Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 155
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155: ¿Qué ves?
155: ¿Qué ves?
Cuando Ying Sheng llegó al lugar programado para la sesión de fotos, se dio cuenta de que no había nadie, excepto el equipo de cámaras, el maquillador y el estilista.
Como Yan Mei quería que resultara más misteriosa para el público, no reveló a los medios quién era el rostro de su nueva colección.
Además, como no quería que se filtrara la noticia, organizó una sesión de fotos privada para Ying Sheng.
La hicieron pasar a una habitación donde se encontraba el maquillador.
—¡Hola, cariño!
—la saludó un hombre.
Era delgado y alto, y llevaba unos vaqueros ajustados negros y una camiseta negra.
Su pelo oscuro estaba peinado hacia arriba por delante y llevaba un piercing en la nariz.
—Hola —asintió Ying Sheng educadamente.
No quería causarle problemas a Yan Mei, así que fue muy educada y respetuosa con los trabajadores.
—¡¿Cómo estás, chica?!
—chilló el hombre con entusiasmo, como si él y Ying Sheng fueran amigos de toda la vida.
Pero no, acababan de conocerse.
—Estoy bien, ¿y tú?
—preguntó Ying Sheng con incomodidad.
No estaba acostumbrada a que la gente la tratara tan bien la primera vez que se veían.
—¡Estoy fantabuloso!
Después de todo, voy a poder hacer mi magia especial en una chica tan guapa como tú.
Ying Sheng se rio de su entusiasmo.
—De acuerdo.
Entonces, veamos qué tienes —dijo Ying Sheng.
—¡Oh, cariño, ya me caes bien y eso que no me cae bien mucha gente!
—dijo él, guiñándole un ojo a Ying Sheng.
La acomodó en una silla.
—La señorita Yan dijo que busca algo feroz, chic y elegante, y a la vez sexi.
A ver si puedo hacer esa magia.
Una hora y treinta minutos después, Ying Sheng se miró al espejo y parpadeó.
No podía creer que la persona que le devolvía la mirada fuera ella.
Tenía que admitir que estaba preciosa.
Su pelo, habitualmente largo y rojo, estaba recogido en un moño en la nuca, dejando al descubierto su hermoso y largo cuello.
Ying Sheng se sentía muy formal y elegante en comparación con su yo habitual.
Su mano fue inconscientemente a su garganta, donde descansaba una gargantilla de diamantes y granates.
Unos pendientes a juego lucían magníficos en sus orejas.
Tenía el rostro contorneado y una mirada oscura y sensual: un delineado de ojo de gato, pestañas audaces y un pintalabios rojo oscuro para completar el look.
—¡Dios mío, estás increíble!
—exclamó el estilista radiante de emoción mientras aplaudía.
—¡Acabas de hacer que un hombre gay se plantee volverse hetero por ti!
Ying Sheng se limitó a mirarse a sí misma mientras exhalaba bruscamente; los nervios empezaban a jugarle una mala pasada y las palmas de las manos comenzaron a sudarle y a sentirse calientes.
—¿Estás nerviosa?
—preguntó una voz suave, haciendo que Ying Sheng se diera la vuelta.
Se puso de pie cuando vio que era Yan Mei.
—Prima política —dijo Ying Sheng mientras un leve sonrojo aparecía en su rostro.
Yan Mei asintió y le sonrió con dulzura.
—Estás preciosa.
Ying Sheng se mordió los labios y sonrió.
—Gracias.
Yan Mei se giró para mirar al estilista, que esperaba que Yan Mei lo elogiara, pero ella simplemente lo ignoró.
Caminó con decisión hacia Ying Sheng y la giró para que mirara su reflejo en el espejo.
Yan Mei se colocó detrás de Ying Sheng y la agarró suavemente por los hombros.
—¿Qué ves?
—preguntó Yan Mei mientras se encontraba con la mirada de Ying Sheng en el espejo.
Ying Sheng tragó saliva y sus labios se curvaron en una sonrisa sofisticada.
—¿Una mujer preciosa que no soy yo?
Siento que esta no soy yo.
No soy tan elegante, chic y sexi —dijo Ying Sheng mientras bajaba la mirada en el espejo.
Yan Mei rio entre dientes al escuchar a Ying Sheng.
—¿Sabes por qué te elegí para esto?
—preguntó Yan Mei, lo que hizo que Ying Sheng frunciera el ceño, confundida.
—¿Por qué?
—Cuando te vi por primera vez, vi en tus ojos la misma mirada que yo tenía a tu edad.
Sientes que no encajas y que nadie te entiende.
Pero esa es la belleza de ser tú misma.
El ceño de Ying Sheng se frunció aún más por la confusión.
—Todo esto es para ayudarte a construir tu confianza y hacer que te des cuenta de tu propia valía, Ying Sheng.
La mujer en el espejo eres tú.
Eres audaz, sexi, chic, feroz y todo lo que quieras ser.
Todo depende de si estás lista para salir de esa imagen de chica mala que has construido para protegerte de la sociedad y encontrar a tu verdadero yo.
—¿Mi verdadero yo?
—murmuró Ying Sheng mientras miraba su reflejo en el espejo.
—Sí, tu verdadero yo.
Entonces, ¿quién eres, Ying Sheng?
Yan Mei le susurró suavemente al oído a Ying Sheng.
De repente, la voz del fotógrafo sonó, interrumpiéndolas.
—Muéstrame quién eres frente a la cámara.
Recuerda, diviértete y simplemente sé tú misma —dijo Yan Mei mientras salía del vestidor.
Ying Sheng se quedó mirando la espalda de Yan Mei, sumida en profundos pensamientos.
«¿Qué querrá decir?»
Ying Sheng salió de sus pensamientos cuando sintió que el estilista le deslizaba un anillo en el dedo.
—¡Recuerda que te estoy animando!
Estoy seguro de que después de esto serás una gran sensación en el país.
¡El nacimiento de una estrella!
Ying Sheng se rio entre dientes y puso los ojos en blanco ante el estilista.
—Apoya un codo en la mesa y tócate suavemente el cuello mientras miras a esa pizarra blanca de allí.
Luego, pon tu mejor mirada salvaje —instruyó el fotógrafo.
Ying Sheng lo hizo a la perfección.
Aunque era su primera vez frente a las cámaras, lo hizo excepcionalmente bien, escuchando el consejo de Yan Mei.
No intentó ser alguien que no era.
Ni forzarse a verse de una determinada manera.
Esta era ella, siendo audaz, sexi, feroz y chic.
Ying Sheng pasó el resto de la tarde cambiándose a diferentes atuendos y adoptando diferentes poses.
«Modelar es muy difícil, uf.
¿Por qué estas chicas pasan por todo esto?», se quejó amargamente Ying Sheng, aunque estaba claro que se estaba divirtiendo frente a la cámara.
Su pose favorita era una en la que llevaba un gran sombrero negro de ala ancha que le cubría la mitad de la cara y collares de perlas que le adornaban la garganta.
Sintió que rezumaba elegancia, sensualidad y misterio.
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