Melodía Eterna - Capítulo 113
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113: Terco 113: Terco Presente – Apartamento de Sano – 2015
Sano se despertó y vio a una mujer de pelo castaño profundamente dormida en el borde de su cama.
Parpadeó una y otra vez para confirmar quién era.
¿Por qué demonios está Sumire aquí?
Miró por la habitación y vio sus pertenencias.
Este era su apartamento, así que, ¿cómo era posible?
—Oh, así que estás vivo —dijo una voz familiar desde el umbral de la puerta.
Sano miró y distinguió un cabello de color violeta.
—Hino, explícame.
Hino se rio entre dientes.
—¿No es algo bueno?
Últimamente la has estado acosando con desesperación.
—Sé que no vendría a ayudarme después de lo que pasó el otro día.
—Sí, tienes razón, aunque me debía un favor.
Por desgracia para ti, no sé cuidar de la gente.
Tienes fiebre.
—Ya veo.
—Se giró hacia la chica, que se revolvía incómoda mientras dormía.
—Ru…, Ru…
Al oír ese comentario, Sano casi se atragantó con el cigarrillo.
Después de tener aquel sueño del pasado, volver a oír ese nombre lo irritaba.
—Parece que sigue traumatizada, pobrecilla.
—No seas idiota; si tanto le gustaba, ¿por qué empezó a salir con alguien cuatro meses después del accidente?
Es todo una farsa.
Es todo una farsa.
Sumire es como las demás chicas.
Justo cuando pronunciaba esas palabras, se encontró con que alguien lo miraba fijamente.
Era Sumire.
Lo miraba con su habitual expresión indiferente.
—¿Estás bien?
—intervino Hino.
—Mmm.
Solo estaba cansada —dijo Sumire con voz ausente.
Se giró hacia él y de repente se inclinó—.
Con permiso.
Antes de que Sano pudiera reaccionar, sintió las manos de ella rozarle la frente.
—Mmm, todavía estás caliente.
Supongo que necesitas medicina; ya has dormido mucho.
—Miró el reloj—.
Supongo que no hay más remedio.
Sumire se apartó y sacó su teléfono.
—¿Hola, Yuhi?
Ah, sí, sí, creo que tendré que quedarme un poco más.
—Sumire se rio—.
Mmm, entendido.
Sano no podía oír la conversación, pero sintió crecer su irritación.
Una vez más, tenía que verla hablar tan felizmente con otro hombre, a pesar de que ella le pertenecía.
—¿Quién dijo que podías quedarte?
—espetó Sano.
—Oye, Sano…
Sumire puso los ojos en blanco y colgó rápidamente.
—Si quieres desmayarte otra vez o quizá acabar en el hospital, adelante.
Pero ya que empecé este favor, pienso llevarlo hasta el final.
Qué mujer tan terca.
Pero, efectivamente, podría acabar en el hospital si la echaba.
Hino no tenía ni idea de cómo cuidar a la gente.
Y también había despedido a todos sus sirvientes.
—De acuerdo, pero Hino, tienes que irte.
Al oír ese comentario, vio a su amigo fruncir el ceño.
—Oye, Sano, eso es…
Sumire suspiró.
—Simplemente vete, mira lo débil que está.
No podrá hacer nada.
—Llámame.
—Ajá, lo haré.
Mira qué simpática es también con Hino.
Esta chica es como todas las demás; es como las otras.
Se hace la inocente, pero también tiene a varios tíos.
En cuanto Hino se fue, él agarró la muñeca de Sumire y tiró de ella sobre la cama.
—¿Creías que no podía hacerte nada?
Qué chica tan ingenua.
Sano pensó que había cambiado, que ahora era más dura, pero parece que sigue siendo una ingenua.
—Sí, lo creo.
¿Eh?
¿Por qué tiene tanta confianza?
Ya la tengo inmoviliza…
Sano sintió un dolor agudo en la pierna y bajó la vista para ver una aguja.
Apretó los dientes.
—Maldita sea.
—No te preocupes, solo te dejará inconsciente unos segundos.
…
Cuando Sano se despertó de nuevo, lo hizo con el olor a gachas de avena y el dulce aroma de ella.
Su mirada se posó en la mujer, que tecleaba afanosamente en su portátil.
En su mesita de noche, había una bandeja con comida tapada.
Sano se levantó con debilidad y cogió la bandeja.
Este movimiento no pasó desapercibido para Sumire.
—¿Estás despierto?
Sano suspiró.
—Parece que no debería subestimarte.
—Mmm, pero acaba de comer y tómate la medicina.
—Se te da extrañamente bien cuidar de la gente —comentó Sano mientras quitaba la tapa de las gachas.
Al oír ese comentario, vio cómo una débil sonrisa aparecía en el rostro de ella.
—Bueno, estoy acostumbrada.
Sano se detuvo.
Cierto, claro.
Según aquel informe, Tsueno Mamoru no habría vivido mucho de todos modos.
En el poco tiempo que salió con él, ¿cuánto de ese tiempo lo pasó cuidándolo?
Parece que la había subestimado un poco.
—¿Escribiendo un informe?
—No, es trabajo.
—Ven aquí, déjame ayudarte —ofreció Sano.
Sumire parpadeó.
—¿Intentas engañarme otra vez?
Que sepas que últimamente llevo muchas cosas raras encima.
Frunció el ceño al ver lo precavida que era.
Tenía sentido que se comportara así después de lo que había pasado.
Pero le frustraba.
Estaba justo ahí, y aun así no podía hacer nada, no podía tocarla.
—Si piensas así, entonces puedes irte a casa.
Para su sorpresa, Sumire se levantó de repente, cogió su portátil y se sentó en la silla libre que había junto a la cama.
Acercó la mesita auxiliar y colocó el portátil sobre ella.
—¿Puedes ayudarme con esto?
—¿Las finanzas del proyecto de construcción del domo?
—Mmm, mi parte se encarga de ello.
Así que perdieron ese importante proyecto ante…
bueno, no es sorprendente.
Sumire ya es mayor, así que debe de estar haciéndose cargo de los asuntos de su familia poco a poco.
En la época en que perdió a sus padres, los ancianos de la familia Ibuki se hicieron cargo de todo junto a otros parientes.
Ahora que es mayor, deben de estar pidiéndole muchas cosas.
Sumire podría haberse encargado de todo entonces, ya que tenía visión para los negocios.
Pero les preocupaba cómo la había afectado el incidente.
—Así que, como ves…, aunque los ingresos marginales son posibles, el rango de precios real es demasiado amplio.
Me gustaría ver si podemos hacerlo sin depender de los datos.
Podrían surgir imprevistos: falta de producción de los materiales, necesidad de más materiales durante el día, etc.
La construcción se extenderá en el tiempo, pero la producción de ciertos tipos de materiales llevará más tiempo.
Así que tenemos que prepararnos para esa situación.
—Mmm, ¿así que quieres desviarte del producto adicional porque no puedes determinar los costes?
—Mmm, si estuviéramos vendiendo mercancía, estaría bien.
Pero esto es para la construcción de un domo; estaríamos hablando de materiales.
¿Cuánto costarían los materiales adicionales?
¿Perderemos o ganaremos ingresos comprando uno en lugar de otro?
Sano se detuvo.
—Mmm, ya veo lo que piensas…
Mirémoslo de otra manera, ¿quieres?
—¿De otra manera?
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