Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 304
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Capítulo 304: Los sueños se hacen realidad
Liam no podía creer que esas palabras hubieran salido de su boca. No dejaba de oírlas una y otra vez en su cabeza porque no quería que se fuera, pero no esperaba decírselas en voz alta. Ahora, ella lo miraba fijamente, y lo único que él podía hacer era devolverle la mirada.
Cuando se sentó en su regazo y empezó a juguetear, le costó mucho mantener el control. Era tan hermosa y seductora, y con ella mirándolo a los ojos tan de cerca, lo único que deseaba era besarla. Todavía quería besarla, recapturar la intensidad de ese momento que había dejado escapar.
—No tienes por qué irte si no quieres —consiguió musitar Liam, intentando recuperar la compostura. Ella no paraba de acercársele y él no paraba de dejar que se le escapara. Era una tortura reprimir sus sentimientos por ella cuando sería tan fácil ceder y soltar todo lo que pensaba.
Ying Sheng dio lentamente unos pasos hacia él, con una expresión de confusión en el rostro mientras lo miraba.
—¿Estás bien? —le preguntó Ying Sheng, que parecía tensa.
Liam estaba bien y, al mismo tiempo, muy lejos de estarlo. Estaba con ella, lo cual era genial, pero también estaba abrumado por una cabeza llena de pensamientos caóticos que no podía ordenar. Sentía que estaba a punto de explotar. Quería ser sincero con ella, pero también tenía miedo. Todo se reducía a qué sentimiento era más fuerte en ese momento.
—Me gustas —espetó antes de taparse la boca con la mano, horrorizado. Parecía que hoy no tenía filtro.
Ying Sheng lo miró fijamente con la misma sorpresa escrita en su rostro. Abrió los labios para decir algo, pero no le salieron las palabras. En su lugar, el silencio llenó la habitación. Aunque él ya le había dicho lo que sentía por ella antes, Ying Sheng no le había creído de verdad al principio. Pensó que en aquel momento él estaba confundido y asustado por su intento de suicidio, pero hoy algo se sentía diferente.
Liam se levantó lentamente de su silla de jugador, sin saber cómo interpretar su silencio. Podía ser algo bueno o malo. Sin embargo, tenía mucho más que decir al respecto, y decidió aprovechar el silencio.
—Siento si esto te incomoda. Es solo que… ya no puedo evitar lo que siento. Sé que ya te lo dije y no volví a mencionarlo porque pensé que necesitabas tiempo para sanar, pero me encantaría tener la oportunidad de invitarte a una cita —le soltó Liam, que solo deseaba una oportunidad para demostrarle lo mucho que ella significaba para él. Sin embargo, si no quería darle esa oportunidad, era una decisión suya que él respetaría. Lo único que quería era que fuera feliz.
El rostro de Ying Sheng se suavizó gradualmente, y en su lugar apareció una expresión de interés.
—¿Quieres invitarme a una cita? —le preguntó Ying Sheng mientras ladeaba la cabeza.
Liam asintió, pensando que sería un buen punto de partida. Podrían ver si había química romántica entre ellos antes de decidir si seguir adelante o no.
—Solo para cenar o hacer algo divertido —le dijo, esperando que le interesara una noche con él. Sabía que a ella probablemente no le gustaría una cena tradicional con vino y una conversación aburrida. Tendría que pensar en algo un poco fuera de lo común si ella aceptaba.
Ying Sheng tarareó suavemente, pareciendo intrigada. No dijo nada durante unos instantes más, y la tensión en la habitación aumentó.
—Creo que me gustaría —le dijo Ying Sheng mientras una sonrisa juguetona se dibujaba en sus labios.
Liam se dio cuenta de que lo había hecho esperar y angustiarse a propósito. Un suspiro de alivio se le escapó mientras negaba con la cabeza, mirándola. Ni siquiera había podido respirar durante esos pocos segundos en los que no había dicho nada. Al menos ya tenía su respuesta, y tenía la oportunidad de demostrarle que quizá harían una buena pareja.
—Sé que es un poco arriesgado que salgamos, pero me gustaría ver si podemos hacer que funcione —le dijo, observándola de cerca mientras ella se acercaba a él.
Ying Sheng se detuvo justo delante de él, con una mirada audaz adornando su rostro.
—A mí también. Me gustas, pero no quiero estropear lo que tenemos —le explicó mientras levantaba la mano para pasarle suavemente las yemas de los dedos por el pelo.
Liam casi se estremeció ante el suave contacto. Era una locura el efecto que ella tenía en él, pero no le importaba el trance. También entendía sus preocupaciones porque las compartía. Por mucho que le gustara, prefería tenerla como amiga a no tenerla en su vida en absoluto. Solo esperaba que esta primera cita saliera lo mejor posible.
—Yo tampoco. Si las cosas se ponen raras o tensas, pararemos. Solo quiero ver adónde nos lleva esto —le prometió mientras extendía la mano con vacilación para tomar la de ella. Podía sentir que la suya amenazaba con temblar, pero reunió el poco control que le quedaba para estabilizarse.
Por mucho que hubiera fantaseado con este momento, en realidad no pensó que fuera a ocurrir. Parecía un sueño del que podía despertar en cualquier momento, y esperaba no hacerlo nunca. Tenía la oportunidad de conquistar a la chica de sus sueños, y no pensaba echarlo a perder ahora.
—Será divertido. Me interesa ver tu lado romántico —rio Ying Sheng, tapándose la boca con la mano libre mientras dejaba que él la acercara.
Su risa era música para sus oídos, aunque se estuviera burlando de él. Sabía que esa era su forma de mostrar afecto. Por mucho que quisiera acercarla aún más y besarla, quería guardarse ese momento para la ocasión adecuada. Su regla sobre los besos seguía aplicándose a ella, y de todos modos no quería precipitar nada. Quería que las cosas salieran a la perfección, lo que significaba marcar el ritmo adecuado.
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