¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 236
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- Capítulo 236 - 236 Capítulo 236- El Incidente de la Perla Roja parte 8
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236: Capítulo 236- El Incidente de la Perla Roja (parte 8) 236: Capítulo 236- El Incidente de la Perla Roja (parte 8) Afuera, reinaba el caos absoluto.
La gente huía a toda prisa del edificio mientras veían cómo el fuego ascendía más y más, envolviendo una sección aún mayor de la estructura.
La fuga de gas se extendía por todas partes, arrastrando consigo las ardientes lenguas de fuego.
Nadie podía acercarse al origen del gas y nadie podía detener el fuego debido al calor extremo.
—¡Traigan el agua!
¡¡Traigan la maldita agua!!
—¿Dónde está la válvula del gas?
¿¡Cómo detenemos esto!?
Tanto los trabajadores como los guardias intentaron detener el desastre antes de que todo el edificio se incendiara, pero fue en vano.
Lo rociaron con agua y extintores, tratando de calmarlo, pero nada funcionó.
—¡Han ido a detener la fuga de gas!
¡Tenemos que apagar el fuego!
Lo que antes era solo la cocina, ahora era todo el pasillo, y el fuego avanzaba rápidamente.
El humo llenaba los corredores del edificio, casi asfixiando a todos los que estaban dentro.
La gente de afuera observaba la escena con horror.
Nunca antes habían visto el Perla Roja en semejante estado.
La mitad del edificio había volado por los aires y el fuego consumía la otra mitad, intentando destruir todo a su paso.
—Se va a derrumbar… —dijo un ciudadano mientras observaba con el ceño muy fruncido.
—¿Eh?
—El fuego está quemando los cimientos del edificio.
Si sigue a este ritmo, toda la estructura se derrumbará en un santiamén.
Aunque la mayor parte del edificio estaba construida con piedra, las partes de madera eran el problema.
Se incendiaban con facilidad y carcomían lentamente los cimientos.
No había tiempo que perder, el fuego debía ser extinguido o el edificio estaba condenado a desmoronarse.
***
Mientras tanto, en el piso más bajo, Arturo salió disparado del túnel a toda velocidad con Sora a la espalda.
Tras beber rápidamente una poción de salud, ella recuperó algo de energía y pudo agarrarse con fuerza.
Mientras tanto, Arturo miraba a su alrededor.
«Humo… ¿El fuego sigue activo?», pensó él mientras alzaba una ceja.
Sabía que lo que había hecho era un problema enorme, pero esperaba que los trabajadores y guardias se encargaran de ello rápidamente, ya que debería ser parte del protocolo de seguridad del establecimiento.
Sin embargo, en lo que Arturo no pensó fue en la naturaleza del gas que se bombeaba a las tuberías y luego a los hornos.
Ese gas estaba imbuido de maná, como todo en el Reino Divino, lo que amplificaba su eficiencia a un nivel completamente diferente.
Incluso la cantidad más pequeña podía hacer que una habitación entera ardiera con facilidad.
«Uf, como sea.
Tengo que reunirme con Isla y salir de aquí antes de que quedemos completamente atrapados», pensó para sí mientras giraba a la derecha, dirigiéndose a la salida secundaria tal y como había acordado con los demás.
Fue entonces cuando tuvo que detenerse en seco y retroceder de un salto.
—¡Vayan al piso más bajo!
¡Revisen la alcantarilla!
Al ver a muchos guardias corriendo por la zona, buscándolo a él y a su grupo, se escondió.
«¿Cuántos hay?», apretó los dientes mientras miraba a su alrededor.
Sabía que en menos de un minuto lo encontrarían si no se marchaba del lugar inmediatamente.
—No hagas ni un ruido, Sora.
Saldremos de esta —dijo él mientras la mandaba a callar.
—Vale… —asintió ella con la cabeza.
«Debería haber otra salida».
Mirando a un lado, Arturo decidió tomar el segundo camino, que era un desvío pero estaba completamente vacío.
Como una sombra, se movió rápida y silenciosamente por el sendero, evitando por poco ser detectado por las fuerzas que invadían el edificio.
«Isla está cerca», reflexionó mientras tomaba un tercer desvío.
Siguió corriendo sin dejar de vigilar su entorno.
Fue entonces cuando sintió una presencia que se le acercaba a una velocidad alarmante.
Por un segundo, pensó que era un enemigo.
Pero, al mirar por encima del hombro, Arturo vio a Isla salir de una de las muchas habitaciones.
—¡Psst, aquí!
—susurró ella.
—¡Isla!
Al mismo tiempo, Arturo oyó el sonido de pasos que se acercaban rápidamente por ambos lados.
Los guardias se le estaban echando encima a un ritmo alarmante.
Así que, sin dudarlo, Arturo saltó adentro antes de que Isla cerrara la puerta sin hacer ruido.
—¡Registren esa zona!
¡No deben de haber ido lejos!
Los guardias pasaron de largo la habitación mientras corrían hacia el otro lado, sin saber que sus objetivos estaban allí.
—Shhh —Isla puso la mano en la puerta, junto a la cabeza de Arturo, mientras esperaba a que el sonido de los pasos se desvaneciera.
Arturo la miró fijamente desde muy cerca, intentando contener la respiración.
Los dos se miraron el uno al otro durante unos tensos instantes, comunicándose con la mirada.
Extrañamente, casi se olvidaron de la situación actual mientras sus miradas se traspasaban.
Pero, finalmente, los dos salieron de su ensimismamiento cuando Isla se apartó de la puerta.
—Casi no te veo venir —dijo ella, intentando sonar tranquila como de costumbre.
—… No pensé que me estarías esperando.
¿No está todo el edificio rodeado a estas alturas?
—preguntó él mientras caminaba tras ella.
—No del todo.
Todavía están intentando controlar el fuego.
Tenemos que aprovechar esta oportunidad y salir del edificio.
—Isla… —murmuró Sora con tono encantado.
—Hola, pequeña —respondió Isla mientras frotaba suavemente la cara de la niña, limpiando parte de la sangre que tenía pegada—.
¿Estás bien?
—Mmm… Estoy bien.
—Me alegro de haberla encontrado rápido.
Estaba en muy mal estado.
Pero… lo que es más importante, se llevaron a Finlay y a Serko.
No pude encontrarlos —dijo Arturo mientras veía a Isla abrir la ventana y mirar hacia fuera.
—Ya sospechaba que harían eso.
Lo más probable es que ya estén de camino para salir de la ciudad —dijo ella con frialdad—.
Los encontraremos antes de que se vayan.
—Lo sé —respondió Arturo—.
Saquemos a Sora de aquí primero y luego vayamos tras ellos.
—Ambas salidas han sido cerradas, así que nuestra única opción es saltar desde aquí —dijo Isla.
Estaban en el segundo piso del edificio, así que la distancia no era demasiado grande para ellos.
Con sus poderosos cuerpos, saltar desde grandes alturas era ahora mucho más fácil que nunca.
—Vale.
Parece que está bien.
Salta tú primero, te lanzaré a Sora.
Puedes reducir su impulso con tus poderes gravitatorios —dijo Arturo.
—Mmm… —Isla asintió, luego trepó lentamente por la ventana y sacó una pierna.
Entonces, con un simple salto, descendió y llegó al suelo rápidamente.
Su aterrizaje no hizo ruido, ya que fue capaz de reducir fácilmente los sonidos con un poco de manipulación gravitatoria.
—Lánzamela —dijo ella mientras abría los brazos.
—¿Estás lista, Sora?
Puede que esto duela un poco.
Lo siento —dijo Arturo mientras le daba una palmadita en la cabeza a la niña.
—No pasa nada.
Puedo soportarlo —dijo ella asintiendo.
Al ver la confianza en sus ojos, Arturo no pudo evitar sorprenderse.
Esta niña siempre lo sorprendía de las formas más inesperadas.
Al final, él le sonrió.
—Vale, prepárate… —dijo mientras la levantaba y la colocaba sobre el alféizar de la ventana—.
¡Ahora!
Entonces, la lanzó.
Sin embargo, casi de inmediato, su cuerpo perdió todo el impulso y comenzó a descender lentamente hasta los brazos de Isla como si fuera la hoja de un árbol, flotando en el viento.
—Te tengo —dijo Isla mientras abrazaba a Sora y luego miraba a Arturo—.
Tu turno.
El chico asintió mientras sacaba las piernas y se agarraba al borde.
Luego, respiró hondo, se soltó y comenzó a caer.
Sin embargo… Arturo nunca llegó al suelo.
N/A: ¡No se olviden de darle al libro algunos tiques dorados para la buena suerte!
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