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Mi segundo matrimonio con el capo de la mafia - Capítulo 41

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  3. Capítulo 41 - Capítulo 41: El primero en este imperio en formación.
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Capítulo 41: El primero en este imperio en formación.

Betty caminaba de un lado a otro por el pasillo, angustiada, y todo su cuerpo temblaba. Por lo que sabía, estaba a punto de rechazar la absurda oferta de Ashley de la forma más educada posible. Pero antes de que pudiera hacerlo, Ashley ya se había ido de la lengua con añadidos disparatados que a Betty ni se le habría ocurrido hacer… ¡o pensar!

—Estoy muerta, ¿a que sí? Estoy muerta… —su murmullo, presa del pánico, se detuvo al divisar una figura que aparecía al final del pasillo.

¡Ashley!

Betty se animó y corrió hacia ella.

—¡Señora! —entonó, jugueteando con los dedos mientras caminaba junto a Ashley—. Señora, creo que anoche provoqué un malentendido. Sobre su oferta…

Se detuvo cuando Ashley se paró en seco. Betty se aclaró la garganta mientras la señora se giraba hacia ella.

—¿Qué pasa con mi oferta? —preguntó Ashley, ladeando la cabeza—. Cierto… No he hablado de algunas otras cosas. Ven conmigo. Te mostraré lo que tendrás que hacer. Y ya que estamos, discutiremos los términos.

Betty abrió y cerró la boca, quedándose sin palabras mientras Ashley reanudaba la marcha.

—Eso no… Yo no… Señora…

—¿Mmm? —Ashley la miró por encima del hombro—. ¿Algo más?

—…

—Si no hay nada más, vámonos, Bet. Hoy es un día largo…, ¡vamos!

Dicho esto, Ashley siguió caminando, dejando a Betty a punto de hiperventilar. En ese momento, Betty sintió que el poco control que tenía sobre su vida se le escapaba lentamente de entre los dedos.

Lo único que pudo hacer fue mirar la espalda de Ashley, estupefacta.

Pero al final, no pudo hacer otra cosa que seguir a Ashley hasta el jardín.

Cuando llegaron al jardín, los trabajadores ya estaban empezando. Betty no había estado allí el día anterior para saber qué estaban haciendo, pero ahora que estaba presente, podía ver el duro trabajo que todos estaban realizando… con el corazón apesadumbrado.

«Parecen todos tan reacios», pensó.

—Están cambiando la tierra para que los árboles puedan crecer rápido y sanos —explicó Ashley mientras se detenía a un lado, observando a todos con atención para asegurarse de que no cometían errores.

Gracias a los jardineros profesionales, seguir el plan de Liza para el jardín de Ashley fue fácil. Lo único que tenían que hacer era enseñar y guiar a aquellos miembros de Dominion, quienes, por desgracia, tenían que cavar la tierra para plantar árboles, no para enterrar cuerpos.

—Estos árboles son muy valiosos —continuó, sin preocuparse realmente de si Betty estaba escuchando—. Además, ven conmigo… ¡Oye!

Betty se estremeció ante el grito de Ashley, solo para ver a la señora alejarse y llamar la atención de uno de los jardineros.

—¡Eh, jefe! —saludó Ashley, levantando una mano.

El jardinero le dedicó una sonrisa, aunque su mirada no tardó en posarse en Betty.

—Ah, sí. Esta es Betty, mi primerísima secretaria —presentó Ashley, haciendo que tanto Betty como el jardinero enarcaran las cejas.

¿Primerísima secretaria? ¿Por qué lo hacía sonar como si planeara contratar a más?

—Ella va a supervisarlo todo a partir de ahora. Por supuesto, yo seguiré al tanto del jardín y de todo, pero no puedo con todo. Si hay algún problema y yo no estoy disponible, siempre pueden hablar con Betty.

—Ya veo —el jardinero asintió, dedicándole a Betty una breve sonrisa de saludo—. Soy Castor, el contratista jefe de esta obra. También nos encargamos del paisajismo de la mansión y de varias propiedades de Dominion.

Betty abrió y cerró la boca, pero no le salió ninguna palabra. Solo pudo asentir y después mirar la mano que Castor le tendía.

—Ah… —extendió ambas manos y estrechó la de él con una sonrisa tímida.

—Bueno, Castor, ¿puedes poner a Betty al día de los progresos que hemos hecho y de nuestro plan? —intervino Ashley en cuanto separaron las manos, y el hombre asintió.

Acto seguido, Castor sacó el plano que le había entregado Liza, junto con otro que su equipo había preparado basándose en ese. Le explicó la situación a Betty con los términos más sencillos posibles para no confundir a la secretaria de Ashley.

Mientras tanto, aunque Betty estaba escuchando, no estaba segura de si entendía algo o si solo estaba más confundida. Aun así, sintió que empezaba a hacerse una idea del plan.

—Pero… ¿por qué tenemos que cambiar la tierra? —espetó, viendo a Ashley y Castor intercambiar una mirada antes de volverse hacia ella.

Castor sonrió. —Porque la tierra del jardín no es compatible con los árboles que estamos plantando.

—Ah…

—La verdad es que me sorprende que la señora haya conseguido estos ejemplares nuevos en tan poco tiempo —añadió Castor con una risita, volviéndose hacia Ashley—. Señora, por cierto, tengo algunos asuntos que discutir con usted.

Ashley estudió su rostro antes de volverse hacia Betty. —Hablaré con él primero.

Dicho esto, Ashley se alejó con Castor a una corta distancia para discutir lo que parecía ser un asunto importante. En cuanto a Betty, solo pudo observarlos antes de volver a dirigir su atención a los trabajadores.

«¿Qué diablos me está pasando?», se preguntó, quedándose paralizada como si un foco la estuviera apuntando directamente. «Pero… ¿por qué está pasando esto?».

Ayer, había soltado lo que pensaba y acabó siendo acosada por las otras doncellas. Por no mencionar que la castigaron por holgazanear cuando, en realidad, la jefa de doncellas apenas la veía porque había estado cubriendo las tareas de las demás.

Y mientras ella estaba atrapada lavando una montaña de platos, Ashley se había escabullido para comer unos bocadillos.

Y ahora, aquí estaba, en el jardín, ¿como la secretaria de Ashley…?

—¿Se… secretaria? —susurró Betty con incredulidad, bajando la mirada hacia su uniforme de doncella.

Su rostro se descompuso ligeramente al ver su propio aspecto. Pero por instinto, se giró hacia donde estaba Ashley y, de alguna manera, los pensamientos confusos que se arremolinaban en su mente se desvanecieron lentamente.

Poco después, Ashley regresó y le mostró los alrededores.

El jardín no era lo único en lo que estaba trabajando. Otros jardineros del mismo equipo estaban pesando y analizando la tierra que habían retirado para enviarla a algún lugar. Y mientras le enseñaba los alrededores, Ashley empezó a discutir las condiciones de trabajo con Betty.

Pero nada de eso importó en el momento en que mencionó cuánto le iban a pagar a Betty.

—¿Eh? —Betty la miró totalmente conmocionada—. Señora, ¿ha dicho…, se ha equivocado…? ¿Va a pagarme…?

—Oh, no, no lo he hecho. Como mi secretaria, yo… —Ashley se sobresaltó cuando Betty de repente le agarró las manos.

Después de un día entero a la deriva, Betty por fin sonrió, aunque era una sonrisa espeluznante. Sus gafas rotas, sujetas con cinta adhesiva, se le resbalaron por la nariz mientras su expresión cambiaba.

—¡Daré lo mejor de mí, señora! —declaró Betty, encontrando por fin la claridad—. Trabajaré para usted… no, no, ¡la serviré hasta el fin de los tiempos con todo mi corazón, alma y cuerpo!

Ashley se echó un poco hacia atrás, observando la inquietante sonrisa en el rostro de Betty. Por primera vez, se quedó sin palabras.

—Ah… —asintió con torpeza, intentando liberar su mano, pero fue en vano. Betty se aferraba a ella como si le fuera la vida en ello—. Con tu corazón, claro, pero el cuerpo… —murmuró. No creía que eso fuera necesario.

Ashley se pasó la lengua por el interior de la mejilla antes de forzar una sonrisa. —¿Entonces…? ¿Tenemos un trato?

—¡Sí, señora! —declaró Betty con renovada motivación—. ¡Absolutamente!

Ashley estudió a la excesivamente entusiasta Betty, pensando que debería haberle mencionado el salario de inmediato. Ahora no podía evitar preguntarse cuánto le había pagado Lucian a esta mujer en el pasado para que fuera tan leal.

Si Ashley supiera que era diez veces más que su oferta actual.

Pero ese día marcó el comienzo de la primera persona a la que Ashley podía llamar de verdad su propia aliada.

La primera en este imperio en ciernes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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