MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 28
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Capítulo 28: Capítulo 28: Una noche larga
Félix llega enfrente de la casa de la abuela de Milagro. Baja y entra corriendo, donde ve a Milagro en el pasto junto con Yuri.
Félix se acerca y se arrodilla en el pasto.
—Milagro, ¿qué pasó?
Milagro se limpia las lágrimas.
—Llevame al hospital.
—¿Pero a qué hospital y por qué?
Yuri responde:
—Es que su abuela se siente mal… y tuvo una discusión con su papá.
Félix la levanta.
—Vamos al hospital —dice, saliendo de la casa con ella.
Mientras tanto.
Matías envía un “hola” en el chat de Mariza y tira el celular en la cama.
Escucha a su mamá discutir con su hermano.
Sale de la pieza y se apoya en la pared, mirándolos discutir.
La mamá se acerca furiosa.
—¿Qué pasó? —pregunta Matías.
—Rodrigo, como siempre, no quiere hacer nada… ni lavar un plato.Necesita trabajar… todos necesitamos hacerlo, estamos peor cada día.
Matías la mira, preocupado, sin poder hacer nada. Ve cómo su mamá se aleja.
Mientras tanto.
Milagro corre y entra al hospital. Ve a su mamá sentada.
Se acerca.
—¿Cómo está la abuela?
Su mamá le acomoda el pelo.
—Está bien, hija… tu abuela está bien.
El papá de Milagro, que estaba hablando por celular, se acerca. Ve a Félix, Yuri y Milagro… y pasa de largo, saliendo afuera.
Pasan las horas. Ya es de noche. Están esperando en el pasillo.
Llega un doctor.
—Familia Alvigareillo…
—Acá —dice Milagro.
—Ya pueden pasar a ver a la señora María.
Todos van detrás del doctor y entran a la habitación.
Milagro entra y ve a su abuela sentada, enojada con el doctor.
—He dicho que ya estoy bien, quiero irme —dice la abuela, molesta.
Milagro se acerca.
—Abuela…
La abraza.
La abuela la abraza también y mira a la mamá de Milagro.
—Por favor, decile a los doctores que ya estoy bien, así me dejan ir.
—María, necesitas quedarte un día más acá y ya —dice la mamá.
—No, no y no —responde la abuela.
—Ya basta, abuela… tenés que recuperarte y estar sana para poder ir a tomar mates tranquila.
—Está bien, Mila… —dice la abuela, acomodándose.
Yuri mira constantemente su celula.
Félix lo nota y se acerca.
—¿Qué pasa, Yuri?
—¿Qué te importa? —responde ella, guardando el celular.
Le suena el teléfono.
Milagro se acerca.
—Me re olvidé… Yuri, ¿no me dijiste si te dejaban quedarte hasta tarde?
—Ya le avisé a mamá, tranquila… pero igual ya quiere que me vaya.
Félix interviene.
—Yo te llevo.
—Ay no, gracias… —dice Yuri.
La mamá de Milagro se acerca.
—Félix, ¿me podés llevar a casa? Gallardo no va a venir todavía.
—Está bien —responde Félix.
—Yuri, quedate con Milagro —dice Rosana.
—Está bien.
Salen de la habitación.
—Esperame —dice Milagro, saliendo detrás de su mamá y Félix.
Yuri se acerca a María y se sienta al lado.
—Nunca te lo dije, pero sos muy hermosa, Yuri.
—Eh… ¿en serio? —dice Yuri, mirándola sorprendida.
—Vos también sos hermosa, María.
La abuela se acerca y le toma la mano.
—Cuidala mucho, Yuri… ella es como un cristal, muy fácil de romper. Yo siento que no me queda mucho tiempo para acompañarla… pero vos sí.
—No digas eso… vos sos su vida entera. Y sí, la voy a cuidar… voy a reparar cada cristal roto que caiga de ella. Jamás la voy a dejar sola, eso te lo prometo, María. Pero no quiero que digas que te queda poco tiempo.
María sonríe.
—Ay… está bien, estaba bromeando.
—Félix —dice Milagro, alcanzándolo.
—¿Qué pasa? —dice él, volteándose.
—Bueno… ¿podrías traer a Mati? Es que Yuri no se va a ir a su casa… al menos que haya alguien con vos.
—Pero está tu mamá.
—Mamá va a bajar mucho más tarde, y ella no se va a querer ir… y ya debería irse, porque sé que su mamá ya le retó desde hace rato.
—Está bien, le voy a decir a Matías si puede venir.
—Gracias —dice ella, yéndose a la pieza otra vez.
—Gracias por traerme, Félix —dice la mamá de Milagro, bajando del auto.
—De nada —responde Félix.
Agarra su celular y llama a Matías.
Matías está acostado mirando TikTok cuando le llega una notificación.
Mariza: “hola”.
Matías sonríe. Justo va a entrar al chat… pero le entra la llamada de Félix.
Atiende.
—¿Qué pasó? ¿Por qué me llamás a las once de la noche?
—Milagro está en el hospital… su abuela estaba mal. Quiere que vayas, así Yuri puede irse, porque no quiere venir sola conmigo.
Matías se queda pensando unos segundos.
—Esperame… voy a ver si mamá está despierta así le aviso.
Se levanta descalzo y sale de su pieza. La habitación de su mamá está enfrente. Abre despacio.
La ve dormida.
Cierra otra vez.
Agarra sus zapatillas, se las pone y sale afuera.
—Mamá está dormida… vení a buscarme rápido.
—En diez estoy ahí —responde Félix.
Pasan los minutos.
Matías espera y sale en la calle. Los perros empiezan a ladrarle. Agarra una piedra y la tira al suelo para espantarlos.
En ese momento, ve a Félix doblando en la cuadra.
Matías corre, abre la puerta del auto y entra.
—Por fin…
—Vine lo más rápido posible —dice Félix.
—Bueno… vamos.
En el camino, Félix lo ve muy silencioso. Lo mira de reojo, mientras Matías saca un poco la cabeza por la ventana del auto.
—¿Qué tal si venís con nosotros al San Juan? —dice Félix.
—O sea… ¿no tenías pensado invitarme y por eso me preguntás así? —responde Matías.
—Pues justo lo estoy haciendo ahora. Ay, Mati… siempre exagerás.
Matías lo mira mal.
—Voy a ser uno de los kamba.
—¿En serio? —dice Matías, mirándolo.
—Siempre me interesó eso… pero también me da cosa. He ido muchas veces cuando era más chico, y algunos estaban borrachos o drogados… y actuaban agresivos. Eso me asusta.
—Según yo, nosotros no… este va a ser divertido. Y espero que estés ahí. Es este 24.
—Falta poco ya… —dice Matías.
—Y sí —responde Félix, estacionando enfrente del hospital.
—Te espero acá —dice Félix—. Andá a buscar a Yuri así la llevo.
—Dale —responde Matías, quitándose el cinturón.
Abre la puerta del auto, baja y la cierra.
Entra al hospital y mira a su alrededor.
*Ha cambiado mucho…* —piensa.
Pasa por una habitación abierta.
Se detiene.
Se queda mirando.
Algo en su mente se activa.
Recuerdos… voces…
—Decile a tu mamá que te quedás…
—No me dejes… por favor…
—Yo soy tu león… y vos sos mi Violetta…
—Sos más grande que yo… pero no más fuerte…
Matías parpadea.
Se queda quieto unos segundos, confundido.
Matías deja de mirar la habitación.
—Ok… cosas del pasado. Matías, no pienses… no pienses… —murmura, y sigue caminando.
Se detiene de golpe.
—¿A dónde voy… si no sé en qué pieza está?
En ese momento, Milagro sale de una habitación y lo ve.
—¡Vení acá! —le dice.
Matías se acerca apurado y entra.
Ve a María sentada en la cama, y a Yuri al lado.
Se acerca.
—Hola… —dice.
—Ya te extrañaba —responde María, abrazándolo.
—¿Pero qué pasó? —pregunta Matías, sonriendo.
—Nada… solo fue una presión baja. Muy exagerado todo… mañana ya me llevan a casa.
—Eso es súper bueno —dice Matías, abrazándola otra vez—. Entonces mañana ya vamos a estar tomando tereré otra vez.
—Claro —responde ella.
Matías la mira.
—Sé cómo se siente estar en esta cama, todo duro… si fuera por mí, ojalá ya te dejaran salir. Pero lo mejor es que estés bien.
—Ay sí, mi hijo… ojalá ya tocar mi cama de la casa.
Todos se ríen.
—Bueno, ya me tengo que ir —dice Matías.
—¿Tan rápido? —pregunta la abuela.
—Sí… solo vine a buscar a Yuri.
—¿A mí? —dice Yuri, mirando a Milagro.
—Sí —responde Milagro—. Matías vino para acompañarte hasta tu casa.
—Ay no, no debiste… Milagro, podía quedarme.
—No, no y no —dice Milagro, levantándola.
—Está bien… chau, María, nos vemos.
—Chau —responde María.
Los tres salen de la habitación.
Milagro los acompaña hasta la salida del hospital.
—Gracias, Mati, por venir… y estar siempre acá.
—A donde sea que estés —dice Matías, riéndose.
Yuri se acerca a Milagro, le da un beso.
—Nos vemos mañana, amorcito —le dice.
Se alejan, bajando por la escalera del hospital hasta la calle.
Matías se frota las manos y sopla.
—Hace frío.
—No pensé que haría tanto frío en la noche… estaba acostado tranquilo y salí apurado, no traje mi campera.
—Sí, hacía calor en la tarde —dice Yuri.
Llegan enfrente del auto de Félix.
Se suben y se ponen el cinturón.
Matías hace ruido con los dientes por el frío. Cierra la ventana.
Félix arranca… y se van.
Durante el viaje nadie habla.
Hasta que llegan a la casa de Yuri.
—Gracias, Félix —dice Yuri, quitándose el cinturón y bajándose.
Matías baja la ventana, temblando de frío.
—Nos vemos…
—¿No querés que te dé una campera? —dice Yuri.
—No hace falta —responde Matías.
—Dale, te doy una… vení, por acompañarme.
—Está bien… ya vengo —le dice Matías a Félix.
Félix lo ve irse hacia la casa de Alondra.
Mira al frente…
y ve a unos policías acercándose.
Se baja rápido del auto, lo cierra y corre detrás de Matías.
—¿Qué pasa? —dice Matías, viéndolo llegar.
—La policía… no pueden verme, soy menor.
Matías se muerde los labios.
—A veces olvido que corremos peligro al lado tuyo… por eso.
—Pasen —dice Yuri.
Entran a la casa.
—Vos sentate ahí a esperar —dice Yuri, mirando mal a Félix.
—Acá me quedo —responde él, sentándose.
Matías y Yuri suben las escaleras.
Yuri toca una puerta.
Se abre.
Es Benjamín.
—Hola —dice, emocionado al ver a Matías.
—Hola —responde Matías.
Entran a la habitación.
—Bueno, voy a bajar a hablar con mamá… así no me reta peor por lo que me dijo en el celular. Benja, dale una campera a Matías, que hace frío afuera.
—Dale —dice él, y va hacia su ropero.
Matías se sienta en la cama y se tira hacia atrás.
—Ay… qué ganas de volver a mi cama…
Benjamín saca una campera del ropero, se acerca y se sienta también.
—Probate.
Matías se la pone y se da vuelta.
—¿Qué tal me queda?
—Te queda estupendo.
Matías se vuelve a sentar.
Nota que Benjamín cambia la cara, se pone serio.
—¿Qué pasa?
—Ahora que tenemos la oportunidad de hablar otra vez… quiero decirte algo.
—¿Es sobre Alex? —dice Matías—. Si es así, quiero saber.
Benjamín traga saliva.
—No confíes en él… no lo sigas… no le hagas caso a nada de lo que diga.
—¿Por qué? —pregunta Matías.
Benjamín empieza a temblar.
—Solo haceme caso, Matías…Por favor.
Se acerca de golpe y le agarra fuerte del hombro.
Matías se aparta y se levanta.
—Está bien, está bien…
En ese momento entra Yuri.
Mira a Benjamín, raro.
—Matías, vamos… Félix te espera.
—Benja, gracias por la campera.
Yuri saca a Matías de la habitación.
—Siempre se pone así… —dice Matías.
—No le hagas caso —responde ella, bajando las escaleras con él.
Lo acompaña hasta la puerta.
—Gracias por venir, Matías.
Félix se levanta y sale con él.
—Y gracias, Félix —dice Yuri, cerrándoles la puerta en la cara.
—Qué buena primera impresión… —dice Matías con sarcasmo, caminando hacia el auto.
Félix le abre la puerta del auto.
—Son súper raros… el conflicto del año pasado empezó en septiembre por ellos.
Matías lo mira.
—Nunca me terminaste de contar qué fue lo que realmente pasó.
Félix suspira mientras sube al auto.
—Y bueno… como te había dicho en el cole, fueron malentendidos… todo. No me gustaría acordarme.
—Entiendo… —dice Matías.
Llegan enfrente de la casa de Matías.
Matías se quita el cinturón.
—Ah… y por cierto, sí acepto lo de ir al San Juan con ustedes.
—Eso es lo que quería escuchar —dice Félix, sonriendo.
Matías baja del auto.
—Descansá…
Entra a su casa.
Félix se queda unos segundos en silencio.
—Descansá… aceptó ir… —murmura.
Arranca y se va.
Mientras tanto.
Matías entra, se quita la campera y se tira en la cama.
Agarra el celular y le responde a Mariza.
—Hola, Mari.
—Hola —responde ella enseguida.
Empiezan a hablar de muchas cosas.
—Entonces tu cumple es el 9 de junio… falta poquito —dice Matías.
Mira por la ventana.
El sol ya está saliendo.
Mira la hora.
7:30.
Escucha a su mamá caminar.
—Hablamos un montón… ya amaneció, no me di cuenta.
—Sí… hablamos más tarde, si no me retan por no dormir —responde Mariza—. Fue un gusto hablar con vos, Mati.
—El gusto fue mío.
Matías deja el celular sobre su pecho.
Se da vuelta en la cama.
—Ay… la amo… me cayó tan bien…
Matías se acomoda para dormir.
Cierra los ojos…
y su mente empieza a repetir todo.
—Soy la chica con la que hablaste…
—Mi cumple es el 9 de junio…
—Me caíste bien…
—Sos lindo… no digas eso…
—Ay, basta… yo podría amar tal cual como sos…
—Te voy a invitar a mis 15…
—Fue un gusto hablar y conocerte…
—No me molesta que hables mucho ni que preguntes mucho … no me molesta que hables mucho ni que preguntes mucho…
—Ay… —dice Matías, agarrando la almohada y tapándose la cara.
Las frases se mezclan en su cabeza.
Se repiten.
Se pisan unas con otras.
Matías sonríe solo, mirando al techo.
Aprieta la almohada.
—Ay…
Se tapa la cara con la almohada.
Y de golpe grita:
—¡Qué lindaaaaa fue conmigoooooo!
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