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Mi Luna Marcada - Capítulo 134

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134: CAPÍTULO 134: Te adoro 134: CAPÍTULO 134: Te adoro POV de Apphia
—Ya verás —dice, apurándose.

Intento seguir el ritmo de sus largas piernas.

No nos detenemos en la recepción, sino que vamos directamente al Expreso Oriental Zafiro.

Subimos al tren que nos espera, sin billetes ni nada, y no hay nadie más que nosotros…

Y, de repente, aparecen unos cuantos miembros del personal.

—Pensé que podríamos dar una vuelta por la ciudad —dice radiante.

Me le quedo mirando boquiabierta.

—¿Has reservado todo el tren?

—Sí, podemos hacer un pícnic nocturno en el tren —dice, sonriendo de oreja a oreja.

Oh, mi diosa, es una imagen preciosa.

Dos empleadas se acercan y nos hacen una profunda reverencia.

Nos conducen a un camarote hermosamente decorado, donde sobre la mesa, entre dos asientos de cuero, hay fruta, aperitivos y champán.

—Un pícnic en el tren suena genial —digo, tomando asiento.

Él también lo hace.

Los camareros nos sirven champán.

—¿Desean algo más, señor, señora?

—pregunta una de las mujeres.

—No —responde Nicolás secamente, despidiéndolas.

Me da una copa de champán y la levanta para brindar por mí.

—Pensaba que no te gustaba que bebiera —murmuro mientras doy un sorbo.

—Bueno, ya tienes dieciocho, puedes beber champán.

Nicolás y yo bebimos y charlamos sin parar.

Un violinista vino a tocar suave música clásica, con la que bailamos, pero lo mejor de la noche fue cuando mi voz sonó por los altavoces de todas las estaciones de la ciudad; eso es lo que él quería enseñarme.

Sonrío ampliamente mientras salimos de la estación hacia el aparcamiento al otro lado de la calle, hablando con entusiasmo de mi maravillosa experiencia en el tren.

Nicolás me observa con una sonrisa tierna, asintiendo a lo que digo.

Su teléfono suena, lo coge y ralentiza el paso, pero yo empiezo a tener un poco de frío y quiero sentarme a esperar en el coche, así que sigo adelante.

Estoy a punto de darme la vuelta para pedirle que abra la puerta del coche con la llave cuando alguien choca conmigo, y un dolor agudo me atraviesa el hombro y el cuero cabelludo.

El dolor es pasajero, pero me deja la piel de gallina.

Levanto la vista hacia la mujer que ha chocado conmigo.

Es alta, con el pelo largo y pelirrojo y los ojos muy, muy oscuros.

Me hace una profunda reverencia a modo de disculpa.

—Lo siento, no la había visto —su voz es ronca, pero aguda.

Mi compañero está a mi lado, preguntándome si estoy bien.

Le asiento con la cabeza.

—Siento haber chocado con usted, mi Luna.

—La mujer vuelve a hacer una reverencia y se marcha antes de que pueda preguntarle cómo sabe que soy la Luna.

—¿Cómo sabía que soy la Luna?

—murmuro.

—Todo el mundo sabe que eres la Luna —dice, besándome la sien.

Vuelvo a mirar en la dirección en que se ha ido la mujer, pero ya no la veo.

—Esa mujer me ha hecho sentir rara, Nick —le digo.

—¿Qué quieres decir?

—He sentido dolor en el pecho y en el cuero cabelludo cuando ha chocado conmigo —explico.

—La buscaré.

Quédate aquí —dice, dispuesto a irse, pero le agarro del brazo.

—No, está bien.

Quizá solo estoy cansada y necesito descansar.

—Puedo encontrarla, y tú puedes leerle el aura, la mente —insiste él.

Entrecierro los ojos, dándome cuenta de que no tenía aura.

—Busquémosla —digo.

Me toma de la mano y buscamos juntos a la mujer por las calles, pero no la encontramos.

Finalmente, decidimos irnos a casa.

Nicolás prometió revisar las cámaras de seguridad de la calle al día siguiente para buscarla.

Apenas nos quitamos la ropa y nos tiramos en la cama.

Nicolás me acerca más a él y me besa una ceja.

—Te quiero —murmura.

El sueño no tarda en vencerme.

Me despierto de repente, sintiendo que no puedo respirar.

Abro los ojos.

La habitación está muy oscura, y unos espectros rodean la cama en una humareda negra.

Miro a Nicolás; está durmiendo, pero parece que está teniendo una pesadilla.

Sacude la cabeza, agarrando las sábanas con más fuerza.

—¡Nicolás!

—lo sacudo suavemente hasta que se despierta sobresaltado, respirando con dificultad, con los ojos muy abiertos y horrorizados.

Se arrodilla y me acuna el rostro con las manos.

—Nena, mi amor, oh, Apphia —masculla, besándome la frente, la nariz y los labios.

Su cuerpo y sus manos tiemblan ligeramente.

Le sujeto las muñecas con suavidad.

—Respira.

Los espectros te están abrumando —susurro.

Él asiente y cierra los ojos, con la frente apoyada en la mía.

Inspira y espira mientras lo guío.

La oscuridad que nos rodea se desvanece, y puedo volver a respirar con facilidad.

Permanecemos en la misma posición durante un buen rato, solo respirando, en silencio.

Paso los brazos por su cuello y él rodea mi cintura con los suyos, atrayéndome más cerca.

—¿Qué ha pasado?

—pregunto en voz baja.

—Una pesadilla —susurra.

—¿Puedo ver?

—pregunto.

Consigue asentir y entro en su mente.

Me veo a mí misma tumbada en el suelo; mi cuerpo está frío y amoratado.

Tengo marcas de pinchazos en el cuello.

No parezco yo misma; mi pelo es negro y rizado.

Nicolás me tiene en sus brazos.

Está gritando, suplicándome que despierte.

Sus gritos son crudos y guturales.

Está aterrorizado…

puedo sentirlo.

Verlo.

Ya no hay ningún vínculo entre nosotros.

Un escalofrío me recorre la espalda y lo abrazo con más fuerza.

—Es solo una pesadilla —digo.

Él asiente, y algo húmedo toca mi hombro.

Una lágrima.

Y otra, y otra.

Mi corazón se encoge.

—Estoy aquí mismo, mi amor —le arrullo, dándole suaves palmaditas en la espalda.

Miau.

Shai salta a la cama con nosotros y se pone en medio.

Nos separamos, pero seguimos cerca.

Extiendo los pulgares para secarle las lágrimas de la cara.

No me mira durante un instante, con los ojos fijos en Shai, que está acurrucado entre nosotros.

Cuando levanta la vista y me mira a los ojos, susurra: —Eres todo para mí.

Te quiero tanto.

Apphia, te necesito como necesito el aire para respirar; por favor, no me dejes.

—No lo haré.

Te adoro —le digo.

—No pongas tu vida en peligro, porque nunca te lo perdonaré —advierte.

Suelto una risita y lo abrazo de nuevo.

—No lo haré.

Inspira profundamente, llenando sus pulmones con mi aroma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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