Matrimonio Relámpago: La Esposa Dominante - Capítulo 305
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Capítulo 305: Amor florece
—Ah, ¿quieres que te inviten a una cena elegante? —rio Liam mientras rodeaba juguetonamente su cintura con la otra mano en una pose de baile lento. Se dio cuenta de que era algo patoso, pero ya había adoptado la pose. Ya no había vuelta atrás.
—El vino es asqueroso —soltó una carcajada Ying Sheng mientras se balanceaba con él.
—Está bien, Dr. Pepper y… ¿comida tailandesa? —preguntó Liam mientras se movían lentamente, enarcándole una ceja. Había encontrado un montón de latas vacías de Dr. Pepper en el contenedor de reciclaje, y no podía contar cuántas veces lo había arrastrado a comer a un sitio tailandés.
—Vaya, sí que me conoces —murmuró Ying Sheng con asombro.
Y Liam sí que la conocía. Al menos, superficialmente. Conocía los pequeños detalles que ella probablemente no esperaba que recordara, como cuál era su crema para el café favorita o qué serie le gustaba más ver. Cada vez más, se daba cuenta de que a veces ella estaba de bajón, y no estaba seguro de si era únicamente por los estudios o no.
—Quiero que nuestra cita sea divertida y, por suerte, sé lo que te gusta —señaló Liam antes de darle una vuelta de forma juguetona. Era una de las ventajas de vivir con ella. Le decía las cosas que le gustaban, aunque no se diera cuenta.
—Yo también te conozco. Por ejemplo, sé que no aguantas bien el picante, así que quizá quieras elegir otra cosa que no sea comida tailandesa —soltó una risita Ying Sheng mientras sus manos volvían a unirse.
—Puedo aguantarlo por ti —dijo Liam pensativo, preguntándose cómo a ella nunca le afectaba el picante. A él le hacía sentir como si le ardiera la cara, pero por lo menos estaba bueno.
—¿Valiente también? Eres todo un partidazo —murmuró Ying Sheng mientras le sonreía cálidamente.
Liam esperaba que así fuera. Sabía que no era el chico más desenvuelto ni el más encantador del planeta. Se trababa al hablar. Podía ser torpe. Sin embargo, solo buscaba lo mejor para ella. Quizá eso sería suficiente.
—Entonces, ¿estás libre el próximo viernes por la noche? —le preguntó Liam, odiando tener que esperar tanto, pero ambos estaban muy ocupados durante la semana. No quería que tuvieran que ir con prisas en la cita para poder llegar a casa a una hora decente y dormir. Quería que la noche durara tanto como ellos quisieran.
—Ya lo sabes, y cancelaría cualquier cosa si no lo estuviera —replicó Ying Sheng con entusiasmo.
Liam sonrió mientras se detenían lentamente y su baile llegaba a su fin. La mantuvo cerca unos instantes más antes de soltarla.
—Entonces, te recogeré en la puerta de tu habitación a las seis del viernes por la noche —le dijo Liam, pensando que era lo más romántico que podía ser dado que vivían juntos. Las cosas tendrían que desarrollarse de un modo un poco diferente al ser compañeros de piso.
—Suena a cita —respondió Ying Sheng con una sonrisa audaz que casi lo dejó sin aliento.
—Será mejor que vayas a adelantar trabajo ahora, porque no tendrás tiempo para ello el viernes por la noche —sugirió Liam mientras la empujaba juguetonamente hacia la puerta. No quería que se fuera, pero sabía que tenía mucho trabajo que hacer. No quería que se estresara por ello durante su cita.
—Sí, sí… —se quejó Ying Sheng.
Liam abrió la boca para responder cuando de repente sonó su teléfono en el escritorio. Se inclinó para cogerlo, con una sonrisa avergonzada en el rostro.
—Lo siento, es mi mamá —le dijo. Su mamá lo llamaba de vez en cuando para asegurarse de que estaba bien y no se había metido en ningún lío. Siempre fue muy unido a su familia, así que no le importaban las llamadas inesperadas.
El rostro de Ying Sheng pareció decaer un poco, pero se recompuso y sonrió.
—Ah, de acuerdo. Hablamos luego —murmuró en voz baja antes de salir de la habitación.
Liam frunció el ceño mientras la veía marcharse, preguntándose por qué parecía tan abatida. Quizá se lo contaría más tarde. Por ahora, tenía que responder a la llamada de su mamá, porque si no cogía el teléfono, ella automáticamente se pondría en lo peor. Pulsó el botón de responder y se llevó el teléfono a la oreja.
—Hola, Mamá —la saludó.
—Hola, cariño. ¿Va todo bien?
Liam sintió que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Ahora las cosas iban genial. Quería contarle a su mamá que iba a tener una cita con Ying Sheng, a quien ella le tenía cariño, pero no quería gafarlo.
—Las cosas van bien. Tengo mucho trabajo —le dijo Liam, contándole solo lo más destacado en lugar de aburrirla con los detalles. Dudaba que ella entendiera una palabra si intentaba explicarle a qué se dedicaba en el trabajo.
—¡Me alegra oír eso! ¿Cómo está Ying Sheng? Seguro que está trabajando duro, ya que su semestre termina tan pronto —preguntó su mamá.
—Está muy ocupada, desde luego, pero creo que está bien —murmuró Liam mientras volvía a sentarse en su silla de gaming. Fue un detalle por parte de su mamá que preguntara, aunque solo había conocido a Ying Sheng una vez cuando vino de visita. Su mamá era del tipo de persona que acogía a sus amigos como si fueran sus propios hijos, lo que convertía su casa en el lugar donde pasar el rato cuando era más joven.
—¡Ah, qué bien! Solo quería saber cómo estabas. Espero que no estés trabajando demasiado —se preocupó su mamá.
Liam sabía que su mamá todavía se preocupaba por él. Él y su hermano eran sus únicos hijos y su hermano nunca estaba cerca, así que para su madre, él seguía siendo su bebé. Casi se sentía mal por haber crecido y haberse mudado, porque sabía lo mucho que ella disfrutaba de su compañía. Intentaba hacer el viaje de una hora para visitarla tan a menudo como podía, pero el trabajo le consumía mucho tiempo y los fines de semana estaba cansado.
—No lo hago, Mamá. Estoy descansando mucho, que es lo que tú deberías estar haciendo ahora. Es tarde —le dijo Liam con una leve risa. Su mamá era profesora, así que sabía lo ocupada que podía llegar a estar. Recordaba verla volver a casa completamente agotada tras un largo día enseñando en el instituto.
—Ah, ya lo sé. Ya lo sé —se rio su mamá—. Te quiero, cariño.
—Yo también te quiero —respondió Liam antes de despedirse y oír que la línea se cortaba. Volvió a dejar el teléfono sobre el escritorio y se reclinó en la silla, tomándose un momento para deleitarse con todo lo que había pasado. De verdad le había pedido salir a Ying Sheng. Probablemente era algo que no era gran cosa para algunas personas, pero para él significaba el mundo entero.
Tenía cosas que planificar, pero estaba a la altura y decidido a hacer del viernes por la noche una que ella recordaría. Los eventos sociales solían ser cosa de Ying Sheng, pero a él le emocionaba de verdad planear este. Sería divertido para ambos con una pizca de romance incluida.
La peor parte era tener que esperar hasta el viernes, y sabía que la semana se le iba a hacer lo más lenta posible. Sería una tortura, pero al menos le daría tiempo suficiente para planificar la cita. Se giró hacia la pantalla de su ordenador y cerró el juego; ya no le interesaba seguir jugando. Tenía asuntos más urgentes entre manos y un poco de investigación que hacer.
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