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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 27

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Capítulo 27: Capítulo 27: Un día atados al caos

Dos días después, viernes 3 de junio.

—¿Qué pasa, Alex? ¿Por qué viniste tan temprano? Me acabás de despertar.

—Vengo a ver a tu hermano.

—Mi hermano no está… y aunque estuviera, tampoco dejaría que lo veas.

—Vamos, sabés bien que no soy capaz de hacerle nada a tus hermanos. Nosotros crecimos juntos… son como mis hermanos.

—Los hermanos no se hacen daño.

—¿Desde cuándo yo te hice daño, Alondra?

—No sé qué te pasa últimamente… has levantado muchas sospechas. Sé que querés hacerle algo a Matías… pero andás peor que el año pasado.

Alex suspira y camina alrededor de Alondra, con las manos atrás.

—Pues no te cuesta nada aceptar mi plan para tu cumple… bueno, aunque también está San Juan. Ahí podemos hacer cosas para atraer a Matías junto a nosotros.

—¿Atraerlo? Alex, estoy harto de que siempre me quieras usar. Te ayudaría en otras cosas… pero Matías es un buen chico para hacerle estas cosas.

—¿Hacerle qué? —dice una voz desde la habitación.

El hermano de Alondra sale.

—¿No era que no estabas? —dice Alex, mirándolo.

—¿Quién sale a las ocho de la mañana?

—Pues tu hermana me dijo que no estabas.

—Qué tonta… te dije que no me gusta que mientas. Alex, ven conmigo, vamos a la pieza.

—Bueno, nos vemos —dice Alex, mirándolo con una sonrisa incómoda.

Alondra mira cómo se va.

En ese momento, su hermanito se levanta.

—¿Por qué tanto ruido, Ara?

—Nada… ven —dice ella, cargándolo y llevándolo a su pieza.

Horas después.

—Esto, esto y esto quiero para mi ropa nueva —dice Matías, mostrándole a Kevin ropa desde su celular.

—Pues… a mí no me gusta tanto, lo siento. Es como… no sé.

—No sé qué hay, Kevin… necesito que elijas conmigo.

Al celular de Matías le llegan muchas notificaciones.

—¿Quién es el pesado? —dice Kevin.

Matías mira la pantalla.

—Ahh… es Pamela, como siempre preguntando por vos.

—Ay, esa no me supera luego.

—Ay sí… qué pucha.

—Bueno, Kevin, yo me voy a casa. Me debo preparar para ir a la escuela, que se me hace tarde.

—Bueno, nos vemos a la tarde… si es que no desaparecés, como siempre.

—Espero que no —dice Matías, corriendo.

Cuatro horas después.

Suena la campana del recreo.

—Hoy no tengo ganas de salir al recreo —dice Matías a Vanessa.

—Pues yo sí —dice ella, saliendo detrás de Rumi y Fátima.

Matías mira a su alrededor. Todos salen y él se queda solo.

—Okey… —dice, y empieza a copiar lo que la profe dejó en el pizarrón.

Entran algunos compañeros y lo miran. Matías levanta la mirada y nota que están observándolo.

—Mirá, chovo —dice Luisa.

—¿Vos pio sos gay? —dice su compañera Jessica.

—No le vayan a joder a chovocito —dice otro compañero.

Matías baja la mirada.

—Vamos pues al recreo —dice Luisa, saliendo con todos.

El salón queda en silencio. Matías sigue copiando, sin hacer caso a lo que dijeron.

Entran otras dos compañeras, las que siempre se sientan atrás de Vanessa.

Pasan al lado de él, mirándolo mal, y se sientan juntas como siempre, a hablar.

Matías se voltea para agarrar el borrador del asiento de Vanessa y mira a las chicas por un momento.

—¿Qué me mirás? —dice una.

—No te estoy mirando, ¿no ves que agarro el borrador? —responde Matías.

—Qué molesto que sos… ¿podés salir al recreo y dejarnos?

—¿Y si no quiero? —dice Matías, volteándose.

—Qué pesado que es este… feo.

Matías se enoja, se levanta y sale afuera.

Ellas se empiezan a reír, mirándolo por la ventana.

Matías, furioso, va a buscar a Rumi y Fátima.

Rumi y Fátima están sentadas en la rueda de cemento, bajo el árbol.

Matías se acerca furioso y se sienta al lado de ellas.

—¿Qué pasa, Matías? —dice Fátima, mirándolo.

—Nada… es que nada, simplemente nada.

Ellas se quedan mirándolo.

Matías las mira, se levanta y se va.

Rumi y Fátima se miran, confundidas.

Elizabeth, que está hablando con un chico del colegio, ve pasar a Matías.

—Ya vengo —le dice al chico.

—¡Matías! —lo llama.

Matías no le hace caso, sigue caminando y gira, dejándola atrás.

Ella se queda mirándolo y vuelve con el chico a hablar.

Fátima y Rumi, que están sentadas juntas, miran a Elizabeth.

—¿Ese chico no es del colegio? —dice Fati.

—Sí es, ¿no ves? Tiene el buzo azul —dice Rumi.

—¿Qué hace hablando con los del colegio? —dice Fátima, tomando su jugo Tully.

—Ni idea —dice Rumi.

Matías gira en la cantina y se encuentra con Meylin.

—Holis —dice ella, acercándose.

—Hola —dice Matías—. Qué aburrida la escuela… ojalá escaparme.

—Ojalá escaparnos —dice él.

—¿Me das tu número de teléfono?

—Claro que sí, anotá —dice Matías, dictándolo.

Ella anota.

—Listo.

—¿Sabés qué podemos hacer? Ir al Monday de noche.

—¿De noche? —dice Matías, mirándola sorprendido—. Es muy peligroso ir a esa hora… dicen que el agua corre más fuerte y que anda el Pombero por ahí.

—¿Qué tanto el Pombero? —dice ella.

—Bueno… veré si puedo escapar.

—Espero que sí —dice ella.

Suena la campana de entrada.

—Bueno, enviame mensaje así vemos —dice Matías.

—Dale —dice ella.

Y se van a sus clases.

Matías se dirige a su clase hasta que ve a una chica hablando en la puerta y sonríe al verla.

La chica se voltea, lo mira y lo saluda.

Fátima y Rumi se acercan a Matías.

—Vamos —dice Rumi.

—¿Esa no es tu amiga? —dice Matías, apuntando a la chica.

—Sí —dice Fátima, emocionada, y corre hacia la puerta de salida, que está cerrada, para saludarla.

Matías se queda mirándola, concentrado.

La chica también lo mira y sonríe.

—Vamos pues a clase, Matías —dice Rumi, viendo que no se mueve.

Matías reacciona y entran a su clase.

Fátima ve que Matías y Rumi ya entraron y le dice a la chica:

—Nos vemos, Mariza… ya sé qué haré.

Sale corriendo a su clase.

Mariza se queda apoyada en la puerta, mirando.

—¡Vamos, Marizaaa! —le dice su hermana.

Matías entra a clase y se sienta.

Se voltea para hablar con Vanessa.

—¿Y si nos mudamos de lugar?

—Acá estamos bien, Matías —dice ella.

—Claro… —dice él, volteándose.

Pasan las horas y suena la campana de salida.

Todos guardan sus cosas y salen.

Matías se queda de último, juntando sus cosas.

Mira el salón… y queda vacío.

Fátima, enfrente de la clase, le dice a Lucas:

—Esperame afuera con Ruth, ya voy.

Matías se pone la mochila y se dirige a la puerta. Ve a Fátima apoyada en la pared, esperando.

Se acerca.

—¿A quién esperás?

Fátima entra un poco más y apunta a una silla.

—A ese espero —dice.

—Pero esa silla está vacía… yo estaba sentado ahí… —Matías se da cuenta—. Ahh… me estabas esperando.

—Yes —dice ella, sonriendo.

Matías se ríe.

—Bueno, vamos.

Salen afuera juntos.

Lucas se acerca con la chica.

Matías piensa: *esa chica… ¿no era la de pelo castaño que Raúl fue a ver… o la que se asomaba a verme a veces?*

Siguen caminando hacia ellos.

—Nosotros nos vamos por acá —dice Fátima.

Matías la abraza, saluda a Lucas.

—Nos vemos el lunes.

—Nos vemos —dice ella, yéndose.

Matías se queda y sigue caminando solo.

Matías empieza a correr.

Se quita el tapaboca y corre tan rápido como puede, pensando en todo.

“Sos gay…”

“¿Por qué usás tapaboca?”

“Quitate eso, hace calor…”

“¿Por qué caminás así?”

“¿Por qué no te comportás?”

“A Kevin le da vergüenza estar con vos en público… por parecér gay…”

“Pamela no te ama, date cuenta…”

“Tu familia cae en ruina…”

Matías se aprieta la cabeza y corre más rápido.

—Basta… basta… —dice, desesperado.

Corre y corre…

Hasta que de golpe se queda quieto.

Y el pensamiento se le corta de golpe.

Matías se queda mirando un árbol gigante enfrente.

De repente, se golpea la cabeza.

—Ay… mierda, carajo… puta mierda… basta… ya, ya… —dice, desordenándose el pelo.

Se acerca al árbol y empieza a golpearlo con fuerza.

—Malditos pensamientos de mierda…

Sigue pegándole, cada vez más fuerte.

Hasta que se detiene.

Se queda mirando el árbol… y apoya la frente en él.

Respira.

Está confundido.

No sabe qué le pasa.

La mochila de Matías cae de costado y se le resbala del brazo.

Él la agarra y se va del lugar.

Llega a la casa de su vecina y se sienta con ella.

Ella se acerca con un tereré y se sienta a su lado.

—¿Qué tal en la escuela?

—Mucha presión… —dice Matías, pensando.

—¿Por qué? —dice ella, pasándole el mate.

—Ahh… no quise decir… muchas tareas, muy estresante.

—Normal —dice ella.

—¿Y tu hijo? —pregunta Matías.

—Ahh, está con su abuelo, seguro.

Ella suspira.

—La gente es tan chismosa… uno no puede vivir feliz. Siempre hablan por tener dos bebés.

—No le hagas caso a la gente. Aunque seas perfecto o no, siempre van a ver defectos en vos. Es mejor hacer lo que te gusta y hacerte caso a vos mismo, no a otros.

Matías piensa: *¿hacerte caso a vos mismo?… eso es absurdo…*

—Ay… —dice en voz baja.

—Eso es cierto —dice ella.

—. ¿Y Yonathan? ¿Qué anda haciendo?

—Como siempre, jodiendo por ahí. Y hablando de Yonathan… ¿qué pasó con tu sobrino?

Matías se ríe.

—Y no sé, seguro anda trabajando.

Mientras tanto.

—Está muy rico este helado —dice Milagro—, me encanta venir a tomar helado con vos después de la escuela.

—A mí también —dice Yuri—, y vamos, te acompaño hasta la casa de tu abuela.

—Siempre tan caballerosa, mi amor.

—Siempre para vos, mi Mila.

Van caminando hasta la casa de su abuela.

Giran en la cuadra… y Milagro ve una ambulancia y el auto de su papá enfrente.

Se queda congelada.

Tira su mochila y el helado.

Y empieza a correr.

*Decime que no es la abuela…*

Yuri agarra su mochila y corre detrás de ella.

Milagro entra corriendo y ve cómo sacan a su abuela en una camilla.

Se acerca rápido.

—Abuela, ¿qué pasa? —dice, agarrándole la mano.

—Estaré bien, amor… tranquila —dice su abuela.

Se la llevan.

Milagro se queda mirando, con tristeza… y los sigue.

Suben a la abuela a la ambulancia.

—Yo voy con ella —dice la mamá de Milagro, subiéndose.

—¡Yo también! —dice Milagro.

—Solo una, por favor —dice el enfermero.

Cierran la puerta.

La ambulancia se va.

—Ay, no… —dice Milagro, llevándose el pelo hacia atrás.

Se acerca a su papá.

—¿Qué pasó, papá?

—A tu abuela se le subió la presión… por suerte estábamos acá y pudimos atenderla.

—Vamos a casa —dice él, abriendo la puerta del auto.

—No. Yo voy al hospital.

El papá abre la puerta.

—Subí.

Yuri, desde lejos, tiene la mochila de Milagro y los mira.

Milagro ve sus cosas dentro del auto.

—¿Qué hacen mis cosas ahí?

—Hablamos después. Subite.

—¿Viniste a querer llevarme y metiste mis cosas sin mi permiso? ¿Querías llevarme a casa? Seguro por eso la abuela se puso mal… es tu culpa.

—No me hagas renegar. Tu abuela está mal y vos con tus caprichos. Basta, Milagro, subite al auto.

Milagro se acerca al auto.

El papá piensa que va a subir.

Pero Milagro agarra sus cosas y las tira afuera.

—¡Dejá mis cosas en paz! ¡No quiero irme con vos! ¡Dejame en paz, carajo! ¡Basta!

El padre la agarra y le da una bofetada.

Milagro se queda en shock.

Sale del auto, cierra la puerta con fuerza y le quita la llave de la casa de la mano.

—Púdrete… ojalá nunca fueras mi padre. Te odio con toda mi fuerza. Sos una mierda.

Agarra algunas cosas del suelo, abre la puerta y entra a la casa.

Yuri corre detrás de ella.

El padre se queda quieto, procesando.

Le suena el celular.

Mira la pantalla, se sube al auto y se va.

Milagro corre hacia el fondo de la casa, llorando.

Se tira en el pasto.

Y llora fuerte.

Yuri vuelve a la calle, junta todas sus cosas, las mete adentro y cierra la puerta.

Aún hay gente mirando.

Milagro, llorando, agarra el pasto con sus dedos, lo estira y empieza a gritar fuerte.

Yuri tira lo que trae y corre.

Se tira en el pasto y la abraza fuerte por detrás.

—Tranquila, mi amor… —le dice, abrazándola más fuerte.

Mientras tanto…

Su papá estaciona en el hospital y corre adentro, donde ve a su esposa sentada.

Se acerca.

—¿Qué pasó?

—Aún no me dijeron nada, amor… ¿y Milagro?

—Hizo un kilombo… vio que metí todas sus cosas en el auto, supo al instante que la fui a buscar… me culpó de lo que le pasó a mamá… dijo que es mi culpa… —dice, apretándose los ojos—. Me dijo que soy un padre de mierda… que ojalá nunca hubiera sido su papá…

—Tranquilo, amor… no llores.

—Si le pasa algo a la abuela… yo me mato, Yuri… no sé qué haría sin ella… me muero…

—Tranquila, estoy acá con vos… no digas eso.

Yuri saca su celular.

—Ay… no puedo creer que deba llamarle otra vez…

Llama a Félix y Alondra en grupal.

Félix, que va manejando, ve sonar su celular.

—¿Desde cuándo Yuri me llama? —dice, agarrando el celular.

—Hola…

—Hola, Félix… ven rápido, Milagro se siente muy mal.

Félix escucha llorar de fondo a Milagro.

—Voy enseguida.

En ese momento, Alondra contesta.

—Hola…

Yuri ve eso y corta enseguida.

—Qué raro… —dice Alondra, mirando su celular.

Mientras tanto.

—Ya vengo —dice Matías a su vecina, y pasa a su casa, que está al lado.

Recibe una notificación en su celular.

Matías mira.

Fátima: *un contacto enviado.*

Matías abre el chat mientras entra a su casa.

—Ay, perdón… te envié mal, no era para vos, ignoralo xd —envía Fátima.

Matías mira el contacto.

Decía: Mariza.

—Mariza… Mariza… Mariza… —dice Matías—. ¿Quién era Mariza? Ay… lo tengo en la punta de la mente… ¿dónde me habían dicho que se llamaba así?

—¿Pero quién es? —dice Matías, enviándole mensaje a Fátima.

—Es una amiga… simplemente ignorá, no le envíes mensaje.

Matías mira el chat.

—Que se equivocó no creo… le voy a chatear, la curiosidad me gana —dice, entrando al chat del contacto: Mariza.

Mientras tanto.

Alex está sentado en su casa.

Se voltea a mirar a Alondra, que está apoyada en la puerta.

—Bien dicho, chiquilla… ese día vos te encargás de que Milagro ni nadie se meta en la pieza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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