Mi juventud comenzó con él - Capítulo 980
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980: Capítulo 980.
Ella Siempre Fue Tan Fuerte (1) 980: Capítulo 980.
Ella Siempre Fue Tan Fuerte (1) Editor: Nyoi-Bo Studio —Señorita Hui, no se apresure.
Permítame hacer los honores.
El hombre con la cicatriz en el rostro tomó el arma de Zhou Guanhui, y cuando estaba por apuntarla a la cabeza de Qin Chu, Qin Chu inmediatamente se la quitó.
Luego,apuntó el arma en la frente del hombre.
Al ver lo que ocurría, Huo Mian rápidamente corrió detrás de Zhou Guanghui y sacó una aguja de plata de la nada, la cual apuntó a la sien de Zhou Guanghui, el lugar más letal que ella conocía.
—¡Jefe!
—¡Señorita Hui!
Los lacayos entraron en pánico.
—Retrocede, déjanos ir —ordenó Qin Chu, su voz gélida.
El hombre con la cicatriz en el rostro comenzó a culparse por subestimar a Qin Chu.
Él nunca pensó que un hombre con una daga en el pecho podría moverse con tal agilidad.
Qin Chu presionó el arma fuerte contra su frente al ver que él no reaccionaba.
—¿Crees que no tengo las agallas para tirar del gatillo?
Déjame decirte, puedo matar en cualquier momento.
Para que lo sepas, no tomo responsabilidad por matar criminales como tú.
El hombre con la cicatriz en el rostro se asustó ante las amenazas de Qin Chu.
—Muévanse, dejen que se vayan —dijo el hombre.
—Jefe…
—Sus lacayos no querían conformarse.
Mientras HuoMian no prestaba atención, Zhou Guanghui intentó retomar el control de la situación.
Sin embargo, HuoMian la pateó en la cintura y clavó la aguja en su cuello.
El cuerpo entero de Zhou Guanghui se entumeció.
—¿Qué me hiciste?
—Miró enfadada a HuoMian.
—Si no quieres morir, no te muevas.
HuoMian y Qin Chu actuaron al mismo tiempo, ella sabía que mientras Qin Chu fuera más poderoso que el hombre aquel, sus lacayos no podrían utilizarla para amenazar a Qin Chu.
Por lo tanto, ella decidió tomar a Zhou Guanghui también, aunque no sabía cómo se relacionaba con estos criminales, una cosa era segura, esta gente la temía y escuchaban todo lo que decía.
Luego de que los amenazaron exitosamente, los lacayos retrocedieron y los dejaron pasar.
El pecho de Qin Chu estaba empapado de sangre, lo bueno es que no era una hemorragia masiva, o si no ya estaría inconsciente.
—Mian, vete tú primero.
Ella asintió, y forzó a Zhou Guanghui a través de la puerta con ella.
Qin Chu sostuvo el arma mientras las siguió.
—¡Son unos inútiles!
—Zhou Guanghui estaba furiosa.
Estaba tan cerca de vengarse, pero sus planes se fueron por el caño.
Nadie se atrevía a emitir sonido.
El cuerpo entero de HuoMian estaba adolorido, pero ella sabía que no podía desmoronarse ahora.
Ella tenía que irse de este lugar, aun si tuviera que salir arrastrada.
Cuando llegaron a la puerta, el hombre de la cicatriz repentinamente utilizó toda su fuerza contra ellos.
Qin Chu era ágil, pero estaba gravemente herido, por lo que no pudo responder a tiempo.
El hombre golpeó su cuerpo contra el de Qin Chu, arrojándolo al piso.
—¡Qin Chu!
—gritó HuoMian con el corazón roto.
El hombre atracó a Qin Chu, apretando una mano alrededor del cuello de él, y empujando la mano de Qin Chu con su otra mano.
HuoMian sintió que su corazón estaba a punto de saltar de su pecho al ver su lucha, mientras que sus lacayos parecían querer intervenir para ayudar a su jefe.
—No se acerquen o la mato —gritó HuoMian, colocando otra aguja contra el cuello de Zhou Guanghui.
—Idiotas, aléjense.
Si algo me pasa, mi espónsor nunca se los perdonará—gritó también Zhou Guanghui.
Como era de esperarse, los lacayos se detuvieron al escucharla mencionar a su “espónsor”.
HuoMian sabía que Qin Chu estaba a punto de ganar, él pateó al hombre mientras el otro cubría su pecho y rodaba por el piso.
En eso, se escucharon sirenas afuera.
—Eres despreciable, no puedo creer que llamaste a la policía —reclamó el hombre de la cicatriz mientras escupía sangre en el piso.
Qin Chu se congeló por un segundo mientras se volteó para ver docenas de patrulleras dirigiéndose hacia ellos.
La verdad es que él nunca le dijo a Gao Ran dónde estaban.
Aturdida, HuoMian vio al hombre tomar un arma plateada de su bolsillo y apuntarla a Qin Chu.
—¡Qin Chu cuidado!
—gritó HuoMian con todas sus fuerzas.
Sin embargo, era demasiado tarde, el pecho de Qin Chu estaba herido, enlenteciendo sus movimientos.
Él no tuvo tiempo de esquivar la bala.
Con un “bang”, la bala entró a su cuerpo, HuoMian sintió como si le arrancaran el corazón.
Un dolor infinito recorrió su cuerpo.
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