Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 73
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73: Cambiar de ropa 73: Cambiar de ropa En la oscuridad, Aiden abrió los ojos.
No sabía en qué estaba pensando Anya, ni qué le dificultaba a su esposa conciliar el sueño.
¿Acaso Anya seguía pensando en la identidad de Keara?
Pero Aiden no quería dar demasiadas explicaciones sobre Keara.
Después de todo, Keara estaba muerta.
¿Qué había que explicar?
Se quedó mirando el rostro de Anya, que dormía profundamente.
Extendió las manos para apartarle el pelo alborotado que le cubría la cara.
¿Pensaba Anya en su relación con Keara?
¿Se preocupaba por él?
¿Estaba empezando a quererlo?
Ese pensamiento cruzó la mente de Aiden a toda velocidad mientras miraba el rostro de su esposa con ternura.
Después, volvió a cerrar los ojos y se quedó dormido.
…
A la mañana siguiente, Anya se despertó temprano a pesar de que le había costado dormir.
Se sentó en la cama y estiró los brazos, viendo que Aiden seguía dormido a su lado.
Anya miró el reloj de la mesita de noche y se dio cuenta de que tenía que prepararse para su primer día de trabajo.
Cogió la ropa del armario y se metió corriendo en el baño para asearse y lavarse el pelo.
Después de ducharse, Anya se envolvió el pelo mojado en una toalla.
Sin embargo, justo cuando iba a vestirse, se le cayó la ropa al suelo sin querer y se empapó.
—¡Ah!
—exclamó, dándose una palmada en la frente.
¿Qué iba a hacer ahora?
No tenía ropa que ponerse.
Tras un momento de confusión, Anya lo sopesó.
Para estas horas, Aiden ya debería haber bajado a desayunar.
Así que la habitación debía de estar vacía.
Podía coger algo de ropa y cambiarse en su cuarto.
Anya no se atrevió a esperar más por miedo a llegar tarde.
Se envolvió inmediatamente el cuerpo en una toalla y salió del baño a por ropa nueva.
Cuando salió del baño, vio a Aiden sentado al borde de la cama, con aspecto de acabarse de despertar.
Anya miró a Aiden tan sorprendida que se olvidó de reaccionar.
Aiden, que acababa de despertarse, también estaba muy sorprendido.
Aún era temprano, pero podía ver una estampa muy hermosa.
Sintió que la sangre le hervía al ver que su esposa solo estaba envuelta en una toalla y parecía que acababa de salir del baño.
Tras un momento de estupefacción, Anya intentó cubrirse de inmediato.
Se dio la vuelta, presa del pánico, y le dio la espalda a Aiden.
La piel que no cubría la toalla se veía tan suave que hizo que Aiden se sintiera asombrado de nuevo.
Sus largas piernas también parecían tan hermosas que casi le arrancan el alma del cuerpo a Aiden.
Aiden solo pudo tragar saliva al ver a Anya.
Por la reacción avergonzada de ella, supo que no debía seguir mirándole el cuerpo.
Pero no podía apartar la vista, ya que estaba profundamente absorto en el hermoso cuerpo de Anya.
Al volver en sí, Anya recordó algo.
¡Aiden no podía verla!
¿Por qué entrar en pánico?
Además, Aiden no había reaccionado en absoluto ni había dicho nada.
Todo se debía a que Aiden no podía ver que Anya solo llevaba una toalla.
De repente, Anya se sintió un poco estúpida por haber entrado en pánico.
Qué tonta había sido.
Se dio la vuelta lentamente, viendo que Aiden miraba directamente en su dirección.
El hombre estaba en silencio, como si no se diera cuenta de lo que pasaba.
Anya se sintió aliviada de inmediato.
Sin embargo, Aiden veía con claridad todo lo que pasaba.
Cuando Anya se dio la vuelta, pudo ver sus pechos, apenas cubiertos por la toalla.
El rostro de Aiden no cambió; permaneció inexpresivo, como de costumbre.
No obstante, su respiración se había acelerado mucho debido a la agitación que sentía.
Admiró el cuerpo de Anya, que se veía hermosísimo bajo la tenue luz de su imperfecta visión.
—Hoy es tu primer día de trabajo, no llegues tarde.
Baja rápido a desayunar.
Le pediré a Abdi que te lleve —dijo Aiden con naturalidad.
—Sí —respondió Anya con un suspiro de alivio.
Aiden no podía verla, así que habló como si no hubiera pasado nada.
Anya caminó hacia la esquina de la habitación, que estaba llena de armarios.
Esa estancia estaba unida al dormitorio principal, sin separación de una puerta o un tabique.
De modo que, desde su posición actual, Aiden no podía verla con claridad.
Anya escogió un vestido de uno de los armarios y espió a Aiden, asegurándose de que no mirara en su dirección.
Tras cerciorarse de que el hombre realmente no la veía, se quitó la toalla que le envolvía el cuerpo.
Aiden, aún sentado al borde de la cama, no pudo sino asombrarse.
No esperaba que Anya se cambiara de ropa delante de él.
Ciertamente, había tocado todo el cuerpo de Anya y la había admirado cuando hicieron el amor en el hotel.
Pero en ese momento estaba tan consumido por la pasión que no pudo contemplar de cerca aquel hermoso cuerpo.
Pero en ese momento, el cuerpo de Anya estaba expuesto ante él.
Giró la cabeza para no mirarla directamente, pero aun así la miraba de reojo y admiraba su cuerpo en silencio, incapaz de apartar la vista.
La escena que tenía ante él era tan hermosa que lo dejó a la vez sorprendido y asombrado.
Tragó saliva repetidamente, conteniendo la pasión que empezaba a surgir de su cuerpo.
Anya se cambió de ropa muy rápido.
En un instante, ya estaba vestida y arreglada.
En cuanto levantó la cabeza, vio que Aiden la estaba mirando.
Su cara se sonrojó de vergüenza al instante.
Se acercó a Aiden, extendió la mano y la agitó delante de sus ojos.
Ninguna reacción.
Anya se sintió muy aliviada al verlo impasible.
Aiden extendió la mano y sujetó la de Anya, que estaba justo delante de sus ojos.
Su otra mano le rodeó inmediatamente la cintura para atraerla hacia él.
—¿Hueles bien?
¿Te has duchado?
Anya se sentó en el regazo de Aiden, pero sintió que algo no iba bien.
¡Algo sobresalía!
Se levantó de un salto, presa del pánico.
Era imposible que Aiden reaccionara por ver su cuerpo.
¡Había confirmado que el hombre no podía verla!
¿Acaso los hombres reaccionaban así todas las mañanas?
—Yo…
voy a bajar a comer —dijo Anya, titubeante.
—Yo también quiero comer…
—le susurró Aiden al oído, sin soltarla.
Sin embargo, de algún modo, sus palabras parecían tener un doble sentido.
Aiden no quería desayunar…
¡quería comérsela a ella!
¡Quería hacerle el amor!
El rostro de Anya se puso rojo de inmediato hasta sentir las orejas calientes.
—¡¿Eh?!
Yo…
¡Tengo que ir a trabajar ya!
—dijo mientras intentaba escapar del regazo de Aiden.
Aiden solo soltó una risita al ver la reacción de Anya.
Al parecer, la mujer sabía a qué se refería.
Anya se sintió confundida al ver que la mano de Aiden todavía la abrazaba con fuerza.
¿Por qué se metía Aiden con ella así de repente?
Por lo general, ese hombre no hablaba mucho.
¿Quizá estaba de buen humor por su cita de ayer?
Tomó la iniciativa de besar a Aiden en la mejilla y dijo: —Voy a bajar a comer, ¿vale?
Aiden sintió el beso en la mejilla.
Los labios de Anya, al rozarle la piel, se sentían increíblemente suaves.
Sin embargo, el beso solo hizo que el abrazo en torno a la cintura de Anya se estrechara aún más.
—Aiden…
—La mano de Anya se aferró al hombro de Aiden para sostenerse y no caer.
Aiden realmente no quería soltar su abrazo.
Miró a Anya, que estaba entre sus brazos.
El rostro de la mujer enrojeció de vergüenza.
A veces, una de sus manos se colocaba el pelo detrás de la oreja, una señal de que estaba nerviosa.
Aiden de verdad quería arrastrar a Anya de vuelta a la cama y demostrarle cuánto la amaba.
Sin embargo, hoy era el primer día de trabajo de Anya y este empleo era muy importante para ella.
Solo por hoy, decidió ceder.
Anya sintió que la mano de Aiden se aflojaba.
Se levantó de inmediato, cogió su bolso y corrió hacia la puerta.
Sin embargo, al llegar al umbral, volvió a mirar a Aiden y sonrió inconscientemente.
Aiden sintió como si una flecha le atravesara el corazón.
Esa sonrisa era tan adorable que hizo que todo su cuerpo se estremeciera.
«Esta mujer de verdad va a ser la causa de mi muerte…».
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