Melodía Eterna - Capítulo 114
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114: ¿Es realmente él?
114: ¿Es realmente él?
Tras explicarle su teoría, observó a Sumire coger su bolígrafo y empezar a tomar notas.
Si hubiera sido la de antes, lo habría mirado con ojos de admiración, pero ahora no había nada.
Aunque, por otro lado, tampoco es que hubiera dicho algo impresionante.
—¿Te hacen hacer cosas así ahora?
—preguntó Sano.
—Sí, desde hace un año.
Creo que fue justo después de que rompiéramos.
Le cayó una gota de sudor al ver la naturalidad con la que mencionó la ruptura.
Sano pensó que se alteraría como el otro día, pero parece que hoy estaba más tranquila.
—¿Terashima sigue en el hospital?
—Mmm, sus heridas son graves.
—¿Quieres que te ayude a averiguar quién era el dueño de la moto?
Sumire lo miró con expresión perpleja, pero luego suspiró.
—Bueno, si quieres ofrecer tus servicios.
—Cogió algo de la mesita de noche.
Era la pequeña insignia que él siempre llevaba, un emblema de esa organización—.
¿De dónde has sacado esto?
Sano parpadeó ante su pregunta.
O más bien, a juzgar por la expresión de su cara en este momento, parecía que estaba muy interesada en esto.
—¿Cuánto sabes de la situación actual del inframundo?
—Estoy bien informada.
—¿Has oído hablar de un hombre que gobierna las otras regiones de Japón que aún no han pasado por la civilización moderna?
Poco a poco se está abriendo paso por esos lugares y tomando el control.
—Sí, he oído hablar de él.
¿Está involucrado en esto?
—Bueno, no sé si está involucrado o no en el asunto sobre el que preguntas.
Pero ese emblema es de su organización.
Me dijo que podía usarlo porque le ofrecí mis servicios antes.
Sumire asintió.
—Ya veo.
—Se quedó en silencio durante unos minutos.
Le interesaba mucho saber por qué estaba metiendo las narices en un asunto como este.
Quizá debería pedirle a Hino que investigara de nuevo.
Según su amigo, había algunas partes de la investigación de antecedentes que no pudo completar.
¿Piezas de información que faltaban, eh?
Hacía un momento, Sumire había dicho algo sobre estar bien informada en lo que respecta a asuntos del mundo de los delincuentes.
Sano tosió al sentir un picor en la garganta.
Sumire lo miró y extendió la mano.
Volvió a pasarle los dedos por la frente.
—Te está volviendo a subir la fiebre, date prisa y termínate el resto de la comida.
Iré a por una medicina.
Él asintió y se terminó rápidamente la comida.
Debía de ser la primera vez en mucho tiempo que podía hablar con ella como es debido.
Cuando se reencontraron, no hubo más que hostilidad.
Mientras ella iba a por la medicina, Sano se cubrió los ojos con los brazos.
Se sentía fatal y su cuerpo estaba más débil que nunca.
—Dime una cosa, ¿alguna vez sentiste algo por ese senpai tuyo?
Ichinose Arashi.
Estuvimos juntos mucho tiempo, lo menos que puedes hacer es decírmelo.
Sumire, que estaba preparando su medicina, se detuvo.
—No, no fue así.
Pero, por otro lado, en aquel entonces no sabía el significado del amor.
La mirada de Sano se ensombreció al oír esas palabras.
¿Qué clase de excusa era esa?
¿Que no sabía el significado?
Claro que no, era una niña.
—Deberías dormir un poco después de esto.
Me quedaré hasta que te baje la fiebre.
«Quédate aquí para siempre y no te vayas».
Pero Sano sabía que no podía decirle esas palabras.
………
Nadie es perfecto.
Pero la gente esperaba que él lo fuera; las personas que lo rodeaban siempre tuvieron altas expectativas de que sería perfecto en todo lo que hiciera.
Esforzándose por alcanzar la perfección se perdió a sí mismo, su identidad.
Ya no sabía quién era.
Era como un muñeco de porcelana.
Parecía perfecto por fuera, pero estaba vacío por dentro.
¿Sus emociones?
¿Qué eran?
Si las tenía, eran falsas.
No tenía nada.
Por su aspecto, le obligaban a vestir cierto tipo de ropa, le enseñaron qué palabras podían salir de sus labios.
Qué tipo de gente podía ver y de quién podía enamorarse.
Lo controlaban todo y no dejaban rastro de
Era elegante, amable, comprensivo, atento y servicial…
Perfeccionó el papel para cuando tenía cinco años.
Era lo que se esperaba de él.
Además, si no lo hubiera hecho, habría sido una deshonra para su familia.
Al principio, supuso que era el único, el único que tenía que pasar por eso.
Mantuvo esa mentalidad durante muchos años hasta que conoció a Ibuki Sumire.
Cuando la conoció, Sano comprendió que había algo diferente en ella.
Pero para entenderlo de verdad, primero tenía que llegar a conocerla.
Para entonces, ya tenía cierto grado de libertad y control en su vida.
Cambió su situación trabajando duro y haciéndose un nombre.
Demostró a los demás que hasta un engranaje de la máquina, hasta un muñeco de porcelana, puede cambiar su estilo de vida.
Pero la persona que es hoy, ¿es realmente él?
Todo lo que ha aprendido, todo lo que sabe, todo se lo enseñó otra persona.
Incluso sus gustos y aversiones.
¿Es este realmente él?
La vida le abrió más puertas cuando ella llegó.
Tenía el pelo castaño chocolate y unos enormes ojos violetas.
Su nombre era Ibuki Sumire.
Al principio, solo pretendía observarla y mantener una relación profesional.
A pesar de su corta edad, era buena en su trabajo.
—Ya no tengo fiebre.
¿Por qué tengo que seguir viniendo aquí?
Hino suspiró.
—Instrucciones de Sumire.
El médico también lo dijo, la fiebre te volverá si te excedes de nuevo con el trabajo.
Sano, deberías tomarte un descanso de unos días.
—Ya me he tomado tres días libres.
—Eso no es suficiente…
Oh, vaya.
Sano miró en la dirección en la que miraba Hino solo para ver a Sumire.
La chica no estaba sola, sino que Terashima Yuhi, que estaba en una silla de ruedas, la acompañaba.
O más bien, la chica estaba sentada en el regazo de Terashima mientras él la besaba.
Sumire se tapó la boca con timidez.
—¿Eh?
¿Qué haces?
—Besándote.
—Tonto, sabía que no tenías nada en el ojo…
—la voz de Sumire se apagó y se echó a reír—.
Volvamos dentro a ver unas películas.
—Mmm, vale.
Déjame ir primero a mi análisis de sangre.
—¿Quieres que te acompañe?
—Está justo ahí.
Volveré pronto.
—Yuhi le dio un tierno beso en la frente a la chica—.
Quédate aquí.
¿A qué venía esa muestra pública de afecto?
Sano apretó el puño.
En el pasado, ella no le dejaba tocarla en público.
Claro que sabía que la razón principal era la diferencia de edad, pero aun así le molestaba.
¿Así que puede poner esa clase de expresión?
Sumire giró la cabeza y los vio.
—Ah.
—Sabes, ustedes dos podrían ganar el premio a la pareja más desvergonzada —silbó Hino—.
Vaya beso.
Sumire puso los ojos en blanco.
—¿Y eso no te convierte en un pervertido por mirar?
—¿Cómo no vamos a mirar si están mostrando su afecto en público?
—Parecía un poco decaído, así que le pedí que saliéramos un rato del instituto.
Ahora no tenemos clases formales por los preparativos del festival, así que no había problema —la voz de Sumire se fue apagando—.
Cuando está así, es mejor que esté a su lado.
—Estoy de acuerdo, por eso vine.
Bueno, supongo que no hace falta que venga a verlo tan a menudo si estás tú.
—No digas eso, estoy segura de que a Yuhi también le alegrará verte.
Ah, eso me recuerda…
—Sumire se giró hacia él—.
Tengo unos documentos que quiero que revises por mí.
¿Te importa?
—Supongo que tengo tiempo.
—Entonces, sígueme.
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