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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 237

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  3. Capítulo 237 - 237 Capítulo 237- El Incidente de la Perla Roja Parte 9
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237: Capítulo 237- El Incidente de la Perla Roja (Parte 9) 237: Capítulo 237- El Incidente de la Perla Roja (Parte 9) —¿Eh?

Isla se quedó helada en su sitio mientras miraba al cielo, incapaz de asimilar por completo lo que acababa de presenciar.

Arturo, que estaba a punto de aterrizar en el suelo, se desvaneció de repente como si nunca hubiera estado allí.

Todo ocurrió tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de pestañear.

—¿Arturo?

—lo llamó por su nombre.

Sin embargo, como era natural, no obtuvo respuesta.

Fue entonces cuando cayó en la cuenta…

Arturo se había desvanecido en el aire.

—¡Arturo!

Sora salió de su estupor y levantó la vista.

—¿Dónde está…?

¿Qué ha pasado, Isla?

—preguntó confundida.

Al mirar la expresión de su amiga, vio un ceño muy fruncido, uno aterrador.

Isla miró por encima del hombro.

«¿Qué ha pasado?

¿Lo han teletransportado?

¿Cómo?

No he visto nada», pensó para sí mientras mil preguntas surgían en su mente.

Ya era consciente de la posibilidad de que alguien en ese edificio pudiera usar la teletransportación y lo que acababa de ocurrir le recordó al instante ese espeluznante detalle.

Sin embargo, lo que lo hacía aterrador era el hecho de que había ocurrido muy deprisa, y en un momento tan crucial, cuando Arturo estaba a punto de aterrizar y escapar.

Isla se sintió completamente perdida en ese momento.

No sabía qué hacer: si seguir el plan y huir o volver a entrar para buscar a Arturo.

«Maldita sea, cuando estábamos tan cerca», apretó los dientes.

—Isla…

¿Arturo…

va a estar bien?

¿Qué ha pasado?

—Sora se sintió extremadamente preocupada al leer todos los sutiles cambios en su expresión.

—Va a estar bien…

No te preocupes.

—Le dio unas palmaditas a la niña.

«No puedo volver a entrar con la niña en brazos.

Tengo que sacarla de aquí primero».

Al mismo tiempo, Isla podía oír los pasos de los guardias que rodeaban el edificio.

No había tiempo para pensar e Isla tuvo que tomar una decisión en ese mismo instante.

Así que se mordió el labio y se dio la vuelta.

En el fondo, estaba preocupada por Arturo, ya que ser atrapado en una situación así era un desastre.

Sin embargo, sabía que sería un desastre aún mayor si a ella también la atrapaban.

Le gustara o no, tenía que irse y confiar en que Arturo sería capaz de hacer algo de alguna manera, dondequiera que estuviese en ese momento.

Pero, la diferencia era…

que Isla no se vio obligada a hacerlo.

«Más te vale salir vivo de esta, Arturo.

Sé que lo harás».

Mientras huía, no se atrevió a mirar atrás, pues en ese momento tenía un único propósito.

Encontrar al resto de su grupo e ir tras los dos enanos antes de que abandonaran la ciudad.

No había tiempo que perder y el reloj avanzaba.

***
—¡Maldita sea, cómo duele!

—gruñó Arturo mientras se tocaba la nuca.

Se había golpeado al caer al suelo.

No entendía lo que acababa de pasar mientras miraba a su alrededor.

Ahora estaba en un lugar completamente distinto al que esperaba.

«¿Dónde demonios estoy?

¡¿Y por qué demonios estoy aquí?!», parpadeó, confundido.

Hacía solo unos segundos estaba con Isla y Sora.

Ahora, se encontraba dentro de lo que solo podía describir como un despacho normal.

Estaba en penumbra y en silencio, con las cortinas cubriendo las ventanas para que nadie pudiera ver el interior o el exterior de la habitación.

—…

—Poco a poco, Arturo se levantó mientras miraba a su alrededor.

«Joder, ¿a dónde me han transportado?».

—Cuando oí hablar de «Los Dotados» y de que habían llegado a la capital, esperaba ver algo diferente.

*Clic*
En ese momento, Arturo oyó un clic seguido de una voz muy fría y profunda.

Al volver a mirar a un lado, se dio cuenta de que un hombre había encendido la lámpara del escritorio, revelando su aspecto.

El hombre vestía ropas oscuras y tenía el pelo bastante largo, que le llegaba hasta la nuca.

Una gran cicatriz le cruzaba su terrorífico rostro, desde el labio superior hasta el ojo izquierdo.

Tenía un gran puro en la comisura de la boca que se consumía lentamente.

En todo ese tiempo, Arturo no había sentido su presencia en absoluto.

Podría haber jurado que no había nadie con él en la habitación y esa sola idea hizo que Arturo desconfiara enormemente de aquel hombre.

Eso, por supuesto, si ignoraba la pura presión que emanaba del cuerpo del hombre.

Arturo sentía el ambiente a su alrededor más pesado que nunca.

Este hombre era…

una amenaza.

—…

—Pero pensar que no sois más que un puñado de críos…

Debo admitir que me ha decepcionado de verdad —continuó el hombre mientras se sacaba el puro de la boca—.

Unos críos tratando de meterse en mis asuntos.

—…

¿Qué puedo decir?

Somos jóvenes, pero aun así podemos arruinar tu pequeño negocio totalmente legal.

Eso dice más de lo débil que eres tú que de nosotros —se encogió de hombros Arturo—.

Pero he de admitir que tu papel te queda muy bien.

El de un tipo malo.

Su respuesta hizo que el hombre lo mirara fríamente durante unos segundos, como si intentara presionarlo.

Sin embargo, Arturo había visto cosas mucho peores.

Los ojos del gigante seguían grabados en su mente y, en comparación, este hombre era básicamente inofensivo.

—Ser tan travieso aun sin entender la situación en la que te encuentras…

Debo elogiar tu fortaleza mental.

—¿Podemos dejarnos de cumplidos?

Intento irme de este lugar.

Pero, antes de eso, necesito hacerte una pregunta.

—Entonces, la sonrisa y el tono juguetón desaparecieron mientras Arturo señalaba al hombre con el dedo.

Su expresión se había tornado en una de extrema ira.

—¿Eres tú el que secuestró a mi amigo?

—preguntó con frialdad.

—…

—El hombre entrecerró los ojos por un momento, como si estuviera bastante sorprendido por lo que veía.

Pero, al final, cerró los ojos y respondió.

—En efecto, yo soy…

*Fiu*
Antes de que pudiera terminar la frase, abrió los ojos y vio el puño de Arturo dirigiéndose hacia su cara.

*BUUUUUM*
Arturo estrelló el puño contra la silla, haciéndola pedazos.

Sus ojos estaban llenos de una intención asesina mientras sacaba lentamente la mano de la madera.

Al levantar la vista, se dio cuenta de que el hombre se había apartado a un lado casi al instante.

«Rápido…», apretó los dientes.

Mientras tanto, el hombre lo miraba fríamente.

No esperaba que el chico atacara así de repente y, de no ser por su velocidad de reacción, el ataque sin duda habría dado en el blanco.

«Niños o no…

No son un enemigo que deba subestimarse.

Parece que los rumores son ciertos…

Son un puñado de monstruos con un potencial ilimitado».

Al llegar a esa conclusión, el hombre exhaló un suspiro mientras soltaba lentamente el puro de su mano, dejándolo caer al suelo antes de apagarlo con su zapato de cuero.

—Dime…

¿cómo te llamas, chico?

—¡Cierra la puta boca!

—maldijo Arturo—.

El dolor que infligiste a esos niños inocentes.

Te lo devolveré con intereses.

Desenvainando lentamente su espada, Arturo apuntó al hombre.

Toda la ira por las escenas que había presenciado volvió a él mientras canalizaba su maná.

N//A: ¡No os olvidéis de dar al libro algunos tiques dorados para la buena suerte!

:3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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