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Mi Luna Marcada - Capítulo 152

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152: CAPÍTULO 152 Llévame a él 152: CAPÍTULO 152 Llévame a él POV Jamila
Se me corta la respiración al mirar los ojos del desconocido en los que he caído.

Es deslumbrantemente guapo, con ojos de ensueño, facciones marcadas y barba de tres días.

El mundo se desvanece y solo quedamos nosotros dos.

Unos fríos ojos azul Zafiro me clavan la mirada; un destello de sorpresa, confusión y, después, ira.

La loba en mi interior se remueve, feliz, meneando la cola.

—Jamila, cariño —la voz de mi madre rompe el hechizo.

La miro por encima del hombro.

—Quítate de encima —casi gruñe el desconocido.

No quiero apartarme de él.

Es tan cálido.

Me fulmina con la mirada y obedezco.

Mi Mamá me atrae hacia sus brazos.

—¿Estás bien, mi niña?

—pregunta, acariciándome el pelo.

Yo solo asiento.

En cuanto Mamá me suelta, mi Papá me besa la frente.

Mis hermanas, Bella y Azizi, me fulminan con la mirada, mientras que mis hermanos parecen preocupados.

—Jamila, ¿qué ha pasado?

Te oímos gritar —dice Papá.

—El estúpido gato de Bella me arañó —señalo a Bella.

Ella suelta un grito ahogado y aprieta a su gato contra el pecho.

—¡Es una mentirosa!

¡Él no araña!

—ladra—.

Quizá te portaste mal.

Para empezar, ¿qué hacías aquí fuera?

—dice, cruzándose de brazos.

Todas las miradas se vuelven hacia mí.

Oh, oh.

—Yo…, yo estaba dando un paseo porque me asfixiaba en mi habitación —murmuro.

Mis ojos encuentran al guapo desconocido, pero se está alejando…

—¡Oye!

—lo llamo.

No se gira.

Me quito rápidamente el zapato de tacón derecho y se lo lanzo a la espalda, haciendo que se detenga en seco.

Todo el mundo se queda boquiabierto.

¿Qué?

—¡Oye, desconocido, te estoy llamando!

¿Hola?

—pongo las manos en jarras, fulminándolo con la mirada.

Él se gira lentamente para mirarme, con el fastidio dibujado en su guapo rostro.

—¿Adónde vas?

—pregunto.

—No es asunto tuyo —responde tras un largo silencio.

—Jamila, cariño…

—Sí que es asunto mío —replico, ignorando a mi Papá.

—Me voy a casa, lejos de ti —dice el hombre con un suspiro de exasperación.

—Genial, vámonos —digo, caminando hacia él, pero mi madre me sujeta del brazo, sonriendo con nerviosismo.

Ahora que me fijo, todos parecen muy tensos, excepto el despampanante chico alto de pelo castaño y ojos color avellana.

Él parece casi entretenido.

¿Quién es?

Conozco a todos los presentes menos a él y al desconocido.

—Cariño, no vas a ir a ninguna parte con él.

No lo conoces —sisea ella en mi oído.

Yo le sonrío a él.

—Es mi mate —anuncio, radiante.

Ignoro los murmullos y las exclamaciones de sorpresa que escapan de la boca de todos, concentrándome solo en mirarlo.

Mi mate se tensa al oír mis palabras y gira la cara para volver a alejarse.

¿Por qué no me reconoce?

Sintió el increíble vínculo entre nosotros y las chispas que estallaron cuando me sujetó en sus brazos.

El vínculo encajó en su sitio en cuanto nos quedamos mirando.

Lo sigo, gritándole que se detenga.

¿Acaso cree que puede alejarse de mí como si yo no significara nada?

—¡Oye, para!

—chillo, corriendo hacia él.

No se detiene, así que le salto a la espalda y le rodeo el cuello con los brazos y la cintura con las piernas.

Se revuelve de un lado a otro, intentando quitármela de encima.

—Bájate de mí.

—No pienso hacerlo.

Eres mi mate y no voy a dejar que me abandones aquí.

—¡Tú vives aquí!

—replica él, exasperado.

—¡Ya no quiero!

¡Por favor, llévame contigo!

¡Es lo que hacen los mates!

—grito.

Mis padres y los demás invitados llegan a la entrada de la casa y nos miran horrorizados.

—¡Papá!

¡Es mi mate y ni siquiera me reconoce!

—Cariño, por favor, bájate de él —dice, alzando la voz.

Mi mate por fin deja de moverse y, antes de que pueda articular palabra, algo me repele con fuerza y salgo disparada por los aires.

Me quedo flotando, con los ojos como platos.

Miro a mi mate, conmocionada.

Me fulmina con la mirada, con los ojos inyectados en sangre.

—No me toques, no me sigas, mantente jodidamente lejos de mí —gruñe y se marcha.

Suelto un chillido al caer en picado hacia el suelo, pero mi hermano, Ken, me atrapa en sus brazos.

—Vaya, eso ha sido entretenido —murmura, divertido.

Le rodeo con mis brazos y siento las lágrimas correr por mi cara.

Ken me abraza con más fuerza.

—Lo siento, hermanita.

Mi mate no me quiere.

Simplemente, no me quiere.

Tengo el corazón destrozado.

Alguien llama a la puerta de mi habitación y esta se abre.

Me cubro la cara con el edredón; no quiero ver a nadie.

—Dejadme en paz —sollozo.

—Jamila, llevas una semana encerrada en la habitación y te niegas a comer.

No pienso dejarte sola, cielo —dice Mamá.

—No tengo hambre, Mamá.

—Cariño, estamos preocupados por ti.

Por favor, habla con nosotros —suplica Papá.

—Quiero a mi mate.

Lo amo —les digo.

Guardan silencio, probablemente comunicándose mentalmente.

Me quito las sábanas de encima y me siento para encararlos.

—Por favor, llevadme con él.

Es mi mate y lo correcto es que estemos juntos.

Ambos fruncen el ceño y niegan con la cabeza al unísono.

Mis padres son muy protectores conmigo, sobre todo Mamá.

Hace cuatro años, tuve un acosador, el hijo de un señor renegado.

Estaba obsesionado conmigo.

Me secuestró y me tuvo escondida en su casa durante días.

Logré escapar, me metí en un coche y empecé a conducir, pero él me perseguía y llovía a cántaros; mi coche chocó contra un camión y estuve meses en el hospital.

Por suerte, mis padres me encontraron y mi acosador fue detenido.

Sin embargo, tardé dos años en recuperarme por completo y recuperar la movilidad.

Mis recuerdos también son borrosos.

Desde entonces, mis padres han tenido pánico de perderme de vista.

Es muy frustrante.

Quiero ver cómo es la vida ahí fuera sin ellos; por eso estaba intentando escapar la noche que conocí a mi mate.

No era mi primer intento.

—Cariño —suspira Papá, pasándose una mano por el pelo—, tu mate no es un hombre corriente…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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