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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 42

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  3. Capítulo 42 - Capítulo 42: Capitulo 41: Mochizuki Ryoji
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Capítulo 42: Capitulo 41: Mochizuki Ryoji

El regreso a Kuoh fue tranquilo. Tamamo y Reynare caminaban a cada lado de Daniel, cada una sujetando su mano con suavidad. El ambiente se sentía cálido, íntimo… incluso después del caos de Kyoto, del combate, de la traición, de la revelación que ahora una de las mujeres más poderosas del mundo Yokai lo había marcado como su esposo. Aun así, la paz de tener a sus amadas junto a él bastaba para hacerle olvidar momentáneamente esa realidad extraña y maravillosa que ahora formaba parte de su vida.

Tamamo le daba besos suaves en el hombro mientras caminaban, mientras Reynare le dejaba caricias juguetonas en el brazo, sus rostros iluminados por el brillo nocturno de Kuoh.

—Esta noche… nada de Tartarus. —dijo Daniel con voz tranquila.

—Mereces el descanso. —dijo Tamamo, dándole un beso cerca del oído.

—Además… —agregó Reynare— las demás te extrañaron bastante.

Y tal como Reynare predijo, la casa fue un mar de cariño y caos adorable al cruzar el umbral.

Alya, Sakura, Hibiki y Hikari estaban esperándolo. Apenas abrió la puerta, se vio emboscado por besos, abrazos, preguntas y quejas amorosas.

—¡¿Dónde estuviste tanto tiempo?!

—¡Pensé que te habían secuestrado!

—¡Tu cena favorita se enfrió!

—¡Idiota adorable, te extrañé!

—¡Bienvenido de nuevo!

Daniel solo pudo reír, abrazarlas a todas y darles el cariño que merecían. El calor del hogar lo envolvía, y por unos minutos todo se sintió en orden.

Durante la cena, Daniel relató lo sucedido en Kyoto, desde las pistas hasta la infiltración, el ataque y la revelación final de Yasaka como su nueva “esposa no oficial”.

—¿¡Te mordió!? —dijo Hikari con la boca llena de arroz.

—¿Y no te desangraste? —preguntó Sakura con curiosidad clínica.

—¿Y la hija…? ¿Te llamó papá? —dijo Alya, entre fascinada y celosa.

Tamamo asintió como quien confirma una verdad ancestral.

—Es oficial. Yasaka lo marcó. Y Kunou lo acepta como padre.

El silencio fue sepulcral… y luego, un caos de quejas, reclamos, bromas, y, al final, risas resignadas.

—Tendremos que acostumbrarnos a ser… muchas. —murmuró Hibiki, mirando su vaso de té.

—…Si seguimos sumando así, vamos a necesitar otro calendario para turnos. —bromeó Reynare.

Daniel solo suspiró, pero sonrió. El caos era parte del paquete. Y no lo cambiaría por nada.

Yukari, Mitsuru y Akihiko estaban en sus habitaciones, preparándose para una nueva exploración del Tartarus. Ya era rutina, pero esta vez se sentía diferente. Faltaba una presencia clave.

El teléfono de Yukari vibró. Era un mensaje de Daniel.

“Tuve que atender un tema diplomático… bastante serio. Estoy agotado, no iré a Tartarus esta noche. Cuídense. Si pueden, avancen sin mí.”

Yukari compartió el mensaje con los demás.

—No vendrá esta noche. —dijo simplemente.

Mitsuru frunció el ceño.

—¿Diplomático…? ¿Qué tipo de temas diplomáticos trata un humano con habilidades sobrenaturales? —preguntó, más para sí misma que para los demás.

Akihiko se encogió de hombros, poniéndose los guantes.

Pero Mitsuru no soltó el tema.

—Yukari, ¿cuándo le diste tu número?

—¿Eh? ¿Por qué preguntas eso?

—Solo… me resulta curioso. —dijo Mitsuru, claramente tratando de sonar indiferente, aunque fallando miserablemente—. ¿Podrías pasármelo?

Yukari arqueó una ceja.

—¿Para “temas diplomáticos”, Mitsuru?

La pelirroja se sonrojó muy levemente.

—Para… coordinar exploraciones futuras. Nada más.

Yukari suspiró, sonriendo de medio lado. La celosa noble de SEES estaba saliendo a la luz.

La luna brillaba con una intensidad anormal.

Y desde ella, descendía una figura envuelta en la oscuridad.

Cabello negro como el abismo, bufanda verde ondeando con el viento, y un aura que hacía vibrar el alma de la Tierra misma.

Mochizuki Ryoji había llegado.

Su sonrisa era melancólica. Sus ojos, vastos como el universo.

La Hora Oscura le dio la bienvenida como si fuera su legítimo heredero.

El avatar de Nyx, la llave del Fin, había llegado al mundo de Daniel.

Y con él… el reloj empezó su cuenta regresiva hacia el fin del mundo.

La mañana en la academia Kuoh parecía tranquila. Casi… demasiado tranquila.

Daniel, con el uniforme impecable y cara de alguien que apenas había dormido (gracias a la revelación Yokai y su recién adquirido “matrimonio místico”), caminaba hacia el salón del consejo estudiantil para reunirse con Sona. Tenía que informarle todo lo que ocurrió en Kyoto: la traición interna, el intento de revolución, la marca que Yasaka le dejó… todo.

Pero al abrir la puerta…

El tiempo se detuvo.

Ahí estaba.

Cabello negro azabache, bufanda verde esmeralda ondeando ligeramente con el aire acondicionado del salón, ojos color miel llenos de misterio… y una sonrisa encantadora que, para quien no supiera la verdad, parecería simplemente traviesa.

—¡Ah, damas hermosas del consejo estudiantil! —decía con tono melodioso—. ¿Acaso no es una injusticia del universo que ninguna de ustedes tenga ya un acompañante para el almuerzo? ¡Estoy dispuesto a sacrificar mi corazón por una de ustedes!

Ryoji Mochizuki.

El Avatar de Nyx.

La llave del Fin.

El muchacho que no debería estar aquí aún.

Daniel se congeló en la puerta, con el corazón golpeándole el pecho como una alarma nuclear. Su mente iba a mil por hora, repasando fechas, eventos, lógica del universo.

“Esto no es normal. ¡NO es normal!”

Ddraig habló en su mente, preocupado:

—Daniel… ¿qué sucede? Tu pulso aumentó y tu respiración se está descontrolando.

—Después te explico… esto no es solo cosa nuestra… esto es grave. MUY grave. —respondió Daniel mentalmente, apretando los dientes.

Mientras tanto, Ryoji iba de chica en chica.

—¿Y tú, Tsubaki-san? Una belleza como la tuya no merece almorzar sola.

—Rechazada. —dijo Tsubaki sin siquiera levantar la vista.

—¿Saji? ¿No tendrás una hermana?

—Hermano… por favor, no.

Y finalmente, se dirigió a Sona Shitori, con un guiño exagerado:

—Presidente del consejo, dama de sabiduría y belleza… ¿acaso no sería el destino que compartiéramos—

—Tengo prometido. —lo cortó Sona con voz firme, sin mirar siquiera.

Ryoji parpadeó, y luego sonrió de forma cómica, como si lo hubieran lanzado por una ventana emocional.

—Ay… mi corazón. Qué día más duro. —dijo, dándose media vuelta con teatralidad.

Pasó junto a Daniel con un movimiento despreocupado y le guiñó un ojo.

—¡Suerte, amigo! Está complicada la competencia. —dijo antes de cerrar la puerta suavemente tras de sí.

Daniel volvió a respirar.

—¿Estás bien? —preguntó Sona, notando el sudor en su frente—. Te ves… pálido y confundido.

Daniel parpadeó y forzó una sonrisa.

—Estoy… bien. Solo… me sorprendió ver a ese tipo aquí. No lo conocía.

Ddraig murmuró mentalmente con tono serio:

—Ese chico no es humano. Lo siento… es como si fuera una paradoja caminante. Su esencia no pertenece a esta realidad.

Daniel asintió muy sutilmente y retomó la compostura.

—Perdón por eso. Vine a darte el informe de lo ocurrido en Kyoto.

Sona lo observó un momento más, antes de asentir y sentarse correctamente.

Daniel explicó todo. Desde la traición Yokai, el plan de revolución, la implicación de un ángel caído subordinado de Surgal, la aparición de Yasaka, la mordida simbólica que lo vinculó con ella… todo.

—Entiendo. Eso puede traer repercusiones políticas más adelante, pero… gracias por resolverlo de forma tan eficiente. —dijo Sona, aunque sus ojos lo escaneaban discretamente—. Aun así, hablaremos más tarde de… esa “marca de diente”.

—Claro. —respondió Daniel con algo de incomodidad.

Una vez terminó el informe, se despidió con respeto, y antes de salir del salón, Sona le dijo:

—Y Daniel… si ese chico vuelve a aparecer por aquí… ¿puedes quedarte cerca?

—Eso ya estaba en mis planes. —respondió él, serio, antes de cerrar la puerta.

Daniel caminaba con paso apresurado rumbo al estudio de Rias.

No podía dejarlo pasar.

Ryoji estaba aquí.

El Fin del Mundo se estaba adelantando.

Y eso solo significaba una cosa.

Alguien, en alguna parte, está alterando el destino.

Y Daniel… iba a descubrir quién.

Tras finalizar su reunión con Rias y haber dejado claro todo lo ocurrido en Kyoto, Daniel regresó a su salón con paso firme… aunque su mente seguía dándole vueltas a la aparición inesperada de Ryoji.

No debería estar aquí. Su presencia sólo significa que algo se está rompiendo en el flujo del destino.

Pero al abrir la puerta del salón… se encontró con una escena curiosa.

Allí estaba Ryoji Mochizuki, el carismático y descarado, intentando desplegar su encanto frente a Alya, Hikari y Hibiki. Sonrisas, halagos improvisados, un par de guiños y comentarios dulces salían de su boca con la esperanza de impresionar.

—¿Una diosa de cabello plateado, dos soles gemelos de luz pura… acaso estoy soñando? —decía, sin gota de vergüenza.

Las tres chicas ni siquiera le prestaban atención. Hasta que Daniel entró.

En ese instante, como si un interruptor se activara, Alya, Hikari y Hibiki se levantaron rápidamente, fueron directo a Daniel y lo besaron por turnos en los labios, cada una con una sonrisa satisfecha.

Ryoji quedó boquiabierto, paralizado. Su alma parecía abandonarlo por un segundo.

—Ya tenemos novio, lo sentimos. —dijo Alya con una sonrisa serena.

—No buscamos a alguien… buscamos a Daniel. —agregó Hibiki, dándole un guiño al chico.

—Suerte en tu búsqueda, pero esta puerta está cerrada. —remató Hikari.

Ryoji se llevó una mano al pecho, teatral.

—Mi… mi corazón… ¡devastado! —gimió, cayendo de rodillas.

Daniel solo se rascó la nuca con una gota de sudor estilo anime resbalándole por la frente.

—Ryoji, tú… ¿estás bien?

—¡Maestro! —exclamó Ryoji de repente, arrodillándose ante Daniel con los ojos brillando como un discípulo anime—. ¡Enséñame tu camino! ¡Quiero lograr un harem como el tuyo! ¡Tú… tú eres mi nuevo ídolo!

Todas las chicas presentes lo miraron como si acabara de perder lo que le quedaba de sentido común.

—Esto… no es algo que se enseñe. —dijo Daniel con una sonrisa tensa, queriendo mantener la calma—. Además, no es como si hubiera sido planeado.

—¡Precisamente por eso eres grandioso! ¡Te llega solo! ¡Eres natural! ¡Una leyenda! —seguía Ryoji, totalmente inmerso en su papel de discípulo.

Daniel suspiró.

—…Está bien. Hablaremos después. Pero ahora, por favor, siéntate. Las clases están por comenzar.

Ryoji se sentó obedientemente, con una sonrisa soñadora y ojos de estrella cada vez que veía a Daniel.

En cuanto Daniel se sentó, sin que Ryoji lo notara, se inclinó un poco hacia Alya, Hikari y Hibiki, y les habló en voz baja:

—¿Pueden avisar al resto de las chicas que necesitamos reunirnos en casa apenas terminen las clases? Esto es importante.

—Entendido. —asintió Alya con seriedad.

—¿Tiene que ver con ese sujeto raro? —preguntó Hikari con un tono frío.

—Y algo más… más allá de él. —respondió Daniel, breve pero firme.

Hibiki ya estaba escribiendo en el chat grupal. Las chicas se activaban.

Simultáneamente, Daniel sacó su teléfono y mandó un mensaje grupal al equipo de SEES:

Daniel:

“Cambio de planes. Reunión de emergencia esta noche. Tema: aparición anómala. Hablaré en persona. No vayan a Tartarus sin mí.”

El mensaje fue marcado como leído por Mitsuru, Yukari, Akihiko y Junpei en cuestión de segundos. La respuesta de Mitsuru llegó enseguida:

Mitsuru:

“Entendido. Reunión en tu casa, entonces. Espero que sea importante.”

Daniel cerró los ojos un segundo y murmuró:

—Es más que importante. Podría ser el inicio del fin…

Y desde su lugar en el salón, Ryoji seguía viéndolo, con los ojos llenos de esperanza, como si Daniel fuera una mezcla entre casanova, sabio y héroe de una novela épica.

El fin del mundo se avecinaba… y Ryoji quería aprender a tener un harem.

Ubicación: Casa de Daniel – Sala principal

Asistentes: Daniel, Tamamo, Reynare, Alya, Hikari, Hibiki, Sakura, Mitsuru, Yukari, Akihiko

La noche había caído sobre Kuoh, pero en la sala de la casa de Daniel no había ni rastro de calma. Las luces tenues iluminaban los rostros serios de los presentes. Todos sabían que no era una reunión normal… Daniel se mantenía de pie frente a ellos, con Tamamo y Reynare a su lado, mientras el resto lo rodeaba en silencio.

Mitsuru fue la primera en romperlo.

—¿Qué fue tan urgente como para reunirnos así de improviso?

Daniel respiró hondo. Su rostro mostraba una mezcla de tensión, cansancio… y miedo.

—Hoy… vi a alguien que no debería estar aquí. No aún. Su nombre es Ryoji Mochizuki.

El nombre provocó una reacción inmediata en los tres miembros de SEES.

Yukari se puso rígida.

—¿Qué… dijiste?

Akihiko frunció el ceño.

—¿Estás seguro?

Daniel asintió con gravedad.

—Lo vi con mis propios ojos… estaba en el instituto, en el consejo estudiantil. Y no era solo una aparición casual. Está activo. Coqueteando como siempre. Pero lo importante es esto… Ryoji no debería estar aquí hasta que todas las sombras grandes hayan sido destruidas. Y no hemos llegado ni cerca de ese punto.

Mitsuru se levantó de su asiento.

—¿Entonces… la Caída ha comenzado?

—No oficialmente. —Daniel negó con la cabeza— Pero su presencia indica que se está acelerando. Algo o alguien está alterando el flujo natural del Tartarus. Y si Ryoji está aquí ahora… entonces Nyx está más cerca de lo que pensamos.

Un silencio escalofriante cayó sobre todos.

Alya, sentada al lado de Hibiki y Hikari, se abrazó a sí misma con incomodidad.

—¿Quién es exactamente Ryoji?

Tamamo, con un tono serio poco usual en ella, respondió:

—El hombre de medianoche. Un emisario… o más bien, el avatar humano de la muerte misma.

—No es malvado por sí mismo —agregó Daniel—, pero es el heraldo del Fin del Mundo. Matarlo no cambia nada. No solo es invencible, sino que también es parte de un ciclo predestinado. El verdadero enemigo es Nyx, la entidad que busca fusionar a los humanos con la muerte eterna.

Yukari se cubrió la boca. Akihiko apretó el puño.

Mitsuru mantuvo la calma, pero su voz temblaba.

—Entonces… ¿cuál es nuestro plan?

Daniel miró a todos. No había espacio para falsas esperanzas.

—Tenemos que llegar al tope de Tartarus. Acelerarlo todo. Ryoji es solo el preludio… pero si logramos escalar y romper el ciclo antes de tiempo, podríamos tener una oportunidad. Pero si seguimos esperando, la Caída ocurrirá antes de que estemos preparados.

Tamamo lo miró con preocupación.

—¿Estás seguro que podemos enfrentarlo así, tan pronto?

—No. —respondió Daniel— Pero es eso… o perderlo todo.

Sakura, que hasta ahora había estado en silencio, habló con firmeza:

—Entonces hay que prepararnos. Ya lo hicimos antes. Podemos hacerlo otra vez.

Yukari asintió.

—Si el mundo está en juego, no nos vamos a quedar de brazos cruzados.

Akihiko se levantó.

—Más entrenamiento. Más sincronización. Nada de errores. Si ese tipo está aquí, significa que nos quieren muertos antes de tiempo.

Mitsuru asintió lentamente, luego miró a Daniel con expresión determinada.

—Tendremos que hacer preparativos serios. Hablaré con mi padre. Pero quiero que tú, Daniel, nos mantengas informados. Si sabes algo más… cualquier cosa… no lo guardes para ti.

Daniel bajó la mirada un momento. Luego alzó la vista, decidido.

—Lo prometo. Les contaré todo lo que sé. Ya no es momento de guardar secretos. Estamos todos juntos en esto.

Reynare se acercó y le apretó la mano.

—Y nosotros… también lucharemos contigo hasta el final.

Las demás chicas asintieron. Aunque el miedo se sentía en el ambiente, también había algo más.

Unidad.

Una determinación silenciosa… la certeza de que, pase lo que pase, no enfrentarían el fin solos.

La aparición prematura de Ryoji Mochizuki, avatar de Nyx, lo cambió todo. Ya no había tiempo que perder, y el lujo de esperar más se había esfumado como el humo de una vela en plena tormenta.

Con el conocimiento de que la Caída era inminente, Daniel, Tamamo, y los tres miembros activos del equipo SEES—Mitsuru, Akihiko y Yukari—se lanzaron a un ascenso urgente por el Tartarus, una maratón nocturna con un solo objetivo:

Alcanzar el piso 200 antes de que el mundo termine.

Las Sombras no dieron tregua. Piso tras piso, su número, agresividad y poder aumentaban. No estaban solo escalando una torre: estaban luchando contra el destino.

Cada combate era una batalla por sobrevivir, una prueba de voluntad, de aguante físico y de fe.

Tamamo luchaba a la par con sus poderosos hechizos y habilidades espirituales, moviéndose entre enemigos como una danza letal.

Daniel, combinando su Haki de Observación y Haki de Armadura, se volvió el corazón del frente de batalla: esquivando ataques imposibles, guiando con precisión, resistiendo embates de enemigos cada vez más crueles.

Akihiko descargaba puños reforzados con energía pura, cubriendo los flancos y luchando como si cada enemigo fuese el último.

Yukari, desde la retaguardia, mantenía al grupo con vida con su arco certero y sus habilidades de curación, cubriéndolos cuando más lo necesitaban.

Mitsuru, glacial y regia como siempre, comandaba cada movimiento estratégico, utilizando su Persona para congelar, romper y controlar el campo de batalla con elegancia militar.

El avance fue brutal. Implacable. Constante.

Para cuando la noche terminó, y el primer destello del amanecer asomó tímidamente, el grupo llegó al piso 187. Cansados, cubiertos en sudor y heridas menores, pero vivos… y más cerca que nunca del fin.

Aquel descanso en la antesala del último tramo fue silencioso. Solo el sonido de respiraciones pesadas, botas en el suelo metálico y el eco distante del Tartarus susurrando su oscura melodía.

Tamamo se sentó junto a Daniel, con la espalda apoyada en la pared, y suspiró mientras se limpiaba la frente.

—Estamos más cerca… pero esto no es el final —murmuró.

Daniel asintió, con la mirada fija en la escalera que los llevaría más allá del piso 187.

—No importa cuántas sombras vengan. No pienso rendirme. Ni retroceder.

Mitsuru, con los brazos cruzados y una mirada severa, habló con tono firme:

—Cuando lleguemos al piso 200, ya no habrá vuelta atrás. Lo que enfrentemos allí… decidirá el destino del mundo.

Yukari, con una botella de agua en mano, observó a Daniel y a Tamamo, y preguntó:

—¿Estás seguro de que Nyx está arriba?

Daniel no dudó.

—Más que seguro. La puedo sentir… como si el aire mismo temblara. Es como si el Tartarus nos estuviera esperando.

Akihiko sonrió con determinación, levantándose pese al cansancio:

—Entonces, solo hay una dirección. Y es hacia arriba.

Tamamo también se incorporó, su tono más suave, pero con resolución:

—Cuando llegue el momento, estaremos listos. Y lo daremos todo.

En silencio, el equipo miró las escaleras. El piso 200 estaba cerca. Pero lo que les esperaba más allá, era algo que no podían imaginar completamente…

La Reina de la Noche Eterna… Nyx.

Y el fin del mundo como lo conocían.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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