Mi Luna Marcada - Capítulo 153
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153: CAPÍTULO 153 No soy su esbirro 153: CAPÍTULO 153 No soy su esbirro POV Jamila
—Lo supuse cuando estaba levitando en el aire —mascullo.
—Es de la realeza, un rey alfa —dice Mamá.
Mis ojos se abren como platos.
He oído las historias de un joven rey licano.
Es fuerte y peligroso.
También tiene poderes, como el resto de la familia real, pero los suyos son descomunales.
—Oh.
—Se llama Nicolás, Nicholas Lavista, y tuvo una compañera, pero murió y la diosa de la luna se la llevó porque ella también tenía poderes especiales.
La muerte de su compañera casi lo mata; lo destrozó, y todavía tiene el corazón roto.
No aceptará el vínculo, cariño —explica Papá, con un tono suave y comprensivo.
Siento que las lágrimas bailan en mis ojos, es algo verdaderamente descorazonador.
—P-pero soy su compañera de segunda oportunidad, Papá.
La Madre Luna me emparejó con él por una razón —mi voz tiembla y las lágrimas me caen por las mejillas.
Mi madre se mueve y me seca las lágrimas con delicadeza.
—Lo sabemos, pero no está preparado.
Confía en nosotros.
—Entonces, ¿por qué no me rechazó al instante, Mamá?
Simplemente se fue.
—No lo sabemos, querida.
Quizá estaba confundido.
Solo asiento.
Mis padres se quedan en mi habitación conmigo hasta que me duermo.
Sin embargo, en cuanto se van, me levanto, lista para actuar.
Voy a buscarlo.
Una vez limpia, salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla blanca y mullida.
Me observo detenidamente en el espejo.
Mi mamá siempre dice lo mucho que me parezco a ella, pero yo no lo veo.
Soy delgada, pero tengo algunas curvas.
Mi mamá tiene una figura de reloj de arena para morirse.
Yo tengo el pelo largo y rizado que casi me llega a la cintura, mientras que el suyo es muy ensortijado.
Mis ojos son de un plateado brillante que destella otro color si miras de cerca, mientras que los suyos son de color marrón chocolate.
Tengo labios carnosos y sensuales, y ella tiene labios gruesos.
Por último, mi nariz es pequeña y recta, mientras que la de Mamá es de botón y bonita.
—Es que no lo veo, nunca lo he visto —exhalo.
Me pongo unos vaqueros negros, una camiseta de tirantes negra, botas y un abrigo.
También me pongo un gorro negro y cojo el móvil y un bolso grande.
Mi loba ronronea de emoción.
Voy a ver a mi compañero.
Tengo su nombre y su cargo.
No será muy difícil encontrarlo.
Mis padres y mis hermanos se negaron a darme información sobre él durante una semana.
Decidida, salgo de mi habitación por el balcón.
Gracias a la luna, mi habitación está en el segundo piso.
Salto al suelo y un dolor me recorre las piernas, pero no puedo detenerme ahora.
Doy dos pasos hacia delante cuando mi hermana, Azizi, me bloquea el paso; se cruza de brazos sobre el pecho.
—Bella tenía razón.
Estabas esperando el momento oportuno para escapar —dice con desdén.
—Zizi, por favor, déjame ir sin armar un escándalo —digo con suavidad.
—No, no lo haré.
No tienes permitido salir de esta casa.
¡Mamá y Papá se volverán locos; eres su princesita!
—sisea.
Azizi no es tan mala conmigo como Bella, pero siempre está celosa de la atención que me dan mis padres.
Una vez fingió su propio secuestro.
Fue patético.
Le cojo las manos por primera vez en…
ni siquiera me acuerdo.
Fuerzo las lágrimas para convencerla.
—Zizi, por favor, ponte en mi lugar.
Llevas deseando un compañero desde el día en que te convertiste en loba.
Imagina que lo encuentras y no podéis estar juntos.
Ella reflexiona un rato, con el ceño fruncido.
—Eso sería muy triste.
—Estoy muy triste sin mi compañero, por favor, ayúdame a ir con él.
Quizá la diosa te recompense con tu propio compañero si me ayudas —negocio.
Azizi siempre ha estado desesperada por encontrar un compañero.
Es una romántica empedernida.
—A Bella no le hará mucha gracia si te ayudo.
—No tienes por qué decírselo.
Venga, ¿no estás harta de que te dé órdenes?
Ken y Eric dicen que eres su esbirra —le digo.
Ella jadea, agarrándose el pecho de forma dramática.
Si lo dramático tuviera cara, sería la de mi preciosa y tonta hermana.
—¡No soy su esbirra, es que es muy mandona!
—exclama.
Le tapo la boca con la mano, pero ella la aparta de un manotazo.
—Puaj, qué asco, no sé qué has estado tocando.
—Por favor, déjame ir.
—Está bien —sonríe—.
Pero solo porque espero que este acto de bondad me lleve a encontrar a mi compañero algún día.
—La abrazo rápidamente, emocionada.
Azizi tiene muy buenos contactos en la finca.
Hace un par de llamadas y distrae a los guardias con su encanto natural, y consigo salir.
Pido un taxi con el móvil, que llega en cinco minutos.
Me lleva a la estación de tren.
Me gustan los trenes, pero nunca he subido a uno.
Solo los veo pasar a lo lejos, y siempre llegan puntuales cada día.
Pido indicaciones y me llevan a la recepción, donde compro un billete para la ciudad.
El viaje en tren es tranquilo, sereno y encantador.
Me parece agradable.
Llegamos a nuestro destino en menos de una hora y pido un taxi que me lleve al castillo.
El castillo es enorme y cautivador.
Antes de que pueda acercarme a las puertas, dos guardias se dirigen hacia el taxi.
—No se le permite la entrada en esta propiedad.
—He venido a ver al príncipe alfa.
Es mi compañero —les digo.
Se quedan blancos como el papel y el taxista tose.
Oh, no debería haber dicho eso.
Pago la carrera del taxi y me bajo.
A los guardias les digo—: Hola, me llamo Jamila Clark, mi padre es el General Julius Clark.
—Les doy mi carné de identidad y les muestro la insignia de mi familia.
Somos una familia militar noble y rica, así que eso conlleva muchos privilegios.
—¿Tiene una cita, Señora?
—pregunta uno de los guardias.
—Eh, no, pero no pasa nada.
Es mi compañero.
Se mofan y niegan con la cabeza.
—Muchas mujeres afirman eso.
Por favor, márchese ahora y vuelva cuando tenga una cita.
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