¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 256
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256: CAPÍTULO 256 Búsqueda 256: CAPÍTULO 256 Búsqueda Ellis
Mi corazón estaba angustiado.
Amor había sido secuestrada por una bruja malvada.
Uno de mis rastreadores guerreros reconoció que había sido secuestrada por una bruja por el olor y las marcas en el suelo donde había estado.
Llevábamos horas buscándola.
Cada rastreador de mi manada estaba buscando a mi pareja, su Luna.
Registramos cada rincón de la ciudad, pero fue inútil.
Mi licántropo estaba desdichado, desesperado por encontrarla.
Tanto Zeyneb como Luis estaban trabajando duro con sus sistemas y nos daban diferentes pistas.
El sol se había puesto y estaba oscureciendo.
Jace suspiró y se acercó a mí.
—Creo que deberías ir al hospital a ver cómo está tu hija.
Nosotros seguiremos buscando —dijo.
Mi hija.
No había recibido noticias de nadie sobre ella.
Debía de seguir en estado crítico.
Deseaba tanto estar con ella, pero también necesitaba encontrar a su madre.
—No, Jace.
No puedo.
Amor podría estar en cualquier parte —dije, pasándome una mano por el pelo.
Ni siquiera quería pensar en lo que le estaba pasando.
—Zeyneb y Luis están rastreando a Maleck con sus satélites.
Él debe de tener algo que ver con esto —dijo Michael.
Yo sospechaba de mi primo porque había renegados en la escena, y Amor no tiene ningún vínculo con ninguna bruja.
Debía de ser la bruja de Maleck.
A estas alturas, deseaba que fuera mi primo quien se la hubiera llevado, porque él no la mataría; querría hacerme sufrir primero.
—Ve con tus hijos.
Te necesitan.
Te llamaremos cuando encontremos la ubicación de Maleck —dijeron.
Asentí y fui al coche.
Fui directo al hospital.
Al salir del aparcamiento, choqué con alguien.
El hombre era alto y llevaba mascarilla y gorra.
Inclinó la cabeza y se alejó.
Me detuve en seco.
Estaba demasiado absorto en mis pensamientos como para notar su olor antes.
No olía ni a cambiante ni a humano.
Sin embargo, no le di más vueltas.
Me giré para mirar al hombre, pero había desaparecido.
Casi como si hubiera imaginado su presencia.
Entré en el hospital donde estaba mi hija.
CC seguía allí.
Parecía agotada.
Me abrazó.
—¿Alguna noticia de tu pareja?
—No.
Sospecho de Maleck —le informé.
Ella hizo una mueca.
—¿Cómo está ella?
—pregunté.
—Esperando al doctor.
Le estaban haciendo más pruebas.
—¿Y Cayden?
¿Cómo está?
—Melody está con él.
El niño pregunta por su madre y su hermana a cada minuto.
Le dimos algo para ayudarlo a dormir.
Estaba llorando y no quería que se enfermara —me dijo.
El doctor salió de Urgencias.
Respiré hondo, esperando a que hablara.
Tenía mucho miedo de oír lo que iba a decir.
—Alfa…, su hija…
—empezó.
Dudaba.
—¿Qué?
—gruñí, perdiendo la paciencia.
—Está bien.
Estamos conmocionados.
Sus moratones han desaparecido, respira con normalidad y la inflamación de su cabeza se ha detenido —me informó.
—¿Cómo?
—susurré.
Me sentí aliviado al oír eso.
—Sinceramente, no lo sabemos.
No puede ser su licántropo.
Es demasiado pequeña para curarse tan rápido, incluso para una alfa de sangre pura —nos informó.
Nuestros hijos eran alfas de sangre pura.
Estaban por encima de la media de los alfas debido a nuestra herencia.
—Mis plegarias han funcionado.
La madre luna responde a un corazón puro, sin duda —reflexionó CC, sonriendo al doctor.
Sin embargo, él negó con la cabeza.
—Es mucho más que eso, presidenta —dijo.
Yo estaba asombrado.
Sin embargo, estaba agradecido de que mi pequeña estuviera bien.
—Doctor, ¿puedo verla?
—pregunté.
—Claro.
La trasladaremos a una de las suites —dijo.
CC enlazó su brazo con el mío.
—Tomemos un café en la cafetería, hijo —suspiró.
Dejé que me guiara a la cafetería.
Su asistente nos trajo café.
Mi cabeza daba vueltas con muchas cosas.
Se suponía que hoy era una ocasión feliz.
Los gemelos llevaban semanas esperando su cumpleaños, y pasó esto.
«¿Crees que Amor está a salvo?», le pregunté a mi licántropo.
Había estado en silencio todo el día después del accidente.
También estaba preocupado por Amor y Solara.
«Sí.
Podría haber sentido romperse el vínculo si…», no terminó la frase.
La Abuela estaba haciendo llamadas.
Hundí el rostro entre las manos.
Ojalá pudiera retroceder en el tiempo.
Me levanté y fui a ver a mi hija.
Me preparé.
Empujé la puerta de la suite para abrirla.
Mi Solara yacía en una cama, tan pequeña como siempre.
Unas máquinas estaban conectadas a su pequeño cuerpo.
El doctor tenía razón.
Se había curado de todas las heridas.
Le besé la frente.
Me dejé caer en la silla junto a la cama y tomé su delicada mano entre las mías.
La besé una y otra vez.
—Tienes que despertar pronto —susurré—.
Me estoy volviendo loco, pequeña.
«Papá, te necesito», esas palabras resonaron de nuevo en mis oídos.
Me necesitaba y yo no estaba allí.
Debería haber sido más rápido.
Debería haber estado allí.
—Lo siento, lo siento mucho, Lara.
Llamaron a la puerta y CC entró en la habitación.
Caminó suavemente hacia nosotros.
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