Mi padrastro, mi deseo - Capítulo 72
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72: CAPÍTULO 72: No toques lo mío.
72: CAPÍTULO 72: No toques lo mío.
Knox
Mis ojos recorren el salón en busca de Emma.
La ira me sube por el pecho, aprieto la mandíbula con fuerza.
—¿Dónde demonios estás, Emma?
—mascullo entre dientes.
Las risas y la música lenta que flotan en el aire aumentan mi ira.
Los camareros se mueven por el salón con bandejas en las manos, sirviendo bebidas.
Un camarero se me acerca, pero lo rechazo con un gesto.
La música cambia a un ritmo agradable y las parejas abarrotan la pista de baile, lo que dificulta distinguir las caras.
Me giro en la otra dirección para ir en busca de Emma cuando una voz me detiene.
—Señor Williams, qué agradable que honre esta ocasión con su presencia.
—Una joven se me acerca.
Formaba parte del equipo que vino con nuestros socios.
Le dedico una sonrisa forzada.
—Señorita Emily.
Me alegro de verla.
—Igualmente —dice mientras sus dedos rozan mi brazo, sonriéndome.
Luego su rostro se pone serio—.
¿No está bebiendo nada?
Puedo traerle algo.
—Gracias, pero no hace falta —protesto.
Mi última experiencia con Emma me dificulta aceptar una bebida de una mujer.
¿Quién sabe qué pasará después?
Quizá esta vez despierte desnudo en la pista de baile.
Su rostro se descompone por la decepción.
—Como usted diga.
¿Le gustaría otra cosa?
Mi paciencia se agota por segundos.
—¿Recuerda a Emma, verdad?
—pregunto, cada vez más impaciente.
Entrecierra los ojos mientras intenta recordar.
—Lo siento, ese nombre no me suena.
Exhalo profundamente.
—Ella hizo la presentación.
—Ah —sus ojos se iluminan—.
Ya la recuerdo.
Su asistente.
Le dedico una sonrisa, asintiendo.
—Sí, es ella.
—Debería buscar en el salón privado.
La vi dirigiéndose hacia allí con Rick.
La bilis me sube por la garganta mientras las venas de mi cuello laten con fuerza.
—¿Rick?
—pregunto.
Necesito estar seguro de que he oído bien el nombre.
—Sí.
Es parte del equipo.
Y e…
No la dejo terminar la frase y me dirijo furioso hacia el salón privado.
Cuando llego a la entrada, uno de los guardias de seguridad intenta detenerme, pero una fría y dura mirada mía lo detiene.
Se hace a un lado y yo entro con paso decidido.
Mis ojos recorren rápidamente el salón; la luz de neón resalta el brillo del pelo rubio de Emma.
No es difícil de localizar porque el salón está casi vacío.
Cuando intento dar un paso, me quedo helado.
No solo tiene Rick sus sucias manos alrededor de la cintura de ella, sonriendo como un maldito idiota, sino que empieza a besarla.
Entrecierro los ojos hasta convertirlos en rendijas afiladas como cuchillas; la sangre ruge en mis oídos.
Emma está sentada en sus muslos, acunándole la cara entre las manos mientras lo besa.
Rick desliza la mano por debajo de su vestido, acariciándole la piel.
Una punzada de celos me atraviesa.
Me acerco a ellos a grandes zancadas.
—¡Quita tus sucias manos de mi hija!
Inmediatamente, se separan.
Los ojos de Rick se abren como platos por la sorpresa y Emma me lanza una mirada fulminante.
—Lo… lo siento mucho —tartamudea Rick, incapaz de sostenerme la mirada.
—Lo sentirás aún más si vuelves a ponerle los ojos encima —lo amenazo—.
¡Emma, levántate!
Lentamente y todavía echando humo, Emma se pone en pie.
—Papá, no soy una niña.
Inmediatamente, Rick se pone en pie y se escabulle como un ratón asustado.
Emma patalea con rabia.
—Eres una desvergonzada.
¿Cómo puedes lanzarte así a los brazos de un hombre?
—gruño.
Ella resopla.
—¡No es asunto tuyo!
—Sí que lo es —disparo—.
¡Tú eres mi maldito asunto!
—¿Por qué estás empeñado en frustrarme?
—su voz tiembla de ira—.
No me quieres, pero te pones celoso cuando estoy con otro hombre.
Hago una mueca de rabia; sus palabras me golpean con fuerza.
—No estoy celoso.
—Entonces deja de meterte en mis asuntos.
¡Déjame en paz!
Escaneo el salón.
Por suerte, estamos solos.
Me acerco más a ella y le digo en un susurro: —Te mereces algo mejor.
Levanta las manos con frustración.
—¿Y crees que Rick no es lo suficientemente bueno?
—Sigues tomando la decisión equivocada.
Zack, Luke y ahora Rick —declaro con tono firme.
—Pero te elegí a ti, ¿acaso tú eres un error para mí?
Dios.
La forma en que sus labios carnosos se entreabren cuando habla me vuelve loco.
Puedo imaginar su boca envolviendo perfectamente mi polla.
No sé cómo ocurrió.
Probablemente no estoy pensando con claridad.
Le agarro el pelo con el puño y la atraigo hacia mí en un beso feroz y posesivo.
Sé que no debería hacer esto.
Mierda.
Esto es una fiesta.
¿Y si alguien nos pilla?
Me aparto de inmediato; ella está sin aliento, boqueando en busca de aire.
Tiene la cara sonrojada y los ojos brillantes.
Intenta besarme, pero la detengo.
—No podemos hacer esto, Emma.
Sus ojos brillan con decepción.
—¿Ves a lo que me refiero?
Si no me quieres, entonces deja de interponerte en mi camino.
Las lágrimas se escapan de sus ojos, sus labios tiemblan.
Mi corazón se hunde, se rompe, al verla tan triste y saber que yo soy la razón de esas lágrimas lo empeora todo.
—Chis —le digo en voz baja, atrayéndola a mis brazos.
Sus lágrimas manchan mi chaqueta, pero no me importa.
—Te deseo, pero no dejas de rechazarme —solloza.
Le acaricio el pelo, sintiendo la textura sedosa bajo mis dedos.
Le sujeto la barbilla, inclinándola hacia arriba.
Mi pulgar recorre su mandíbula, y luego sus labios.
—Soy un completo error para ti, Emma.
Piensa en lo que pasará si esto se sabe.
El mundo estará en nuestra contra —susurro.
Se estremece mientras le beso los labios suavemente.
—¿Todavía me deseas?
—pregunto.
Por un momento, permanece en silencio.
Mi pregunta queda suspendida en el aire, esperando su respuesta.
Duda un instante y mi corazón empieza a doler.
Ya está.
Está sopesando las consecuencias.
Se va a echar atrás.
—Te deseo.
Esas palabras incendian mis venas, quemando toda la contención que me frena.
Reclamo sus labios, besándola como si estuviera hambriento.
Cuando finalmente me aparto, gruño: —Entonces, prepárate, porque voy a arruinarte de todas las formas posibles.
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