Mi padrastro, mi deseo - Capítulo 73
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73: CAPÍTULO 73 Emma, necesito joderte.
73: CAPÍTULO 73 Emma, necesito joderte.
Knox
Le rodeo la muñeca con la mano para salir del salón.
La guío, tirando suavemente de su brazo mientras nos abrimos paso entre la multitud que baila y vitorea al ritmo de la música atronadora.
Mientras nos dirigimos a la salida, la señorita Emily se acerca a nosotros con andares elegantes y una sonrisa perfecta en el rostro.
—Veo que la has encontrado.
¿Ya os vais?
—pregunta—.
La fiesta no ha hecho más que empezar.
Mantengo una sonrisa gélida en el rostro y, mirando de reojo a Emma, musito: —Tiene frío.
Necesito mantenerla caliente.
El rostro de Emma se sonroja aún más mientras aparta la mirada.
La mirada de la señorita Emily se desvía hacia Emma, y se lleva las manos al pecho.
—Oh.
Qué lástima —dice en tono compasivo—.
Supongo que os veré en otra ocasión.
—Sí —responde Emma, rodeándose el cuerpo con los brazos como si tuviera frío.
Tras despedirnos, salimos del salón y la música se convierte en un sonido lejano que se va desvaneciendo.
En silencio, caminamos hasta el aparcamiento desierto.
Llego a mi coche y le abro la puerta.
Cuando se dispone a entrar, de espaldas a mí, le doy una nalgada en el culo.
—¡Ay!
—exclama y entra rápidamente.
Cierro la puerta de un portazo y me dirijo al lado del conductor.
Dentro del coche, mi mirada se detiene en su rostro.
Está muy callada, mordiéndose el labio inferior.
Me inclino hacia delante y le paso un brazo por el hombro.
—De repente te has quedado callada.
¿Hay algún problema?
—No.
Solo conduce.
Le quito el brazo del hombro.
Dispuesto a hacer lo que me pida.
—De acuerdo, bebé.
Parpadea rápidamente, intentando ocultar la sorpresa que brilla en sus ojos.
Suelto una risita y arranco el coche.
El neumático chirría cuando me marcho.
Siento la sangre caliente, pero mi polla se abulta contra la cremallera de mis pantalones.
Pronto llegamos a la mansión, entro y aparco el coche.
Salgo rápidamente y le abro la puerta.
Antes de que pueda salir, la saco a la fuerza y estampo mis labios contra los suyos.
La suave turgencia de sus pechos se aprieta con fuerza contra mi pecho.
Una chispa electrizante me recorre.
Sus labios son suaves mientras la devoro, con mis manos apretando su culo redondo.
Ya no me importa que el personal del ático me vea.
Puedo darles un espectáculo si quieren.
Nuestros labios danzan en un beso salvaje, y sus manos se deslizan hacia abajo para acariciar el bulto de mis pantalones.
Es entonces cuando me aparto.
Ella boquea en busca de aire mientras se agarra a mis brazos para sostenerse.
Mis labios se posan sobre su oreja.
—Entremos.
Tu coño se merece una buena follada.
Quiero que todo el mundo te oiga gritar mi nombre mientras te embisto con mi polla.
Se estremece, con los ojos anegados de deseo.
La tomo en brazos, como a una novia.
Abro la puerta de un empujón y entro.
El chef ya está poniendo la mesa para dos, pero cuando nos ve, abre los ojos como platos, asombrado.
Se queda boquiabierto y su mano golpea una cuchara, que cae ruidosamente al suelo.
—¡Despeja la puta mesa!
—rujo.
Mientras me dirijo a grandes zancadas a la habitación de Emma, la miro en mis brazos.
—La única cena que vas a tener es mi polla en tu boca.
Ella inclina mi cabeza y nos besamos apasionadamente, consumiéndonos el uno al otro.
Finalmente, en su habitación, la dejo caer sobre la cama y empiezo a desvestirme.
Sus manos temblorosas desabrochan mi pantalón y tiran de él hacia abajo.
Mi polla sale disparada, dura y apuntando hacia ella, goteando líquido preseminal.
Mientras intenta bajar la cremallera de su vestido, se lo arranco del cuerpo y lanzo los jirones por encima del hombro.
Mi mirada se oscurece con un hambre pecaminosa.
No lleva nada puesto, ni siquiera bragas.
¿Así que ha estado desnuda debajo de ese vestido todo el tiempo?
Gimo mientras mi mirada se desliza hacia su coño afeitado, reluciente de sus jugos mientras lo abre.
Como un gatito ante un cuenco de leche, me arrodillo entre sus muslos y empiezo a lamer sus jugos con avidez.
Sus dedos se hunden en mi pelo mientras gime profundamente.
—K…
Knox.
Se retuerce mientras paso la lengua por los resbaladizos labios de su coño, para luego enrollarla lentamente alrededor de su hinchado clítoris.
Echa la cabeza hacia atrás e intenta juntar los muslos, pero yo le sujeto las piernas firmemente para mantenerlas separadas mientras me bebo sus jugos.
Levanto la cabeza bruscamente y la miro a sus brillantes ojos color miel.
—Tócate —gruño.
Sin dudarlo, hunde su esbelto dedo en su coño, gimiendo con fuerza.
Yo gruño al ver cómo rodea su clítoris.
Sus jugos cremosos cubren su dedo mientras embiste a un ritmo rápido.
Saca sus dedos relucientes del coño.
Se arrodilla en la cama y se mete tres dedos en su coño empapado.
La imagen me deja sin aliento.
Saca los dedos, de los que gotean sus jugos.
Con los dedos húmedos, los frota contra mi dura polla, usando sus jugos como lubricante.
Mi polla veteada de azul reluce con sus jugos.
Rodea mi polla con los dedos y empieza a menearla.
Gimo mientras ella se encarga de mi polla.
Acerca su lengua a mi polla, lamiendo mi líquido preseminal.
Una oscura sensación me invade, haciéndome gruñir de placer.
No quiero que pare, así que la tumbo de espaldas, con la cabeza apoyada en la almohada.
Abre la boca de par en par y recibe mi polla como la putita que es.
—Buena chica, trágatela toda.
Se traga mi larga y gruesa polla.
Tumbado sobre ella, le inmovilizo las manos por encima de la cabeza y empiezo a embestir más rápido y más fuerte dentro de su boca.
Casi le dan arcadas con mi polla; mis caderas se mecen hacia delante mientras le follo la boca.
—Sé que quieres mi polla, ¡eres la putita traga-leche de papá!
Pone los ojos en blanco mientras mi polla se hunde en su garganta.
Me saltan chispas ante los ojos.
Enloquezco de placer a medida que mis embestidas se intensifican.
Mi cuerpo se estremece al acercarme al orgasmo, y entonces mi polla se contrae mientras me corro en su boca.
—¡Bébetelo todo, putita!
Mi semen se derrama por las comisuras de sus labios cuando me retiro.
Ella está jadeando, sudorosa y sin aliento.
Luego se limpia el semen que le gotea de la boca, lamiéndolo.
La miro desde arriba con una sonrisa de suficiencia.
—Papá aún no ha terminado.
Has tentado a la bestia.
¡Te follaré hasta que te desmayes!
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