¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 174
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174: Capítulo 174 La Mansión Carter 174: Capítulo 174 La Mansión Carter Era el día en que iríamos a la mansión de Christina, la residencia de la familia Carter.
Estaba ansiosa y respiré hondo.
Llevaba un sedoso vestido rojo con aberturas a ambos lados que llegaban hasta la mitad del muslo y me puse por encima un suave suéter rojo de cachemira.
Llevaba unos bonitos pendientes de diamantes que me había regalado CC hacía mucho tiempo.
Me puse los tacones después de maquillarme.
Me veía bien, incluso sexi, pero no era eso lo que buscaba hoy.
Me di la vuelta y bajé las escaleras.
Los gemelos iban bien vestidos.
—Mamá —me sonrió Cayden.
Le di un beso en el pelo y sonreí.
—Pareces nerviosa, Mami —dijo Solara.
Intercambié una mirada con Luis, que nos acompañaría.
Él no quería, pero lo necesitaba como apoyo emocional.
—¿Lista?
—preguntó él.
Asentí y fuimos a la limusina.
Una vez dentro, Luis abrió una botella de Chateau Lafite.
Odiaba beber delante de los niños y nunca lo hacía, aunque, en esta situación, iba a hacerlo.
Tomé una copa de las manos de Luis y le di un sorbo.
—¿Estás bebiendo alcohol?
—frunció el ceño mi hijo.
—En realidad no —dije.
Nos estábamos adentrando en el territorio de la manada Licántropo Gris y, en cuanto cruzamos las puertas, vimos Licanos en sus formas.
Iban detrás del coche.
Ellis debía de haberlos enviado para escoltarnos hasta la mansión.
Le di otro trago a mi bebida y mis nervios se fueron calmando poco a poco.
«No la quiero…, ni un poco», las palabras de Ellis se repetían en mi cabeza.
El corazón se me aceleró.
Iba a verlo en menos de diez minutos.
Llegamos a la mansión.
El camino de entrada hasta la puerta principal duraba otros tres minutos.
Así de grandiosa e impresionante era la propiedad.
Cuando el coche se detuvo, tomé aire y salí primero.
Los niños siguieron a Luis y se pusieron a mi lado.
Mi mirada se clavó en la entrada principal, donde esperaba una docena de personas.
«Ellis», susurró Vee.
La mirada ardiente de Ellis estaba fija en la mía.
Era guapísimo.
Llevaba una simple camiseta que marcaba sus anchos hombros y su complexión musculosa; a su lado estaba CC, con una sonrisa amable.
Como siempre, vestía un atuendo elegante.
Jace también estaba allí y, aunque sonreía suavemente, sus ojos estaban tristes.
Melody y Seumo estaban muy juntos.
El resto de la gente eran sirvientes.
Fruncí el ceño, preguntándome por qué no estaba Zeyneb.
Era genial y una gran amiga para mí.
Antes de que me diera cuenta, Ellis ya estaba frente a nosotros.
Sonrió y los niños corrieron alegremente a sus brazos.
Les dio un beso a cada uno y dio un paso adelante.
Me sujetó la cintura con delicadeza y se inclinó para besarme en la mejilla.
Sus labios contra mi mejilla dejaron una sensación cálida en mi piel y se me puso la piel de gallina.
Me miró fijamente y me sentí hipnotizada por sus fascinantes ojos grises.
Aparté la mirada.
Ellis le tendió la mano a Luis y mi mejor amigo se la estrechó.
—Gracias por venir, son bienvenidos —nos dijo, poniendo las manos sobre los hombros de los niños.
—¿Cómo están?
—saludó a sus hijos.
Los observé interactuar con cariño.
Ellis se giró hacia nosotros y dijo:
—¿Vamos?
Asentí.
«Amor».
Casi di un respingo al oír el enlace mental de Ellis.
Él pareció sorprendido, como si no esperara poder conectar con mi mente.
Ellis me miró de reojo.
«¿Cómo?», pregunté.
«Supongo que el haber vuelto ha hecho que te reconectes con la manada», respondió él.
Me uní a esta manada cuando vine a quedarme aquí, pero cuando me fui, el enlace se rompió por la larga distancia.
Era maravilloso volver a sentir a Ellis así.
Nos sonreímos, pero la sonrisa se desvaneció rápidamente.
¿En qué estaba pensando, en serio?
¿Por qué me gusta sentirme así?
—Oh, mis preciosos y adorables nietos —la voz de CC me sacó de mis pensamientos.
Los abrazó con fuerza.
Lágrimas de felicidad bailaban en sus ojos.
Me acerqué para presentarlos como es debido.
—Niños, ella es Christina Carter, la abuela de Ellis y su bisabuela —les dije.
—Soy su abuela —añadió CC.
Intercambiaron cumplidos, pero podía adivinar la pregunta que querían hacer.
—Pregunten —les sonreí a mis hijos.
—Pero tú eres la abuela de nuestro padre.
¿Por qué dices que también eres nuestra abuela?
—preguntó Cayden.
—Bueno, CC odia envejecer y creo que así se sentirá más joven.
Imagina lo anciana que se sentirá si la llaman bisabuela —fue Melody quien respondió con una carcajada.
CC fulminó a Melody con la mirada, en tono de broma.
—No soy tan vieja, así que deben llamarme Abuela o CC —dijo con cariño.
—Uy, ¿podemos llamarte Abuela a ti también?
—preguntaron Melody y Ellis.
CC les lanzó una miradita fulminante que hizo desaparecer sus sonrisas.
Miró a los gemelos con amor:
—Cayden y Solara, esta es la manada Licántropo Gris.
Es su verdadera manada y su hogar.
Son muy bienvenidos y estoy encantada de verlos aquí —dijo ella.
Se notaba que estaba emocionada.
Los sirvientes se apartaron para que entráramos.
La mansión era tan impresionante como la recordaba.
CC anunció que tomaríamos el brunch en el jardín, ya que el tiempo era estupendo.
Todos interactuábamos.
CC se entretuvo con los niños.
Jace y Luis hablaban.
Yo charlaba con Seumo y Melody; todo estaba sereno y un ambiente de felicidad llenaba la estancia.
Ellis se acercó a nosotros, y Melody y Seumo se alejaron de inmediato, como si él les hubiera ordenado que se fueran.
«Chauetu, ¿son solo las diez?», resonó su voz en mi cabeza.
«¿Quién eres tú para juzgar?».
Hice un gesto hacia el licor que tenía en las manos.
«¿Se nota mucho que he estado bebiendo?», pregunté.
«Nunca has aguantado bien el alcohol», se rio él.
«¡Eso no es verdad!
—grité—.
Estaba un poco nerviosa, por eso bebí».
«¿Por qué estabas ansiosa, Amor?
Has estado aquí muchas veces», su voz sonó seductora e hizo que Vee ronroneara.
«Bueno, han pasado años desde la última vez que estuve aquí», dije, mirando el suelo de mármol.
Sentí que el dolor me recorría.
«¿Qué se siente al estar aquí de nuevo?».
Se acercó más a mí.
Si me movía, chocaría contra una pared, así que no lo hice.
El corazón me latía con fuerza en el pecho, y estaba segura de que podía oírlo.
—¿Por qué estamos usando el enlace mental otra vez?
—cambié de tema.
Él se rio entre dientes y negó con la cabeza.
—No lo sé —dijo en voz alta.
—¿Más Chauetu?
—les echó un vistazo a los camareros, y yo negué con la cabeza.
—Como has dicho, no aguanto la bebida.
Apenas es media mañana —me encogí de hombros.
Él, sin embargo, tenía su bourbon, y lo observé beber.
La forma en que se lo bebió de un trago hizo que pensamientos indecentes acudieran a mi mente.
Él sonrió con suficiencia y yo ahuyenté todos los pensamientos excitantes.
—Amor, gracias.
Gracias por traer a los gemelos aquí.
Estamos encantados —dijo con sinceridad.
—Es su manada —mi voz salió como un susurro.
Podía sentir la felicidad que irradiaba, y se me contagiaba.
—¿He mencionado que estás preciosa?
—dijo en voz baja.
—No…, Señor.
—Bueno…
—Ya está aquí.
Cielo, ya está aquí —Luis estaba frente a mí, con aspecto agitado.
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