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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 40

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Capítulo 40: Capitulo 39: Compromiso accidental

Los días continuaban su curso. Mientras Daniel, Tamamo y el equipo de SEES seguían explorando Tartarus cada noche, enfrentando Sombras cada vez más peligrosas y desentrañando los misterios de la Hora Oscura, la rutina de la ciudad de Kuoh seguía moviéndose… pero no sin sobresaltos.

Sona Shitori, la siempre impecable presidenta del consejo estudiantil, se encargaba de los aspectos políticos que venían con ser parte de la nobleza demoníaca, mientras que Rias Gremory se ocupaba de eliminar a los demonios renegados que aparecían ocasionalmente en los rincones más oscuros de Kuoh.

Sin embargo, aunque Sona se mostraba serena y centrada ante todos, en realidad llevaba semanas observando a Daniel en secreto.

Le llamaba la atención: su aura, su forma de actuar, la extraña energía que lo rodeaba… y los rumores que giraban en torno a él.

Intentó confrontarlo en más de una ocasión.

Pero siempre, siempre, algo se interponía.

Una alarma mágica activada por una sombra suelta.

Una llamada urgente de Azazel.

Todo lo que pudiera arruinar un momento privado, ocurría.

Pero hoy, no permitiría que nada se interpusiera.

Durante el receso del almuerzo, Sona apareció frente a Daniel, que acababa de despedirse de sus novias después de comer.

Con paso firme, mirada decidida y un aura tan intensa que haría temblar a un demonio de rango medio, lo tomó del brazo sin decir una palabra y lo arrastró lejos del patio.

—¿Sona? —preguntó Daniel, confundido por el súbito movimiento—. ¿Pasa algo?

Las novias de Daniel —Reynare, Tamamo, Hikari, Hibiki, Alya, Sakura— lo observaron con cejas fruncidas, algunas con los ojos entrecerrados y otras directamente mostrando expresiones peligrosas.

Sona se detuvo solo un segundo y con una frialdad elegante dijo:

—Esto es un asunto privado del consejo estudiantil. Ninguna está invitada.

—¿¡Disculpa!? —dijo Reynare, dando un paso al frente.

—Daniel regresará… si es que puede caminar después de lo que hablaremos, claro —agregó Sona con un tono seco pero que traía un dejo de nerviosismo apenas perceptible.

Tamamo entrecerró los ojos, cruzando los brazos con una sonrisa que decía “esto se pondrá interesante”.

Las demás se detuvieron, al final sabiendo que Daniel sabría manejarlo.

Daniel suspiró resignado y con una pequeña sonrisa conciliadora, se dejó llevar.

—Pórtense bien, chicas… no quemen nada.

Y con eso, Sona lo arrastró de forma cómica hasta el consejo estudiantil mientras los demás estudiantes murmuraban y las novias de Daniel lo observaban partir con una mezcla entre celos, resignación… y expectativa.

Una vez en la sala del consejo estudiantil, Sona cerró la puerta con un hechizo de aislamiento, activó barreras para impedir escuchas mágicas, y se sentó frente a Daniel con los brazos cruzados.

—Muy bien —dijo, entre seria y un poco nerviosa—. Ahora que no hay distracciones, vas a contarme todo lo que estás haciendo por las noches… y lo que está ocurriendo realmente con ese grupo llamado SEES. Estoy harta de quedarme al margen.

Daniel la observó en silencio por unos segundos… y luego asintió.

—Está bien, Sona. Si vas a involucrarte, mereces saberlo todo.

Dentro del silencioso y elegante salón del consejo estudiantil, Sona Shitori preparó el tablero de ajedrez con movimientos meticulosos, como si cada pieza tuviera un significado más profundo que el simple juego. Daniel, sentado al otro lado, aceptó la invitación sin dudar.

—Si vamos a hablar de temas tan delicados… al menos hagámoslo interesante —dijo Sona, con una sonrisa sutil.

—¿Temes perder concentración? —respondió Daniel, alzando una ceja mientras movía su primer peón.

—Veremos quién termina perdiendo —replicó ella, y la partida comenzó.

Mientras las piezas chocaban en el tablero, Daniel empezó a relatar lo sucedido desde el inicio de las vacaciones: cómo él y Tamamo eran los únicos que podían moverse en la Hora Oscura, las exploraciones nocturnas al Tartarus, las criaturas sombrías que enfrentaban y cómo, cada noche, se acercaban más al corazón de ese misterio.

Sona escuchaba atenta, sin interrumpir a menos que tuviera una pregunta específica.

—¿Y mencionaste que están en el piso ochenta y nueve? ¿Cuál ha sido la estructura de los jefes de cada bloque?

—Al principio eran Sombras más elementales, después vinieron híbridos, entidades que jugaban con ilusiones y magia mental. El último jefe tenía una conexión extraña con el tiempo… casi parecía manipularlo —explicó Daniel, mientras sacrificaba un alfil sin vacilar.

Sona se tensó. No por lo dicho, sino porque no vio venir esa jugada. Una más y perdería una torre.

—¿Y crees que llegar al piso cien responderá todas las preguntas? —preguntó, moviendo su reina con cautela.

—Espero que sí… aunque tengo el presentimiento de que el piso cien no es el final, sino una puerta —murmuró Daniel, avanzando su caballo con calma.

El relato continuó. Daniel explicó cómo la fatiga mental afectaba a los miembros del SEES, las estrategias implementadas, y cómo incluso con Tamamo ayudando en los combates, la presión crecía cada noche. También habló de Mitsuru, su creciente interés por comprender la Hora Oscura… y quizás por él.

Sona, hábil como era, intentaba ocultar sus reacciones. Pero conforme más piezas perdía en el tablero, más evidente era su frustración. No solo por el juego, sino por la sensación de que Daniel ocultaba más de lo que decía… o quizás no, y ese era precisamente el problema. Todo lo que decía sonaba honesto, transparente… y eso la desarmaba aún más.

Finalmente, cuando solo le quedaban su rey, un peón y un alfil en desventaja total, Daniel movió su torre sin siquiera mirar el tablero.

—Jaque mate —dijo con tranquilidad.

Sona parpadeó. Observó el tablero. Había perdido. No solo eso… ni siquiera recordaba en qué momento había perdido el control del juego.

—… ¿Cómo hiciste eso sin pensar? —preguntó, genuinamente atónita.

—Supongo que soy mejor de lo que pensaba —respondió Daniel, con una sonrisa ladina mientras se levantaba de su asiento—. Pero gracias por el juego. Y por escuchar.

Se dirigió a la puerta, pero antes de salir, se volvió hacia ella.

—Si tienes más preguntas, Sona, no dudes en buscarme. Estaré encantado de responderlas… o jugar otra partida.

Y con eso, Daniel se retiró tranquilamente, dejando a Sona sola en la sala, aún mirando el tablero, en silencio.

Había escuchado todo sobre Tartarus. Había aprendido más de lo que esperaba.

Pero lo que más le costaba aceptar…

…era que por primera vez en mucho tiempo, alguien había ganado en su propio juego.

Sona seguía contemplando el tablero de ajedrez en completo silencio. Sus dedos se mantenían inmóviles sobre el alfil que jamás logró mover a tiempo. Su mirada, fija en el lugar donde Daniel se había sentado minutos atrás, era una mezcla de incredulidad y resignación.

Su séquito, siempre tan disciplinado, no sabía si debía hablar o fingir que no habían visto nada… Pero lo sabían. Lo habían visto. Y si lo sabían ellos, entonces sin duda Serafall también lo sabría.

—Mi cláusula personal… —susurró Sona, llevándose una mano a la frente—. “Solo quien me venza en ajedrez podrá considerarse mi prometido”. Tonta, tonta, tonta…

La cámara oculta en la esquina del salón, minúscula y apenas perceptible, seguramente ya había transmitido toda la partida en vivo a Serafall, quien probablemente estaría gritando de alegría, planeando una boda y una lluvia de confeti en cualquier momento.

—Mi prometido… es un mujeriego con un harem —suspiró Sona, como si acabara de perder una apuesta con el destino.

No podía ignorarlo. No podía anularlo. Era su propia regla. Y él… él había ganado sin siquiera sudar.

Lo peor de todo es que, pensándolo fríamente, no era un mal partido.

Daniel era valiente, directo, carismático, respetuoso con sus novias y, lo admitiera o no, atento cuando importaba. Lo había demostrado al hablar con ella con toda sinceridad, confiándole secretos importantes sobre Tartarus, incluso sabiendo que ella podría usarlos en su contra si así lo deseaba. Era un riesgo que tomó por confianza.

Y ahora…

—¿Cómo demonios le explicaré esto a mis padres…?

Mientras tanto, a varios salones de distancia…

Daniel caminaba tranquilamente de regreso con sus novias. Tamamo fue la primera en recibirlo con un beso, seguida por Alya y Sakura, quienes lo rodearon con sus brazos. Hikari y Hibiki bromeaban en el fondo, mientras Reynare le entregaba un jugo helado con una sonrisa pícara.

Todo parecía normal… hasta que Daniel se detuvo en seco.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Un presentimiento oscuro. Como si algo grande acabara de cambiar en su destino.

—…¿Acabo de sellar mi perdición sin darme cuenta? —murmuró con una gota de sudor bajando por su sien.

—¿Eh? ¿Dijiste algo, querido? —preguntó Tamamo.

—N-no… solo me dio frío de repente.

Mientras el dragón seguía rodeado de mimos y caricias, lejos, en una oficina del Inframundo, Serafall Leviathan estaba gritando de emoción con un vestido de novia entre manos y un proyector repitiendo el momento exacto del jaque mate.

El destino acababa de mover una pieza más en este loco tablero.

En una lujosa mansión del Inframundo, decorada con buen gusto y elegancia demoníaca, un estallido de alegría retumbaba por todos los salones.

—¡Mi pequeña Sona al fin se casa! —gritó emocionado Lord Shitori, con lágrimas contenidas mientras abrazaba a su esposa con fuerza—. ¡Y con un hombre que la venció en ajedrez! ¡Un verdadero estratega!

—¡Y qué guapo es! ¡Y tan educado! ¡Y fuerte! ¡Y tiene ese aire de chico malo que a las chicas les encanta! —añadió su esposa emocionada, mientras ya hojeaba revistas de vestidos nupciales y tocados mágicos.

En el centro del caos, bailando con una pancarta que decía “¡Felicidades, Sona y Daniel!”, se encontraba una radiante Serafall Leviathan, una mezcla de idol mágica con wedding planner.

—¡Kyaa~! ¡Mi Sonita ya encontró a su príncipe encantador! ¡Y ni siquiera necesitó invocarlo con magia! —gritaba mientras lanzaba confeti con una varita de juguete—. ¡Sabía que pasaría! ¡El “Proyecto Romance Forzado por Ajedrez” funcionó! ¡Ja ja ja!

Un sirviente entró jadeando.

—Mi Lady… ¿deberíamos… avisarle al joven Daniel sobre este compromiso?

Serafall lo miró como si acabara de sugerir que cancelaran la Navidad.

—¿Eh? ¿Y arruinarle la sorpresa? ¡No no no! ¡El amor florece mejor cuando menos lo esperas! —dijo con una sonrisa traviesa y peligrosa.

—¿Y… y Sona-sama? ¿Ya lo confirmó?

—Ella está… procesándolo —dijo Serafall, dando una vuelta sobre sí misma mientras sostenía dos invitaciones de boda con bordes dorados—. Pero ya saben cómo es, toda seria. ¡Necesita un empujoncito! Ya mandé a preparar el salón, contacté a una florista interdimensional y encargué un pastel de cinco pisos con relleno de estrellas caídas.

—¿No es un poco apresurado? —preguntó otro sirviente tímidamente.

—¡Shh! ¡No arruines mi momento de hermana mayor entusiasta! —Serafall dijo con un puchero, mientras proyectaba en un cristal mágico el momento exacto del jaque mate, que repetía en bucle con corazones animados.

En la esquina de la sala, una tía demoníaca tejía un suéter con las iniciales “S + D” mientras el abuelo ya buscaba un lugar para la recepción familiar.

Toda la familia estaba ya mentalmente en el altar… aunque ni Sona ni Daniel sabían absolutamente nada al respecto.

Ubicación: Estudio privado de Rias Gremory, Kuoh Academy.

La joven demonio pelirroja se encontraba revisando informes sobre actividades demoníacas de bajo nivel en las afueras de Kuoh cuando un clic suave en la puerta la sacó de su concentración.

—Adelante —dijo sin apartar la vista de los documentos.

Entró Grayfia Lucifuge, tan elegante e inexpresiva como siempre, cargando un sobre dorado decorado con magia de celebración. Lo dejó con sumo cuidado sobre el escritorio de Rias.

—Mi Lady, una invitación del Inframundo.

Rias arqueó una ceja, tomó el sobre y lo abrió… solo para leer algo que la dejó paralizada. Un silencio sepulcral se apoderó del estudio.

—¿Esto es… una boda? —preguntó con voz baja.

—Así es —respondió Grayfia con tono formal—. Lady Sona Shitori se ha comprometido oficialmente. La boda está siendo organizada con velocidad inusual por orden directa de la señora Leviathan. Se celebrará en la residencia Shitori en dos semanas.

Rias quedó atónita. Literalmente, no le respondía el cerebro.

—¿Sona? ¿¡Con Daniel!? ¡¿CÓMO?! ¡¿CUÁNDO?! —gritó levantándose de golpe, su silla cayó al suelo por el impulso.

Y justo entonces, como si el destino jugara con su sentido del tiempo, Sona Shitori entró elegantemente al despacho con una carpeta en mano.

—Rias, necesitaba hablar contigo sobre los tratados que debemos renovar para——

Pero no alcanzó a terminar.

Rias salió disparada y la sacudió por los hombros como una madre gallina con sobrecarga emocional.

—¡¿CUÁNDO CERRASTE EL TRATO CON DANIEL?! ¡¿ME ESCONDISTE ESO A MÍ DE TODAS LAS PERSONAS?! ¡¿TÚ TAMBIÉN TE LE DECLARASTE?! ¿¡NO ERA SOLO TU RIVALIDAD AJEDRECÍSTICA!? ¡¿O FUE UNA TRAMPA?!

—¿Qué?! ¡¿De qué estás hablando?! —Sona, roja de la cara y sin poder soltar su carpeta, apenas entendía la mitad de lo que le decía su amiga.

Grayfia, sin inmutarse, colocó otra invitación en la mesa de té y habló con esa voz de empleada que ya lo ha visto todo:

—Lady Leviathan hizo pública la victoria de Daniel sobre usted en ajedrez. Según las cláusulas que usted misma redactó hace años, ese hecho lo convierte automáticamente en su prometido. Todo el Inframundo ya ha sido informado.

Sona se quedó congelada, sus pupilas se dilataron ligeramente. Luego bajó lentamente la carpeta y murmuró:

—…Maldita sea, Serafall.

La rabia, frustración y vergüenza se arremolinaron en su interior.

—¡No estaba lista! ¡Ni siquiera le he dicho a él! ¡Apenas lo estoy considerando seriamente! ¡¡¿Y ya están mandando INVITACIONES?!!

—Con mago-correos, sí. Van rápido —añadió Grayfia mientras hojeaba el panfleto con un “Menú de Boda estilo Estelar” incluido.

Sona apretó los puños. Ya sabía que su familia tenía problemas con los límites, pero esto… esto era ridículo.

—Voy al Inframundo —dijo con voz determinada, su aura de autoridad encendiéndose como fuego azul.

—¿No quieres pensarlo un poco más? —preguntó Rias, algo apabullada pero divertida.

—No. Voy a hablar con Serafall. Y si es necesario… —Sona ajustó sus gafas con un brillo siniestro—. …la haré entender a golpes.

Y sin más, se teletransportó con un estallido de luz mágica.

Rias y Grayfia se quedaron en silencio un momento.

—¿Crees que haya sangre? —preguntó Rias finalmente, tomando asiento.

—Probablemente solo confeti, pero lo lanzará con mucha violencia —respondió Grayfia con absoluta calma.

Rias suspiró y cruzó los brazos con un aire amargo.

—Sona al menos encontró a alguien decente… Yo sigo atrapada con ese estúpido de Riser.

Grayfia, sin decir palabra, le sirvió una taza de té. Ambas sabían que, tarde o temprano… el destino también se encargaría de eso.

Ubicación: Mansión de la Familia Shitori, Inframundo.

El ambiente, que normalmente era elegante y sereno, ahora estaba cubierto por un aura helada. En el centro de un gran salón decorado con cintas de boda, flores, y pancartas que decían “¡Felicidades Sona & Daniel!”, la misma Sona Shitori se encontraba con los brazos cruzados, una expresión de autoridad absoluta en el rostro y su aura demoníaca tan intensa que hasta los candelabros temblaban.

Frente a ella, sus padres y Serafall Leviathan, se encontraban arrodillados con enormes chichones en la cabeza, ojos llorosos estilo anime y pañuelos en mano.

—¡Lo sentimos, hija querida! ¡No pensamos que reaccionarías así! —lloriqueó el padre mientras se sobaba el chichón.

—Es que… ¡Te vimos tan feliz cuando regresaste de la Tierra! ¡Y pensábamos que por fin alguien te había ganado en ajedrez! ¡Y era un joven tan apuesto y fuerte! —añadió la madre, con un moquillo cómico saliendo de la nariz.

—¡Y yo ya me imaginaba llamarlo cuñadooo! —gimió Serafall con dos kleenex en cada mano, revolcándose de rodillas—. ¡Iba a enseñarle nuestros álbumes familiares! ¡Incluso hice una canción para la bodaaaaaa!

Sona los observaba con una mirada completamente implacable.

—Entiendo que se emocionaran —comenzó con tono frío pero contenido—. Y no niego que Daniel sea un candidato… interesante.

Los ojos de los tres se iluminaron como focos navideños.

—¡¿Entonces sí te gusta?! —gritaron al unísono.

Sona los ignoró, continuando su sentencia.

—Pero yo tengo mis propios métodos. No pienso comprometerme con alguien que no conozco completamente. Quiero saber qué le apasiona, qué le molesta, qué tipo de libros lee, si le gusta el té o el café, y sobre todo… si estoy dispuesta a compartirlo con siete mujeres más.

Serafall hizo un puchero gigante, con el mentón temblando.

—¡Pero Sonaaaa! ¡Daniel es perfecto para ti! ¡Valiente, caballeroso, fuerte, divertido, buen estratega, ¡y le encantan los retos! ¡¿Qué más quieres?!

—Quiero elegir yo. —respondió Sona, con una mirada seria que perforaba el alma—. No quiero que me casen por emoción ni por lógica política.

Los padres bajaron la cabeza de nuevo, arrepentidos.

—Tienes razón, hija —dijo su padre con voz calmada esta vez—. Nos dejamos llevar. Prometemos no volver a hacerlo sin tu consentimiento.

Sona asintió, y con un gesto de su mano, las invitaciones mágicas comenzaron a flotar en el aire hasta desaparecer con un destello de luz púrpura.

—Gracias —dijo con tono firme—. Ya se han enviado disculpas públicas, ¿verdad?

—Sí, sí —respondió su madre de inmediato—. Incluso compensamos a la familia Bael por la confusión temporal. Aunque… ellos creyeron que era un movimiento diplomático para alejarte de Riser.

—Aún mejor —respondió Sona con una sonrisa satisfecha.

Pero Serafall no se rindió tan fácil.

—¡Nee, Sonaaa~! ¡Perdóname! ¡Yo solo quería lo mejor para ti! ¡No me odiiiiiies! —dijo mientras se aferraba a la pierna de su hermana menor con cara de perrito abandonado.

Sona trató de sacársela de encima con cara de fastidio.

—¡Déjame en paz, Serafall! ¡Fuiste la principal culpable! ¡TÚ firmaste el permiso mágico para imprimir y mandar las invitaciones!

—¡Solo fueron trescientos sets! ¡Y todos eran con papel reciclable! —gimió ella.

Sona suspiró largamente.

—Ya hablaremos en casa. Mientras tanto, tengo asuntos en la Tierra que atender.

Y con un gesto seco de teletransporte, Sona desapareció en una columna de luz púrpura.

Sus padres se quedaron en el suelo, aún arrodillados. Serafall colapsó teatralmente sobre una alfombra.

—¡Mi linda hermanita me odiaaa! ¡Y yo solo quería ayudarla con su romanceeee! —gritaba en voz alta mientras hacía círculos dramáticos con su dedo en la alfombra.

—Cariño… creo que deberíamos cancelar al chef y al organizador de eventos —dijo el padre suspirando.

—¿Y la banda musical? —preguntó la madre.

—La podemos guardar para cuando Sona lo invite de verdad.

Ambos padres asintieron con resignación.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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