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Mi Hermana Robó A Mi Pareja, Y La Dejé - Capítulo 424

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Capítulo 424: Capítulo 426 COINCIDENCIA

PUNTO DE VISTA DE SERAPHINA

Al otro lado del patio, el hombre se quedó helado.

Lo vi dudar y, entonces, con un movimiento brusco, se giró.

En el momento en que sus ojos se encontraron con los míos, el reconocimiento brilló en ellos.

—¿Sera? —jadeó Maxwell, la incredulidad tiñendo su voz mientras entraba de lleno en la luz—. ¿Qué estás…?

Su mirada se desvió hacia Kieran. Luego, de vuelta hacia mí.

Entonces, con la misma rapidez, apretó la mandíbula y su mirada se endureció.

—Aquí no —dijo en voz baja.

No protesté.

De repente, el patio pareció más pequeño. Más agobiante. Como si a cada sombra le hubieran crecido orejas.

La mano de Kieran se deslizó en la mía y, juntos, nos dirigimos a la puerta de Maxwell en lugar de a la nuestra.

Se hizo a un lado para dejarnos entrar y cerró la puerta tras nosotros con un suave clic que sonó tan fuerte como un disparo.

La habitación era sencilla y austera. Una cama, una mesa estrecha, una silla colocada bajo una pequeña ventana.

—¿Qué estáis haciendo aquí? —preguntó Maxwell, manteniendo la voz baja.

Me crucé de brazos, estudiándolo con atención. —Podríamos preguntarte lo mismo.

Un atisbo de algo —¿duda?— cruzó su rostro. Luego exhaló, pasándose una mano por el pelo.

—Estoy aquí por Willow.

Fruncí el ceño. —¿Tu exmujer?

Él asintió.

—¿Y qué pasa con ella?

—Está trabajando en un caso —dijo—. Su equipo de investigación detectó un patrón: desapariciones que no tenían sentido. Sin cuerpos. Sin rastros. Simplemente… desaparecidos.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

Se acercó a la mesa, apoyando las manos en ella como para anclarse.

—Al principio, parecían incidentes aislados. Diferentes regiones. Diferentes perfiles. Ninguna conexión clara. —Apretó la mandíbula—. Hasta que empezaron a alinear las cronologías.

—¿Y? —insistí.

—Y cada rastro conducía hasta aquí —dijo en voz baja.

—¿Este lugar? —pregunté, mirando hacia la puerta como si pudiera ver a través de ella el patio que había al otro lado.

—Este lugar —confirmó Maxwell—. O más concretamente, quién lo dirige.

El pulso se me aceleró.

—El misterioso propietario —dije.

Maxwell asintió. —Misterioso es quedarse corto. Nadie conoce su identidad. No muestra la cara. No trata con la gente directamente. —Torció la boca—. Pero últimamente, se ha corrido la voz.

—¿Qué clase de rumores? —preguntó Kieran.

Maxwell dudó un instante antes de continuar.

—Puede reunir a la gente —dijo—. Con aquellos a los que han perdido.

El frío se extendió por mis venas y la piel se me puso de gallina.

—Cuando dices «perdido», te refieres a…

—Quiero decir que ha habido rumores de gente que se ha reunido con seres queridos que habían enterrado.

Kieran maldijo en voz baja.

Me pasé una mano por el pelo, masajeándome el cuero cabelludo para evitar el dolor de cabeza que se estaba formando.

—¿Qué has averiguado? —le pregunté a Maxwell.

—No mucho todavía —dijo—. Aún estamos en la fase de reconocimiento.

—Nosotros… —hice una pausa—. ¿Willow está aquí?

Él asintió. —No dentro de la posada. Demasiado arriesgado. Ella y su equipo trabajan desde el perímetro. Rastreando movimientos. Vigilando quién entra y sale. —Bajó la voz—. Intentando averiguar por dónde canalizan a los desaparecidos.

—¿Desaparecidos?

Él asintió. —Los que se reúnen suelen… desaparecer poco después de la reunión.

—Claro que lo hacen —sospiré.

Los ojos de Maxwell se entrecerraron mientras nos miraba a Kieran y a mí.

—Vuestras reacciones son… —Se enderezó—. ¿Sabéis algo de esto?

El problema nos tocaba demasiado de cerca como para ser una coincidencia.

Kieran y yo intercambiamos una mirada tensa e inquisitiva, sin saber cuánto revelar.

Llegamos a la misma conclusión silenciosa: Maxwell era el hermano de Maya, lo que le otorgaba suficiente credibilidad.

—La respuesta es… no tan sencilla —dije.

—Esto no es solo tráfico de personas —empezó Kieran.

Los ojos de Maxwell se encontraron con los suyos.

—No —convino él—. Sospechaba que no lo era.

Exhalé lentamente, obligándome a ordenar mis pensamientos.

—Creemos que está conectado con lo que estamos persiguiendo —dije.

—¿Y qué es? —preguntó Maxwell.

Sorprendentemente, no tardamos tanto en poner a Maxwell al día sobre el problema de Marcus y Catherine y cómo sospechábamos que estaba relacionado con su investigación.

Maxwell se quedó en silencio un momento, asimilando todo lo que habíamos dicho.

Luego dijo: —Por muy inquietante que sea todo eso, definitivamente no es una coincidencia. Willow sospechaba algo más grande, pero hasta ahora, no teníamos nombres.

—Ahora los tenéis —dijo Kieran.

Maxwell apretó la mandíbula. —¿Y estáis seguros?

—Tan seguros como podemos estarlo sin meternos de lleno en su operación —respondí.

Lo cual, si este lugar era lo que pensábamos…

Ya estábamos más cerca de lo que nunca habíamos estado.

Me crucé de brazos de nuevo y empecé a caminar de un lado a otro, cada paso era un eco de mi urgente necesidad de procesarlo todo.

—Así que están usando a los seres queridos muertos como cebo —dije, pensando en voz alta—. Y apuesto a que no reúnen a cualquiera. Probablemente los investigan, filtran quién será útil antes de reclutarlos y usarlos para los dioses saben qué.

Kieran suspiró. —Esto es mucho más grande de lo que pensábamos.

—Mucho peor —mascullé.

Maxwell se enderezó, y su tono cambió a uno más práctico. —Vale, el lado bueno… esto es una feliz coincidencia. Tenemos el mismo objetivo y podemos trabajar juntos. Llegar hasta el propietario. Averiguar qué ofrece realmente.

—Y cómo está conectado con Marcus y Catherine —añadió Kieran.

—Pero es más fácil decirlo que hacerlo —dijo Maxwell—. Este lugar no anda regalando el acceso.

—Bueno, a nosotros ya nos han investigado —dije—. Nos han puesto en el patio. Han dicho que tenemos que esperar a que nos seleccionen. Quizá tengamos suerte.

Maxwell dudó.

Fruncí el ceño. —¿Qué?

—No se limitan a seleccionar a la gente —dijo—. Los hacen competir.

—¿Competir cómo?

La mirada de Maxwell se desvió hacia la puerta, como si pudiera oír algo al otro lado.

—Dinero. Influencia. Información. Lo que sea que el postor tenga que ofrecer. —Bajó la voz—. Lo llaman una subasta.

—Están convirtiendo la desesperación en una palanca —dije.

Maxwell asintió. —Exacto.

Kieran apretó la mandíbula.

—¿Y el premio? —preguntó.

—Una reunión —dijo Maxwell—. Con el propietario. A partir de ahí…

Unos golpes en la puerta lo interrumpieron.

Los tres nos quedamos inmóviles.

Los golpes resonaron y salimos de nuestra inmovilidad.

Maxwell fue el primero en moverse, con la tensión acumulándose bajo la superficie mientras se acercaba a la puerta.

—¿Quién es? —preguntó.

—Mensaje para todos los huéspedes —respondió una voz monótona desde el otro lado.

Maxwell abrió la puerta lo justo para recibir un papel doblado antes de volver a cerrarla.

No habló mientras lo desdoblabla, pero su expresión se crispó en cuanto leyó lo que ponía.

—¿Qué? —pregunté.

Levantó la vista.

—La subasta es esta noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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