MI AMADO PRÍNCIPE - Capítulo 163
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Capítulo 163: CAPÍTULO 13: El Último Vuelo del Fénix
El Encuentro de las Generaciones
El Palacio Imperial de Eridia había recuperado finalmente la calma tras las semanas de júbilo que siguieron al nacimiento de los gemelos. Las celebraciones públicas se habían transformado en una alegría privada y serena. Durante meses, miles de cartas con sellos de cera de todas las provincias y principados aliados habían inundado las oficinas del secretario, pero esa mañana, el aire en el palacio tenía un peso diferente. No era por la política, sino por la sangre.
Los antiguos monarcas habían llegado a la capital. Los abuelos, aquellos que una vez sostuvieron el destino del continente en sus manos, cruzaron el umbral del salón privado con un único propósito: conocer a los herederos que asegurarían su nombre en la historia.
Magnus y Caius esperaban de pie junto a las grandes cunas de madera de sándalo y seda imperial. Las puertas se abrieron lentamente, revelando primero a los padres de Magnus, y tras ellos, a Marcio Sylvarion y Selena Sylvarion, los padres de Caius.
Marcio, el antiguo soberano cuya sola mención solía hacer temblar a los enemigos, caminaba ahora con una dignidad pausada. Su paso ya no tenía la fuerza de la juventud, y su respiración delataba el cansancio de los años, pero sus ojos seguían conservando el brillo del acero. Sin embargo, cuando su mirada cayó sobre las cunas, el guerrero desapareció. Sus ojos se suavizaron, inundándose de una ternura que solo la vejez y la descendencia pueden otorgar.
Se acercó lentamente al niño.
—¿Este es Marcio? —preguntó con la voz ronca por la emoción.
Caius sonrió, sintiendo un nudo en la garganta.
—Sí, padre. Lleva tu nombre y, espero, tu sabiduría.
El viejo monarca soltó una pequeña risa, una vibración de orgullo puro.
—Entonces el Imperio ya tiene a alguien que cargará con mi historia cuando yo sea ceniza.
Luego, sus ojos se posaron en la niña. Lleva el nombre de su abuela
Seraphine, despierta y curiosa, movió sus pequeñas manos en el aire. Marcio extendió un dedo curtido por mil batallas, y la pequeña, con un instinto sorprendente, lo agarró con una fuerza que hizo que el anciano se quedara inmóvil.
—Mira eso… —murmuró Marcio con asombro—. Ya tiene carácter. El fuego de los Sylvarion arde con fuerza en ella.
Durante los días siguientes, el palacio se despojó de su armadura. Los pasillos, acostumbrados al eco de las botas militares, escucharon las risas de los abuelos. Se les veía caminar por los jardines imperiales, sentados en el patio del palacio bajo el sol de la tarde, sosteniendo a los bebés mientras los Custodios del Trono observaban desde una distancia respetuosa, protegiendo no a un gobierno, sino a una familia.
Un Año de Sol: El Primer Cumpleaños
El tiempo, indiferente a los deseos de los hombres, avanzó con la rapidez de un río en primavera. Las estaciones se sucedieron, decorando el palacio con flores y luego con nieve, hasta que llegó el día esperado: el primer cumpleaños de Marcio y Seraphine.
La capital se vistió de gala. El palacio estaba inundado por la música de arpas y violines que flotaba desde los balcones. Nobles, embajadores de Cantón Ferrum y Aquilon, habían llegado para rendir homenaje al primer año de vida de los gemelos.
En el gran patio central, rodeado de estatuas de mármol y fuentes de agua cristalina, los niños protagonizaron el momento más esperado. Por primera vez ante la corte, caminaron. Eran pasos pequeños, torpes y vacilantes sobre la alfombra imperial, pero llenos de una energía indomable. Magnus sostenía las manos de Seraphine, guiándola con una paciencia infinita, mientras Caius observaba, con el corazón en un hilo, cómo el pequeño Marcio intentaba llegar hacia él de forma independiente.
Los abuelos reían desde sus asientos de honor. Fue un día de felicidad absoluta, una burbuja de luz en medio de un mundo complejo. Pero como toda marea que alcanza su punto más alto, el reflujo era inevitable. Cuando la fiesta terminó y las luces de la capital se apagaron, la realidad, fría y cruda, regresó al despacho de los emperadores.
La Sombra en el Pulmón
Horas después de que el último invitado se retirara, los médicos imperiales solicitaron una audiencia de emergencia. Sus rostros, iluminados por las velas del despacho, eran máscaras de gravedad. Magnus, con su instinto de Alfa siempre alerta, supo antes de que hablaran que la felicidad del día sería el último regalo antes de la tormenta.
—Hablen —ordenó Magnus, cruzando los brazos sobre el pecho.
El médico principal se inclinó hasta que su frente rozó la mesa de mármol.
—Sus Majestades… la condición Su alteza imperial y real El duque imperial Marcio Sylvarion ha llegado a su límite. El problema en su pulmón izquierdo, la antigua herida que siempre vigilamos, ha avanzado de forma agresiva. No hay forma de revertir el daño. Nos quedan semanas… quizá solo días.
Caius cerró los ojos, apretando los puños. El silencio en la sala era tan pesado que parecía aplastar las llamas de las velas. Magnus colocó una mano firme sobre el hombro de su esposo, ofreciéndole su fuerza en el silencio.
Los días que siguieron fueron de una paz melancólica. Marcio fue trasladado a una habitación donde el sol siempre iluminaba su cama. No hubo lamentos. La familia se reunía allí cada tarde. Los niños, ajenos a la tragedia, jugaban sobre las mantas de su abuelo o dormitaban cerca de él. Marcio los observaba con una paz profunda, como quien ha terminado un libro largo y está satisfecho con el final.
Una tarde, tomó la mano de Caius con sus dedos ahora delgados.
—No estés triste, hijo mío —susurró—. He vivido más de lo que cualquier guerrero tiene derecho a esperar. He visto a mi hijo gobernar el mundo y he sostenido a mi futuro en mis brazos. Puedo irme sabiendo que el Imperio está en las mejores manos posibles.
El Vuelo de la Eternidad
El lunes por la mañana, a las 08:47, el tiempo se detuvo en la cámara privada. Toda la familia estaba presente: Magnus, Caius, Selena y los con suegros. Los pequeños Marcio y Seraphine observaban desde los brazos de sus padres con una quietud extraña, como si sintieran la solemnidad del momento.
Marcio Sylvarion respiraba con dificultad, sus ojos deteniéndose por última vez en sus nietos y luego en el rostro de su hijo. Una pequeña sonrisa, cargada de una paz absoluta, apareció en sus labios. Y entonces, con un suspiro suave, su pecho dejó de moverse. El guerrero, el padre ,el abuelo , el antiguo archiduque y el duque imperial había partido.
El silencio de la habitación fue roto, de repente, por un grito que venía desde los patios exteriores. No era un grito de dolor, sino de puro asombro. Magnus y Caius se miraron y salieron al balcón principal.
Lo que vieron dejó a la capital entera paralizada. En el cielo, sobre las torres más altas del palacio, volaba una figura colosal hecha de llamas vivas. Un Ave Fénix. Sus alas, de un fuego naranja y dorado, brillaban con más intensidad que el propio sol, proyectando una luz cálida sobre la piedra gris del castillo.
El ave no atacaba ni rugía. Volaba en círculos perfectos exactamente sobre la habitación donde reposaba el cuerpo de Marcio. Los guardias bajaron sus lanzas y los ciudadanos en las calles se arrodillaron. El fénix giró una vez, dos veces, tres veces… una despedida mística ante los ojos de todo el Imperio. Luego, con un último batir de alas que pareció encender el cielo, ascendió verticalmente hacia el sol, desvaneciéndose en su propia luz divina.
Caius permaneció inmóvil, mirando el rastro de calor que el ave había dejado en el aire.
—Fue un guerrero justo —dijo Magnus con voz solemne—. Y el mismísimo Creador bajó en su forma más pura para recibir su alma.
Caius respiró profundamente, sintiendo cómo el dolor de la pérdida se transformaba en un orgullo sagrado.
—Entonces mi padre no se ha ido de nuestro lado —dijo, mirando ahora a sus hijos que observaban el cielo con curiosidad—. Solo ha vuelto a volar para vigilarnos desde lo alto.
Esa noche, el Imperio lloró a un hombre, pero celebró a una leyenda. El ciclo de los Sylvarion seguía vivo, grabado en el fuego del cielo y en la sangre de los nuevos herederos.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com