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Mi Luna Marcada - Capítulo 63

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  3. Capítulo 63 - 63 CAPÍTULO 63 Por favor no hagas esto
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63: CAPÍTULO 63: Por favor, no hagas esto 63: CAPÍTULO 63: Por favor, no hagas esto POV de Gavin
Echaba de menos a mi pareja como un loco.

La deseaba tanto.

Me arrepentía de mi decisión de rechazarla.

Debería haberla aceptado y mantenido a salvo.

Salgo de mi despacho y voy al del Alfa.

Necesito preguntar si hay alguna noticia de Apphia.

Mi lobo y yo estamos desesperados por recuperarla.

Duncan solo me habla cuando se trata de la manada y del trabajo.

Un omega me dice que ha visto a Duncan en el patio trasero, y voy hacia allí.

Sin embargo, cuando llego al patio trasero de la casa de la manada, oigo gritos.

—¡Suéltame!

—grita una mujer.

—¡No!

¿¡Por qué huyes de mí!?

—Esa voz parece la de mi Alfa.

Me adentro a toda prisa en el bosque, de donde provienen las voces, hacia el claro, siguiendo la voz contrariada de mi Alfa.

Duncan tiene a una chica en brazos.

La reconozco como la hija de nuestro antiguo gamma, Nalani.

Ella lo está apartando, pero él no la suelta, sujetándola con fuerza contra su pecho.

—¡Duncan!

¿Qué crees que estás haciendo?

—Corro hacia ellos, pero me gruñe—.

Tío, no quiere que la toques.

—¡Es mi pareja!

—replica él.

Doy un paso atrás y miro a la mujer que tiene en brazos.

No parece nada contenta y le está gruñendo.

—¿Felicidades?

—digo, sintiéndome un poco incómodo.

—¡Suéltame, bicho raro!

—se le quiebra la voz.

—No hasta que me digas por qué huiste de mí —exige él.

El antiguo y el actual gamma de la manada corren hacia nosotros, preocupados.

—Alfa, suelte a mi hija —exige el antiguo gamma con respeto, pero con firmeza.

—¡No, es mía!

—gruñe Duncan.

Es un comportamiento tan impropio de él.

—Duncan, la estás asustando —dice Niall, su gamma.

El rostro de Duncan se descompone y baja la mirada hacia la chica de ojos suaves que lo fulmina con la mirada.

Él finalmente retrocede, dolido.

—Imbécil —sisea Nalani mientras va al lado de su padre y su hermano.

Su padre le besa la sien y la rodea con un brazo.

Su madre corre hacia ella y la abraza.

—Cariño, ¿estás bien?

—Bien, mamá —refunfuña ella.

—¿Por qué huías de mí?

—gruñe Duncan, mirándola a los ojos.

—No te quiero como mi pareja —dice Nalani sin inmutarse.

Su madre ahoga un grito y se tapa la boca, horrorizada.

—Nala, ¿el Alfa es tu pareja?

—Sí, es mi pareja, pero no voy a aceptar nuestro vínculo —dice ella, decidida y con los brazos cruzados.

—¿Por qué?

—pregunta Duncan, con la voz frágil.

—Tengo mis razones, pero no las compartiré contigo —espeta Nalani y se da la vuelta sobre sus talones, dirigiéndose a la casa de la manada.

Con la velocidad del rayo, Duncan pasa a nuestro lado y se planta ante su pareja.

—No me rechazarás.

—¿Vas a forzar un vínculo que no quiero, Alfa?

—pregunta ella, enfatizando la palabra «Alfa».

Duncan se queda desarmado por un momento y da un paso atrás.

—¿Por qué no me quieres?

—Porque no te conozco, ni quiero hacerlo —dice, abriéndose paso a su lado con un empujón, y oigo las palabras que nunca he escuchado de la boca de mi Alfa:
—Por favor, no hagas esto.

POV de Nalani
No lo quería.

No había pedido una pareja Alfa.

El Alfa Duncan.

Ni de puta coña.

Era un mujeriego y no me gustaba como persona.

Observó durante años cómo la gente maltrataba a su propia hermana.

Podría haberla salvado con una sola palabra y, sin embargo, no lo hizo.

Lo odiaba.

Mi loba se queja y llora para que lo acepte.

Ya está prendada de él.

El Alfa Duncan está increíblemente bueno; demasiado bueno para su propio bien, si soy sincera.

Es muy alto, de pelo oscuro, ojos plateados y brillantes, una mandíbula afilada y tiene la piel de color chocolate más hermosa.

¿He mencionado sus labios?

¡Oh, diosa, son rosados y tan besables!

Hace que todas las chicas sin pareja se derritan.

Se lanzan a sus pies, y él se las lleva.

El corazón me dio un vuelco cuando dijo: «Pareja», y mi loba lo reconoció como su alma gemela.

Ella quería correr hacia él, pero mis piernas me llevaron lejos.

Sin embargo, me alcanzó y me rodeó con sus brazos de forma posesiva contra su duro pecho.

Su olor me volvía loca.

Mi mamá está sorprendida, pero feliz de que su única hija haya encontrado una pareja (un Alfa), pero se llevó una sorpresa aún mayor cuando le dije que no lo quería.

—Creo que deberíamos entrar y hablar —dice Mamá, mirándome con unos ojos que decían: «Nalani, compórtate como es debido o te lanzaré un zapato a la cara».

Y lo haría.

Mis padres son pareja y siempre han querido que mi hermano y yo tuviéramos la experiencia de encontrar a la nuestra.

¡A menudo hablaban del día en que encontráramos a nuestras almas gemelas!

Resoplo y sigo caminando.

El Alfa camina a mi lado, observándome como un halcón, como si fuera a salir corriendo y él estuviera listo para abalanzarse.

Mis amigos me miran con preocupación cuando entro en la casa de la manada y en el despacho del Alfa.

Huele igual que él, es tan embriagador.

Hace ronronear a mi loba.

El Alfa Duncan se sienta en su caro sillón de cuero, y nosotros también.

Me cruzo de brazos, con la mirada fija en mi regazo.

Oigo a mi padre carraspear.

—Alfa, felicidades por encontrar a su pareja —empieza él, y mi mirada se clava en la suya.

¿¡Felicidades!?

¿No ha oído lo que he dicho?

—Papá…

—Calabacita —advierte él.

Cierro la boca, resoplando.

—Sin embargo, ella no quiere aceptar el vínculo, y no la forzaremos —dice Papá, y yo sonrío, asintiendo.

—Cariño, no puedes dejar que tu terca hija lo rechace.

¡Es su pareja!

—dice mi mamá, atónita.

—No puedes obligarme a aceptarlo, mamá —digo, molesta.

Me pellizca el brazo y ahogo un grito.

Duncan le gruñe a mi madre.

De todos modos, Mamá no parece ofendida.

Está complacida.

—¿Por qué no me quieres, Nalani?

—pregunta el Alfa con su voz profunda.

El corazón se me sale del pecho involuntariamente y mi estómago se revuelve con calidez.

Odio esto.

—Ya te he dicho que tengo mis razones para no aceptarte.

—Compártelas conmigo.

Creo que tengo derecho a saber por qué se me rechaza —dice entre dientes, con la mandíbula apretada.

—De acuerdo, si insistes.

Uno: no me gustas.

Dos: eres un mujeriego que ha estado con muchas chicas de la manada.

Tres: no puedo confiar en un hombre que dejó que otros maltrataran a su propia sangre cuando tenía el poder de acabar con su miseria.

Y cuatro: no quiero a un hombre que seguiría la corriente y odiaría a su hermana pequeña —mascullo las últimas frases.

Su rostro se desfigura por el dolor y siento una punzada de incomodidad en el pecho.

¿No debería haber dicho esa última parte?

Da igual, los actos tienen consecuencias.

Aunque no era amiga de Apphia, la defendí porque era lo correcto, a pesar de que su hermano no lo hizo.

El ambiente en la habitación ha cambiado y se produce un largo silencio.

El Alfa Duncan no para de abrir y cerrar la boca.

«¿Te ha comido la lengua el gato?».

Quiero regodearme, pero la mirada fulminante de mi madre me detiene.

—¿Se me permite retirarme ya?

Tengo cosas importantes que hacer —digo, y me pongo en pie con una sonrisa educada—.

Alfa, mamá, papá, beta y gamma.

—Inclino la cabeza según el protocolo y salgo de la habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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