Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 157
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- Capítulo 157 - 157 Las chicas buenas no mienten
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157: Las chicas buenas no mienten 157: Las chicas buenas no mienten Al día siguiente, Liam llamó a la puerta de Ying Sheng.
—Pasa —respondió ella al oír los golpes.
Sabía que era Liam.
La puerta se abrió y Liam entró.
Ying Sheng no pudo evitar echarle un vistazo.
Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca que le quedaban a la perfección.
Era una mujer normal y era perfectamente normal fijarse en un chico guapo.
—¿Qué pasa?
—preguntó Ying Sheng mientras jugaba a un juego en su móvil.
—Como vas a quedarte aquí una temporada y no has traído ropa, aparte de las pocas prendas que te compré, pensaba que deberías ir de compras y elegir la ropa que te guste.
Ying Sheng lo miró y enarcó las cejas—.
¿Para qué tomarse la molestia de ir de compras cuando simplemente puedo comprar una tienda entera de ropa?
Liam la miró con complicidad y Ying Sheng suspiró.
La verdad es que necesitaba ropa, pero la sola idea de ir de compras ya le estaba dando dolor de cabeza.
—Ir de compras te vendría bien.
Has estado metida aquí todo el día, ¿no te aburres?
—¿Eh, no?
Estoy jugando a mi juego favorito, lanzado por mi ídolo, ¿por qué iba a aburrirme?
Ahora, si fueras tan amable de irte, me estás distrayendo.
Al ver su cara seria, Ying Sheng supo que no se iría hasta que ella aceptara ese maratón de compras.
—Está bien, de acuerdo, iré —se rindió Ying Sheng y cerró el juego al que estaba jugando.
Si Liam hubiera estado más cerca, habría visto que el juego era el nuevo que él mismo había lanzado hacía solo unos días.
—Bien, toma esto —dijo él mientras sacaba una tarjeta de crédito de su cartera.
—Compra lo que quieras, siempre y cuando seas feliz.
Ying Sheng enarcó las cejas—.
¿En serio?
¿Me estás dando tu sueldo para que lo gaste en ropa?
Soy una rica heredera y tú solo eres un joven que trabaja, ¿por qué iba a aceptar el dinero que tanto te ha costado ganar?
Ying Sheng negó con la cabeza mientras lo miraba con expresión seria.
Liam se le quedó mirando unos segundos antes de estallar en carcajadas.
Ying Sheng estaba claramente confundida por su reacción.
No esperaba que se riese de lo que ella había dicho.
—¿Qué?
—preguntó ella con el ceño fruncido por la confusión.
—Puedo permitirme comprarte algo de ropa, Ying Sheng.
No soy tan pobre —dijo, y le entregó su tarjeta de crédito.
—Esa no es la cuestión.
Pero creo que deberías gastar el dinero que tanto te cuesta ganar en algo más importante, no…
—¿Quién ha dicho que no eres importante?
—la interrumpió Liam.
Ying Sheng gimió—.
Yo…, eres muy terco, Guapo.
Liam se rio entre dientes—.
Aprendí de la mejor maestra.
Ying Sheng puso los ojos en blanco—.
Lo que digas.
Pero no voy a gastar tu dinero.
—¿Por qué te gusta tanto discutir?
Vas a aceptar mi tarjeta de crédito.
Fin de la discusión —dijo Liam mientras huía de la habitación, sin darle la oportunidad de negarse.
Ying Sheng se cambió a su atuendo habitual.
Unos vaqueros ajustados negros y una camisa negra, con una cadena de oro adornando su cuello y un par de zapatillas deportivas.
Cuando bajó las escaleras, vio a Liam sentado en el sofá con una chica preciosa.
Ying Sheng tuvo que admitir que la chica era realmente guapa.
¿Saben a qué me refiero?
¿A esas esposas trofeo con las que a los hombres de negocios les gusta presumir en las fiestas?
Sí, ella era definitivamente una de ellas, con su larga melena rubia y su cuerpo perfecto.
La chica dijo algo que hizo sonreír a Liam.
La sonrisa más grande que Ying Sheng le había visto jamás.
Aunque Ying Sheng no quería admitirlo, ver a Liam sonreír de esa manera le molestaba, porque nunca le había sonreído así a ella.
Ying Sheng se acercó a ellos—.
Guapo, ¿quién es esta?
—dijo Ying Sheng, escudriñando a la mujer que tenía delante.
—Ying Sheng, esta es Dong Yishan.
Estaba pensando que podrías ir con ella de compras.
Ying Sheng entrecerró los ojos hacia Liam y él le devolvió una sonrisa radiante.
—Hola, encantada de conocerte —chilló Dong Yishan con entusiasmo.
—¿Ah, sí?
Ojalá pudiera decir lo mismo de ti.
Pero eso sería mentira, y las chicas buenas no mienten.
Dijo Ying Sheng, fingiendo una sonrisa.
El rostro emocionado de Dong Yishan se descompuso y miró a Liam.
Liam suspiró—.
A Ying Sheng le gusta hacer bromas.
No te ofendas, Dongdong.
Dong Yishan sonrió y envolvió a Ying Sheng en un abrazo—.
No pasa nada.
Estoy segura de que la señorita Ying y yo seremos amigas después de las compras.
Ying Sheng puso los ojos en blanco.
¿Quién era esta chica?
Por su nombre, sabía que no era pariente de Liam.
Aunque tampoco es que ella supiera el apellido de Liam.
¿Quizá era la chica que le gustaba a Liam?
—¡Vamos de compras!
—chilló mientras agarraba la mano de Ying Sheng y tiraba de ella para sacarla de la casa antes de que pudiera protestar.
Ying Sheng miró hacia atrás y vio a Liam sonriéndole de oreja a oreja.
—¡Que te diviertas!
—le sonrió él.
Ying Sheng puso los ojos en blanco mientras entraba en el coche.
Un silencio incómodo se instaló en el coche mientras Ying Sheng jugueteaba con su móvil.
—Y…
¿cómo se conocieron tú y Liam?
—preguntó Dong Yishan, mirando de reojo a Ying Sheng.
—En un club de striptease —respondió Ying Sheng, encogiéndose de hombros.
Dong Yishan abrió los ojos como platos, incrédula.
—¿En serio?
Ying Sheng asintió con cara seria.
Observó divertida cómo ciertas emociones se reflejaban en el rostro de Dong Yishan.
—¿Y tú?
¿Qué eres de Guapo?
—preguntó Ying Sheng, tan casualmente como pudo, pero aun así su tono salió amargo.
—¿Guapo?
¿Te refieres a Liam?
Ying Sheng asintió.
—Oh, ¿es un apodo para él?
¡Qué mono!
Los labios de Ying Sheng se crisparon ligeramente, pero mantuvo la vista en su móvil.
—Oh, no hace falta que seas hostil conmigo, Ying Sheng.
No te robaré a tu guapo —dijo, lanzándole un guiño sutil a Ying Sheng.
Ying Sheng puso los ojos en blanco por enésima vez ese día.
—Créeme, no hay nada entre nosotros.
Somos mejores amigos de la infancia.
Soy como una hermana pequeña para Liam —explicó Dong Yishan.
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