Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 172
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- Capítulo 172 - 172 Los Muros y el Haz de Luz
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172: Los Muros y el Haz de Luz 172: Los Muros y el Haz de Luz Tras el nacimiento de la Invocación, Luke ya no pudo dormir en toda la noche.
El pequeño felino era muy enérgico y le encantaba jugar, y pronto Átomo se convirtió en víctima de sus trastadas.
Mientras la Invocación corría e intentaba agarrar los cascos del caballo, Átomo trataba de no pisarlo, a la vez que huía asustado.
Cuando Luke aprendió a retirar a la Invocación, el caballo por fin encontró la paz.
El proceso de invocar al leoncito y retirarlo era tan simple como el de invocar el Hacha de Behemot; en otras palabras, a Luke solo le bastaba con dar la orden con el pensamiento.
En cierto momento, mientras Luke observaba a la invocación jugar en el agua de un pequeño arroyo tras bajar la colina en la que estaban, un nombre le vino a la mente: Bastet.
Este era el nombre de un Dios Gato, que aparecía en una fábula que Matthew leía a menudo.
Como la Invocación aún no tenía nombre y a Luke le pareció que Bastet era un nombre muy bonito, sin más le puso así al leoncito y siguieron su camino.
Después de tanto tiempo de viaje, el Reino Cardinal por fin estaba cerca.
Átomo, Bastet y Luke subieron las pequeñas montañas y, antes del mediodía, ya podían ver el vasto reino en la distancia.
Tras un campo de un verde frondoso, se alzaba una gran ciudad que dejó a Luke impactado.
Si el medio lobo había considerado grandes las murallas de Oukiwa, las del Reino Cardinal eran, como poco, colosales.
«Esas cosas superan fácilmente los treinta metros de altura», calculó Luke mientras admiraba el paisaje y cocinaba un gorrioncillo en una hoguera improvisada.
Además de las murallas, había muchos edificios que, intencionadamente o no, formaban rombos horizontales, lo que daba la impresión de que la ciudad era un lugar totalmente diferente a los que Luke ya había tenido la oportunidad de visitar.
En el centro de esta gran ciudad estado se alzaba un enorme palacio de arquitectura similar al Palacio Central de Oukiwa.
También era imposible no percatarse del hecho de que, desde la torre más alta del Palacio del Reino Cardinal, salía un grueso haz de luz que se elevaba hasta donde la vista ya no podía alcanzar.
Montado en Átomo, Luke cruzó el campo verde que lo separaba de la ciudad en tan solo una hora.
Su caballo era tan rápido que Luke apenas pudo apreciar el paisaje, pero tampoco quiso frenar el brío de su compañero de viaje.
Una vez que el medio lobo se acercó a las afueras de la ciudad, tiró de las riendas de Átomo y empezó a adentrarse.
Mientras se dirigía a la puerta de la muralla más cercana para preguntar dónde podía comprar un mapa actualizado de la zona y usar su licencia de Habilidad Gen-S, Luke vio a varios medio bestias y casi ningún elfo, lo que le sorprendió gratamente.
Además, en el exterior de las colosales murallas, había muchas casas de aspecto principalmente campesino, que cultivaban en sus campos algunos tipos de alimentos, como zanahorias, patatas, trigo y otras clases de verduras.
Como Luke nunca había tenido la oportunidad de estudiar los diferentes tipos de Estados, no entendía lo que tenía ante sus ojos, pero el Reino Cardinal era un lugar único en el mundo.
Todos los reinos tienen reyes y reinas, y el Reino Cardinal no era una excepción, pero en el Reino Cardinal la sucesión al trono no se decidía por linaje, sino por rango religioso.
La persona que ascendía al puesto de Pontífice de la Iglesia Cardinal en el Imperio Broteforge obtenía el derecho a gobernar el Reino Cardinal, que era la representación física de la fe en la gran heroína de «La Calamidad», Hera.
Dicha heroína, una de las pocas personas que llegó a dominar los diversos estados de la naturaleza, poseía legendarias habilidades para controlar la tierra.
—¿Ah?
¿Dice que la propia heroína construyó estas murallas?
—preguntó Luke con sorpresa al hombre de atuendo clerical que lo había detenido cerca de la muralla y le había contado un poco sobre el Reino Cardinal.
—¡Sí, sí!
¿No le parece increíble?
—Eh…
parece increíble y todo eso…, pero creo que es imposible que una sola persona construyera todo eso por sí misma —dijo Luke con incredulidad; al fin y al cabo, las murallas no solo eran enormes.
También eran robustas y se extendían a lo largo de varios kilómetros—.
De todas formas, ¿puede decirme dónde puedo usar esto?
—Luke sacó la licencia de Habilidad Genética de su inventario y se la mostró al hombre.
El clérigo parpadeó dos veces al ver el papel que sobresalía del cuadrado amarillo y se quedó aún más asombrado cuando vio la licencia de Habilidad Gen Clase-S.
—Esto es…
Supongo que nunca he visto ese sello en persona.
Disculpe que le pregunte, pero ¿quién es usted, señor?
—Soy un Aventurero Clase-E…
A punto de medir a Luke de pies a cabeza con la mirada, el clérigo se reprendió a sí mismo.
Sabía que no era quién para juzgar si el medio lobo mentía o no.
—De acuerdo.
Le aconsejo que vaya al edificio de la Iglesia Cardinal y hable con algún sacerdote para que le ayude.
—¿Y dónde está eso?
—Siga la luz —dijo el clérigo, señalando el haz de luz que se elevaba hasta justo por encima de las nubes.
—De acuerdo, muchas gracias —agradeció Luke, montó a Átomo y se dirigió hacia la puerta.
Sin embargo, al acercarse, se dio cuenta de que la puerta de la muralla estaba cerrada.
Había varios carros detenidos, formando un atasco de unas decenas de metros.
Como Luke era el único que iba solo con un caballo, pudo acercarse sin problemas a los guardias que protegían la entrada e intentaban calmar a la estresada multitud.
—¡¿Por qué demonios está cerrada esa puerta enorme a mediodía?!
¡Tengo entregas que hacer!
—le preguntó un hombre calvo al jefe de la guardia, que vestía una armadura de acero reforzado.
—Hace demasiado calor aquí.
¡Mis hijos se están mareando dentro del carruaje!
—¡Los huevos que tengo que vender se van a echar a perder!
—¡Calma, calma!
La puerta se abrirá pronto, solo estamos esperando —respondió el jefe de la guardia, usando un embudo para amplificar su voz todo lo posible.
Luke se acercó un poco más y se bajó del caballo.
A su lado había un hombre apoyado en el primer carro del convoy y Luke, suponiendo que era el dueño, le preguntó:
—¿Sabe por qué han cerrado la puerta?
El hombre vestía ropas de campesino y tenía un semblante cansado.
—Ah, amigo…
¿acabas de llegar?
Bueno, es comprensible que no lo sepas.
Hay un animal merodeando la zona y nadie sabe si es un oso, un puma o algo peor, porque ya han muerto tres granjeros.
No digas que te lo he contado yo, pero dicen que podría ser «La Bestia»…
ya sabes, ¿no?
Uno de esos rumores que llegaron de Oukiwa…
Luke resopló estresado porque parecía que, a dondequiera que iba, ese molesto rumor lo perseguía.
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