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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 173

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173: Capítulo 173 La historia de Lila 173: Capítulo 173 La historia de Lila Amor
Volví a casa después del trabajo.

Los gemelos ya habían regresado y estaban haciendo sus deberes con la ayuda de Luis.

Me puse unos leggings, un sujetador deportivo y unas zapatillas blancas.

Me trencé el pelo rápidamente antes de bajar al gimnasio.

Necesitaba entrenar y liberar la tensión de mi cuerpo.

Las palabras que Ellis me había dicho resonaban en mi cabeza y hacían que me derritiera por dentro.

Primero estiré antes de subir a la cinta de correr.

Me quedé en la cinta veinte minutos.

Así es como calenté.

Fui al saco de boxeo del ring.

Lanzando un puñetazo tras otro rápidamente.

Mientras lo hacía, muchas cosas pasaban por mi mente.

Las palabras de Ellis sobre no amar a su pareja y que yo era su centro.

¿Qué significaba eso?

¿Me amaba?

Aunque lo hiciera, ¿qué podíamos hacer?

Ahora estaba con David.

«Un imbécil», gruñó Vee.

«¿Oíste lo que dijo?

Que lo necesitamos», se rio mi licántropo interior.

Gruñí, recordando sus palabras.

No necesitaba a nadie que me defendiera de esa zorra pretenciosa de Charlotte.

Si se pasa de la raya mañana, la pondré en su sitio.

En el fondo, donde pertenece y de donde nunca debió haber salido.

Mi teléfono sonaba, pero lo ignoré.

Era David el que llamaba.

Probablemente quería disculparse por lo de antes, pero no quería escucharlo ahora.

Después de dos horas en el gimnasio, me fui a duchar y, al salir, decidí llamar a Lila.

No se había puesto en contacto conmigo desde la mañana.

Contestó al primer tono.

—Hola.

—Hola, Lila, ¿dónde estás?

—le pregunté.

Al principio se quedó en silencio, solo inspirando.

—Estoy de vuelta en casa.

—¿En casa…?

¿Con Jace?

—le pregunté.

—No, Amor…

En casa, en mi manada de origen.

—Salté de la cama.

—¿Pero por qué?

¿Y por qué no me lo dijiste?

¿Cuándo vas a volver?

—la acribillé a preguntas.

Ella se rio secamente.

—Me tomé un permiso en el trabajo.

Pensé que sería una buena idea venir aquí un tiempo…

para tomar un poco de aire fresco —respondió.

—Tengo una casa en el lago, en el campo, y si querías aire fresco, podrías haber ido allí, Lila —le dije, sabiendo lo mucho que detestaba su hogar.

—Creo que también echaba de menos a mi papá.

Volveré la semana que viene.

—Vale, cariño.

Por favor, cuídate, y si Shawna te da algún problema, llámame.

Iré y le arrancaré esa peluca falsa de la cabeza.

Lila se rio y yo sonreí.

Echaba tanto de menos su risa.

Mi chica.

—Mañana vas a la mansión.

Estoy segura de que Charlotte intentará estar allí.

Si se pasa de la raya, por favor, pégale por mí —dijo.

—Lo haré —sonreí.

Volví a meterme en la cama, pensando en el día de mañana.

POV de Lila
Aterricé de nuevo en mi antigua manada, la manada Licántropo Aqua.

Era una manada grande y rica.

Tenía fuertes lazos con la manada Real Zafiro debido a la estrecha relación de nuestro alfa, Ajax Yang, con Su Alteza, la Reina Anaiah Altamirano Lavista.

La reina le salvó la vida en un accidente mortal que se cobró la vida de su madre, nuestra Luna, y la de su hermano mayor.

—Bienvenida, señorita, y disfrute de su estancia en nuestra manada —una mujer de uniforme me hizo una reverencia educada mientras me entregaba las llaves del coche de alquiler.

—Gracias —suspiré, subiendo al Audi rojo y conduciendo a casa.

Un hogar al que no había vuelto en años.

Mi hogar no albergaba buenos recuerdos para mí desde la muerte de mi madre cuando yo tenía seis años.

Murió en el bombardeo que mató a nuestra Luna Adriena.

Dos años después, mi padre se casó con Shawna.

No me maltrataba, pero tampoco le caía bien, ya que yo era una réplica de mi madre, la mujer que realmente poseía el corazón de mi padre.

Shawna dejó claro que no sentía ningún afecto por mí.

Abrí las ventanillas del coche mientras conducía por los suburbios de clase media de la manada.

No siempre fuimos de clase media; éramos de clase alta, pero después de tres años de matrimonio con Shawna, la fábrica de cerveza de mi padre quebró, ya que a Shawna le encantaba la vida de lujos y el viejo hizo algunas malas inversiones.

Nos mudamos de la zona de clase alta a esta.

Los suburbios de clase media no estaban mal, pero no se acercaban ni de lejos a la grandiosidad de nuestra antigua residencia.

A pesar del amor que me tenía, mi padre me puso a trabajar desde muy joven en la fábrica con la esperanza de que ayudara y colaborara con los gastos de la casa.

Trabajaba día sí y día también, faltando a veces a la escuela.

Cuando tenía trece años, la mujer beta de la manada seleccionó a cinco chicas y chicos para asistir a un campamento anual patrocinado.

Papá y Shawna me dejaron ir a regañadientes.

En el campamento, conocí a Jace, Ellis y Amor.

Recuerdo que cuando me asignaron a su grupo, me sentí muy intimidada por ellos.

Eran tan feroces, elegantes y guapísimos.

Todo el mundo los adoraba y los trataban como a la realeza, incluso los monitores del campamento.

Lo recuerdo como si fuera ayer.

A Amor le dijeron que eligiera a una chica del nuevo grupo para que formara parte de su equipo, y yo rezaba para que no se fijaran en mí, sobre todo por su mala reputación.

Estaba nerviosa mientras sus tacones resonaban contra el suelo de mármol.

¿Quién usaba tacones a los trece años?

Amor, solo Amor.

—Tú no —señaló a la chica entusiasta que estaba a pocos metros de mí.

Todas estaban ansiosas menos yo.

—Demasiado desesperada —le espetó a otra con el ceño fruncido.

Se acercó a mí y me levantó la barbilla para que nuestras miradas se encontraran.

Sonrió, mostrando su dentadura perfecta.

—La quiero en mi equipo.

¿A que es perfecta para nuestro grupo, chicos?

—Se giró hacia los dos chicos altos, que fruncieron el ceño.

Se encogieron de hombros antes de darse la vuelta y abandonar la sala.

—Me encantan tus trenzas.

¿Es tu pelo de verdad?

—preguntó.

Puse los ojos en blanco, pero le dediqué una leve sonrisa; era lo primero que todo el mundo preguntaba al ver mis largos y exóticos rizos naturales.

—Sí —le respondí.

—Tan exótico, me encanta.

Amor suspiró y apoyó la cabeza en mi hombro como si fuéramos amigas de toda la vida.

—No te preocupes por Ellis y Jace, campista nueva.

Son un poco crueles con los extraños, ¡pero tú y yo vamos a ser las mejores amigas del campamento!

—chilló.

Amor me agarró de la mano y me llevó hacia los chicos.

Ellis me ignoró la mayor parte del tiempo al principio, pero luego se abrió a mí.

Jace y yo siempre estábamos chocando.

Lo llamaba Señor Sabelotodo.

Nos llevábamos la contraria cada vez que teníamos tareas en grupo o individuales.

Me sacaba de quicio, pero, aun así, estuvimos juntos durante tres meses.

Una sonrisa se dibujó en mis labios al recordar nuestros años de juventud.

Mi nombre siempre estaba en la lista del campamento de la mujer beta, aunque se suponía que era algo de una sola vez.

Me di cuenta de que eran Jace, Ellis y Amor quienes pagaban para que yo pudiera seguir yendo.

Recuerdo un verano en el que Jace acababa de obtener a su licántropo, Jaha.

Era diferente, más guapo.

Tenía músculos y era más alto.

No podía dejar de sentirme atraída por él.

Era un sentimiento nuevo para mí.

En lugar de replicar o defenderme cuando se metía conmigo, me mostraba tímida y torpe a su alrededor, y entonces nos enamoramos perdidamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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