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MEGADEATH TOURNAMENT: Novela oficial. - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 — Una noche sin mañana
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20: Capítulo 20 — Una noche sin mañana.

20: Capítulo 20 — Una noche sin mañana.

Mientras los suspiros de las almas descansaban en la arena blanca, un acontecimiento próximo acabaría con el torneo.

Desde el cielo, una gran máquina se aproxima a kilómetros al coliceo.

Un zumbido abismal cortó la noche, tan grave que hizo vibrar toda la tierra inospita de Inan Ngüne.

Su tamaño daba impotencia pura.

Dentro de la cabina, figuras robustas y armadas sostienen el control.

En el centro, un hombre de mirada fría.

En su mano, un cartel sencillo: “Se busca: Lady Death”.

—Hoy no te vas a escapar… Morticia —manifestó el comandante en persona, voz amplificada por el altavoz—.

¡Deprisa, antes que vuelva a desaparecer!

— Ordeno en la radio, a las personas en los vehículos blindados.

El rotor cortó el aire con violencia.

Y en una tormenta de polvo con luces rojas del helicóptero, barrio con el silencio de la noche.

Los carros los seguirían en filas, como una manada de lobos en búsqueda de su presa.

Desde el torneo, algunos de los participantes escucharían unas pequeñas vibraciones en un ritmo de tambores que les latía por dentro.

Algo que para muchos lo desconocían; Sin embargo, desde las gradas el eco de esas vibraciones llegó a los oídos de Morticia, quien cambió su expresión de serie y cínica a una alerta y sorprendida.

Ella sabe qué cosa viene.

—Espero que lo que estoy escuchando no sea lo que pienso que es?, porque no deseo que me arruinen mi diversión.

—¿A quién le hablas, niña?

Venga, venga, terminemos con esto.

Tengo buena cerveza, que me está esperando.

—Dijo John con el ceño marcado.

—Este es el sujeto que tanto te dio problemas, The One?

—preguntó ella con una voz vaga y seca.

—Es más que un simple mono borracho.

—Lamentablemente, este mono es difícil de eliminar.

—Afirmo él.

—Oh, entonces no valdría la pena tenerlo como recluta.

—Expresó Morticia tocando su mentón y observando de pies a cabeza a John.

—¡Oh, pero qué es lo que veo ahí!, eso es…

—¿Un brazo prostésico?

—dijo asombrada.

Lady Death dio un paso al frente y, sin que John la perdiera de vista, ella desapareció en un parpadeo, y luego apareció detrás de él, tocando su brazo prostético con mucha fascinación.

Para él esa jugada no se la esperanza, John sin movimiento de analizar el desplazamiento inexplicable de Lady Death.

— ¿Cómo es que tu…

hiciste eso?

—Exclamo al verla a su costado.

—Shhh, después tendrás esa respuesta pero primero quiero saber que te material está hecho tu brazo.

Declaró con total libertad al tocar todo su brazo, empezando del hombro hasta la punta de los dedos.

—Veo que está hecho de chatarra y un poco de…

¿Plata?, cómo es posible.

—Lo más posible será…

¡Que sueltes, mi brazo loca!

—Grito al tratar de tomarla de su vestimenta.

—No, no, no, señor.

Nadie toca el vestido.

—refunfuño, al huir del agarrón y sacudir su ropa.

—Te faltan modales, a ver si un poco de mis látigos de ayuda a ser obediente.

Al instante las extensiones aparecerían, cómo lanzas vidas hacia John.

En un actuar, esquivó cómo un felino cada tentáculos de Nge-llün que salía en cada parte oscura de las gradas.

Impresionado a Morticia e irritado a The One.

—Eso es lo mejor que tienes, Señora Muerte?

Ella cruzó los brazos en señal de ofensa y alzando su mano, chasqueo de inmediato.

John cambio su pose a de guardia, ya que The One se lanzaría a atacar.

Un grito de guerra salió de él y blandiendo ambas espadas, comenzó a dar tajos a centímetros del soldado.

—El Único, no lo compañeros.

Sólo déjalo lo más débil para llegar a él.

Y al escuchar esa orden, él cambió sus cortes letales a unos superficiales.

Para que su rival pierda mucha sangre y hacerlo caer por hemorragia.

—No lo mates —ordenó Morticia—.

Lo quiero vivo.

Al escuchar esa orden, The One cambió sus cortes letales por superficiales.

Buscaba desangrarlo lentamente.

Cada cicatriz que abría se cerraba en segundos.

La carne se unía sola, como si el cuerpo rechazara la muerte.

El Único lo notó.

En desacato, aumentó la ráfaga de cortes.

John, contando solo con la prótesis, usó su mano carnosa izquierda para atrapar la espada de Nakano.

La hoja perforó carne y músculo.

Sangre caliente brotó en un chorro que empapó su brazo.

El dolor pulsátil era como fuego líquido en las venas.

Pero no se inmutó.

Cerró la mano con fuerza.

Jaló a The One hasta tenerlo de frente.

El Uno contraatacó con la otra espada.

John, en un movimiento rápido, usamos su cabeza como arma.

El cráneo impactó en seco contra la cara de Izamu.

Hueso crujió.

Sangre salpicó desde la nariz rota.

Eso provocó que la máscara de The One comenzara a quebrarse.

Grietas finas como telarañas se extendieron.

Piezas se desprendieron con un tintineo seco.

Antes de que reaccionara, John atacó con un puñetazo directo.

Lo mandó hacia Morticia.

La espada de Nakano se soltó de la mano perforada, cayendo con un sonido metálico.

El Uno comenzó a convulsionar.

Manos a la cabeza, tratando de quitarse la máscara rota.

Cuerpo temblando en espasmos violentos.

Morticia actuó rápido.

Clavó su dedo en el pecho de Izamu.

Se abrió una herida profunda.

Sangre brotó caliente.

Lamió la sangre de él con lengua lenta.

Luego se pinchó un dedo con sus propios dientes.

Una gota roja salió.

Frotó ambas sangres.

Un pequeño brillo se intensifica.

—¡Opa!, no te me librarás tan fácil, mi caballero —expresó con cara seria, bajando el dedo hasta centímetros de la cara, dejando caer la gota en el hueco ocular de la máscara.

El Uno dejó de moverse.

En un movimiento antinatural, se erguía del suelo como un muerto viviente.

John susurró, quitándose la espada rápidamente de la mano.

— ¿Qué fue lo que le hiciste?

Morticia no respondió.

John pensó en voz alta: — ¿Acaso será esa la razón de que Izamu perdiera la cordura en ese momento?

Recordó un momento fatal del pasado.

—Tengo que someter a esa fetichista —dijo preocupado, apretando su mano izquierda—.

Debo admitir que es increíble el regalo que me dio ese ente, en este momento.

Mi mano se curó muy rápido.

—Sonrió al girar su muñeca y desviar sus ojos en la otra.

—No suelo usar espadas, pero es la única manera de ganar.

—Dijo al blandir el mango de la katana de Nakano y moverla con suma inexperiencia.

De pronto, John se detuvo en seco.

Un zumbido grave vibró en todo su cuerpo, como un latido mecánico que le subió por la espina dorsal.

Lo paralizó.

El ruido en el aire era inconfundible: un helicóptero acercándose a toda velocidad.

Junto a él, otros motores rugiendo en la distancia.

John miró al cielo negro.

— ¿Cómo es posible que exista un helicóptero en este mundo?

—dijo—.

Creí que solo había autos y camiones.

Desde el suelo, boca abajo, Korn susurró: — ¿Un helicóptero?

—dijo—.

Lo que dijo Mia… será verdad.

¡El Comandante Vernant se dirige aquí!

La presión en el aire conmocionó a todos los presentes.

En especial a Morticia.

Su expresión cambió a frustrada y furiosa, ceño fundido en la cara.

Se acercó al oído de The One.

Le pidió con voz baja y fría que hiciera tiempo.

Porque se dispondría a llevarse a todos de una vez.

Dio un paso atrás.

Caminó rápido y seco hacia las escaleras, dirección al centro del estadio.

John quiso intervenir.

Pero Izamu le bloqueó el paso con la espada.

—Me la estás poniendo difícil, Izamu —habló John molesto—.

Después de tantas cosas que me enseñaste, eliges ser el perro de esa masoquista.

¿Qué pasó con los cuatro hermanos que siempre nos íbamos a cuidar, eh?

El Uno no respondió.

Dio un paso.

Levantó su espada para atacar.

Juan hizo lo mismo.

Por instinto de defensa, atacó primero.

Las espadas chocaron con un clang metálico que resonó en la noche.

Ambos guerreros se cruzaron miradas.

Y en ese instante, John vio en la máscara de Izamu unas lágrimas saliendo.

Dolor.

Sufrimiento.

Agonía.

Arrepentimiento.

Todo lo que Izamu había vivido como esclavo de Lady Death.

John redujo su fuerza.

Separó una mano del mango de la espada.

La alzó para llegar hasta la máscara.

Pero Izamu le soltó un puñetazo directo al rostro.

El impacto lo empujó hacia atrás.

Sin darle otra oportunidad, le arrebató la espada con un tajo rápido.

John cayó al suelo.

Sangre brotó de la nariz y la boca.

—¡Maldición!

—gritó—.

Oh, no…!

¡Oye, espera!

¡Distensión!

—suplicó al ver cómo Izamu alzaba ambas espadas, puntas dirigidas hacia el suelo, preparadas para apuñalarlo.

—¡Alto, Izamu Gunderken!

—gritó Juan.

Las espadas cayeron.

Pero a centímetros de tocar su piel, unas lianas negras con bordes rojos detuvieron los brazos de The One.

Era Korn.

Herido, sangrando, se había levantado del suelo.

Sus tentáculos de Nge-llün se clavaron en los brazos de Izamu.

John miró hacia arriba.

Y vio a su amigo de pie.

—¡Crees que te dejaré matar al ruido!

—gritó Korn sonriendo, voz ronca por la sangre—.

Hola, John… después de esto me debes una cerveza.

Gracias a la inesperada ayuda de Korn, John pudo vivir un día más.

Pero él sabía que su amigo, en ese estado, no resistiría mucho.

La fuerza de The One crecía con el dolor.

Sin perder un segundo más, John saltó a los hombros de Izamu.

Con la mano prostética, trate de quitarle la máscara.

Fue inútil.

La máscara se había fundido a su piel.

Era una parte más de su cuerpo.

Los dedos metálicos resbalaron sobre carne y hueso fusionados.

No había donde agarrar El Uno gruñó.

Giró violentamente.

John cayó al suelo, rodando para evitar el contraataque.

The One jaló a Korn con suma violencia.

Lo acerqué a él.

Y en una demostración de fuerza, destruyó las lianas de Nge-llün con facilidad brutal.

El crujido de las sombras rompiéndose resonó como huesos quebrándose.

Korn se quedó inmóvil.

Impactado.

Por un segundo olvidó que tenía un samurái frente a él, listo para matar.

Pero John actuó rápido.

Atacó con un golpe directo al hombro de Izamu.

Desvió el corte que venía hacia Korn.

Lo sostuvo con un brazo.

Lo jaló hacia la pared.

Korn se erguío.

Viendo la situación, se unió.

Sujetó el otro brazo de The One con toda su fuerza.

Ambos unieron fuerzas para forzar a The One contra las cuerdas.

—¡Qué haces!

—gruñó John.

—Pues dándote una mano, idiota —replicó Korn—.

¿Crees que tú solo en ese estado lo puedes vencer?

John soltó una risa rota.

—Ja, mira quién habla.

Y tú estás más jodido que yo.

Pero cuando lo tenían controlado, apareció de manera importuna el helicóptero.

Como un dragón surcando el cielo nocturno.

Las hélices emitieron vibraciones titánicas.

Sacudieron los escombros de la estructura.

Elevando polvo rojo hacia todas partes, cegando y asfixiando.

Desde la cabina de control, el piloto subió las luces.

Rayos barrera blancos en las sombras del Coliseo.

Los vehículos que lo seguían se detuvieron cerca del estadio.

Descendieron grupos de soldados con Nge-llün, especializados en la captura de Lady Death.

John gritó a todo pulmón hacia Korn, su voz apenas audible por el rugido de las hélices: —¡Qué hace esa cosa aquí, Korn!

Korn, aún sangrando, respondió a gritos: —¡Son un apoyo inesperado del Comandante Vernant!

—¿Qué?

¡Vernant está arriba de esa cosa!

—¡Me temo que sí, John!

De golpe, una de las luces los iluminó a los dos.

Cegándolos.

El Uno aprovechó el instante.

Dejó un corte profundo en sus pechos.

Sangre brotó caliente, empapando camisas.

Los derribó hasta dejarlos de rodillas.

Pero cuando se disponía a matarlos, giró hacia el centro de la arena.

Morticia ya estaba allí.

En el medio del estadio.

Los participantes formaron un círculo humano a su alrededor.

Preparándose para llevárselos de inmediato, antes de que entraran los escuadrones de Nero Forte y el propio Vernant.

—Ya es hora… Nos veremos pronto —dijo Izamu, girando y saltando hacia el centro.

—Oh, no, no te irás —respondió John, levantándose con sangre goteando y deteniéndose en el pecho—.

¡Korn, subete a mi espalda!

Vamos a tratar de frenar su huida.

Extendió la mano y cargó a Korn como caballito.

—Sujetate bien.

Korn se aferró, voz débil.

—¡Oye, espera!

No creo que sea esa la manera de llegar.

—Tranquilo —dijo John—.

Si no puedes caminar, usa tus demás habilidades para atacar a corta y larga distancia.

Yo seré tu apoyo para correr.

Mi Ride-Lightning me dará la ventaja.

Korn sonriendo a pesar del dolor.

—Pues adelante, Silver —gritó, montado en la espalda de John.

Fueron directos hacia el centro.

Mientras eso sucedía, desde el cielo cayeron cuerdas.

Tres soldados descendieron junto al Comandante.

Resguardaron a la capitana Mía.

Vernant se arrodillo junto a ella.

—Eh, Mía, ¿me escuchas?

—dijo—.

No puede ser, está muy débil para responder.

Se levantó.

—Ustedes, sáquenla de aquí —ordenó a los soldados—.

Y tú ven conmigo.

Vamos a detener esta locura.

Y se dirige con un soldado hacia la arena.

Cuando The One se reunió con Lady Death, se preparó para intervenir cualquier ataque.

Morticia sacó de un bolsillo un colmillo extraño y desconocido.

Lo usamos como cuchillo.

Se cortó la mano.

Sangre cayó a la arena seca.

Como un ser vivo, se dividió en ocho partes.

Llegó a los pies de todos.

Hayley estaba en la misma situación que Mia: trance total.

La sangre formó círculos en espiral a sus pies.

Comenzó a emitir un brillo rojo intenso.

—Bien, los portales están en su punto —dijo Morticia—.

Trata que esos dos no se acerquen, The One.

John y Korn corrieron hacia el centro.

—¡Rápido, Juan!

¡Que pueden escapar!

—gritó Korn.

John vio a Hayley en el círculo.

—¡Korn, mira!

¿Esa es Hayley?

¿Qué hace ella ahí?

—No jodas… ella también cayó en el control de Lady Death —dijo Korn—.

Vamos a sacarla ahí.

—¡Ay, una cosa a la vez, por favor!

—reclamó John al ver la situación—.

Oh, no, Korn… activa tus lianas.

The One viene a toda máquina con sus espadas.

Y como un profeta, The One corrió hacia ellos.

Su Nge-llün abismal se desprendió por todo su cuerpo: inmenso, amenazante, más grande que antes.

John y Korn coordinaron al instante.

Un paso en falso y morirían.

Pero cuando Izamu pasó, dejó una brecha abierta.

El comandante Vernant aprovechó.

Apareció a metros de Lady Death.

Morticia lo vio venir.

No se sorprendió.

—Vaya, vaya… ¿conque saliste de tu cueva, eh?

—dijo ella.

Vernant levantó su arma.

—Date la vuelta y levanta las manos.

—Oh, esa no es la forma de tratar a una conocida, Jean-Paul —respondió Morticia con una sonrisa psicópata.

—No lo repetiré otra vez, Morticia —dijo Vernant con voz grave y fuerte.

—Oh… ¿y qué vas a hacer?

¿Llevarme a tu palacio de seguridad, donde todo está controlado por esos cerdos de políticos?

Por favor, cielo.

—Tú sabes muy bien lo que hiciste.

—¡Lo que yo hice!

—replicó ella, voz alta y venenosa—.

O más bien… lo que vi en realidad.

—Mataste a muchos inocentes, y casi provoca una guerra.

Morticia ladeó la cabeza.

—Mmm… ¿Muerte, guerra, dolor y extorsión?

Es igual cuando estuvimos en vida.

Pero en excepción, que este lugar es como un purgatorio cósmico.

—¡Basta de tus monólogos de villano!

—gritó Vernant—.

Eh, soldado, prepara tu arma.

El soldado levantó el rifle.

Pero un chorro de sangre salió de su casco.

Un tentáculo negro lo atravesó por el corazón.

Lo mató sin remordimientos.

Vernant quedó en alerta, expresión de incredulidad.

—Olvidaste que están en mi rango de ataque?

—dijo Morticia—.

Además de que las armas convencionales son inútiles con el Nge-llün.

¿Eso lo sabías?

Vernant levantó una mano en señal de aviso.

—Ja, dalo por hecho.

Baja la mano.

Todos los soldados que venían con él salieron desde las graduadas.

Apuntaron con rifles de asalto impregnados de Nge-llün.

—¿Qué decías, cariño?

Morticia hizo un puchero asesino.

—Presumido.

Mientras tanto, con los muchachos, su coordinación fue efectiva contra las espadas de Izamu.

Cada ataque esquivado y bloqueado con facilidad.

El énfasis de la pelea les hizo soltar cadáveres de felicidad.

Pero The One, usando sus pies, golpeó el talón de John.

Lo hizo resbalar.

Dejó una lista de brechas para ser cortadas.

Korn actuó rápido.

Clavó sus lianas en la arena.

Invocó su otra habilidad: DOMINACIÓN.

La estructura de Nge-llün recibió el ataque.

Chispas saltaron de la espada.

Korn aprovechó el segundo impulso.

John llegó lo más cerca de The One.

Con un puño impregnado de rayos azules combinados con su aura roja, liberó un seco pero potente puñetazo en la máscara.

Lo mandó hacia atrás.

Izamu recibió el ataque con gusto.

Se limpió la sangre de la nariz.

Notó que la fuerza del excapitán estaba disminuyendo debido a las heridas provocadas por su señora.

—Me lleva… sí que tiene dura la cara —dijo Korn al menear su mano por el golpe, con la otra sosteniéndose en el casco de John.

—¡Oye, oye!

No muevas el casco —exclamó John al tratar de acomodárselo.

Pero cuando lo acomodó, la carta que había recuperado se deslizó por debajo de su pelo.

Salió al exterior del casco.

La brisa del helicóptero la levantó como una hoja seca.

Voló lejos de John.

Cayó importunamente a los pies de Morticia.

Morticia la recogió.

—¿Una carta del año 1945?

¿De quién será?

—dijo al girar la cabeza y buscar al dueño—.

¿Es tuya, Jean?

Vernant frunció el fruncido.

—¿Qué?

Eso no es mío.

—¡Y ya basta de perder el tiempo!

—gritó Vernant al apuntar su arma, junto con los demás soldados dispuestos a acatar sus órdenes.

—Si no es tuya, ¿de quién es?

—preguntó Morticia con voz suave.

Desvió la mirada hacia atrás.

Vio en la cara del soldado una expresión de preocupación y susto.

Concluyó que la carta le pertenecía a él.

Un suave carcajeo salió de sus labios.

Sujetó la carta en ambos lados como si fuera a romperla.

Jugando a que la iba a romper de verdad.

Solo para asustar y disfrutar a John.

—Veo que algo es tuyo, soldadito —dijo en tono burlón, estirando la carta.

John se tensó.

—Eh… ¡Devuélveme eso!

—Oh, ¿quieres de vuelta?

Entonces ven a mí, tú solo —ordenó ella con una sonrisa maquiavélica.

—¡No lo hagas, John!

—gritó Korn al sujetarlo desde el cuello.

En ese instante, John se quedó quieto por un momento.

Él solo vino a cobrar cuentas con Izamu y recuperar la carta.

Pero viendo que ahora estaba en las peores manos, no tuvo otra opción que acatar.

Sujetó con violencia el brazo herido de Korn.

Lo empujó hacia el suelo.

—Lo siento, pero ese papel es más importante que esta misión —exclamó, clavando miradas y mostrando una expresión de melancolía.

John caminó hacia Lady Death con el ceño fruncido.

The One lo dejó pasar, entendiendo lo que estaba pasando.

El comandante y los demás se quedaron inéditos al verlo acercarse sin atacar.

—¡Oye, John, qué diablos estás haciendo!

—gritó Vernant con voz poderosa—.

No te dejes manipular por ella; Además, es solo un papel, no vale la pena.

Lady Death, al escuchar eso, empezó a forzar más el papel.

Un pequeño pedazo salió con un rasgón seco.

El sonido alertó a un soldado.

Pensando que atacaría, abrió fuego.

Los demás soldados también dispararon.

John, al ver la siniestra intención de ella, corrió lo más rápido posible.

Se interpuso frente a Morticia.

Usó su prótesis como escudo.

Protegiéndola de los disparos.

Recibiendo varias balas en el camino.

Plomo rebotó en el metal.

Algunas perforaron la carne.

Sangre caliente brotó de su espalda y pecho.

—¡Alto el fuego!

—ordenó Vernant.

Morticia carcajeó.

—Jaja, sabía que me protegerías, mi soldado —dijo—.

Ahora, si no te importa, haz que ellos no se me acerquen.

Se alejó hacia los portales con los participantes.

—¡Ven, The One, es hora de irnos!

Izamu bajó sus espadas y corrió hacia su ubicación como un leal guardián.

Vernant, con expresión de ira asesina, ordenó de nuevo: —Disparen a discreción.

Pero cuando estaban a centímetros, John se interpuso otra vez.

Vernant sabía que esa carta tenía algo especial para John.

Haría lo posible para que ninguna bala tocara a Morticia… o ella la destruiría.

—Gracias por ofrecer tus servicios —dijo Morticia al soltar la carta a la arena, siendo tragada por los portales de sangre—.

En un futuro, tú caerás a mis pies, soldadito.

Sin embargo, antes de que ella se fuera, John, en un último movimiento, se lanzó como una bala perdida hacia los portales.

Extendió sus brazos.

Logró salvar a Hayley, Azeneth, Nakano y Aurelius.

El quíntuple cayó seco en la arena.

Dejó a los demás atrás.

Morticia escapó otra vez.

John se recuperó.

Vio de frente a Vernant con cara totalmente enojada.

El comandante lo tomó por la camisa.

Lo elevó.

Soltó un poderoso golpe que lo mandó contra la pared.

—¡Tú, pedazo de escoria!

—gritó Jean—.

Nos hiciste perder la única oportunidad de atraparla.

Espero que me des una buena explicación.

Mostró la carta en su mano.

John se limpió la sangre del rostro.

—Esa carta es de mi esposa e hijo… Es lo único que tengo de bueno en este jodido mundo.

Vernant presiona los dientes.

—Pues esta cosa nos costó mucho en la captura de ella.

Y ahora estás arrestado por obstruir y fallar en una misión del estado de Evil-City.

A los civiles, llévenselos a la base para tratar sus heridas.

Y así, después de tantas peleas, el TORNEO MEGADETH dio por finalizado.

Lady Death logró llevarse un puñado de gente.

Los capitanes Miia y Korn fueron trasladados a urgencias, junto con los civiles.

Jean-Paul Vernant arrestó a John sin que él mostrara movimientos de forcejeo.

Ya tenía en su ropa la carta de su esposa.

Todos se iban.

John miró la luna entre los barrotes del vehículo.

Pensando en lo que hizo, un pensamiento le llegó de golpe.

—Ahora sí, no podrás pagarte los destrozos, Sasha.

Sin embargo, desde una roca, algo lo hizo reaccionar.

Vio al mismo ente que lo ayudó con The One y los demás.

Apuntándolo.

El soldado se congeló por la breve aparición.

Sabía que esto aún no terminaba…

Fin de la segunda temporada de verano.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES GoldenPunch “Banda…Llegamos al final de la Temporada 2.

Y la verdad es que duele escribir esto.

John eligió la carta.

No eligió salvar el mundo, ni vengar a nadie, ni siquiera salvarse a sí mismo.

Eligió un papel viejo con palabras de una mujer y un hijo que ya no están.

Eligió lo único que le quedaba de bueno en este infierno.

Y por eso lo perdió todo.

Morticia se llevó a su gente.

The One sigue siendo un esclavo con lágrimas que nadie vio.

Korn y Mia están vivos…

pero rotos.

Y yo…

yo sigo aquí, escribiendo esta locura sabiendo que no hay finales felices.

Gracias por leer esta genial historia conmigo En julio vuelve la Temporada 3.

“Arco de Ultime dead Race”.

Nos vemos en julio, con todo el cariño que me queda, Golden_Punch17″

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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