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Mi hermanastro me desea - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 ¡Salud por la venganza
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9: ¡Salud por la venganza 9: ¡Salud por la venganza POV de Julian
Mi habitación parecía una zona de guerra.

Cajones entreabiertos y libros por el suelo.

El cenicero de mi escritorio ya estaba lleno, pero aun así encendí otro cigarrillo, dejando que el humo se enroscara a mi alrededor como si pudiera sofocar la ira que me ardía en las venas.

Sus palabras no salían de mi cabeza.

«A diferencia de tu madre, que abandonó a su familia».

Solté una risa amarga que no sonó como mía.

—Abandonó a su familia —mascullé por lo bajo, aplastando el cigarrillo en el cenicero—.

No tiene ni puta idea.

Llamaron a la puerta.

Lo ignoré, pero volvieron a llamar, esta vez con más firmeza.

—Julian —llegó la voz de Gabriel desde el otro lado—.

¿Puedo pasar?

No respondí, pero la puerta se abrió con un crujido de todos modos.

Entró, sus ojos recorriendo el desastre antes de posarse en mí.

—¿Qué diablos ha pasado aquí?

—¿Tú qué crees?

—espeté.

Suspiró, cerrando la puerta silenciosamente a su espalda.

—Sabes que tú empezaste todo esto.

—No empieces.

Gabriel se apoyó en la pared, con los brazos cruzados.

Parecía agotado, pero su voz se mantuvo tranquila, como si intentara desactivar una bomba.

—He venido a ver cómo estabas.

Saliste de aquí como si fueras a matar a alguien.

—Debería haberlo hecho —murmuré, sacudiendo la ceniza en el cenicero.

—Julian —su tono se agudizó—.

No lo decía en serio.

Eso me hizo reír.

—Oh, claro que lo decía en serio.

Le viste la cara, ¿no?

Estaba deseando escupirlo.

—Estaba enfadada —argumentó él—.

Todos lo estaban.

La provocaste demasiado.

—¿Y qué, ahora la defiendes?

—me giré hacia él, con el humo saliendo de mis labios.

No retrocedió.

—No.

Estoy aquí por ti.

Soy tu hermano, ¿recuerdas?

Aparté la mirada, con la mandíbula apretada.

Suspiró de nuevo, acercándose.

—No puedes seguir haciendo esto cada vez que Papá o Catherine dicen algo.

Vas a acabar…
Lo interrumpí, con la voz baja pero firme.

—No necesito un terapeuta, Gabriel.

Sobre todo, uno que se pasa la mitad del tiempo defendiendo al enemigo.

Gabriel frunció el ceño.

—No son nuestros enemigos, somos una familia.

Me burlé.

—Vaya.

Simplemente, vaya.

Abrió la boca para molestarme más, pero yo ya estaba en movimiento.

Cogí las llaves del coche de la cómoda y pasé rozándolo.

—Julian, ¿a dónde vas?

No miré atrás.

—Lejos de todos vosotros.

—No hagas ninguna estupidez —advirtió.

Me detuve lo justo para dedicarle una media sonrisa.

—Si me quedo aquí, ten por seguro que la haré.

Salí, dejándolo allí de pie.

Para cuando entré en el coche, el aire de fuera se sentía más fresco, pero no hizo nada para calmar el ruido en mi cabeza.

Saqué el móvil y llamé a la única persona que podría entenderme mejor.

Ethan respondió al segundo tono.

—Eh.

—¿Te apetece ir a tomar algo?

—dije.

No dudó.

—¿En el sitio de siempre?

—Sí.

Diez minutos.

Colgué antes de que pudiera decir nada más.

Cuando llegué al bar, Ethan ya estaba allí, apoyado en la barra con dos vasos esperando.

—Joder —dijo cuando me vio—.

Tienes una pinta horrible.

—Bien —mascullé, ocupando el asiento a su lado y cogiendo la bebida—.

Significa que mi aspecto va a juego con cómo me siento.

Me estudió con atención.

—A ver si adivino.

¿Otra vez dramas con Papi?

Solté una risa ahogada.

—Se podría decir que sí.

Le dio un sorbo a su vaso.

—¿Qué ha pasado esta vez?

—Se van de luna de miel.

Ethan enarcó una ceja.

—¿Estás enfadado por eso?

Removí la bebida en mi mano, viendo cómo giraba el líquido.

—Nunca llevó a mi madre a ninguna parte.

Ni una sola vez.

Ella se lo suplicó durante años, y él siempre decía que estaba demasiado ocupado, pero ahora, de repente, tiene tiempo.

Gracioso, ¿verdad?

Ethan se quedó en silencio, dejándome desahogar.

—Pasea a esa mujer como si fuera un trofeo —continué con un tono afilado—.

¿Y el resto de nosotros?

Se supone que tenemos que sonreír y aplaudir como un puto público.

Ethan asintió lentamente.

—Suena al típico circo familiar.

Resoplé.

—No tienes ni idea.

Inclinó la cabeza.

—Pero me da que no es solo por eso.

Hay algo más.

Dudé, dando un largo trago antes de responder.

—También está Catherine.

Sus cejas se alzaron.

—Ah.

La chica de oro.

—La odio —dije, y las palabras pesaron.

La expresión de Ethan no cambió.

—Lo sé, pero ¿qué ha hecho esta vez?

—Ha insultado a mi madre —dije, bajando aún más la voz—.

Dijo que abandonó a su familia.

Ethan soltó un silbido bajo.

—Mierda.

—Sí —mascullé—.

No sabe una puta mierda, pero habla como si supiera y todo el mundo, sin más… —me detuve, negando con la cabeza—.

Se acabó el dejar que hablen.

Todos ellos.

Ethan se recostó en su asiento con ojos pensativos.

Entonces, lentamente, una sonrisa torcida se formó en sus labios.

—Entonces, haz que se arrepientan.

Lo miré.

—¿Cómo?

Se encogió de hombros.

—Ya te lo dije antes, pero parece que lo has olvidado.

Te haré el honor de recordártelo.

No dije nada, pero estaba escuchando.

—Arruina la estampa de familia perfecta que tu padre exhibe por todas partes —continuó, con un tono casual pero cortante.

—Utiliza a Catherine.

Haz que se enamore de ti.

Finge ser el hermanastro cariñoso y, cuando esté enganchada, filtramos fotos, vídeos o lo que haga falta y ¡bum!

La reputación del alcalde se va por el desagüe.

Me quedé mirándolo, con los dedos tamborileando contra el vaso.

Ethan sonrió con malicia.

—Dos pájaros de un tiro.

Humillas a tu padre, y ella recibe su merecido cuando le rompas el corazón.

La idea era oscura y tentadora.

Me recosté, exhalando lentamente.

Mi ira seguía ahí, pero ahora tenía un propósito.

—Haz que se enamore de mí —repetí en voz baja.

Ethan asintió.

—Exacto.

Sin puñetazos, sin gritos.

Solo control.

Se te da bien eso.

Una lenta sonrisa curvó mis labios, una que no tenía nada de agradable.

—Sí —dije—.

Se me da bien.

Se rio entre dientes.

—Ese es el Julian que conozco.

Me terminé la bebida, dejando que el ardor se asentara en mi pecho.

—Se acabó el jugar a ser bueno.

Ethan alzó su vaso.

—¿Por la venganza?

Choqué el mío contra el suyo.

—Por la venganza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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