Matrimonio oculto con mi CEO imperfecto - Capítulo 77
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77: ¿Alguna vez me has amado?
77: ¿Alguna vez me has amado?
—Eh, pero…
—Anya estaba a punto de impedir que Ben se fuera.
Quería decirle que ella atendería a los clientes de enfrente y dejaría que él limpiara la herida de Raka.
Lo detuvo de inmediato.
—No puedo hacerlo —dijo—.
Es mejor que el Señor Raka vaya al hospital.
Se plantó con firmeza en la puerta, sin intención de avanzar, tratando de impedir que Ben saliera de la habitación.
Si daba un solo paso adelante, Aiden se enfurecería con ella.
Si se acercaba un paso más, el trabajo de Harris estaría en juego.
Ben parecía un poco molesto de que Anya no hiciera lo que le decía.
—¡Ayuda al Señor Raka a limpiar la herida, sácale todos los cristales rotos de las manos y asegúrate de que no quede ninguno!
¡Véndale la herida con cuidado antes de que el Señor Raka vaya al hospital para que no se infecte!
—ordenó Ben con firmeza.
A Raka le supo mal ver cómo su gerente regañaba a Anya en su primer día de trabajo.
—Siento haber sido una molestia.
Pagaré los daños causados en la tienda.
—Señor Raka, es el primer día de trabajo de Anya, por eso no le explicó las medidas de seguridad.
Ha sido todo por nuestra negligencia que usted haya sufrido una herida así.
No es necesario que pague ninguna indemnización, nosotros nos haremos cargo de sus gastos de hospital —dijo Ben amablemente a Raka.
—Anya ya me había advertido que no me pusiera demasiado nervioso y que no apretara la botella con mucha fuerza.
Todo ha sido culpa mía por no hacerle caso —dijo Raka, intentando defender a Anya.
Mientras hablaban, de repente uno de los empleados se les acercó presa del pánico.
—Gerente, hay muchísimos clientes fuera.
—Andaban muy cortos de personal porque Ben y Anya no estaban en la tienda.
—Gerente, por favor, continúe con su trabajo.
Deje que Anya me limpie la herida —dijo Raka, pidiéndole a Ben que se fuera de inmediato.
Ben asintió ante la petición y se despidió de Raka, dejando a Anya y a Raka solos en la habitación.
Anya se quedó de pie en silencio junto a la puerta, sin querer avanzar y sin atreverse a mirar la herida en la mano de Raka, que seguía cubierta de sangre.
El paño que habían usado para cubrirla temporalmente se había teñido de rojo.
—¿De verdad no quieres mirarme hasta ese punto?
—preguntó Raka con voz suave.
Anya se quedó donde estaba y miró a Raka con incertidumbre.
No se atrevía a moverse en absoluto y no quería que Raka viera su ansiedad.
Anya sopesaba qué hacer mientras apretaba los dientes.
Finalmente, decidió que limpiaría la herida de Raka y después volvería a su trabajo.
Entró en la sala de descanso para empleados y se acuclilló junto a Raka, abriendo el botiquín de primeros auxilios que Ben había dejado sobre la mesa.
—Pon la mano sobre la mesa, voy a limpiarla —dijo Anya mientras sacaba unas pinzas, algodón y desinfectante.
Raka no dijo nada.
Extendió la mano y la puso sobre la mesa, con la palma abierta.
—Te va a doler un poco.
¡Aguanta!
—Anya sostuvo las pinzas para quitar los cristales rotos que aún estaban clavados en la mano de Raka mientras soplaba para reducir el dolor.
Raka guardó silencio, aguantando el dolor en su mano.
Después de que le quitó todos los trozos de cristal, Anya limpió inmediatamente las heridas con desinfectante.
Anya no era como la mayoría de las mujeres, que gritarían o incluso se desmayarían al ver sangre y heridas.
Limpió tranquilamente la herida de la mano de Raka, la vendó con rapidez y luego le dijo que fuera al hospital inmediatamente.
—¡Anya, deja a Aiden!
—dijo Raka, sujetando la mano de Anya cuando esta se disponía a levantarse para marcharse.
—Aiden es muy bueno conmigo.
No lo voy a dejar.
Raka, no deberíamos volver a vernos.
No vengas más a este lugar —dijo Anya con calma.
—Sé que necesitas dinero y por eso quieres casarte con Aiden.
Pero, ¿te has parado a pensar por qué Aiden querría casarse contigo de repente?
Estoy seguro de que tiene que haber una conspiración detrás de todo esto —respondió Raka, mirando con sinceridad el rostro de Anya.
De verdad quería ayudarla.
—Solo soy una persona normal.
Sin propiedades ni nada.
Solo soy una chica pobre.
¿Qué puede ganar Aiden casándose conmigo?
—Anya se rio, riéndose de sí misma y de su miserable destino.
—¡Descubriré su plan!
—Raka no podía creer que Aiden se casara con Anya sin motivo.
Pretendía desenmascarar el plan de Aiden y liberar a Anya de ese hombre.
—Raka, no hagas enfadar a Aiden.
No puedes provocarlo.
De verdad que soy feliz con él —dijo Anya, frenética.
—¿Estás preocupada por mí?
Incluso recuerdas que soy alérgico a la artemisa.
Sé que todavía hay un lugar para mí en tu corazón —dijo Raka mientras miraba el rostro de Anya.
Su mirada buscaba si había alguna añoranza que irradiara de la hermosa cara que tenía delante.
—Hace tres años, ¿por qué no me dijiste que tu madre estaba enferma?
¿Por qué no me dijiste que necesitabas dinero?
—preguntó él.
Anya solo sonrió débilmente.
Después de tres años, Raka todavía no entendía por qué ella necesitaba dinero.
No sabía por qué Anya decidió aceptar el dinero que le dio su madre en lugar de hablar con él.
Aquel hombre no sabía lo dura que es la vida cuando no tienes dinero.
Los hospitales no eran lugares para donaciones voluntarias.
Sin dinero para pagar los gastos de hospital y las medicinas de su madre, ella podría haber perdido la vida.
Si eso hubiera ocurrido, Anya se habría quedado completamente sola.
Raka pensaba que Anya no lo quería y que solo le interesaba su dinero, por lo que al final aceptó el dinero de la madre de Raka y rompió su relación con él.
De hecho, Anya estaba trabajando duro, estudiando con diligencia para terminar sus estudios, e incluso ahorraba dinero de vez en cuando para comprarle regalos a Raka.
También intentaba encontrar tiempo libre en su apretada agenda para poder quedar con él.
Pero, ¿qué recibió a cambio?
Raka pensó que a Anya no le importaba.
Pensó que Anya no se esforzaba por encontrar tiempo para verlo y que no quería pasar tiempo con él.
Raka no paraba de quejarse y de cuestionar su relación.
«Raka, nunca sabrás lo mucho que luché por estar a tu altura», pensó Anya para sus adentros.
Anya quería tanto a Raka que no deseaba que él viera su lado malo.
No quería que la considerara una mujer patética e indigna de él, así que se esforzó mucho por estar a su altura.
Pero, ¿qué significaba todo aquello ahora?
—¿De qué sirve?
Tú no tienes dinero —dijo Anya, sonriendo con sarcasmo.
—¡Sí tengo!
¡Puedo ayudarte!
—dijo Raka.
Era el hijo de la familia Mahendra.
¿Cómo iba a no tener dinero?
Una de las cejas de Anya se arqueó ligeramente, como si mirara con condescendencia al hombre que tenía delante.
—Tu dinero es el dinero de tu madre.
Tanto si me lo das tú como si me lo da tu madre, no creo que haya ninguna diferencia.
—¡No!
Si yo te hubiera dado el dinero, no tendrías que haber roto conmigo —replicó Raka con cara triste.
Si él hubiera ayudado a Anya, no la habría dejado marchar de su lado así como así.
Anya bajó la cabeza.
No quería mirar a Raka a la cara.
Su humor empeoraba por momentos tras hablar de esto, pero la conversación parecía no tener fin.
Raka no quería escuchar su explicación y ella no sabía cómo explicárselo.
Ojalá aquel hombre la escuchara y no volviera a aparecer en su vida después de aquello.
—Raka, desde que mi madre dejó a la Familia Tedjasukmana, no estábamos destinados a estar juntos.
Aunque tu madre no me hubiera dado dinero, nos habríamos separado de todos modos.
Anya guardó las cosas del botiquín y se preparó para salir de la habitación.
—Anya, ¿alguna vez me has querido?
¿Aunque solo fuera un poco?
—Había una brizna de esperanza en los ojos de Raka cuando le preguntó esto.
Él realmente esperaba que Anya lo hubiera amado con todo su corazón en el pasado.
Si Anya lo había amado antes, al menos había amor por él en su corazón, aunque solo fuera un poco.
Un poco de su amor significaría mucho para Raka…
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