Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 174
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174: Plan de escape 174: Plan de escape La tensión era palpable en la sala del tribunal al día siguiente.
Tras un día entero de descanso, Ashton se había recuperado por completo.
Pero, como de costumbre, su corazón buscaba venganza contra aquellos que se atrevieron a ponerle las manos encima.
Aunque fuera de forma indirecta.
Más que eso, estaba deseando encontrarse con Donovan.
Después de todo, Ashton quería devolverle todos los favores que le había hecho mientras ambos vivían bajo el mismo techo.
Todas esas peleas y mierdas que le hizo con el pretexto de «entrenarlo»…
todo eso iba a atormentar ahora a ese cabrón de Donovan.
A diferencia del juicio de Ashton, la sala del tribunal no estaba abarrotada.
Solo había una docena de personas presentes, incluyéndolo a él, a Jonathan y a Mera.
Ni siquiera a los ministros se les permitió asistir al juicio, ya que era algo de lo que Jonathan quería encargarse personalmente.
«Que los saquen ya de una vez…», pensaba Ashton, sin poder estarse quieto en su asiento junto a Mera.
Mera lo miró, pero no dijo ni una palabra.
Se limitó a ponerle la mano en el hombro…
de forma bastante torpe.
Ashton no sabía qué demonios estaba haciendo ella, y su expresión debió de delatar sus pensamientos, ya que al instante siguiente ella retiró la mano de su hombro.
—Que entren —ordenó finalmente Jonathan y, he aquí que, seis personas fueron escoltadas al interior de la sala, esposadas.
Todos llevaban máscaras de animales, excepto uno que llevaba una máscara de demonio que parecía…
extraña, por decir lo menos.
¿Por qué demonios llevaban máscaras para empezar?
Se suponía que iban a ser juzgados aquí, no era una especie de desfile de moda.
—A medida que diga sus nombres, quítense las máscaras.
Si no lo hacen, entonces les cortaré la cabeza en su lugar.
¿Ha quedado claro?
—No puedes hacernos esto —bramó el hombre con la máscara de demonio—.
¡Hemos salvado y protegido este reino incluso antes de que existiera!
¡Te ayudamos durante la guerra contra los humanos, te ayudamos en cada paso del camino, y así es como decides pagarnos?
—Mike Maquinn, ten mucho cuidado con tus palabras —dijo Jonathan.
Su aura gélida inundó la sala, provocando escalofríos en todos los presentes—.
Ya me muero de ganas por arrancarte esa sucia lengua y dársela de comer a los lobos gigantes.
Sería prudente por tu parte que no me enfurecieras más.
El hombre de la máscara de demonio enmudeció de repente.
Estaba bastante seguro de que había hecho todo lo posible por ocultar su identidad a todo el mundo.
Ni siquiera su propia familia conocía su verdadera identidad y, sin embargo, Jonathan la había descubierto como si fuera un juego de niños.
—Recuerdo haberte ordenado que te quitaras la maldita máscara.
¿O debería invitar a tu familia a entrar para que presencien tu verdadera cara?
—le recordó Jonathan al hombre.
En ese momento, no solo Mike se quitó la máscara, sino que los demás también lo siguieron.
Todos, excepto el tipo con un toro tallado en su máscara, estaban ahora allí de pie como si los hubieran desnudado.
El hombre llamado Mike era casi idéntico a alguien con quien Ashton había estado en contacto durante un tiempo…
Se parecía a Rose.
Excepto que Rose tenía cierta calidez en la mirada, pero este hombre era…
frío.
Como si estuviera hambriento de la sangre de alguien.
Al instante siguiente, todos cayeron de rodillas.
Nadie sabía si fue por vergüenza, culpa o decepción.
—Hemos servido a este reino durante más tiempo que nadie —masculló Mike—.
Lo hemos protegido de innumerables peligros durante años.
Sacrificando más que nuestras vidas por lealtad a este maldito reino.
Pero ahora…
vemos el error de nuestros métodos…
¡nunca debimos haberte ayudado!
¡Arruinarás este profano reino!
¿Y todo por un puto niño?
Escupió en dirección a Ashton, pero su escupitajo fue tan débil como la apelación a la «lealtad» del hombre.
—Ese puto niño está bajo mi protección, ¿lo has olvidado?
—Jonathan respiró hondo en un intento de calmar su sangre embravecida—.
Además, este juicio no es sobre ese puto niño.
¡Es sobre tu herejía de no obedecer mi orden!
Te lo dije…
que te mantuvieras alejado de él.
¿No es así?
El temperamento de Jonathan empeoró progresivamente hasta el punto de que las paredes a su alrededor comenzaron a temblar.
Nadie lo había visto nunca tan enfadado, pero, por alguna razón, Ashton no se sintió amenazado por el aura de Jonathan como antes.
Era casi como si hubiera experimentado algo más intimidante no hacía mucho, por lo que su cuerpo no reaccionaba a la contundente aura de Jonathan.
Además, otra cosa había llamado la atención de Ashton.
El hombre con la máscara de Toro…
Mientras el resto de «Enigma» actuaba al unísono, ese tipo no se había quitado la máscara ni se había arrodillado.
Era como si tuviera voluntad propia y no le importara vivir o morir.
Mera también estaba mirando al mismo hombre, y justo entonces algo hizo clic en la cabeza de Ashton.
Reconoció el olor que emanaba del hombre.
Aunque no era tan corpulento como Ashton lo recordaba, no había duda…
el hombre detrás de la máscara era Donovan.
La sangre de Ashton empezó a hervir, pero se obligó a mantener la calma.
Montar un numerito delante de Jonathan y de esos cabrones de Enigma solo le daría a estos últimos la oportunidad de reprenderlo.
También haría que su argumento fuera más válido, lo que no quedaría bien ni para Jonathan ni para él.
Hasta que Jonathan terminara su trabajo, lo único que Ashton podía hacer era clavarse las uñas en las palmas de las manos mientras esperaba.
—Puede que ahora veas al chico con buenos ojos, pero no sabes para qué fue hecho…
—empezó a decir Mike de nuevo, pero Jonathan lo interrumpiió.
—¿Para matar a los de nuestra especie porque es el «arma»?
Lamento decepcionarte, pero eso ya lo sé desde hace un tiempo —afirmó Jonathan con una expresión de regocijo en su rostro—.
Están completamente perdidos, ¿no es así?
El gran Enigma, protector de Lycania, gobernantes en la sombra de este reino…
pero ¿saben realmente lo que ha estado sucediendo aquí?
—…
—Perdieron el toque hace mucho tiempo.
Si hubiera querido, podría haberme deshecho de ustedes en el momento en que expresaron sus deseos de ejecutar a uno de mis vástagos.
Pero no lo hice porque fueron de inmensa ayuda durante la guerra con los humanos.
Continuó: —Preguntan qué he hecho por ustedes.
Los he perdonado por su indiscreción pasada.
Han hecho cosas por las que habría matado a cualquiera que las hubiera hecho.
¡Pero ahora, viejos seniles, han cruzado la última línea al desobedecer una orden directa y esta vez lo pagarán!
De repente, Mike rompió a reír.
Pero el resto mantuvo el silencio.
Todos en la sala pensaron que el cabrón había perdido la cabeza o algo así.
Pero al instante siguiente, se puso de nuevo en pie, miró a Jonathan directamente a los ojos y dijo algo que dejó a todos los demás perplejos.
—Si ya sabes tanto, ¿entonces supongo que también sabes que tu corte podría no serte tan leal como pensabas?
—Mike metió las manos en su inventario y sacó varios viales.
—¿Cómo diablos…?
—Mera estaba conmocionada, las esposas en sus muñecas deberían haberles impedido acceder a su inventario…
a menos que alguien del personal las hubiera sabotajeado.
—¡TODOS AL SUELO!
—rugió Ashton a pleno pulmón tan pronto como usó [Detección] para averiguar el contenido de los viales.
Los guardias se apresuraron a detener a Mike, mientras Ashton le apuntaba con su ballesta.
Pero al instante siguiente, todos salieron despedidos por los aires cuando los viales explotaron.
Los guardias que los rodeaban fueron incinerados al instante, pero esos cabrones de Enigma estaban a salvo.
Una gran parte de la sala se derrumbó tras la explosión, lo que le dio a la gente de Enigma una oportunidad ideal para escapar mientras mataban a cualquiera que se interpusiera en su camino.
—¡Recuérdalo, Jonathan!
¡Este día marca tu caída junto con la de este reino!
¡Larga vida al Rey…
de Vania!
—rugió Mike antes de saltar por la ventana.
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