Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 7
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7: Ojos de esmeralda 7: Ojos de esmeralda —Todos me sorprendieron gratamente.
Unos más, otros menos.
Sin embargo, tengan por seguro que los recomendaré cuando otras familias lo necesiten —dijo Oliver.
Nadie se lo agradeció y solo se oía el sonido del viento que entraba por las ventanas.
Todos querían saber cuáles eran los resultados para poder marcharse.
Las formalidades no importaban.
—Stella, estuviste magnífica.
Si continúas por este camino, algún día alcanzarás la Clase S.
Pero todavía te falta mucha experiencia.
Tuviste oportunidades de terminar la prueba y te quedaste jugando.
La mujer asintió a Oliver, sabiendo que el viejo guardia tenía razón.
Con eso, el resultado era obvio.
—Luke solo mostró una habilidad y apareció durante unos pocos segundos de la batalla, y aun así consiguió sorprenderme más que nadie.
—¡Hmpf!
—resopló Luke, aburrido.
Los otros cuatro competidores lo miraron conmocionados.
«¿Hmpf?».
Cuando se dio cuenta de la metedura de pata que había cometido, preguntó:
—¿Todo esto significa que he sido aprobado?
—¿Sí?
—respondió Oliver, también sorprendido por el comportamiento del medio bestia, porque hasta entonces había parecido muy tranquilo y sereno.
—Entonces, ¿conseguí el trabajo?
—Sí.
A Luke le alegraba que sus amigos estuvieran contentos, pero por dentro parecía decepcionado; al fin y al cabo, su verdadera identidad se veía comprometida por primera vez en toda su vida.
—Entonces, me voy.
El medio lobo demostró en ese momento que nunca había tenido una educación formal.
—¿Qué?
—exclamaron todos sorprendidos.
—Se van a quedar con esto, ¿verdad?
—preguntó Luke mientras extendía el orbe del Arma de Panspermia.
—S-sí.
—Oliver recogió el orbe, todavía un poco incrédulo.
—Si me necesitan, pueden encontrarme en el mismo bar donde el gordo hizo el anuncio, ¡un compañero mío trabaja allí!
¡Adiós!
Los cinco se quedaron completamente estupefactos ante aquella forma tan abrupta de comportarse del medio lobo.
—¡Eh, espera!
—gritó el viejo guardia antes de que Luke pudiera siquiera alcanzar uno de los pomos de la puerta—.
Estás bromeando, ¿verdad?
¿O debo suponer que nunca has trabajado con las grandes familias nobles?
—Nunca he trabajado.
¿Por qué?
¿Tengo que firmar un contrato?
—Francamente…, ¿este tipo?, ¿en serio?
—cuestionó Atilath la decisión de Oliver.
Poco después, el guardia apresuró a los demás a salir de la mansión.
Luke, que ya estaba mentalmente estresado, no sentía que su día pudiera empeorar.
Después de todo, la noche anterior había hablado más que en todo el mes y había intentado por todos los medios oponerse al plan de robar el vagón de genes, pero nadie le escuchó.
Incluso Meredith, que por lo general era la más racional del grupo, parecía cegada por la posibilidad de conseguir los millones que valdrían unas pocas docenas de genes.
Sin embargo, en este plan descabellado, no solo se estaban metiendo con la familia más rica de Oukiwa, sino que también se meterían con los aventureros de alto rango que esperaban ansiosamente la mercancía.
—Sígame, por favor —dijo Oliver, después de cerrar la puerta principal de la mansión.
Luke se limitó a asentir y empezó a seguir al guardia.
El camino que tomaron era extraño, ya que tuvieron que atravesar tres salones más pequeños hasta llegar a otra sala más grande.
Al fondo de esa sala, una persona estaba sentada en una silla.
Ayumi Yamazaki se sorprendió de a quién traía Oliver.
Sus ojos literalmente brillaron cuando vio al medio lobo entrar en la sala.
Su mirada se encontró con la del medio bestia y su cuerpo se calentó.
La mujer rubia de la silla tenía unos ojos hermosos y seductores.
Ambos brillaban como esmeraldas, y ese verde intenso destacaba aún más en aquel ambiente gris.
—Vaya, vaya…
Oliver, déjanos solos —dijo la Matriarca de la familia Strogueher, colocando la mano derecha en su barbilla.
Luke se sintió intimidado en el momento en que ella le hizo la petición al guardia.
Si no se hubiera tratado de la mismísima y famosa Ayumi Yamazaki, no habría dudado en pedirle a Oliver que se quedara en el salón.
La puerta de dos hojas hizo un ruido sordo al cerrarse.
¡Tum!
El sonido retumbó por toda la sala.
—¿Cuál es tu nombre?
—preguntó Ayumi.
—Luke Lange —respondió el medio bestia mientras fingía desinterés y miraba el techo pintado del salón.
No le importaba si sabían su verdadero nombre o no; después de todo, no tenía ningún documento de identidad ni una residencia a su nombre.
—¿Sabes por qué estamos buscando otro empleado, querido?
—inquirió ella mientras se acariciaba la pierna derecha.
El medio lobo la miró y vio que la mujer estaba sentada con las piernas cruzadas y llevaba un vestido de seda blanco.
Al principio, le pareció demasiado extraño, pues hasta él tenía un poco de frío.
—Emmm…
no me importa cuál sea el trabajo; lo haré.
Luke optó por mentir.
Por suerte, sus mentiras casi siempre funcionaban con la gente con la que nunca había hablado.
—Me gusta eso —dijo Ayumi y se llevó a los labios la misma mano con la que se acariciaba la pierna, lo que sobresaltó un poco a Luke, quien apartó la mirada—.
¿Qué edad tienes?
—En unos pocos ciclos, cumpliré los veinte.
—Eso es genial.
No haré más preguntas, después de todo…
para este trabajo, no me importa tu pasado, solo necesitaba a alguien que cumpliera todos mis requisitos, y me parece que Oliver acertó esta vez.
—¿Qué significa eso?
—Significa que no trabajarás como un miembro honorario de la familia.
Pero sí, ganarás tanto como cualquiera de nuestros mejores guardias.
A Luke no le importaba cuál sería el trabajo, porque creía que podía cumplirlo, así que, y como ahora estaban hablando de negocios, Luke dejó a un lado su timidez con las mujeres y preguntó:
—Hablemos de mi paga.
¿Cuántas monedas de plata ganaré al mes?
Ayumi sonrió cuando los intensos ojos amarillos del medio lobo se encontraron de nuevo con los suyos.
Luke estaba considerando negociar por algo cercano a doscientas monedas de plata para poder al menos cubrir el gasto del alquiler del cobertizo.
—Podemos pagar quinientas monedas de plata.
¿Qué te parece?
—A ella le gustó la audacia del chico.
«Seguro que es codicioso.
Ha negociado el salario antes de saber en qué consiste el servicio.
Estos jóvenes de hoy en día son bastante enérgicos».
Luke no se inmutó al recibir una oferta de casi el triple de lo que tenía en mente.
—Muy bajo…
Si trabajara cargando sacos de pescado en el puerto, ganaría esa misma cantidad en dos semanas y además recibiría una bonificación como empleado del mes.
—Muy bien, muy bien.
Admiro que sepas tanto de salarios a tu edad.
¿Serán suficientes diez monedas de oro?
Es casi la mitad de lo que gana Oliver.
—No lo creo.
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