MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 26
- Inicio
- MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES
- Capítulo 26 - Capítulo 26: Capítulo 26: Atados y Perdidos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 26: Capítulo 26: Atados y Perdidos
Una semana después
1 de junio de 2022
Matías estaba sentado con Vanessa, hablando. Era recreo, las 3 de la tarde, y el sol se reflejaba por la ventana.
Matías vio a Fátima salir del salón e irse afuera.
Rumi se acerca y se sienta junto a Matías.
-¿A dónde va Fátima? -le pregunta Matías.
-No sé -responde Rumi, mirando por la ventana.
Matías se pone de rodillas sobre la silla y mira hacia afuera.
-Qué curioso… -dice Vanessa.
Fátima se acerca a dos chicas, a quienes abraza y saluda, hablando como si fueran súper amigas.
Matías miraba con atención y piensa: “¿Quién es esa chica? No la he visto por acá… pero es de acá, tiene el buzo de la escuela. Seguro es de la mañana… pero ¿qué hace a la tarde?”, dice Matías, pensando.
Rumi se va a su lugar otra vez. Matías la mira mientras se aleja, y Fátima mira por la ventana. Matías baja la cabeza.
Lucas también sale a saludar a la chica.
Matías observa, y de pronto suena la campana.
Fátima se despide y vuelve a entrar al salón.
Fátima mira a Matías, se ríe y se sienta.
Matías, curioso por saber quién es la chica, se levanta para salir, pero la profesora en la puerta lo detiene.
-¿A dónde vas, Duban? Ya terminó el recreo.
-Un rato al baño, profe.
-Está bien -dice ella, dejándolo salir.
Matías corre afuera y ve a la chica enfrente del salón de octavo.
El baño estaba al lado del salón de octavo grado, y Matías, que se dirigía hacia ahí, la ve.
-Hola -dice Matías.
-Hola -responde ella, acercándose un poco.
-¿Sos nueva a la tarde? -pregunta Matías, acercándose un poco más para hablar.
-No, soy de la mañana -dice ella.
Matías sonríe y achina los ojos. “Yo sabía”, piensa.
Ella mira con atención sus ojos achinados.
-¿Qué haces por la tarde? -pregunta Matías.
-Vengo a vender boletos para juntar dinero para nuestra graduación.
-Ahhh… -dice Matías.
-¿Y vos de qué curso sos?
-Soy de noveno también… seguro nos graduamos todos juntos.
-Seguro -dice ella, sonriendo.
La profesora mira hacia afuera. Matías se da cuenta y dice:
-Bueno, nos vemos.
Entra al baño.
Ella hace “shh”con una sonrisa.
Matías se lava las manos y enseguida vuelve a salir. La ve irse, y corre de vuelta a su clase. Se queda en la puerta, la mira una última vez… y entra.
Matías se sienta. La profesora se levanta y dice:
-Chicos, nos vemos la próxima semana. Tengo una emergencia y debo irme. Hagan sus tareas. Nos vemos.
Sale apurada.
Todos empiezan a moverse y a hablar entre sí.
Matías se levanta y sale afuera, yéndose hacia el fondo.
Elizabeth va detrás de él.
Matías llega al fondo y ve que estaba vacío, solo algunas personas a lo lejos.
Se sienta y suspira.
Elizabeth se acerca y se sienta al lado de él.
Matías la mira y sonríe.
Ella se apoya en él y piensa: “Si no vamos a poder continuar algo que no está funcionando, prefiero no perderte como amigo… Matías, te amo tanto”.
Le agarra el brazo con fuerza.
Matías la mira, pero no dice nada. Simplemente se quedan en silencio.
Después de eso, pasa Virginia.
Matías, sin darse cuenta de la emoción de verla, se aparta de Elizabeth y se acerca a Virginia, abrazándola.
-Hola, Viki… no te había visto en el recreo.
Elizabeth se queda mirando desde donde estaba sentada. Luego se levanta, ve a Raúl a lo lejos y se va hacia él.
-¿Qué haces afuera? -le pregunta Matías a Virginia.
-No tengo profe, así que ando caminando… ¿y vos?
-Yo tampoco tengo profe -dice Matías.
Se ríen y se agarran de las manos.
-Bueno… -dice Matías, moviendo las manos mientras la sostiene-.
-Bueno, ahora tenemos más tiempo para hablar y pasar juntos -dice él.
-Sí… -responde ella.
Raúl y Elizabeth estaban a un costado, a lo lejos, mirando todo.
Pasan los minutos y Matías y Virginia están sentados hablando.
-Qué lindo sos, Matías… ¿no te lo dijeron antes? -dice Virginia, mirándolo.
-Gracias -responde él.
Se acerca su amiga Analia y se sienta al lado.
-¿Qué hacen? ¿De qué hablan?
-Nada -dice Matías-. Estamos aburridos, esperando la salida para poder irnos.
-Pues yo también -dice ella.
Una chica, como siempre, los miraba desde el salón. En ese momento, Raúl se acerca.
-Matías, vamos a hablar un rato.
-¿De qué? Hablamos acá nomás.
-No… es en secreto -dice Raúl, riéndose.
-Ay no… -responde Matías.
Raúl mira a la chica que estaba observando. Ella le sonríe y entra al salón.
Raúl se dirige hacia allí, dejando atrás a Matías y a los demás.
Matías mira hacia el salón y dice:
-¿Alguien sabe quién es esa chica que se asomaba a mirar?
-¿Quién? -pregunta Virginia.
-Una chica medio rubia… o castaña… no sé.
-Ahh… seguro es Ruth -dice Virginia.
-¿Ruth? -repite Matías, mirando hacia el salón.
Matías desvía la mirada y ve a Fátima y Rumi, que estaban mirando desde enfrente de su salón, como buscando a alguien.
Matías les dice a Virginia y Analia:
-Chicas, nos vemos enseguida. Ya casi es la salida… nos vemos mañana, ¿sí?
-Ok -dicen ellas.
Matías se va corriendo a su salón. Va tan rápido que choca con Rumi, y ella lo sostiene.
-¿Qué pasa? -dice Matías-. ¿A quién buscan, eh?
-A vos -dice Rumi, empujándolo un poco para acomodarlo.
-¿Qué pasó? ¿Por qué me buscaban? -dice Matías, agarrando la corbata de Rumi mientras juega con ella.
-Nada… estábamos aburridas -dice Fátima, mirando hacia el salón a uno de sus compañeros.
Matías se da cuenta de su mirada y suelta la corbata de Rumi.
-Ahh… -dice Matías, poniéndose serio.
Rumi observa en silencio mientras se acomoda bien la corbata.
Suena la campana de salida.
-Voy a juntar mis cosas -dice Rumi.
Matías se queda con Fátima afuera.
-Yo ya junté todo -dice ella.
-Yo también -responde Matías.
Empieza a escucharse el ruido de voces y alumnos saliendo de sus salones.
Matías se toca la cadena mientras mira a todos salir.
Fátima, que estaba a su lado, lo observa y se da cuenta de que está tocando el collar que ella le había regalado.
Se acerca un poco.
-¿Sabías que la estrella se puede quitar? -dice, sacando una pequeña estrella que estaba detrás.
-¿Cómo es posible esto? -dice Matías, viendo las dos estrellas colgando.
-Es doble, con imán. Es fuerte, por eso no se despega… y por eso se ve más grueso.
-Es hermoso… -dice Matías.
Se queda un poco serio.
Fátima se acerca más y le acomoda el collar, mirándolo a los ojos.
Matías se pone un poco nervioso.
Ella lo deja bien y dice:
-Listo.
-Vamos a traer nuestras mochilas -dice Fátima.
Entran a buscarlas y luego salen los tres juntos.
Salen afuera, se despiden los tres y cada uno se va por su camino.
Justo pasa Félix en su auto y ve a Matías.
Félix baja la ventana mientras avanza despacio.
-Matías…
Matías lo mira.
-¿Qué quieres?
-Sube, te llevo.
-Me da pereza -dice Matías, caminando más rápido.
-Si te subes, te llevo con Milagro un rato… y te compro un helado.
-Esa clase de chantaje me gusta -dice Matías, acercándose al auto. Abre la puerta y se sube.
-Con vos no se puede -dice Félix, riéndose-. Ponte el cinturón.
-¿Sabes algo? -dice Félix, mientras maneja.
-¿Qué pasó? -responde Matías.
-Este 25 es mi cumpleaños… cumplo 18 años.
-¿En serio? Falta poco -dice Matías.
-Sí…
-¿Y vas a hacer algo por tu cumpleaños?
-No lo sé aún… es que no me gusta celebrar mi cumpleaños.
-Hazlo… yo quiero irme de fiesta -dice Matías-. Dale, dale…
-No sé… lo pensaré -dice Félix.
-¿Qué me vas a regalar? -pregunta.
-Pues mi presencia vale mucho, ¿no? -dice Matías.
-Pues sí… pero me gustaría más tu presencia muy cerca de mí -dice Félix, mirándolo.
Matías se quita el tapaboca.
-Ay, no…
Félix sonríe.
-¿Realmente no quieres nada conmigo? -dice, levantando una ceja.
Matías lo mira con desagrado.
-A veces realmente me pones incómodo… y lo sabes bien.
-Pues te lo acomodo -dice Félix.
-Cállate -dice Matías, riéndose, mientras golpea suavemente con el pie el interior del auto-. Ay no… qué ascooo…
Félix se detiene frente a una heladería.
-Espera acá, yo compro y vengo, ¿sí?
-Dale -dice Matías, mirándolo salir del auto mientras entra a la heladería.
Matías mira por la ventana y ve a Kevin cruzar la calle.
-Ay no… -dice, bajando la cabeza y subiendo la ventana del auto.
-Casi me ve… -murmura, al ver a Kevin entrar en la heladería.
Matías apoya la cabeza contra el asiento. En ese momento, De repente, la guantera se abre sola.
Matias mira y ve que está llena de fotos de Félix con un chico.
Matías agarra algunas, las observa, mueve las cosas y encuentra dos celulares y tres chips de memoria.
Curioso, toma uno de los chips y se lo guarda en el bolsillo.
Félix regresa, abre la puerta, entra y la cierra.
-Hace calor -dice, intentando abrir la ventana de Matías.
-No la abras -dice Matías en voz baja-. Mi mejor amigo nos va a ver… no quiero que nos vea.
-Ok -responde Félix, arrancando el auto y avanzando. Le pasa el helado.
Matías lo agarra y empieza a tomar.
Mientras manejan, Félix dice:
-Perdón por la última vez.
-No lo menciones, Félix… o vamos a discutir otra vez.
Félix mira hacia adelante.
-Ay… -dice, al ver una patrulla de policía a lo lejos-. Ok, agárrate.
Gira por otro camino de empedrado.
-Me encanta este camino -dice Matías, riéndose mientras el auto se sacude.
Matías mira hacia un costado y ve una casa.
-¿Puedes parar aquí?
-¿Para qué? Estamos en medio del bosque.
-No estamos… ¿no ves que hay casas allá? -dice, poniéndose de rodillas para mirar atrás.
Félix frena y da marcha atrás.
Matías abre la puerta y se baja.
Mira el bosque… y luego la casa, con tristeza.
-¿Qué pasa, Matías? -pregunta Félix.
-Esta era la casa de uno de mis profesores cuando era chico. Se había quemado… ahora está medio reparada. Bueno, creo… porque solo arreglaron el frente. Desde aquel día, todo quedó feo.
-¿Cómo se quemó? -pregunta Félix.
-La quemó su hijo… al enterarse de que su papá no era como él pensaba.
Félix lo mira.
-¿Estuviste alguna vez ahí adentro?
-Varias veces… y fue lo peor… pero también me hizo aprender muchas cosas.
Félix observa la casa.
-Da escalofríos… está toda fea y abandonada.
—Sí… —dice Matías, dándose vuelta y subiéndose otra vez al auto.
Félix también se sube y se van.
Llegan a la casa de la abuela de Milagro.
Matías baja del auto y entra, mientras Félix estaciona.
Milagro estaba sentada tomando tereré.
Matías corre a sentarse.
—Tenía muchísima sed…
—¿Y tu abuela, Mila? —pregunta.
—Salió un rato.
Félix entra y se acerca a sentarse.
—¿Saben qué? Se me antojan unas tortas bien ricas.
Milagro levanta su mochila, saca plata y se la da.
—Sabes que a mí también se me antojaba… andá y comprá —le dice.
Félix agarra la plata.
—Vos solucionás todo —dice, levantándose—. Ya vengo, Matías.
Félix se va corriendo.
Matías se queda pensativo, tomando el tereré.
—¿Qué te pasa, Matías? —pregunta Milagro.
—Ay, Milagro… mi mente explota.
—Te escucho… liberalo.
—Es por mis sentimientos… no sé qué me está pasando.
—¿Qué tienen tus sentimientos?
—Es que estoy saliendo con Elizabeth… pero nada ha funcionado desde que empezamos. Siento que cuando estoy a su lado tengo que obligarme a sentir como su pareja… cuando en realidad, a veces, solo quiero ser su amigo.
Hace una pausa.
—Pero no sé cómo decírselo… es una buena persona, una buena pareja… y no entiendo por qué no puedo llegar a amarla… y eso me lastima aún más.
—Pero, Matías… decíselo. Es peor mantener una relación cuando no está funcionando. Si ella te ama, seguro también la está pasando mal.
Matías se levanta y empieza a pensar demasiado.
—Lo sé… —dice, tocándose el pelo—. No sé qué hacer… y eso me hace sentir como alguien que no sabe lo que quiere. Y es verdad… porque no sé lo que quiero, Milagro.
Empieza a caminar alrededor del árbol.
Milagro va detrás de él.
—Matías, no necesitas tener todas las respuestas. Cuando no sabes lo que quieres… tienes que aprender a soltar.
—¿Es tan fácil como lo dices?
Ella se acerca y le toca el hombro.
—Sea lo que sea… hablando se soluciona todo. Si lo dejas pasar, tu mente va a explotar más.
Matías baja la mirada.
—Ya está explotando… yo sé que me voy a arrepentir de todo esto que le estoy haciendo pasar a ella. Siempre siento que sé lo que va a venir… o lo que me va a pasar… pero nunca me preparo ni hago caso a lo que realmente está por pasar… y eso me molesta.
Hace una pausa.
—Ni siquiera me hago caso a mí mismo…
—Pues hacete caso a vos mismo.
Matías la mira, se queda firme un momento, suspira y se da vuelta.
—Vamos a sentarnos… suficiente de cosas de romance. Vinimos a disfrutar, no a consolarme ni a explotarme la cabeza.
—Matías, yo puedo escucharte cuando quieras.
—Ya me escuchaste, Mila… ahora sentémonos un rato.
Matías la lleva hasta la silla y la ayuda a sentarse.
—¿Tenés una mejor amiga?, Matías —dice Milagro, mirándolo.
—Sí… la tengo —responde él—. Se llama Pamela. Es mi primera mejor amiga… la amo mucho. Hasta en la escuela saben que es mi mejor amiga, porque siempre preguntan si tenemos mejores amigos.
—¿Y qué tal te llevás con ella?
—Ay no, Milagro… no me hagas pensar.
—Se supone que es tu mejor amiga… no debería hacerte dudar, Matías.
—Que sea mi mejor amiga no significa que todo esté perfecto… creo —dice, sentándose.
Milagro lo mira con atención.
—A veces no te entiendo… ¿de verdad querés contar lo que te pasa?
—Sí… pero es muy largo. Y si empiezo a hablar, no paro. Una cosa lleva a otra y termino diciendo mil cosas.
—Entonces sé vos mismo. Las personas que realmente te valoran te van a escuchar y querer tal como sos.
Matías baja la mirada.
—Es que casi nunca me abro… porque siento que la gente me ignora. Y cuando hablo mucho… me miran mal.
Hace una pequeña pausa.
—¿Viste cómo estoy hablando ahora? Siento que fastidio a los demás siendo así…
Suspira.
—Y ves… estaba hablando de mi mejor amiga y terminé en otra cosa… ay no…
Matías deja caer la cabeza sobre la mesa.
Milagro le acaricia la cabeza con suavidad.
Milagro no dice nada. Solo se queda ahí, acompañándolo en silencio.
Matías se queda mirando de costado, con la cabeza apoyada sobre la mesa.
—No veo a mi mejor amiga desde hace un mes… o más.
Hace una pausa.
—Y siempre la esperé… la amo, aunque muchas veces me trate mal.
Traga saliva.
—Casi nunca nos contamos las cosas malas que nos pasan… pero ella… ella solo piensa en Kevin.
Aprieta un poco los dedos sobre la mesa.
—Mi mejor amigo… antes de pensar en nuestra amistad, piensa en él. Siempre Kevin… siempre él.
Respira hondo.
—Y la verdad, no me molesta que haya salido con Kevin… era su pareja. Pero Kevin jamás la quiso… y aun así ella siempre siguió ahí.
Niega levemente con la cabeza.
—No aprende a soltar… y eso está arruinando nuestra amistad.
Baja la mirada.
—Siento que solo me usa para saber cosas sobre Kevin… y a veces me dice que no es así… que no me usa…
Hace una pausa más larga.
—Pero cuando nos vemos… demuestra lo contrario.
Cierra los ojos un segundo.
—Y no hay ni un solo día en el que no mencione a Kevin….
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com