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Mi segundo matrimonio con el capo de la mafia - Capítulo 42

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Capítulo 42: También en las mujeres

Días después, Betty se fue adaptando lentamente a su nuevo rol.

Desde que «dimitió» como sirvienta y fue contratada como secretaria de Ashley, se mudó de los aposentos de las sirvientas a su propia habitación dentro del territorio. Con más espacio para ella, a Betty le resultó más fácil concentrarse en las tareas que tenía entre manos.

Ashley necesitaba enviar un poco de tierra como «muestras» para sus socios —aquellos que habían invertido en su empresa para darle un empujón inicial—. Betty se enteró de eso apenas en su segundo día, pues al principio supuso que el dinero que Ashley estaba usando salía de los bolsillos de Lucian.

Aquello fue una conmoción, por supuesto.

Betty esbozó una leve sonrisa mientras sostenía una pila de hojas de inventario, cuando unos susurros que venían del pasillo llegaron a sus oídos.

—¡Esa zorra inútil! ¡Lo sabía! ¡Por eso la ha estado defendiendo!

—¿Acaso se cree mejor que nosotras solo porque ya no lleva el mismo uniforme? —bufó otra—. Pero bien por ella. En cuanto esa mujer pierda el favor del Maestro, las echarán a patadas a las dos.

—¡Vaya! Y yo que todo este tiempo pensé que Betty no era tan estúpida. Resulta que es peor todavía.

—¿Estúpida? Bueno, la mujer a la que le está lamiendo el culo también es una idiota.

—¿No lo has oído? Los chicos dijeron que todo esto es solo un derroche de dinero. Esta renovación está desangrando a Dominion.

Betty se mordió el labio mientras miraba por el pasillo y divisó a las mismas sirvientas que solían acosarla para que hiciera sus tareas. Su mano se cerró lentamente en un puño mientras soltaba un bufido silencioso.

Tras pasar varios días al lado de Ashley, la percepción que Betty tenía de la señora había cambiado drásticamente.

«Debería decir algo… Están todas muy equivocadas. La señora no está malgastando ni un céntimo de Dominion. Incluso la tierra… la está pagando ella».

Pero antes de que pudiera seguir pensando, sus pies se movieron por sí solos.

—Dios los cría y ellos se… —se interrumpió una de las sirvientas, al vislumbrar una figura por el rabillo del ojo.

En lugar de sorpresa, sus expresiones se tornaron en una mueca de burla.

—Vaya. Eres tú… Señora Secretaria.

A Betty se le cortó la respiración ante el tono burlón. Sin embargo, respiró hondo y se recompuso.

—Para vuestra información, la señora no está usando los fondos de Dominion para este proyecto —dijo Betty, obligándose a mantener la voz firme—. Haré como que no lo he oído, pero os sugiero que dejéis de hablar mal de la señora.

Las sirvientas intercambiaron miradas… y luego se echaron a reír.

—Claro, claro, Señora Secretaria —se burló una de ellas con asentimientos exagerados—. Tu señora se hizo rica de la noche a la mañana y puede financiar todo esto ella sola.

—¡Ja, ja, ja!

—Ay, Betty —dijo otra con desdén, mirándola de arriba abajo—, ¿no me digas que de verdad te crees esa sarta de tonterías?

Se acercaron más mientras las sonrisas en sus rostros se desvanecían lentamente hasta convertirse en algo más gélido.

—Solo porque ya no vistas el mismo uniforme no significa que seas mejor —siseó una, clavándole un dedo en el hombro a Betty.

—¿Qué? ¿Crees que ser «secretaria» te da derecho a enfrentarte a nosotras? ¿Que querías fingir que no nos oías? ¡Ja!

Otra la empujó en el hombro con más brusquedad. —¿De verdad creías que nos importaría si nos oías?

—¿Secretaria? ¡Ja! —se burló la primera—. Betty, aunque tu título fuera el de presidenta, no cambiaría quién eres.

Su voz se fue afilando con cada palabra.

—Sigues siendo una fracasada. Una simple sirvienta que tuvo la suerte de quedarse en Dominion, y eso es todo lo que serás jamás.

A Betty le temblaron los labios mientras su mirada saltaba de una a otra. Por un momento… parecieron más grandes de lo que eran en realidad.

O quizá, era ella quien se encogía bajo el peso de sus palabras.

—Eso no… no es…

—Vaya, de verdad que no lo entiendes, ¿a que no? —rio una de ellas mientras retrocedía—. Deja que te lo explique punto por punto.

—Crees que por cambiarte de ropa y tener un título nuevo ya has ascendido socialmente.

—Pero en realidad nadie lo ve de esa forma.

Otra soltó una carcajada. —Es como tu señora, todo fachada. Aunque te aferres a ello con tu patética vida, no es más que humo.

Dicho esto, se dieron la vuelta y se alejaron, y sus risas resonaron por el pasillo. Estaba claro que poner a Betty en su sitio les había mejorado el humor.

Mientras tanto, Betty permaneció allí, en silencio.

Apretó con más fuerza las hojas de inventario mientras su respiración se volvía irregular. Le ardían las comisuras de los ojos.

—Esto es… tan frustrante —susurró—. ¿Cómo pude pensar que podría defender a la señora si ni siquiera puedo defenderme a mí misma?

*****

—Primo, no es así.

Ashley se agachó junto a Primo, que plantaba semillas con cuidado en una maceta. Como la mayor parte del trabajo del jardín requería maquinaria pesada y mano de obra, a ella y a algunos otros les habían asignado tareas más ligeras, como plantar en macetas.

Por supuesto, también habían arrastrado a Primo a hacerlo.

Primo frunció los labios y la miró, dejando que ella le guiara las manos.

No muy lejos, Betty aminoró el paso tras terminar sus rondas. Su mirada se posó en Ashley y Primo, y dejó escapar un suspiro silencioso.

—¡Oh, Bet!

Betty parpadeó cuando Ashley la saludó con entusiasmo y le hizo un gesto para que se acercara.

Apretó los labios, tragándose el nudo que tenía en la garganta antes de forzar una sonrisa.

«No pasa nada», se dijo a sí misma, exhalando lentamente. No había por qué decírselo. De todas formas, no era como si fueran a decirle esas cosas a la cara.

En el fondo, no tenía sentido agobiar a Ashley con lo que los demás decían a sus espaldas. Ashley parecía feliz y Betty no quería arruinarlo.

Con ese pensamiento, se acercó. Pero en el instante en que se detuvo, sus hombros se pusieron rígidos.

—¿Has llorado? —preguntó Ashley sin rodeos.

—¿Eh?

Ashley parpadeó y luego miró a Primo. —¿Primo, a ti te parece que ha llorado?

Primo estudió a Betty por un momento… y luego se encogió de hombros.

¿Cómo se suponía que él iba a saberlo?

—Señora, no he llorado —dijo Betty con una risa nerviosa—. Se me metió algo de tierra en los ojos mientras revisaba los envíos. Seguramente me los froté con demasiada fuerza.

Se agachó rápidamente junto a Primo. —Joven Maestro, ¿qué estás plantando? ¿Es una flor?

Primo asintió.

—¡Oh! Estoy segura de que se convertirá en algo precioso —dijo Betty con ligereza—. ¡Es muy emocionante!, ¿verdad?

Mientras ella intentaba ocultarlo todo con un tono amable, Ashley entrecerró los ojos.

«Mi instinto me dice que algo va mal», pensó. «Necesito que Betty esté concentrada… al menos hasta que ocurra ese incidente».

Y así, sin más, los engranajes de la mente de Ashley empezaron a girar.

*******

Esa noche, Lucian estaba en su estudio revisando unos documentos cuando entró Nolan.

—Maestro, esto ha llegado hoy —dijo Nolan, dejando un sobre grueso sobre el escritorio—. Es de la Señora Liza, y va dirigido a la Señora. He pensado que lo mejor sería traérselo a usted primero.

Lucian miró a Nolan y después al sobre.

¿Habría hecho Nolan esto a propósito…?

Desde que empezó el proyecto del jardín, Lucian apenas veía a Ashley, salvo en las comidas. Los negocios lo mantenían alejado la mayor parte del tiempo.

¿Era aquello… una excusa para ir a verla a esas horas?

—Se lo entregaré yo mismo —dijo con calma.

—Sí, Maestro. Le informaré en cuanto la Señora regrese a su habitación.

Lucian frunció ligeramente el ceño. —¿Aún no está en su habitación?

—No, Maestro.

—¿Dónde está? —Su voz bajó un poco de tono.

Nolan hizo una pausa, pensativo. —Creo que fue a ver a la Señorita Betty.

—¿A estas horas? —El tono de Lucian se volvió más grave.

—Maestro, no creo que la Señora intente escapar… —Nolan se interrumpió a media frase al ver la oscura expresión del rostro de Lucian.

Su expresión cambió. —… Iré a buscarla.

Mientras Nolan se daba la vuelta, su rostro se crispó ligeramente.

«No es eso… ¿o sí? La Señora… no está realmente interesada en la Señorita Betty… ¿verdad?»

Después de todo, hacía un tiempo, Ashley había declarado abiertamente que también le interesaban las mujeres.

Esa era precisamente la razón por la que a las sirvientas solo se les permitía limpiar su habitación cuando ella no estaba cerca. Y por la que a menudo se le asignaba al propio Nolan la tarea de atenderla.

Órdenes de Lucian.

Betty, la inocente y pobre Betty, no tenía ni idea de que acababa de contrariar a Lucian.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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