¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 257
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257: CAPÍTULO 257 El pobre Bebé 257: CAPÍTULO 257 El pobre Bebé Ellis
—Pobrecita.
No estoy acostumbrada a verla así —dijo ella.
Yo aún no estaba listo para dejar a mi hija.
—Esa pulsera en su muñeca es preciosa —comentó CC.
No la había visto antes.
Solara llevaba una pulsera de perlas multicolor.
Cautivaba la vista con sus colores únicos.
Parecía antigua.
—Amor debe de habérsela comprado en el centro comercial antes —dije.
—Mmm…
—Los ojos de CC estaban fijos en la pulsera.
Se acercó para tocarla, pero retiró la mano rápidamente.
—¿Qué?
—Emite una energía extraña cuando te acercas —susurró.
Intenté tocarla y, en efecto, así era.
Se sintió cálida y luego se enfrió.
—También me resulta familiar.
Dudo que algo así se venda en las tiendas, Ellis.
—Le estás dando demasiadas vueltas —sospiré, besando la mano de mi bebé.
Debí de quedarme dormido en la silla.
Me desperté con el sonido de mi teléfono.
Zeyneb me estaba llamando.
Salí para contestar la llamada.
—Sí —respondí con urgencia.
—Estamos cerca de obtener los resultados de la ubicación.
Solo quería que lo supieras.
¿Cómo está mi sobrina?
—Lara está bien.
Ha sido un milagro —dije.
Así es como podía llamarlo.
Su curación fue un milagro.
—Gracias a la diosa.
Después de hablarlo con mi hermana, volví a la habitación.
Gina estaba tumbada en el sofá.
CC debía de haberse ido a casa para estar con Cayden.
Era más de medianoche cuando oí su suave voz llamarme.
—¿Papi?
Me volví hacia mi hija.
Corrí a su lado.
—Mi bebé.
Estás despierta —estaba feliz de verla despierta.
Sus ojos parpadearon un par de veces, ajustándose a la luz.
Gina corrió hacia la cama, llorando.
—Oh, dulce ángel, por fin estás despierta.
—¿Cómo te sientes, cariño?
—¿Dónde está mi Mami?
—preguntó.
Tenía la voz ronca.
Sus ojos recorrieron perezosamente la habitación.
—Mami no se siente muy bien, así que está descansando en la otra habitación.
Tuviste un accidente —le mentí sobre su madre.
Asintió lentamente con la cabeza y las lágrimas rodaron por su rostro.
Se me encogió el corazón al verla.
—Me caí al agua y no podía nadar porque estaba atrapada —me contó.
—Papá, no viniste —sollozó.
Le besé la cabeza, pidiéndole perdón.
—Siento que Papi llegara tarde.
Espero que puedas perdonarme, mi niña —la besé repetidamente.
No paraba de llorar.
Le cogí la mano.
Gina pulsó el botón de la cabecera para llamar a la enfermera.
El médico y la enfermera entraron.
La sedaron.
Mientras miraba a mi hija dormida, mi ira hacia la persona responsable de esto crecía.
Morirán por esto.
No sé cuánto tiempo me quedé allí, pero cuando salí del hospital, ya atardecía.
Zeyneb me llamó para decirme que sabían dónde estaba la manada de Maleck.
Ese cabrón pagaría por todo lo que le hizo a mi familia.
Amor
Me derribaron al suelo.
El renegado me dio un fuerte puñetazo en la cara y la sangre brotó de mi boca.
Intenté quitármelo de encima, pero era más fuerte.
Conseguí golpearlo y lo empujé.
Estaba a punto de levantarme cuando me dio una patada en las piernas.
Caí de nuevo.
La pelea no duró mucho; el renegado de la cicatriz vino y me agarró, tirando de mí hacia arriba por el pelo.
Me empujó contra el árbol.
—Estate quieta —siseó, agarrándome el cuello mientras me obligaba a mirar al otro renegado.
Me estremecí de dolor cuando mi espalda golpeó el árbol.
Oí unos pasos suaves que se acercaban.
La bruja malvada apareció en mi campo de visión.
Hervía de rabia mientras me fulminaba con la mirada.
—Iba a acabar contigo rápidamente, pero ahora me divertiré torturándote —se rio con sorna.
Agarró la daga y me hizo un corte profundo en el estómago.
Grité de dolor.
—Que alguien la amordace —ordenó.
Me retorcí y pataleé en los brazos del renegado de la cicatriz, pero me mantuvo en mi sitio.
La zorra malvada sonrió.
Me agarró la cara con brusquedad, clavándome las uñas en la piel.
Me hizo un corte limpio desde el hombro hasta el codo.
Apreté los dientes de dolor.
Dolía…
Muchísimo.
—Te mereces esto —me fulminó con la mirada.
No era verdad.
Esta zorra estaba jodidamente mal de la cabeza y, si pudiera, la mataría.
Me agarró del cuello.
—Estás muy mal de la cabeza —gruñí.
Me abofeteó.
Mi ojo no iba a sobrevivir.
Sentí el sabor metálico de la sangre en la boca.
La escupí.
Ella jadeó, y sus ojos marrones brillaron con un destello verde.
—Dadla una paliza antes de que acabe con ella —le ordenó al otro renegado.
Él sonrió con suficiencia y me dio un puñetazo en el estómago.
El renegado de la cicatriz me tiró al suelo.
—Necesito mear —dijo y se fue.
La bruja le gruñó.
El otro continuó pateándome por todo el cuerpo.
Se agachó y me dio un puñetazo fuerte.
—¿Quién va a pensar que eres guapa ahora?
—Este tipo tenía algo en mi contra.
Entrelacé los dedos y lo golpeé.
Se tambaleó hacia atrás y casi perdió el equilibrio.
Ni siquiera era fuerte.
Me agarró del cuello y me levantó.
—Basta —ordenó la bruja malvada en voz baja.
Se acercó a mí, pero la pateé con las piernas.
Odiaba a esta mujer con toda mi alma.
No solo me arrebató a mi licántropo, sino que también hirió a mi hija.
Me miró con frustración y confusión.
—Eres fuerte.
Te lo concedo —murmuró.
Levantó la daga, lista para apuñalarme.
Cerré los ojos.
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