Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 41
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Capítulo 41: Capitulo 40: Odio
Mientras todo un torbellino político se gestaba en el Inframundo a espaldas de Daniel, él se encontraba completamente concentrado en una intensa sesión de entrenamiento de combate.
En un terreno apartado dentro de Kuoh, oculto de ojos indiscretos por una barrera mágica levantada por Tamamo, Daniel enfrentaba a cuatro de sus novias al mismo tiempo: Tamamo, Hikari, Hibiki y Reynare. Todas estaban coordinadas, sincronizadas, sin darle un solo respiro. No estaban ahí para coquetear ni para jugar, estaban ahí para pulir al dragón que amaban.
—¡No bajes la guardia, Daniel! ¡Te vamos a atacar con todo! —gritó Hibiki con una sonrisa desafiante mientras se lanzaba con su lanza.
—¡Concéntrate! ¡Activa ambos Haki al mismo tiempo! —ordenó Tamamo, quien encabezaba la ofensiva con magia de fuego espiritual y sellos.
—¡Vamos, Daniel! ¡Sé que puedes hacerlo! —añadió Hikari con determinación.
—Si caes ahora, más te vale no mirar atrás —remató Reynare desde el aire, lanzando una lluvia de lanzas de luz.
Daniel, jadeando pero firme, estaba en el centro de la tormenta. Sus brazos estaban rodeados por el Haki de Armadura, mientras sus ojos se mantenían cerrados, confiando en el Haki de Observación. Cada golpe, cada hechizo, cada movimiento, lo forzaba a mejorar.
Al margen del campo, Sakura y Alya, preparadas con vendajes, pociones mágicas y bebidas energéticas, observaban con atención.
—¿Cuánto tiempo más podrán mantener ese ritmo? —preguntó Alya con un suspiro.
—Mientras no se les acabe el amor por él… pueden durar toda la vida —respondió Sakura con una sonrisa orgullosa.
En lo profundo de la mente de Daniel, Ddraig observaba todo como un espectador meticuloso.
“Hmm… interesante. Estás empezando a combinar instinto y reacción. Pero te falta convicción en los momentos decisivos. Necesitas ese filo, ese rugido interno… pero llegará. A este ritmo, ese Haki será impenetrable.”
Justo cuando el entrenamiento alcanzaba su punto máximo, una presencia conocida se acercaba desde el este. Daniel lo percibió con su Haki de Observación antes de verlo: Ginji.
El hombre lobo llegó apresurado, cubierto en parte de polvo por el viaje.
—¡Daniel! —llamó alzando la voz mientras el grupo se detenía.
Daniel, aún con el pecho agitado por el esfuerzo, se acercó.
—¿Pasa algo? —preguntó, limpiándose el sudor con el antebrazo.
Ginji asintió con una expresión sombría.
—Sí. Yasaka-sama… la líder de la facción Yokai en Japón, me envió para buscarte. Hemos encontrado otra escena de crimen, una familia Yokai asesinada brutalmente en Tokio. Mensajes de odio escritos con sangre en las paredes… —dijo con la voz grave—. Ella quiere contratarte personalmente para investigar este caso.
Las chicas intercambiaron miradas preocupadas. Daniel frunció el ceño.
—¿Estás seguro de que es buena idea? Yo no tengo afiliación con ningún grupo…
—Precisamente por eso. Yasaka-sama cree que tú puedes resolver esto sin levantar conflictos políticos. Y yo confío en ti, Daniel. Ya me ayudaste antes cuando nadie más lo haría.
Daniel asintió, su expresión endureciéndose.
—Entonces no hay tiempo que perder.
Tamamo se acercó, seria.
—Iré contigo.
—Y yo también —dijo Reynare de inmediato.
Hikari y Hibiki también dieron un paso al frente, pero Daniel levantó la mano con una sonrisa leve.
—Esta vez será solo una misión de reconocimiento e investigación. Si se complica, las llamaré.
Las chicas, algo renuentes, aceptaron. Sakura le entregó un frasco curativo y Alya una barrita energética de maná.
—Cuídate, Daniel —dijeron al unísono.
Ginji asintió satisfecho, y con un círculo de invocación Yokai, él, Daniel y Tamamo se teletransportaron rumbo a Tokio, donde Yasaka los esperaba… y donde nuevas sombras comenzaban a extenderse.
Ginji esperaba pacientemente a unos metros de distancia mientras Daniel se despedía de sus novias con abrazos, besos y caricias cariñosas que se extendieron un poco más de lo necesario, lo cual hizo que Ginji desviara la mirada con un leve rubor y una gota de sudor bajándole por la sien.
—¿Listos? —preguntó finalmente.
—Sí, vámonos —respondió Daniel, serio.
Ginji asintió y levantó la mano, murmurando un hechizo ancestral. Un círculo mágico con símbolos yokai se formó a sus pies y, en un destello dorado, el mundo se desvaneció…
Cuando la luz se disipó, Daniel, Tamamo y Reynare ya no estaban en Kuoh. El concreto había sido reemplazado por naturaleza. Estaban en un parque boscoso, el ambiente impregnado de una energía ancestral y pacífica. El viento era suave, el sonido de los pájaros envolvía la zona, y la sensación de estar muy lejos del mundo humano era evidente.
—Síganme —dijo Ginji, tomando la delantera por un sendero estrecho rodeado de árboles altos.
Avanzaron hasta un claro aparentemente normal, pero antes de que Daniel pudiera preguntar algo, Ginji siguió caminando… y desapareció frente a ellos como si hubiera atravesado una pared invisible.
—Una barrera ilusoria —dijo Tamamo, entrecerrando los ojos—. Muy bien hecha.
Sin dudarlo, Daniel dio el primer paso y, al hacerlo, el paisaje cambió de inmediato.
Ahora estaban dentro de una villa tradicional japonesa perfectamente conservada. Edificaciones de madera oscura, faroles colgando, caminos de piedra, y lo más llamativo: habitantes humanoides con rasgos animales.
Colas de zorro, orejas de gato, ojos felinos, colas de mono, y hasta pezuñas suaves como las de un ciervo… Los Yokai los observaban con curiosidad y cierto nerviosismo, murmurando entre ellos.
—No están acostumbrados a visitantes humanos —explicó Ginji mientras caminaban—. Esta es una de las villas protegidas más antiguas. Aquí mantenemos nuestras costumbres y protegemos a los que no pueden defenderse.
—¿Todos aquí son Yokai? —preguntó Reynare.
—La mayoría. Aunque también viven aquí algunos humanos con vínculos estrechos a familias Yokai —respondió Ginji—. Aquí no hay necesidad de esconder lo que somos.
Mientras avanzaban, Daniel sentía múltiples miradas encima… algunas curiosas, otras desconfiadas… y algunas claramente interesadas. Tamamo notó esto, y en un movimiento casi automático, tomó el brazo de Daniel con posesión, mientras Reynare hacía lo mismo desde el otro lado, lanzando miradas asesinas a algunas chicas Yokai demasiado atrevidas.
Finalmente, llegaron a una gran residencia. Un par de torii rojos daban paso a un palacio tradicional de madera, elevado sobre una plataforma de piedra, con un pequeño lago y un jardín zen a su lado.
—Permiso para entrar —dijo Ginji con respeto, haciendo una reverencia ante la entrada.
Una sirvienta Yokai los guió al interior y, al llegar al salón principal, las puertas se abrieron… y allí estaba ella.
Yasaka.
Una mujer de belleza abrumadora, con un aura maternal y majestuosa al mismo tiempo. Su cabello dorado, largo y brillante como hilos de sol, caía sobre un kimono ajustado de tonos rojos y blancos que no ocultaba en absoluto su figura voluptuosa. Sus nueve colas doradas se movían lentamente detrás de ella como si tuvieran voluntad propia.
Sus ojos dorados eran suaves, cálidos, pero claramente analíticos. Era una mujer que podía aplastar reinos con su poder… o hacerlos caer con una sonrisa.
—Sean bienvenidos a Kyoto, jóvenes héroes —dijo con voz melodiosa, haciendo una reverencia elegante—. Yo soy Yasaka, líder de esta región y madre de Kunou.
A su lado, se encontraba una joven de aproximadamente quince años, con orejas de zorro y una sola cola. Vestía un kimono rosa claro, y aunque aún estaba en desarrollo, su belleza prometía un futuro brillante.
—M-mi nombre es Kunou —dijo, haciendo una reverencia educada con las mejillas levemente rojas—. Gracias por venir a ayudarnos.
Daniel respondió con una sonrisa amable.
—Es un honor conocerlas, Yasaka-sama, Kunou. Mi nombre es Daniel. Y ellas son Tamamo y Reynare, mis compañeras.
Tamamo inclinó la cabeza con cortesía, mientras que Reynare sonrió de forma más desenfadada.
—Así que tú eres el famoso Daniel del que me ha hablado Ginji —dijo Yasaka, posando sus ojos felinos sobre él con interés—. Estoy deseando ver si eres tan extraordinario como dicen… aunque, debo admitir, a simple vista… no estoy decepcionada.
Sus palabras fueron suaves, pero Tamamo y Reynare estrecharon los brazos de Daniel con más fuerza, como si quisieran dejar claro que él ya tenía dueñas.
Daniel solo tragó saliva.
> “¿Qué demonios fue eso…? Siento que estoy a punto de pelear con una jefa final y todavía ni empieza la misión.”
Yasaka los guiaba por los corredores con gracia felina, sus colas moviéndose con soltura y su voz suave manteniendo una sonrisa juguetona en los labios.
—Debo decir que me ha sorprendido ver a una Kitsune fuera de Kyoto… y viajando con un humano, nada menos. —Sus ojos dorados se posaron en Tamamo con una mezcla de interés y picardía—. ¿Un amor prohibido, quizás? ¿Un romance de novela?
Tamamo, elegante y serena, solo le devolvió una sonrisa ladina.
—Solo soy Tama, una kitsune única en mi especie. No pertenezco a ninguna de las casas de Kyoto. Y este humano… es mío. —Lo dijo con un tono que no dejaba lugar a debate.
Reynare rió por lo bajo.
—No te confundas, Yasaka-sama. Daniel tiene más pretendientas de las que puede manejar… pero eso lo hace más interesante, ¿no cree?
Daniel suspiró, resignado.
—Me llamo Daniel. Agradezco su hospitalidad, y espero ser útil en esta investigación. Lo que le ocurrió a esas familias no debe repetirse.
Yasaka asintió, bajando un poco su tono juguetón.
—Eso espero, Daniel-kun. Estas desapariciones no solo son tragedias… son también una amenaza para la estabilidad entre razas. —Luego añadió, con un brillo travieso— Pero si resuelves esto rápido… tal vez te recompense personalmente~.
Kunou, que había estado callada hasta entonces, se sonrojó intensamente y apartó la mirada.
—Mamá… por favor…
Yasaka soltó una carcajada musical.
—Ay, mi niña, solo bromeo… un poco.
Horas después, el grupo llegó a una antigua casa a las afueras de la villa. Era sencilla, pero bien cuidada… hasta que uno se acercaba y sentía la energía mágica fragmentada en el ambiente. Algo terrible había ocurrido allí.
Tamamo fue la primera en actuar. Cerró los ojos y extendió sus manos, absorbiendo la energía residual.
—Magia oscura… y reciente. Como si quisieran borrar su rastro, pero sin tener cuidado.
Reynare se separó del grupo y empezó a buscar con habilidad, encontrando rastros de lucha y objetos fuera de lugar.
—Hubo resistencia. Esto fue una toma forzada.
Daniel, mientras tanto, cerró los ojos. Su mente se comunicaba con Ddraig.
> “Necesito encontrar a los responsables. Necesito rastrearlos.”
> “Tienes una opción, pero… no te va a gustar.”
Ddraig le explicó: podía otorgarle el olfato de un dragón. Miles de veces más sensible que el de un lobo, capaz de oler magia, emociones y rastros físicos con precisión absurda. Pero había un precio: debía sacrificar su olfato humano.
—¿Y eso qué implica exactamente? —preguntó Daniel en voz baja.
> “Convertirías una parte de ti en completamente dracónica. Esa transformación no se detiene… si tomas este camino, poco a poco, más de tu cuerpo se volverá dragón. No en forma externa de inmediato, pero sí internamente.”
> “Sentirás dolor. Como si tu cuerpo ardiera desde dentro cada vez que avance. Pero ganarás fuerza, resistencia… e incluso la habilidad de escupir fuego.”
—… ¿Y cuánto tardaría en convertirme por completo?
> “Meses. Años, tal vez. Depende de ti.”
Daniel miró a sus compañeras.
—¿Tamamo, Reynare…? ¿Qué opinan?
Las dos se miraron entre sí. Tamamo fue la primera en hablar, seria.
—Es un camino sin retorno, Daniel. Pero si es para salvar más vidas… estaré contigo, sin importar en qué te conviertas.
Reynare asintió.
—Igual que yo. A fin de cuentas, ya eras un poco monstruo desde esa noche de fin de año, ¿no?
Daniel se rió por lo bajo, y miró al cielo.
—Ddraig. Lo haré.
> “Como desees, compañero. A partir de este momento… te encaminas a tu verdadera forma.”
Un aura roja y dorada envolvió a Daniel por un momento. Sintió que su nariz ardía como si mil agujas la atravesaran. Cayó de rodillas, pero no gritó. Tamamo y Reynare se arrodillaron a su lado, dándole apoyo.
Cuando el dolor cesó, Daniel abrió los ojos. Podía oler todo. El sudor leve de Tamamo, el aroma dulce de Reynare, la madera podrida bajo la casa, la sangre vieja… y un rastro, apenas perceptible, que salía hacia el bosque.
—Lo tengo —dijo con voz decidida—. Hay un sendero. Alguien pasó por aquí hace menos de 12 horas. Y no eran humanos.
Tamamo sonrió.
—Entonces vayamos tras ellos.
Yasaka, quien había observado a la distancia, entrecerró los ojos. Su sonrisa era pequeña, pero intrigada.
—Un humano con alma de dragón… interesante. Muy interesante…
Guiado por su nuevo olfato dracónico, Daniel avanzaba entre callejones y senderos ocultos de la villa. La fragancia que seguía era sutil, impregnada de miedo, sangre seca y magia oscura. Los demás lo seguían sin decir palabra, confiando en su habilidad.
Y entonces, Daniel se detuvo en seco frente a una vieja tienda de tés abandonada.
—Aquí termina el rastro.
—¿Aquí? —preguntó Yasaka, frunciendo el ceño—. Esto está dentro de la villa. No puede ser…
Tamamo chasqueó la lengua y abrió un abanico mágico, soltando una oleada de energía espiritual. El aire titiló.
—Ilusión avanzada. De las buenas.
Con un movimiento de mano, la ilusión se desmoronó como una cascada de cristales, revelando una casa antigua y deteriorada, llena de inscripciones oscuras y con una barrera que la mantenía oculta incluso a los más sensibles. Lo peor… es que seguían dentro del territorio de los Yokai.
—Esto significa… —Reynare apretó los puños.
—Traidores. —concluyó Ginji, mostrando los colmillos.
Apenas cruzaron el umbral, una explosión de magia los golpeó. Desde todos los rincones de la casa, surgieron ángeles caídos y Yokai corrompidos. Sus ojos estaban llenos de odio; sus rostros, distorsionados por la rabia. No hubo tiempo para palabras.
La batalla estalló.
Daniel esquivaba y contraatacaba sin cesar. El Haki de Observación lo guiaba, mostrándole cada intento de emboscada. Lo que antes era una técnica defensiva ahora comenzaba a volverse ofensiva, como si viera las intenciones antes de que siquiera se materializaran. Su olfato detectaba la adrenalina, el miedo, la ira de sus enemigos. Podía anticipar.
Pero el Haki de Armadura era distinto. No crecía con el cálculo. Necesitaba presión real, una amenaza tangible. Cada golpe lo entrenaba, pero sin un oponente de fuerza similar, su avance era lento.
Mientras tanto, Yasaka desataba el infierno.
—¡Ustedes no son Yokai… son escoria disfrazada! —gritó mientras arrojaba una esfera dorada de energía espiritual que devoró a cinco enemigos en un destello.
Con sus nueve colas agitándose como látigos, giraba y danzaba por el campo de batalla, hermosa y mortal. Donde se movía, enemigos caían inconscientes o eran reducidos a cenizas.
Tamamo y Reynare pelearon espalda con espalda. La magia ilusoria de Tamamo cegaba a sus enemigos, mientras las lanzas de luz de Reynare los atravesaban sin piedad.
Ginji, por su parte, se enfrentaba a un grupo por sí solo. Su forma de lobo se manifestaba parcialmente; sus garras y velocidad eran letales. Cada movimiento suyo era salvaje pero preciso.
Y entonces… aparecieron los verdaderos líderes del caos.
Desde el fondo del pasillo surgieron dos figuras: un ángel caído de alas negras, ojos carmesí y armadura desgastada, y a su lado, un Yokai con cabeza de león, musculoso, cubierto de tatuajes mágicos y con ojos que ardían en odio puro.
—Miren lo que trajo el viento —dijo el ángel con voz burlona—. Yasaka, la zorra traidora… trayendo humanos y razas bíblicas a nuestro santuario. ¿Dónde está tu sagrada neutralidad ahora?
—¿Desde cuándo trabajar con demonios y ángeles es neutral? —gruñó el Yokai león—. Nosotros recordamos las guerras, Yasaka. Mientras tú jugabas a la política, nuestras familias morían.
Yasaka los miró con calma, incluso mientras esquivaba proyectiles mágicos y ataques físicos.
—¿Y por eso matan a inocentes? ¿Niños? ¿Familias enteras? ¿Esa es su respuesta?
—¡La paz es una mentira! —escupió el ángel caído—. Solo se logra poder verdadero a través del conflicto. Y ahora, gracias al plan de Surgal, lo verás con tus propios ojos.
Daniel se posicionó frente al ángel, interponiéndose entre él y Yasaka.
—Otra rata más que obedece a Surgal… Qué sorpresa.
El ángel sonrió.
—¿Y tú quién eres? ¿Otro héroe idiota con complejo de salvador?
Daniel no respondió. Solo activó su Haki de Armadura, que ahora cubría sus brazos como una segunda piel gris oscuro. Sus ojos brillaban con determinación, y sus sentidos estaban al máximo.
—Soy alguien que está harto de ver a gente inocente pagar por ideologías podridas.
El choque entre ambos fue inmediato. Chispa contra chispa. Alas oscuras contra puños blindados por Haki. El ángel era veloz, lanzaba rayos oscuros que estallaban como bombas, pero Daniel predecía cada ataque, anticipándose como un bailarín experto.
Mientras tanto, Yasaka se enfrentaba al león Yokai. Era una batalla de fuerza bruta contra gracia. Él embestía como un demonio salvaje, pero Yasaka se movía como una sombra, bloqueando con magia sagrada y contraatacando con explosiones de energía kitsune.
—¡Traidora! ¡Humana! ¡No mereces liderar nuestro pueblo! —gritó él.
—Si eso crees… ¡ven y quítamelo! —respondió Yasaka con una sonrisa feroz.
Tamamo y Reynare acababan de terminar con los rezagados y se posicionaron a los lados de Daniel.
—¿Quieres ayuda, mi querido dragón? —preguntó Tamamo, con voz melosa.
—Estoy bien… pero si quieren golpearlo un poco, no me voy a quejar.
—¡Con gusto! —exclamó Reynare.
El ángel caído apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una lanza de luz le rozara el ala y una barrera ilusoria atrapara sus piernas.
—¡Malditas…!
Daniel lo remató con un puñetazo reforzado con Haki directo al pecho, lanzándolo contra la pared.
Todo tembló.
La batalla aún no ha terminado, pero el corazón de la rebelión acaba de ser aplastado. Sin embargo, Daniel sabe que Surgal no se detendrá aquí… solo fue un peón más eliminado del tablero.
Los gritos ya habían cesado. Solo quedaban las respiraciones tensas y el crujido de cuerdas apretando muñecas. Los rebeldes habían sido alineados frente a Yasaka, de pie como una diosa implacable, con sus nueve colas ondulando con furia contenida. La presión espiritual que emanaba era tal que hasta Ginji sudaba frío.
Uno a uno, los traidores confesaban todo. Con el uso de hechizos de presión mágica, las defensas mentales caían como papel mojado.
—¿Por qué las familias? —preguntó Yasaka con voz cortante como acero. Su mirada dorada atravesaba sus almas.
Silencio.
Pero entonces, el Yokai león, cubierto de moretones, sonrió con los colmillos manchados de sangre.
—Porque apoyaban tus ideas de paz, zorra. —espetó con veneno—. Porque hay que recordarles a todos que la paz es para cobardes, que la verdadera fuerza está en dominar o ser dominado. Tus políticas debilitan a nuestro pueblo.
El ángel caído, también herido y atado con sellos, añadió con una sonrisa torcida:
—La coexistencia es una mentira. Queríamos mandar un mensaje. Que cualquiera que se arrodille ante tus ideas… terminará como ellos.
El corazón de Yasaka ardió de rabia. No dijo nada.
Solo alzó una mano.
Un sello dorado apareció sobre el pecho del Yokai león.
—¡Yasaka-sama, espere! —gritó uno de sus guardias.
Demasiado tarde.
El sello explotó en una ráfaga de fuego celestial, y el Yokai león fue incinerado al instante. Solo quedaron cenizas.
—No toleraré a quienes asesinen inocentes en mi tierra. —declaró ella con voz firme.
El ángel caído tragó saliva con dificultad. Ya no sonreía.
—Y tú… —Yasaka giró hacia él—. Serás enviado a alguien que estoy segura te dará lo que mereces.
Ella alzó un espejo mágico. Contactó con Azazel.
La figura del Gobernador de los Grigori apareció, bebiendo un café.
—¿Yasaka? Vaya, qué honor… ¿ocurrió algo?
—Tengo un regalo para ti. —respondió sin rodeos—. Uno de tus subordinados, aliado de Kokabiel. Participó en el asesinato de familias Yokai. Está aquí, esperando castigo.
Azazel levantó una ceja. Su expresión cambió de relajada a fría.
—Envíalo de inmediato. Yo me encargo personalmente.
El ángel caído empezó a temblar, balbuceando disculpas y súplicas que nadie escuchó.
Azazel cerró el espejo con una última mirada gélida que paralizó a todos en la sala.
—
Ya todo estaba en calma.
Yasaka volvió a su posición más casual, como si nada hubiera pasado. Con una sonrisa gentil, se giró hacia Daniel y su grupo.
—No tengo palabras para agradecer lo que hicieron hoy. —inclinó la cabeza—. Esto… esto pudo haber sido una guerra civil. Y la evitaron.
Tamamo inclinó la cabeza.
—Solo hicimos lo correcto.
—Sí… y por eso, merecen algo más que palabras.
Una bolsa de oro apareció flotando, con un sello de la nobleza Yokai.
—Modesto, pero es lo que puedo darles por ahora.
Daniel asintió y dio las gracias, con su típica humildad.
Pero justo cuando estaba por girarse para irse…
Yasaka se acercó rápidamente a él.
—¿Eh?
—¿Qué haces? —dijo Tamamo en voz baja, ya reconociendo esa mirada.
Yasaka lo abrazó por el cuello, se acercó a su hombro… y lo mordió.
—¡Agh! ¡¿Qué demonios?! —gritó Daniel con sorpresa y dolor, mientras la sangre brotaba y Yasaka lo soltaba suavemente, con una sonrisa traviesa.
—Déjala cicatrizar —le dijo con voz baja, cargada de poder espiritual y algo más… íntimo—. No la sanes. Es importante.
Daniel parpadeaba, claramente confundido. Hasta Ginji parecía más rojo que su abrigo.
Tamamo suspiró.
—Te acaba de marcar. —dijo cruzándose de brazos—. Como esposo.
—¿¡Qué!? —Daniel casi se atraganta.
Reynare lo miró con los ojos entrecerrados.
—¿Otra más…?
Yasaka se rio.
—Lo siento~. Pero no podía dejar pasar a alguien como tú. —le guiñó un ojo—. Es… tradición Yokai. Y hace años que no confío en nadie lo suficiente como para hacerlo.
Tamamo la observaba en silencio, hasta que finalmente habló con suavidad:
—Entiendo por qué lo hiciste. Y no voy a oponerme. Pero si lo haces, hazlo bien, Yasaka.
Yasaka la miró, sorprendida. Tal vez esperaba resistencia.
—Pensé que tú serías la primera en pelearme por esto…
—No le quito el amor a otra Yokai… cuando es honesto. —respondió Tamamo con una sonrisa sabia—. Y tú, más que nadie, necesitas alguien que te mire sin miedo ni agenda política.
Yasaka se quedó en silencio, tocando su corazón. Una sonrisa genuina le curvó los labios.
—Gracias, Tama.
Daniel, por otro lado, seguía procesando todo mientras el hombro le ardía.
—¿Por qué siempre soy el último en enterarme de estas cosas…?
Ginji, que había presenciado todo, le dio una palmada en la espalda.
—Bienvenido al club. Tus días tranquilos terminaron oficialmente.
Daniel estaba preparándose mentalmente para el regreso a Kuoh. Ya tenía en mente cómo explicarle todo a Sona sin que alguien acabara electrocutándolo o metiéndolo en una dimensión mágica de castigo. Tamamo, Reynare y Ginji estaban a su lado, esperando el portal de regreso que Yasaka estaba por abrir.
Sin embargo…
—¡Papá~! —gritó una voz infantil pero enérgica detrás de él.
Daniel se detuvo en seco. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—…¿Eh?
Volteó con lentitud solo para ver a Kunou, con su traje tradicional, orejas temblando y colas moviéndose de alegría, corriendo directo hacia él con una gran sonrisa.
—¡Papá! ¡Papá Daniel!
Daniel pestañeó varias veces.
—E-espera, Kunou-chan, ¿qué estás diciendo?
—¡Mamá te mordió y te marcó! Eso quiere decir que eres su esposo, ¿cierto? —preguntó con toda la inocencia del mundo— ¡Entonces eso te hace mi papá!
—¡Espera, espera, no tan rápido! ¡Es más complicado que eso! —dijo Daniel agitando las manos mientras retrocedía ligeramente, sudando frío.
Tamamo y Reynare solo miraban con expresiones neutrales, claramente disfrutando el espectáculo.
Kunou se le aferró a la pierna.
—¿No quieres ser mi papá…? —sus orejitas se bajaron, y sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.
—¡No, no es eso! ¡Es solo que…! ¡Necesito tiempo para asimilar que fui marcado por una mujer zorro de nueve colas de infarto y que ahora una loli adorable me llama “papá”! —dijo con desesperación.
Fue entonces que Yasaka apareció justo detrás de Kunou, con una sonrisa coqueta y mirada tranquila.
—No es necesario complicarlo tanto, querido~. —dijo mientras pasaba un brazo por el hombro de Daniel.
—¿Querido…? —dijo él, aún procesando la palabra.
—Kunou tiene razón. Al haber aceptado mi marca, eres parte de nuestra familia ahora. Así que sí: eres su nuevo papá. —dijo Yasaka con un guiño.
—…Voy a necesitar un manual. O dos. ¿Hay una guía de “cómo ser esposo de una deidad Yokai y padre adoptivo exprés”?
—Solo necesitas venir de vez en cuando y ser adorable. Eso es más que suficiente. —dijo Yasaka con una carcajada juguetona.
Kunou, sin perder el tiempo, abrazó a Daniel con fuerza, hundiendo su carita en su estómago.
—¡Papá huele a fuego! ¡Qué genial!
La escena cómica se mantuvo unos minutos, con Daniel inmóvil, con una niña abrazándolo, Yasaka sonriendo como si todo estuviera en orden, y Tamamo cruzada de brazos mientras murmuraba:
—Esto se está saliendo de control… y ni siquiera estoy enojada.
—
Finalmente, Daniel suspiró y se agachó para hablar con Kunou.
—Está bien, Kunou. Puedes llamarme como quieras… pero al menos déjame adaptarme, ¿sí?
Kunou asintió feliz.
—¡Prometido, papá!
Yasaka se acercó y besó a Daniel en la mejilla, dejando una leve marca de lápiz labial.
—No lo olvides: debes venir a verme. Yo no puedo salir de Kyoto, y mi corazón se rompe si no te veo por mucho tiempo.
Daniel sonrió con una mezcla de resignación y ternura.
—Está bien. Lo prometo. Volveré.
—Te estaré esperando… esposo mío. —dijo Yasaka mientras agitaba la mano.
El portal se abrió con un suave resplandor azul.
Mientras atravesaban el umbral, Daniel murmuró:
—¿Alguien más siente que nuestra vida se está volviendo un anime de romance sobrenatural con política interdimensional?
Reynare respondió sin dudar:
—¿Apenas te das cuenta?
Tamamo asintió lentamente.
—Ya aceptaste que tienes un dragón dentro, que te aman ángeles caídos, demonios, y ahora Yokai. Lo que sigue es que te adopte una diosa… o peor aún, que te cases sin saberlo otra vez.
Daniel se encogió de hombros y miró el cielo.
—…Voy a necesitar más camisetas. Y un calendario para matrimonios sorpresa.
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Mi patreon: SeathScale
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