotros…

Solo podíamos observar.

Porque aquello ya no era una pelea.

Era una carnicería.

Una guerra entre monstruos.

Hasta que—

Ambos cuerpos fallaron al mismo tiempo.

Xia dio un paso… y su pierna cedió.

Johan intentó mantenerse firme… pero la sangre lo traicionó.

Y entonces—

Los dos colapsaron.

El silencio volvió.

Pero esta vez…

Era peor.

El silencio que siguió a la caída de ambos fue… antinatural.

Pesado.

Irrespirable.

Xia estaba en el suelo, su cuerpo apenas respondiendo. Cada músculo le temblaba, su respiración era irregular… rota. La sangre se acumulaba bajo ella, extendiéndose lentamente entre el polvo y el metal.

Aun así…

Sonrió apenas.

Un gesto mínimo.

Casi invisible.

—…ahora…

La palabra fue un susurro.

Pero yo la escuché.

La entendí.

No era una orden.

Era confianza.

Cerré los ojos por un instante.

Y entonces…

La dejé salir.

La oscuridad.

Mi niebla negra emergió desde mis pies como si siempre hubiera estado ahí, esperando. Se extendió por el suelo, subiendo por las estructuras, envolviendo el aire… devorando la luz misma.

El ambiente cambió.

Se volvió denso.

Irreal.

Johan, aún de rodillas, intentó levantarse… pero algo no encajaba.

Frunció el ceño.

—¿Qué…?

Movió la mano.

Nada.

El entorno no respondió.

No se deformó.

No obedeció.

Lo intentó otra vez.

Más rápido.

Más brusco.

Pero sus alteraciones… fallaban.

La realidad ya no le pertenecía.

Su expresión cambió por primera vez.

No era miedo.

Era… desconcierto.

Interés.

—Ah… —susurró, observando la niebla que lo rodeaba—. Así que eres tú.

Intentó forzar su poder una vez más.

Un pequeño cambio en el suelo.

Una grieta.

Pero se rompió al instante.

Como si algo la negara.

Como si…

La realidad misma lo rechazara.

Johan dejó escapar una risa baja, entrecortada por el dolor.

—Increíble…

Se llevó una mano ensangrentada al rostro, limpiándose parte de la sangre mientras sus ojos se clavaban en mí.

Directos.

Analizando.

Desmenuzando.

—Eres un agujero en la lógica…

El aire tembló débilmente a su alrededor.

Inestable.

—Un error… que corrige otros errores.

Dio un paso atrás.

Su cuerpo ya no podía sostener el ritmo.

Ni su poder.

Ni la coherencia de lo que lo rodeaba.

—De no ser así… —continuó, con una sonrisa tenue— no podrías mantener esto…

La niebla vibró.

—La coherencia.

Por un instante…

Pareció fascinado.

Genuinamente fascinado.

Entonces, detrás de él—

El espacio se rasgó.

Un portal.

Inestable.

Oscuro.

Antes de cruzarlo, Johan me miró una última vez.

—Fascinante…

Y desapareció.

El portal se cerró al instante.

El silencio regresó.

Pero esta vez…

No era el mismo.

Corrí hacia Xia.

Su cuerpo estaba al límite.

La tomé con cuidado, acercándola a mí.

—Oye… oye, quédate conmigo…

Su respiración era débil… pero seguía ahí.

Seguía luchando.

Como siempre.

A nuestro alrededor, el caos de la batalla permanecía.

Metal destrozado.

Sangre.

Ruinas.

Pero algo había cambiado.

Habíamos sobrevivido.

A duras penas.

Y en el fondo de mi mente…

Las palabras de Johan no dejaban de repetirse.

“Un error… que corrige otros errores.”

No sabía qué significaba.

Pero sabía algo con certeza.

Esto…

Apenas comenzaba.

*

El silencio.

Por primera vez desde que comenzó la batalla…

El silencio reinó en aquel lugar.

La fábrica abandonada quedó destrozada.

Vigas dobladas, concreto fracturado, restos de metal esparcidos por todos lados… y sangre.

Demasiada sangre.

El aire era pesado.

Irrespirable.

Minho y Won ho estaban tirados contra una pared, apenas conscientes, sus cuerpos cubiertos de moretones y algunas heridas profundas. Sus respiraciones eran irregulares, débiles.

Airi estaba de rodillas, temblando, con las manos manchadas tierra mojada y sangre… no sabía si era suya o de los demás.

Kim apenas podía mantenerse en pie, apoyándose en un trozo de maquinaria destruida, respirando con dificultad.

Xia…

Xia estaba de pie.

Pero apenas.

Su cuerpo estaba cubierto de cortes, su ropa rasgada, la sangre bajando lentamente por sus brazos… pero sus ojos seguían firmes.

Sasha y Leo…

Eran los únicos ilesos.

Y eso era lo más aterrador.

Porque habían visto todo.

Cada golpe.

Cada grito.

Cada fragmento de carne arrancado.

Sasha temblaba.

Leo no podía ni hablar.

Y en medio de todo eso…

Dark seguía de pie.

Inmóvil.

Dándole la espalda a todos.

—Dark…

La voz de Xia salió débil.

Pero entonces—

Su cuerpo se sacudió.

Un espasmo violento recorrió su espalda.

—¿Dark…?

De repente—

Cayó de rodillas.

—¡DARK!

Un sonido húmedo rompió el silencio.

Dark vomitó.

Pero no era normal.

Era un líquido negro.

Denso.

Oscuro.

Como si fuera… niebla solidificada.

Seguido de sangre.

Mucha sangre.

—¿Qué… qué es eso…?

Murmuró Airi, aterrada.

Otro espasmo.

Dark se sostuvo el pecho.

—Gh… ahh…

Su respiración se volvió caótica.

Y entonces—

Sus ojos.

Brillaron.

Un dorado intenso.

Sobrenatural.

Durante unos segundos…

Parecía otra cosa.

Algo más.

Algo que no debía existir.

—No… no…

Kim retrocedió un paso.

—Esto no es normal…

Los ojos de Dark volvieron lentamente a su color natural…

Pero algo ya no estaba bien.

Sus manos comenzaron a temblar.

Luego sus brazos.

Luego todo su cuerpo.

—Ah… ah…

Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.

Pero no eran normales.

Eran de sangre.

—¡DARK!

Xia corrió hacia él sin pensarlo.

Se arrodilló frente a él y lo sostuvo.

—¡Mírame! ¡Mírame, estoy aquí!

Dark no respondía.

Su mirada estaba perdida.

Como si no reconociera nada.

—Respira… respira…

Ella lo abrazó con fuerza.

A pesar de sus propias heridas.

—Tranquilo… ya pasó…

Su voz temblaba.

Pero no lo soltaba.

—Ya pasó… estoy contigo…

El cuerpo de Dark seguía convulsionando levemente.

Su respiración era irregular.

Rota.

—No… no está bien…

Murmuró Minho, apenas consciente.

—Está forzando demasiado su núcleo…

—No es solo eso…

Dijo Kim, con el rostro serio.

—Esa cosa… esa niebla…

Miró a Dark con preocupación real.

—Eso no es un poder normal.

Sasha dio un paso adelante, con lágrimas en los ojos.

—¿Se… se va a morir…?

Nadie respondió.

Porque todos estaban pensando lo mismo.

Xia apretó más fuerte a Dark contra ella.

—No te atrevas…

Susurró, con la voz quebrándose.

—No te atrevas a morir aquí…

Cerró los ojos con fuerza.

—No después de todo esto…

Pero en el fondo…

Ella sabía la verdad.

No había nadie ahí que pudiera salvarlo.

No Minho.

No Kim.

No Airi.

Ni siquiera ella.

Solo había una persona que podía hacer algo.

Una.

Y no estaba ahí.

Xia apretó los dientes.

Rabia.

Miedo.

Desesperación.

—Alya…

Susurró entre dientes.

—Maldita sea… ¿dónde estás…?

El viento sopló suavemente entre los restos de la fábrica.

Frío.

Vacío.

Y por primera vez desde que comenzó todo…

El grupo entendió algo.

Habían sobrevivido…

Pero no habían ganado.

La lluvia seguía cayendo.

Pero lejos del campo de batalla.

En las ruinas de una vieja estructura olvidada, dos figuras se refugiaban entre sombras y restos de piedra.

Un portal se abrió con un leve crujido.

Y de él salió Johan.

Su cuerpo estaba cubierto de heridas.

Sangre.

Cortes profundos.

Su respiración era pesada… pero sus ojos seguían firmes.

—Mira nada más quién llegó.

La voz de Gael rompió el silencio, cargada de burla.

Recargado contra una columna rota, con los brazos cruzados, sonrió de lado.

—¿Qué pasó, gringuito? ¿Te dejaron como a esos weyes que se le ponen al tiro a la policía en mi país?

Johan soltó un suspiro cansado.

—Cállate, frijolero…

Gael frunció el ceño al instante.

—No me digas así.

Valery, sentada sobre una roca, con una sonrisa apenas visible bajo su máscara, intervino:

—En realidad es más como un “salta-muros”.

Hubo un pequeño silencio…

Y luego—

Los tres soltaron una risa breve.

Tensa.

Pero genuina.

Era raro.

En medio de todo…

Parecían normales.

Como si no fueran parte de una organización y un mundo completamente diferente.

Gael se acercó a Johan, sacando algunas vendas improvisadas.

—A ver, ven acá antes de que te desangres.

—No es para tanto…

—Cállate.

Le tomó el brazo sin cuidado y comenzó a limpiar una de las heridas.

Johan hizo una mueca de dolor, pero no se quejó más.

Valery los observaba en silencio.

Atenta.

Siempre atenta.

—Entonces…

Dijo finalmente Johan, rompiendo el momento.

—Ya confirmé algo.

Gael levantó una ceja.

—A ver, ilumínanos, Einstein.

Johan ignoró el comentario.

—Xia…

Su expresión se endureció.

—Es la más peligrosa del grupo.

El ambiente cambió.

La tensión volvió.

—No duda.

—No mide.

—No contiene.

Miró su propia sangre en sus manos.

—Va a matar.

Valery inclinó ligeramente la cabeza.

—Como una cazadora.

Johan asintió.

—Exacto.

Gael chasqueó la lengua.

—Eso suena divertido.

Johan lo ignoró nuevamente.

—Aún así… no es el mayor problema.

Ambos lo miraron.

—El profesor es fácil de contener.

—Es fuerte, sí… pero no es violento.

—No representa una amenaza real en combate directo.

Hizo una pausa.

—La otra chica sí.

—La de ojos azules.

Valery entrecerró los ojos.

—Miriam…

—Es poderosa.

Continuó Johan.

—Pero más importante…

—Es inestable.

Gael dejó de sonreír.

—¿Qué tan inestable?

Johan levantó la mirada.

Serio.

—Mucho más que cualquier otro iluminado en estas ciudades.

El silencio cayó como una losa.

—Si los expedientes son correctos…

—Esa chica no solo puede matarnos…

—Lo haría sin pensarlo dos veces.

Valery cruzó los brazos.

—Entonces no es nuestro trabajo.

Johan negó lentamente.

—No.

—El titiritero tendrá que enviar a alguien más.

Gael ya sabía la respuesta.

Sonrió.

—Sicarios…

Nadie dijo nada.

Pero los tres lo sabían.

Había alguien mas. Eclipse.

Si ella entraba en juego…

Las cosas dejarían de ser un “juego”.

Gael volvió a concentrarse en las heridas de Johan.

Apretó una venda con fuerza.

—Tsk… igual yo quería divertirme.

Johan lo miró de reojo.

—¿Divertirte?

Gael sonrió ampliamente.

—Quiero pelear con Xia.

Sus ojos brillaron con emoción.

—Pero bien.

—Sin juegos.

—Sin trucos.

—Quiero demostrar que soy superior.

Valery lo miró fijamente.

—El titiritero no aprobaría eso.

—Me vale verga.

Respondió Gael sin dudar.

—No le voy a preguntar.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

¡PAM!

Valery y Johan le dieron un golpe en la cabeza al mismo tiempo.

—¡Agh! ¡¿Qué pedo?!

—Idiota.

Dijo Johan, seco.

—No haces nada sin su permiso.

Valery asintió.

—Esa es la regla.

Gael se sobó la cabeza, molesto.

—Sí, sí… ya sé…

Gruñó.

—Pinche familia estricta…

Johan soltó una pequeña risa.

Valery también.

Suave.

Casi imperceptible.

Y por un momento…

En medio de la oscuridad, la sangre y la destrucción…

Parecían exactamente eso.

Una familia.

Rota.

Peligrosa.

Pero unida.

El caos seguía presente.

Respiraciones agitadas.

Sangre.

Dolor.

Y en el centro de todo…

Dark, temblando entre los brazos de Xia.

—Resiste… por favor…

Susurraba ella, apretándolo contra su pecho, intentando mantenerlo consciente.

Pero su cuerpo no respondía.

Otro espasmo.

Otra bocanada de ese líquido negro mezclado con sangre.

—¡No… no…!

Airi retrocedió, cubriéndose la boca.

—Esto… esto no es normal…

—¡Piensen en algo!

Gritó Kim, aunque su voz también temblaba.

—¡No podemos dejarlo así!

Pero nadie tenía una respuesta.

Nadie sabía qué hacer.

El miedo se estaba apoderando de todos.

Sasha se aferró a Leo, llorando en silencio.

—No quiero que se muera…

Leo no respondió.

Solo miraba.

Paralizado.

Entonces—

Un sonido rompió el momento.

Un motor.

Lejano… pero acercándose.

Todos levantaron la mirada.

—¿Escucharon eso…?

Murmuró Minho, apenas consciente.

El sonido se hizo más claro.

Un coche.

Familiar.

Demasiado familiar.

Se detuvo cerca de las ruinas.

Las puertas no se escucharon abrir.

Solo…

Pasos.

Lentos.

Firmes.

Resonando entre el metal retorcido y el concreto roto.

Tac…

Tac…

Tac…

El ambiente cambió.

No fue el sonido.

Fue lo que venía con él.

Una presión invisible.

Pesada.

Fría.

Todos giraron la mirada al mismo tiempo.

Y la vieron.

Alya.

Caminando entre los restos de la fábrica.

Su cabello rojo se movía suavemente con el viento.

Pero…

Algo estaba mal.

Muy mal.

No había sonrisa.

No había calidez.

No había esa luz que siempre la rodeaba.

Solo…

Frialdad.

Sus ojos.

Afilados.

Como navajas.

Vacíos de emoción.

Cada paso suyo parecía cortar el aire.

Nadie dijo nada.

Nadie se movió.

Porque todos lo sintieron.

Instintivamente.

Peligro.

Kim tragó saliva.

Sus manos temblaron levemente.

—…Mierda…

Minho la miró de reojo.

—¿Qué pasa…?

Kim no apartó la vista de su hermana.

Su voz salió baja.

Tensa.

—Eso…

Se le quebró un poco.

—Eso significa que estamos en problemas…

Hizo una pausa.

Sus ojos reflejaban algo que rara vez mostraba.

Miedo real.

—…muchos problemas.

Alya no se detuvo.

Siguió caminando.

Directo hacia ellos.

Directo hacia Dark.

Y el silencio…

Se volvió absoluto.

El hospital de Amberlath estaba en calma.

Un contraste total con el caos que ocurría en otro lugar.

Las luces blancas iluminaban los pasillos impecables, el sonido suave de monitores y pasos lejanos llenaban el ambiente.

En una de las habitaciones…

Un niño pequeño lloraba desconsoladamente.

—Shhh… tranquilo…

Alya se inclinó frente a él, sonriendo con dulzura.

Su voz era cálida.

Su presencia, reconfortante.

—Todo está bien… ya estás a salvo…

Colocó su mano suavemente sobre la cabeza del niño, y una tenue energía recorrió su cuerpo.

El dolor desapareció.

El llanto se convirtió en pequeños sollozos… hasta detenerse.

—¿Ves? Ya pasó…

El niño la miró con ojos llorosos… y luego sonrió.

Alya sintió algo en el pecho.

Algo suave.

Algo cálido.

«¿Así se sentiría…?»

Por un momento, su mente se desvió.

«Un hijo…»

«Con Dark…»

Una sonrisa más profunda apareció en su rostro.

—Oye…

Una voz la sacó de sus pensamientos.

—Deja de fantasear con tu novio en horario laboral o te voy a reportar.

Alya giró ligeramente, inflando las mejillas en un pequeño puchero.

—Alice…

—Te estoy viendo.

Dijo su compañera, cruzada de brazos, con una sonrisa burlona.

—Te pierdes en tu mundo bien feo.

Alya soltó una pequeña risa.

—Solo pensaba un poco…

—Sí, claro.

Alice negó con la cabeza.

—Pensabas en “Dark esto, Dark aquello”.

Alya desvió la mirada, un poco apenada.

—Bueno… tal vez…

Ambas rieron suavemente.

Pero la sonrisa de Alya se desvaneció poco a poco.

—Oye…

Alice la miró.

—¿Qué pasa?

Alya bajó la mirada hacia su teléfono.

La pantalla encendida mostraba varios mensajes.

Sin respuesta.

—Ya tiene horas…

—Le he enviado mensajes a Dark… y a Kim…

—Y ninguno responde.

Alice se encogió de hombros.

—Tal vez están ocupados.

—Algún proyecto o algo así.

Alya negó lentamente.

—No…

—El profesor está ocupado…

—Y… mi otra amiga también…

Frunció ligeramente el ceño.

—No hay nadie en la escuela ahora mismo…

El silencio cayó un instante.

Algo no encajaba.

Alya apretó el teléfono.

—Tengo un mal presentimiento…

Antes de que Alice pudiera responder—

Alya se quedó quieta.

—…¿Lo escuchaste?

—¿Qué cosa?

Alya giró la cabeza.

Confundida.

—Alguien… me llamó…

Alice negó.

—No escuché nada.

Alya dudó unos segundos.

Pero algo en su interior…

Le decía que no estaba equivocada.

—Voy a tomar un descanso…

Alice la miró.

—Sí, mejor, te ves rara.

Alya salió al pasillo.

Luego al exterior.

El aire frío golpeó su rostro.

Respiró profundo.

—Espero que estén bien…

Murmuró.

Pero entonces—

Un olor.

Fuerte.

Inconfundible.

Cigarro.

Y…

Rosas negras.

Los sonidos llegaron después.

Graznidos.

Cuervos.

Alya levantó la mirada.

Y la vio.

Sentada sobre su auto.

Como si nada.

Ereos Aether Eclipse

Sosteniendo un cigarro entre sus dedos.

Sonriendo.

Esa sonrisa…

Que no era humana.

Alya la miró fijamente.

Su expresión cambió por completo.

Seria.

Fría.

—¿Qué haces aquí?

Su voz ya no tenía calidez.

—¿No tienes nada mejor que hacer?

Eclipse soltó una leve risa.

—Vaya… qué recibimiento tan hostil.

Dio una calada al cigarro.

—Pensé que estarías feliz de verme.

—No lo estoy.

Respondió Alya sin dudar.

Eclipse inclinó ligeramente la cabeza.

Su sonrisa se ensanchó.

—Qué lástima…

—Porque tus amigos…

Hizo una pausa.

—Están en serios problemas.

El corazón de Alya se detuvo un segundo.

—¿De qué hablas?

Eclipse bajó la mirada hacia ella.

—Si no haces algo…

—Dark podría morir.

Silencio.

Pesado.

Denso.

—…¿Qué?

La voz de Alya salió apenas audible.

Eclipse lanzó el cigarro al suelo.

—Las coordenadas están en tu teléfono.

Alya lo revisó de inmediato.

Ahí estaban.

—Date prisa.

—El tiempo no está de tu lado.

Alya no dudó.

Corrió de vuelta al interior.

—¡Necesito salir temprano!

Su voz era urgente.

Alice la miró sorprendida.

—¿Qué pasó?

—Es una emergencia.

No hubo más preguntas.

Minutos después—

El motor rugió.

Y Alya salió a toda velocidad.

El paisaje se volvió borroso.

Su mente…

Un caos.

“Dark…”

“Resiste…”

Pero no estaba sola.

Encima del auto.

Sentada como si fuera parte del viento—

Eclipse.

Observando.

Sonriendo.

—Los titiriteros ya lo están buscando…

Dijo con calma.

—No quieren dejarlo ir.

—Quieren tenerlo.

—Solo ellos.

Hizo una pausa.

Los cuervos volaban alrededor.

—Aunque…

Su sonrisa se volvió más oscura.

—No son los únicos.

—Las polillas también lo quieren.

Alya apretó el volante.

—Cállate.

Eclipse rió suavemente.

—Al final…

—Solo uno lo tendrá.

El viento se intensificó.

Las rosas negras giraron en el aire.

Los cuervos gritaron.

Y en un instante—

Eclipse desapareció.

Dejando solo vacío.

Y dudas.

Alya apretó más el volante.

Su mirada se endureció.

—Aguanta…

Murmuró.

—Ya voy…

Horas después.

El coche se detuvo bruscamente.

El silencio volvió.

Pero no era el mismo.

Era peor.

Alya bajó del vehículo.

Y caminó.

Lentamente.

Entre los restos de la batalla.

Hasta verlos.

Heridos.

Rotos.

Y en el centro…

Dark.

Su mirada se volvió helada.

Afilada.

Peligrosa.

—…

Todos sintieron su presencia.

Nadie se movió.

Nadie habló.

Hasta que—

Alya rompió el silencio.

—¿Qué pasó aquí?

Su voz fue baja.

Pero cortante.

Como una cuchilla.

Y nadie…

Sabía cómo responder.

El silencio seguía pesando.

Nadie se atrevía a moverse.

Nadie sabía qué hacer.

Hasta que—

Alya levantó la mano.

Una luz suave, de tono verdoso, comenzó a envolver el lugar.

Como un suspiro.

Como vida regresando lentamente.

Las heridas comenzaron a cerrarse.

La sangre dejó de fluir.

El dolor… disminuyó.

—Ah…

Airi cayó de rodillas, respirando con alivio.

—Esto…

—Es Alya…

Minho apretó los dientes mientras sentía su cuerpo recuperarse poco a poco.

Won ho apenas pudo levantar la mirada.

—Siempre llega… en el peor momento…

Alya bajó la mano.

Y dio un pequeño paso atrás.

—Cof… cof…

Tosió suavemente.

El esfuerzo era evidente.

Su respiración se volvió un poco más pesada.

Aún no estaba a ese nivel.

Aún era débil.

Pero no dijo nada.

No se quejó.

Sus ojos seguían fríos.

Entonces caminó hacia Dark.

Cada paso…

Lento.

Pesado.

Peligroso.

Xia, que aún lo sostenía, levantó la mirada.

—…

No hubo palabras.

Solo un segundo de tensión.

Y en el siguiente—

Alya la lanzó lejos.

—¡Ah—!

Xia cayó varios metros atrás, sin poder reaccionar.

El impacto resonó en el suelo.

Alya no la miró.

Ni siquiera un segundo.

Se inclinó.

Y tomó a Dark entre sus brazos.

Con cuidado.

Con delicadeza.

Como si fuera algo frágil.

Irremplazable.

—…

El cuerpo de Dark, finalmente…

Se relajó.

Su respiración se estabilizó.

Y cayó dormido contra su pecho.

Como si solo su presencia fuera suficiente.

Alya cerró los ojos un instante.

Y luego…

Los abrió.

Y miró al grupo.

Esa mirada…

Hizo que todos se tensaran.

—¿De quién fue la idea?

Su voz fue baja.

Pero cargada de furia contenida.

—¿Saben lo que está pasando con Dark…?

Dio un paso al frente.

—¿Y aún así lo exponen de esta forma?

Nadie respondió.

Nadie se atrevió.

Pero entonces—

Alya vio algo más.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—…

Leo.

Sasha.

El miedo en sus rostros.

La confusión.

El hecho de que estaban ahí.

—¿…Qué?

Su expresión cambió por completo.

De enojo…

A alarma.

—¿¡QUÉ HICIERON!?

Su voz explotó.

—¿¡CÓMO SE LES OCURRIÓ REVELAR LO QUE SON A ELLOS!?

Sasha dio un paso atrás, asustada.

Leo se quedó inmóvil.

Kim tragó saliva.

—Y-yo…

—Explica.

La voz de Alya fue fría.

Peligrosa.

Kim habló.

Rápido.

Todo.

Lo que pasó.

Cómo los vieron.

Cómo tuvieron que decirlo.

El silencio regresó.

Pero ahora era peor.

Alya dejó a Dark recostado con cuidado en el suelo.

Se levantó lentamente.

Caminó hacia Kim.

Paso a paso.

—Alya yo—

¡PAM!

El golpe resonó.

Fuerte.

Seco.

La cabeza de Kim se giró por el impacto.

El silencio se rompió otra vez.

Pero nadie habló.

Nadie se movió.

Alya bajó la mano lentamente.

—Son unos idiotas.

Su voz era baja.

Pero llena de enojo.

Miró a los demás.

Uno por uno.

—Le diré al profesor.

—Y espero que los castigue como merecen.

Sus palabras fueron como hielo.

Luego giró hacia Leo y Sasha.

Sus ojos volvieron a cambiar.

Fríos.

Amenazantes.

—Ustedes dos.

Sasha tembló.

—Olviden lo que vieron aquí.

—Si no quieren descubrir lo que le pasa a quienes saben de los iluminados…

—Sin ser parte del gobierno.

El mensaje fue claro.

Directo.

Aterrador.

Sasha tragó saliva.

—¿Q-quién… eres tú…?

Susurró.

Minho respondió por ella.

—Es la hermana mayor de Kim…

Hizo una pausa.

—Y la novia de Dark.

Sasha parpadeó.

Confundida.

—Vaya…

Miró a Dark.

—Qué gustos tiene…

Nadie reaccionó.

Porque nadie estaba para bromas.

Alya volvió hacia Dark.

Se inclinó.

Y lo cargó suavemente.

Como si nada más importara.

—Entren al auto.

No fue una sugerencia.

Fue una orden.

Nadie discutió.

Uno a uno…

Subieron.

El motor rugió.

Y el vehículo se alejó de las ruinas.

De la sangre.

De la batalla.

De lo que casi los mata.

Mientras avanzaban…

Alya no habló.

Solo conducía.

Con Dark en brazos.

Pero su mente ya estaba en movimiento.

Tomó su teléfono.

Envió mensajes.

Al profesor.

A Miriam.

Ubicación.

Situación.

Prioridad máxima.

El silencio dentro del auto era absoluto.

Nadie se atrevía a romperlo.

Hasta que—

La ciudad apareció a lo lejos.

Amberlath.

Y con ello…

Un falso sentimiento de seguridad.

En algún lugar… sobre ellos

El viento soplaba con fuerza.

Las nubes se movían lentamente.

Y entre ellas…

Una figura observaba.

Ereos Aether Eclipse

Suspendida en el aire.

Sonriendo.

Pero no era una sonrisa normal.

Era…

Cruel.

Sádica.

Retorcida.

—Esto…

Susurró.

—Se pondrá interesante…

Sus ojos brillaron con emoción.

Oscura.

Enferma.

—Después de todo…

—Esto es exactamente lo que esperaba…

Los cuervos comenzaron a rodearla.

Las rosas negras giraron a su alrededor.

Y entonces—

Rió.

Una carcajada.

Fría.

Profunda.

Diabólica.

Una risa que parecía venir de algo mucho más antiguo que ella misma.

Una risa que…

Helaba la sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo